jueves, 26 de junio de 2014

“¿Debo aprisionar un pensamiento, llevarlo a la iluminada celda de una frase?”- Ingeborg Bachmann

Despedida


La carne, que envejeció muy bien conmigo, 
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía, 
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante, 
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas, 
y todo sobre la rígida musculatura.
No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche, 
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.



Niños de Julio


Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios, 
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en Julio
habría sido siempre Julio
monstruos alimentados
desde mi ternura 
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos 
Transformadores del mundo, vosotros me
lo habríais cambiado el mundo 
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda 
leer lo que ha sucedido 
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.



La noche de los perdidos
El final del amor

Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro. 
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva, 
Que me reprochas también tú 
y semejante amargura
No lo hagas. 
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente 
el […] mundo.



[Sin título]


Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que 
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis, 
observad,
que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,
y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.


[Sin título]


Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo, 
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.
El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme 
junto a los hombres.
Sólo sé que yo 
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte, 
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,
He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal. 
Si se extravía una bala, 
si alguien me escupe en a cara, 
como ayer, no me guardo pensamientos 
contra el amor que me ha sido dado.
Tengo miedo ante el amor 
que me has infundido tú, 
con la intención más cruel. 
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti, 
y muerta me encuentro ya, donde estoy. 
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen 
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos, 
que me han de sumir en un largo sueño.


De: http://web.uchile.cl


25 de junio de 1926- Austria.
Escritora.
























"Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados"- Ernesto Sábato



24 de junio de 1911- Argentina
Físico, pintor, escritor


Estamos indudablemente frente a la más grave encrucijada de la historia, ya no se puede avanzar más por el mismo camino. Hace tiempo que el sentimiento humanista de la vida perdió su frescura; en su interior han estallado contradicciones destructivas: el escepticismo le ha minado su ánimo. La fe en el hombre y en las fuerzas autónomas que lo sostenían se ha conmovido hasta el fondo. Las altas torres se han derrumbado. Demasiadas esperanzas se han quebrado en el corazón de los hombres. ¿Era el destino del ser humano intentar su supremacía y su independencia?, ¿estaba esta hora inscripta ya en los papiros de la eternidad?


Debo confesar que durante mucho tiempo creí y afirmé que éste era un tiempo final. Por hechos que suceden o por estados de ánimo, a veces vuelvo a pensamientos catastróficos que no dan más lugar a la existencia humana sobre la tierra. En otros, la capacidad de la vida para encontrar resquicios donde volver a crear me dejan anonadado, como quien bien comprende que la vida nos rebalsa, y sobrepasa todo lo que sobre ella podamos pensar.


Sé que a mucha gente le irritará esta carta, yo mismo la hubiera rechazado hace años cuando confundía resignarse con aceptar. Resignarse es una cobardía, es el sentimiento que justifica el abandono de aquello por lo cual vale la pena luchar, es, de alguna manera, una indignidad. La aceptación es el respeto por la voluntad de otro, sea éste un ser humano o el destino mismo. No nace del miedo como la resignación, sino que es más bien un fruto.


De: La Resistencia

En: https://docs.google.com










“El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa.” - San Juan De la Cruz



NOCHE OSCURA

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de
la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la
negación espiritual. 

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


De: http://www.mercaba.org



24 de junio de 1542- España




martes, 24 de junio de 2014

“Sí, para nosotros es tierra en los zapatos. Sí, para nosotros es piedra entre los dientes. Y molemos, arrancamos, aplastamos esa tierra que con nada se mezcla. Pero en ella yacemos y somos ella, y por eso, dichosos, la llamamos nuestra” - Ana Ajmátova

23 de junio de 1889- Rusia
Poeta.
Sobre ella pesaron diversas condenas
-desde la prohibición de ser publicadas sus obras 

hasta la deportación-
emitidas por el régimen soviético de la época.

Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer –los labios morados de frío- que nunca había oído mi nombre salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al
oído (allí se hablaba sólo en susurros):
-¿Y usted puede dar cuenta de esto?
Yo de dije:
-Puedo.
Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro.
                                       (Leningrado, 1 de abril de 1957)

          Anna Ajmátova, “En vez de prólogo”.



















Anna Ajmátova. Una cosa extraña...

Después de mis noches en Moscú (en la primavera de 1924), el cese gradual de mi actividad literaria dio comienzo. Dejaron de imprimir mis poemas en las revistas y anuarios, o de invitarme a veladas literarias (me encontré con Maria Shaginian en la Perspectiva Nevski. Dijo: " Eres una cosa extraña e importante: han hecho un decreto especial sobre ti: no arrestar, pero tampoco imprimir").

De "Prosas"

En: petitpalaisduvocabulaire.blogspot.com



A la ciudad de Pushkin

1
¿Qué puedo hacer? Ellos te destruyeron,
¡Qué encuentro más cruel que el separarse!
Aquí hubo un surtidor, allá alamedas,
Más a lo lejos verdecía el parque...
La aurora más rosada que ella misma
Fue aquél abril. Olor a húmeda tierra,
A primer beso...

2
Las hojas de este sauce en el siglo pasado se murieron,
Para brillar cien veces más lozanas en la forma de un verso.
Las rosas se trocaron en purpúreas rosaledas silvestres,
Pero los himnos de la escuela siguen brotando sin desánimo.
¡Medio siglo pasó! Fui premiada por la divina suerte
Y en los días violentos olvidé el fluir de los años.
¡Ya no voy por allí! Pero a la orilla del río de la muerte,
Yo llevaré mis trémulos jardines de Tsárskoie Seló.

Versión de Rafael Alberti


Cuando escuches el trueno me recordarás...

Cuando escuches el trueno me recordarás
Y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
Y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

Esto sucederá un día en Moscú
Cuando abandone la ciudad para siempre
Y me precipite hacia el puerto deseado
Dejando entre ustedes apenas mi sombra.



Dedicatoria

Las montañas se doblan ante tamaña pena
Y el gigantesco río queda inerte.
Pero fuertes cerrojos tiene la condena,
Detrás de ellos sólo "mazmorras de la trena"
Y una melancolía que es la muerte.

Para quién sopla la brisa ligera,
Para quién es el deleite del ocaso -
Nosotras no sabemos, las mismas por doquiera,
Sólo oímos el odioso chirriar de llaves carceleras
Y del soldado el pesado paso.

Nos levantamos como para la misa de madrugada,
Caminábamos por la ciudad incierta,
Para encontrar una a la otra, muerta, inanimada,
Bajo el sol o la niebla del Neva más cerrada,
Mas la esperanza a lo lejos canta cierta...

La sentencia... y las lágrimas brotan de repente,
Ya de todo separada,
Como arrancan la vida al corazón, dolorosamente,
Como si hacia atrás la derribaran brutalmente,
Pero marcha... vacila... aislada...

¿Dónde están ahora aquellas compañeras del azar,
De mis años de infierno desnudo?
¿En la borrasca siberiana cuál es su soñar,
Qué imaginan en el círculo lunar?
A vosotras os envío mi adiós y mi saludo

Versión de Jorge Bustamante García


La musa

Cuando en la noche oscura espero su llegada,
Se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?
Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
"¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?"
Y ella responde: "Yo soy aquella."

Versión de María Teresa León

De: poesia@amediavoz.com


Su esposo, Nikolái Gumiliov,
fundador del acmeísmo, junto a otros poetas.
Ejecutado por el régimen soviético.

Jirafa


Hoy descubro que tienes una mirada triste,
Una particular finura de los brazos que rodean tus rodillas.
Pero escucha: muy lejos, allá en el lago Chad,
Se pasea con gracia una jirafa.

Ostenta, elegante, su tierna delgadez
Y adorna su piel un mágico trazado,
Al que solo la luna se atreve a compararse
Cuando, quebrada, flota sobre los grandes lagos.

A lo lejos semeja las velas de una nave,
Y su carrera fluye como el risueño vuelo de los pájaros;
Sé que la tierra la contempla asombrada
Cuando al anochecer se esconde en su gruta de mármol.

Conozco las leyendas de misteriosos pueblos:
La de una virgen negra, la del guerrero amante.
Pero hace mucho tiempo respiras en la bruma,
Y no quieres creer sino en la lluvia fría.

Entonces ¿cómo hablarte de un jardín tropical,
De las esbeltas palmas, del aroma de plantas ignotas...?
¿Lloras? Escucha: muy lejos, allá en el lago Chad
Se pasea con gracia una jirafa.


Traducción del ruso de José Manuel Prieto y Ernesto Hernández Busto

De: http://descontexto.blogspot.com


Poema que sorteó la férrea vigilancia de la prisión donde estaba confinado y circuló clandestinamente por toda Rusia.



lunes, 23 de junio de 2014

"A buen entendedor, pocas palabras bastan", dice un refrán, muy oportuno si la intención es la de dedicar esta entrada a l@s Talleristas de Pasiones Literarias.


Es octubre o noviembre de 1980. Es otoño en California. Es jueves, entre las dos y las cuatro de la tarde. En un aula calurosa de la Universidad de Berkeley, Julio Cortázar dicta un curso de literatura de ocho clases. Sus alumnos estadounidenses y latinoamericanos colman, los lunes entre las nueve y media de la mañana y el mediodía, el escritorio en el que el autor recibe consultas, así que decide estar allí también los viernes.
Esos alumnos son los que lo escuchan decir: “Los quiero mucho y les doy las gracias” en su último encuentro. A través de ponencias que define “improvisadas”, les habla sobre su vida como escritor y sobre (su) literatura. Esas lecciones magistrales se publican ahora en Clases de Literatura (Alfaguara), que compila trece horas de diálogo, de eso que el autor de Rayuela no llama curso sino “un contacto”.

“He pasado por tres etapas bastante bien definidas: una primera etapa que llamaría estética (...), una segunda etapa que llamaría metafísica y una tercera etapa, que llega hasta el día de hoy, que podría llamar histórica”, sostuvo. Sobre el momento estético, dijo: “Lo literario era fundamentalmente leer los mejores libros a los cuales tuviéramos acceso y escribir con los ojos fijos en algunos casos en modelos ilustres y en otros en un ideal de perfección estilística profundamente refinada (...) la actividad literaria valía para nosotros por la literatura misma”. Jorge Luis Borges era el gran faro.

Pero los tiempos cambiaban: “Escribí un cuento muy largo, quizá el más largo que he escrito, ‘El perseguidor’ (...), tiene algo que se convertía en importante para mí: una presencia humana, un personaje de carne y hueso”, detalla Cortázar, y agrega: “Había salido de una órbita y estaba tratando de entrar en otra (...) entré en eso que con un poco de pedantería he calificado de etapa metafísica, es decir una autoindagación lenta, difícil y muy primaria (...) sobre el hombre”.

“Ser un escritor latinoamericano –así se autodefine Cortázar durante el curso– significaba fundamentalmente que había que ser un latinoamericano escritor: había que invertir los términos y la condición de latinoamericano (...) había que ponerla también en el trabajo literario”.

De: Instrucciones para escribir: un curso de Literatura dictado por Cortázar
En: http://www.clarin.com



sábado, 21 de junio de 2014

No sólo los cuerpos; también los libros fueron exterminados por los nazis. O sea, la otra carne.

Erich María Remarque
22 de junio de 1898, Alemania
Erich María Remarque se siente inmerso en el torbellino que zarandea a los espíritus alemanes. De ascendencia francesa (factor que más tarde le ayudaría a matizar con leves toques de ironía su quehacer literario), tiene dieciocho años en 1916. Impulsado por las prédicas guerreristas, marcha “disciplinadamente” a las fronteras, arrojado desde las aulas mismas. Allí sufre en carne propia los horrores de la llamada “Gran Guerra”. Herido en varias oportunidades en el frente occidental, no puede evitar que la mayoría de sus compañeros (de colegio y de campaña) queden exánimes en los campos de batallas o en las atormentadas salas de los hospitales. Remarque termina la contienda con un expediente inmaculado como combatiente y con el corazón lacerado por una toma de conciencia irreversible: “la inutilidad de la guerra”, mientras se encuentra rodeado por una generación destruida por el conflicto, “totalmente destruida, aunque se salvase de las granadas”.

Y comienza un largo periplo de “ocupaciones disímiles”: maestro de escuela, organista en un asilo, profesor de música, vendedor y corredor automovilístico (una de sus grandes pasiones, experiencia que más adelante lo animará a narrar el ambiente de los corredores de automóviles en una obra menor, dentro de su contexto general, El cielo no tiene referencias). Pero Remarque posee inquietudes culturales. Pronto se relaciona con los círculos artísticos de la República alemana, ejerciendo entre otras actividades, la de crítico teatral. Vive obsesionado por el recuerdo quemante de la guerra, mientras observa el inusitado espectáculo de la explosión cultural alemana: en 1919, Walter Gropius, Lyonel Friminger y Gerhard Marcks fundan en Weimar la Bauhaus, a la que se incorporan Wassily Kandinsky, Paul Klee y Oskar Schlemmer, convirtiéndola en el centro del arte moderno; en 1920, el “expresionismo” cinematográfico alumbra su obra cumbre, El gabinete del doctor Caligari.

En 1928, frisando la treintena, Remarque comienza a escribir sus memorias de la guerra en forma novelada. No se consideraba escritor, sino solamente un narrador de sus propias vivencias. Según sus propias palabras, comenzó a escribir Sin novedad en el frente, “para librarse de las pesadillas del recuerdo de la guerra, por la necesidad sicoanalítica de purificarse de su angustiosa experiencia de combatiente”.

Remarque, como tantos otros escritores al enfrentarse con su primera obra, la engaveta durante meses después de terminada. Algunos amigos que conocen la obra lo animan y Remarque la ofrece a la editorial Wossische Zeitung, que la publica inmediatamente.

Pero la novela iba a ser una bomba en el ambiente caldeado de odio, revanchismo y venganza que imperaba en la Alemania weimariana. ¿Cómo aceptar una novela pacifista en el altar del paroxismo belicoso? ¿Cómo pretender la aparente resignación cuando se arde en deseos de demostrar la validez de las ambiciones guerreristas prusianas? Todo era paradójico. Remarque escribía algo así como el epitafio de la guerra, mientras carteles explosivos inundaban los muros de las ciudades alemanas con palabras definitorias: “Cuando un pueblo pierde la esperanza, ha de vivir sin honor. Pero cuando un pueblo pierde la fe, debe desaparecer de la faz de la tierra”. Sobre un monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial, los estudiantes de la Universidad de Marburgo depositaban, en medio de tumultuosas manifestaciones, una corona donde se leían palabras que eran una especie de declaración de principios: “De los vencedores de mañana, a los que no fueron jamás vencidos”. Todo conspiraba contra la novela de Remarque. Se vivían tiempos difíciles. El filósofo Ernst Jünger y el líder guerrerista Ernest von Salomon tramaban contra los detentadores de la guerra: la exaltación de los valores militares, el combate, la sangre y la muerte, retumbaban en el espacio alemán.

Las voces de connotados pacifistas como Ludwig Renn y Henrich Heine se estrellaban contra los muros de una juventud fanática que, mientras hacía añicos simbólicamente la cultura, entonaba briosamente Horst Wessel Lied.
Remarque es considerado subversivo para los nazis. El mismo Goebbels, en persona, marchaba al frente de manifestantes que clamaban por la prohibición de Sin novedad en el frente. Adolfo Hitler, nombrado canciller del Reich en 1933, supo aprovechar la situación de emergencia en que se hallaba el país para obtener plenos poderes dictatoriales. Los partidos democráticos fueron cercenados y los extremistas hostigados con saña. Comenzaba la persecución y el aniquilamiento sistemático de los judíos.

Los intelectuales no genuflexos al “nuevo orden”, se ven obligados a emigrar. Remarque lo hace a la neutral Suiza. Allí recibe la noticia de que el Führer, personalmente, lo ha despojado de su ciudadanía alemana. En 1943, todavía viviendo el mundo las consecuencias de la desenfrenada política de expansión “nacionalsocialista”, Remarque adquiere la ciudadanía norteamericana. Ese mismo año, un golpe demoledor se une a su tragedia: Gisele, la hermana menor, es condenada a muerte por las autoridades nazis y ejecutada en “una fría mañana”.


Fragmentos de: http://www.palabranueva.net





Jean Paul Sartre

21 de junio de 1905- Francia
Escritor y filósofo.

Jean Paul Sartre: “Literatura y Arte”:

“Literatura y Compromiso”: 

Jean-Paul Sartre defendía un arte comprometido y definía a la literatura como el arte más adecuado para el compromiso, ya que con ella, el escritor puede dirigir al lector y, si describe una casa pobre, mostrar en ella el símbolo de las injusticias asociadas, provocar nuestra indignación. En cambio el pintor es mudo: el nos presenta una casa pobre, solo eso; uno puede ver en ella lo que quiera. Artes como la música o la pintura no pueden ejercer un poder concientizador sobre el sujeto, por lo tanto, no son apropiadas para el compromiso. Para Sartre, la poesía también, como las otras artes, es inadecuada a la tarea conscientizadora porque, aunque se sirva de las palabras, como la prosa, lo hace de otra forma. El prosista es aquel que se sirve de las palabras para alcanzar sus objetivos, el poeta, al contrario, sirve a las palabras. El factor utilitario de la prosa facilita el compromiso, pues la palabra posee una naturaleza transformadora, ya que revela el carácter de los individuos a si mismos y a los otros. Hablar y actuar; una cosa nombrada no es más enteramente la misma, pues perdió la inocencia. Los valores estéticos son importantes, pero “el arte por el arte” sirve apenas a los ideales burgueses, pues, en vez de transformar al sujeto a través de la concientización, lo mantiene alienado. Según Sartre, escribir es una acción de desnudamiento. No basta al escritor haber escrito ciertas cosas, es preciso haber elegido escribirlas de un determinado modo, exponiendo su mundo, con elementos estéticos. El hombre que escribe tiene la consciencia de revelar las cosas, los acontecimientos; de constituir el medio a través del cual los hechos se manifiestan y adquieren significado. Aun sabiendo que, como escritor, puede detectar la realidad, no puede producirla; sin su presencia, la realidad continuará existiendo. Al escribir, el escritor transfiere a la obra cierta realidad, volviéndose esencial a ella, que no existiría sin su acto creador. Uno de los principales motivos de la creación artística es ciertamente la necesidad de sentirnos esenciales en relación al mundo. Según Sartre, el escritor debe establecer un pacto con el lector para que la obra contribuya a la transformación del mundo, de la realidad. La libertad es el bien mayor del hombre, para alcanzarla y mantenerla, es necesario una conciencia despierta. El papel del artista es contribuir al despertar de la conciencia de las personas.


De: http://aquileana.wordpress.com



¡Cuántas tonterías! Es que se lee mucho más de prisa, mal, y que se juzga antes de haber comprendido. Por tanto, comencemos de nuevo. Esto no es divertido para nadie, ni para ustedes, ni para mí. Pero hay que dar en el clavo. Y como los críticos me condenan en nombre de la literatura, sin decir jamás qué entienden por eso, la mejor respuesta que cabe darles es examinar el arte de escribir, sin prejuicios. ¿Qué es escribir? ¿Por qué se escribe? ¿Para quién? En realidad, parece que nadie ha formulado nunca estas preguntas.

De: http://descontexto.blogspot.com








Françoise Quoirez, ícono de la rebeldía juvenil en los 50.

21 de junio de 1935, Francia
Escritora.







De: Buenos días, tristeza



“A nadie he querido como a él, y, de todos mis sentimientos de esa época, los que inspiraba mi padre eran los más estables, los más hondos, los que yo apreciaba más. Le conozco demasiado para hablar de él sin cierto reparo y me siento demasiado cerca de él. Sin embargo, para que su conducta parezca aceptable, he de hablar más de él que de los otros. No era un hombre vano ni un hombre egoísta. Era ligero, de una ligereza incurable. No puedo hablar de él como de un hombre incapaz de sentimientos profundos, como de un  irresponsable. En su amor por mí no había la menor ligereza, ni lo consideraba una simple costumbre de padre. Podía sufrir por mí más que por otro cualquiera. Y yo, recuerdo la desesperación que me entró la vez que él tuvo conmigo un gesto de indiferencia, y que su mirada se apartó de mí abandonándome. Nunca ponía sus pasiones antes que yo. Algunas noches, para llevarme a casa, había tenido que dejar perder lo que Webb llamaba “ocasiones magníficas”. Pero no puedo negar que, todo esto aparte, se entregaba al mejor placer, a la inconstancia y a la facilidad. No reflexionaba, o reflexionaba poco. Trataba de dar de todo una explicación fisiológica que le pareciera racional. “¿Te encuentras deshecha? Pues duerme más y bebe menos.” Cuando sentía el deseo violento de una mujer, nunca trataba de superarlo o de convertirlo en otro sentimiento más elevado. Era materialista, pero delicado, comprensivo y bueno.”


De: http://walkingaround-elisa.blogspot.com








jueves, 19 de junio de 2014

Salman Rushdie, el autor de la polémica novela "Los versos satánicos"

19 de junio de 1947- India


La obra de Salman Rushdie y la tolerancia (Fragmentos)

Entre los acontecimientos literarios de este año figura la nueva obra de Salman Rushdie ‘Joseph Anton’. Más que una novela es una narración sobre cómo uno de los escritores más brillantes de nuestros días vivió, y lo sigue haciendo, en constante amenaza de muerte desde la publicación de su novela ‘Versos satánicos’.

“El escritor es una persona que tiene el derecho de decir más que la gente corriente, es una función social en cierto modo, ampliar mediante las palabras los límites del mundo que nos rodea y conducir a uno más allá de las fronteras. No es Dios ni es profeta, sino una figura casi sagrada y, por lo tanto, sus libros no pueden ser prohibidos ni quemados. Los líderes religiosos deberían entender mejor que el resto de la gente que la palabra tiene poderes”.

En realidad, ‘Joseph Anton’ es también un libro sobre cómo un luchador por la tolerancia va perdiendo este mismo rasgo. Por supuesto, puede haber para él numerosas justificaciones: vivió varios años bajo el nombre de Joseph Anton bajo la guardia de la policía británica, que se hospedaba directamente en su domicilio. Cualquier día lo podían haber matado. Y sin embargo…

¿Contra qué estuvo luchando todos estos años? Según dijo el propio autor en una de sus entrevistas, “es una guerra, en la que en un bando se encuentran la intolerancia, el fanatismo y la violencia y en el otro, la libertad, la literatura y la imaginación”. Por otra parte en ‘Joseph Anton’ se puede ver cómo la mayor parte del tiempo él y su equipo, representado en gran medida por sus compañeros de oficio, estaba enfrentándose al Gobierno británico. Y a otros Gobiernos. El objetivo era que Rushdie pudiera intervenir ante sus lectores, viajar en aviones, etc. En otras palabras, llevar una vida normal.

Las autoridades, líneas aéreas y representantes de otros organismos partían de que los terroristas, buscando la muerte del escritor, acabarían explotando a un gran número de personas inocentes. Y eso estaba ocurriendo, porque hubo atentados contra sus editores y traductores…
¿La salida? Rushdie y su equipo consiguieron que las autoridades de ciertos países cambiaran su política exterior y presionaran a Irán para que la fatwa fuera levantada. Irán lo aceptó de manera oficial, de modo que sólo quedan los activistas que actúan por su cuenta.

El libro describe el enfrentamiento de Salman Rushdie con otro escritor británico, John le Carré, quien escribió en el diario The Guardian “ninguna sociedad gozaba del criterio absoluto de la libertad de palabra… a mí lo que me preocupaba es que ninguna joven de la editorial Penguin Books se quedara sin brazos al abrir algún paquete postal…”.

Dios le libre de replicar algo a un liberal que lucha por la libertad de la palabra. ¿No creerá, por supuesto, que estas palabras sobre las posibles víctimas entre el personal de la editorial le afectaran a Rushdie? ¿O qué sus principios se tambalearan? Nunca.
El mismo diario publicó su respuesta, contundente como un cañonazo. Y ahora sale el libro. Le Carré es un buen escritor, pero pierde todo su brillo delante de Rushdie.

Volviendo al arte de la tolerancia, lo único que se puede agregar es que no estaría mal aceptar por un momento que el rival de uno, esta persona tan distinta, tenga razón por lo menos en algo. Y también aguantar su postura, para poder ver en qué está en lo cierto. Porque a quien nos cae bien no lo tenemos que tolerar, este esfuerzo ha de hacerse por quienes nos resultan antipáticos.


De: http://sp.ria.ru/opinion_analysis





19 de junio de 1764


YO EL PROTECTOR / MEMORIAL PERSONAL 
DE PEPE ARTIGAS
HUGO GIOVANETTI VIOLA

UNO: LAS ALAS DEL INFIERNO


1 / ESTRELLAS

Lo único que me importó más que la felicidad de los pueblos fue la conversación conmigo mismo.

Aquella noche yo tenía cuatro años y no sé cómo atiné a engolfarme en la hamaca paraguaya de mi abuela Ignacia, la que me aportó sangre de Tupac Yupanqui.

Fue el primer baño de estrellas que me di en este infierno.

Dizque esa tarde me había pasado comiendo tierra del cantero y que Aurora Bendita me desembuchó cuatro albondigones cuando ya estaba a un punto de expirar.

Pero no era mi hora.

Y enseguida del Ángelus me le perdí a Pascasio y entonces se me ocurrió esconderme en el colgadero de la abuela.

Me acuerdo que encontré el poncho blanco y la perla barroca que ella vivía sobando y empezamos a lambetearla con los cuzcos, hasta que hubo virazón y les armé un entoldado de lana.

Los cuzcos siempre supieron sufrirme las picardías mejor que los cristianos.

Yo había escuchado a madre contar que Remigio Arnal se quedó ciego la noche del naufragio de Nuestra Señora de la Luz, cuando en casa terminaron atando hasta a las vacas porque volaba todo. Pero la gata se les remolineó en un repelús y mi tío tuvo que estirarse agarrado a las rejas como si fuera una piel de tigre para proteger a las crías y al amanecer le quedaron los ojos juídos de tanto pispar relámpagos.

Y los gatitos igual se murieron.

Ahora se me hace que fue Pérez Castellano el que le labró a padre dos sentencias que todavía me abrigan: Muerto cualquiera pelea y El mejor triunfo es una derrota santa.

José Nicolás y Martina cuentan que aquella noche la familia recorrió toda la plaza buscándome a los gritos mientras yo les acariciaba los hocicos a mis protegidos, sordo por la felicidad.

Y pensé que lo mejor que se puede tener en la vida son collares de estrellas.

Pensaba mucho, ya. Y cuando Ignacia vino a buscar el poncho y me encontró chupando la perla rara y se puso a llorar ya debo haber sentido que la familia nunca iba a comprenderme y nadie llevaba culpa.

Ninguno había abandonado a ninguno y se armó un tole-tole peor que en la fiesta del San Baltasar.

Al final Pérez Castellano y padre me sermonearon en la biblioteca y yo lo único que podía explicar era que estaba conversando conmigo mismo.

Los pueblos no son felices.

Pasaron casi cuarenta años antes de que volviera a manducar barro cuando se me hundió el bote al volver de Buenos Aires.

Y desde aquella noche sé que tuito es terrible y dulce como una hamaca engolfada en lo altísimo y llevo en llaga el desvelo de acariciarle la espalda a cualquier hijo pródigo que se acerque a mendigarme sobras para los chanchos.

La miseria de amor.


De: El Montevideano- Laboratorio de Arte.blogspot.com