jueves, 15 de mayo de 2014

"La muerte horrenda de Dalton" - Julio Cortázar

14 de mayo de 1935, El Salvador
Escritor, periodista.
Integrante activo del ERP; fue asesinado por sus miembros
bajo la acusación de ser agente de la CIA.

Poema de Amor


Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “golden roll”),

los que repararon la flota del Pacífico en las bases de California,

los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua por ladrones, por contrabandistas, por estafadores, por hambrientos

los siempre sospechosos de todo( “me permito remitirle al interfecto por esquinero sospecho soy con el agravante de ser salvadoreño”),

las que llenaron los bares y los burdeles de todos los puertos y las capitales de la zona (“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),

los sembradores de maíz en plena selva extranjera,

los reyes de la página roja,

los que nunca sabe nadie de dónde son,

los mejores artesanos del mundo,

los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,

los que murieron de paludismo de las picadas del escorpión o la barba amarilla en el infierno de las bananeras,

los que lloraran borrachos por el himno nacional bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,

los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,

los guanacos hijos de la gran puta,

los que apenitas pudieron regresar,

los que tuvieron un poco más de suerte,

los eternos indocumentados,

los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,

los primeros en sacar el cuchillo,

los tristes más tristes del mundo,

mis compatriotas,

mis hermanos.


De: http://republicalibertad.com


COMO TÚ

Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.


De: http://www.poemas-del-alma.com




miércoles, 14 de mayo de 2014

"No hay teoría general para el dolor. Cada paciente descubre la suya propia"- Alphonse Daudet



13 de mayo de 1840- Francia
Maestro, periodista y escritor.
A los 17 contrajo sífilis, de cuyo padecimiento
fue dejando constancia en anotaciones personales.


“¿En qué andas en este momento?” “Ando en el dolor”.
En mi cubículo en los baños de regadera, enfrente del espejo:
¡Qué demacración! Me he convertido de pronto en un extraño viejecito.
He brincado de los 45 a los 65. Veinte años que no he vivido.
Concentrarme en caminar recto. Temor a un ataque: dolores punzantes que o bien me clavan al sitio, o hacen que me retuerza y que mi pie se mueva de arriba a abajo como un afilador de cuchillos. Aun así es el mejor sistema, y el menos doloroso para mis pies: tengo que seguir caminando.
Una sensación de ardor en los ojos. El dolor amenazante de la luz reflejada en una ventana.
También, desde ese tiempo para acá, alfileres y agujas en los pies, sensaciones de ardor, hipersensibilidad.
Primero, una mayor conciencia del sonido: el ruido de una pala, las pinzas cerca del hogar de la chimenea, el rechinido de las puertas; el tictac del reloj: la tela de una araña cuyo trabajo comienza a las cuatro de la mañana.
Hipersensibilidad de la piel, pérdida de sueño, de pronto tosidos con sangre.
Los primeros avances de una enfermedad que me sondea, escogiendo su terreno. En un momento se trata de mis ojos; manchitas que flotan; doble visión: luego los objetos parecen partidos en dos,  las páginas de un libro, las letras de una palabra leída sólo a medias, como rebanadas por una hoz; cortadas por una cimitarra. Agarro a las letras por sus rasgos de abajo mientras huyen.
Medito en el suicidio. Encuentro con N, quien continúa por mí el hilo de mis pensamientos, y dice; “Entre la segunda y la tercera costilla”. (Estricnina.) Uno no tiene el derecho.
Memoria. Debilidad.
Mis impresiones, efímeras: humo contra una pared.
Desde que me enfermé, ya no puedo soportar ver a mi esposa o a mis hijos asomarse por una ventana. Y si se acercan al parapeto de un puente, o se asoman de lo alto de una escalera, mis pies comienzan a temblar, igual que mis manos. Angustia; palidez. (Recuerda el Pont-du-Diable, cerca de Villemagne.)
¿Sirven de veras las palabras para describir lo que es realmente sentir el dolor (y la pasión)? Las palabras sólo llegan cuando ya todo se acabó, cuando las cosas se han calmado. Van referidas sólo a la memoria, y son ya sea impotentes o falsas.
No hay teoría general para el dolor. Cada paciente descubre la suya propia, y la naturaleza del dolor varía, como la voz de un cantante, según la acústica de la sala.
La morfina. Sus efectos sobre mí. Los ataques de náusea son cada vez peores.
A veces para mí es simplemente imposible escribir porque mi mano tiembla demasiado, sobre todo cuando estoy de pie.
(Firmando el libro de registro en el funeral de Víctor Hugo. Lleno de gente, todos mirándome, algo espantoso. Igual que el otro día, en el Crédit Lyonnais en la rué Vivienne.)
Camino con más confianza cuando puedo ver mi propia sombra, igual que camino mejor con alguien junto a mí.
Efecto del cloral sobre la piel: parches espesos como maquillaje.
La morfina te da noches de vigilia en las que te mecen dulcemente de un modo celestial.
El jardín que despierta. El mirlo: su canción crea un patrón sobre la ventana pálida, un patrón dibujado, gorjeado con la punta de su pico.
El dolor es siempre nuevo para el que lo sufre, pero pierde su originalidad para aquellos que lo rodean. Todos se acostumbrarán a mi dolor menos yo.
Tres meses después.
Vuelvo a ir a los baños de regadera. Un dolor nuevo y grotesco mientras me frotan las piernas para secármelas. Está en los tendones del cuello: del lado derecho cuando me frotan la pierna izquierda, y del lado izquierdo cuando me secan la pierna derecha. Una tortura que rompe los nervios, suficiente para hacerte gritar.
 De: En la tierra del dolor


En: http://www.nexos.com.mx


martes, 13 de mayo de 2014

"Un hombre inteligente jamás se halla estático, jamás dice: yo sé"- Jiddu Krishnamurti


12 de mayo de 1895- India
Maestro, conferencista,
filósofo, escritor.

Ama la Vida


No ames la simétrica rama

ni coloques la imagen sola en tu corazón.

Ella se extinguirá...

Ama todo el árbol

entonces amarás la simétrica rama,

la hoja tierna y la marchita,

el tímido brote y la flor toda henchida,

el desprendido pétalo y el cimero bailador,

la espléndida sombra del pleno Amor.

Ama la Vida en su plenitud.

Ella no conoce la muerte.












lunes, 12 de mayo de 2014

El único lobo depredador es el ser humano


Porque el lobo común, ése que carga la leyenda de feroz asesino, sólo ataca para saciar el hambre, y su astucia se despliega entonces en el minucioso reconocimiento de los ejemplares enfermos, viejos o débiles.

Así lo constató Farley Mowat, eminente naturalista y activista ecológico canadiense, a partir de su convivencia con una manada durante dos años, experiencia para la que fue contratado por el gobierno.

Mowat falleció a la edad de 92 años hace pocos días. Los defensores de los animales amenazados por la incesante avaricia del capitalismo entronizado en el planeta lo extrañaremos; los que seguimos creyendo en la literatura como herramienta para la concientización, también: Farley fue un prolífico escritor de ensayos y novelas, como “Never cry wolf”, convertida en película de gran difusión.

El aire del Atlántico está envuelto en gemidos. No lo lloran las sirenas ya incapturables; son las focas las que sollozan la pérdida del entrañable amigo porque, por si no se sabe, los animales también son capaces de sentir afecto. Palabra de Ciencia.





Farley Mowat
mayo 12 de 1921- mayo 6 de 2014, Canadá

domingo, 11 de mayo de 2014

“El dinero no es sino la figura de la aceptación social, y por eso lo buscamos todos.” ― Francisco Umbral

11 de mayo de 1932- España
Escritor y periodista.

El hombre que se inventó las pasiones


"Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme". Esta gentil declaración de Voltaire encierra, me parece a mí la más fina y sutil interpretación de Cervantes. Porque don Quijote no está loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuentón y soltero que, llegado a ese ápice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito. Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una metáfora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que don Quijote nunca se enfrenta sino contra metáforas del vivir, desface alegorías y yangüeses, o se reposa en unos duques, de modo que la locura empieza con la realidad y no antes.

Voltaire vio bien que el hombre en madurez o pega ese salto que digo o le coge ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dará más de sí. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compañía -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de dueñas y sobrinas, del mismo sol en las mismas bardas. Los libros que leía le estaban hurtando a la poesía de la acción con la poesía poética y mala de la dicción. Así que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasión amorosa. Es la primera lección que Cervantes nos da en su libro. La vida tiene una segunda parte que se correspondería con la tercera juventud de Aristóteles. Es él, Cervantes, quien rompe con la mediocridad de su vida, pálidamente enaltecida de glorias bélicas, para emprender un libro donde está su rabia por el mundo, su energía al fin liberada al servicio de sí mismo, no ya la energía domeñada y servil del alcabalero y otras suertes. Cervantes es irónico por anacrónico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe. El Quijote no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalguía de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidió a pegar el salto y ese salto quien lo pega es él mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo así que Sancho nunca pierde el sentido, ese inútil y pobre sentido común del pueblo, pero tampoco pierde la ironía y la distancia para burlarse de su amo con todos los respetos. Don Quijote entra en su nueva edad como un escándalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno. Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir más allá de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a regüeldo y luego a pleno pulmón, vive vida de caballero andante sin haber leído tales libros. Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo, un motín de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendrán. Aún hoy, y hoy más que nunca, el hombre que no hace esa revolución interior, que no pega ese salto vecinal, será comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco (...).

Hay tres razones para ser héroe, como diría Salvador Dalí. En Cervantes, estas razones son el inventarse pasiones, la capacidad de ejercitarse contra el tiempo y el haber roto con el compromiso burgués de la novela y de la vida. El hombre que se inventa pasiones es tan héroe o más como el que las vive. El hombre que se ejercita a diario, no sabemos si para la vida o para la muerte, es el que quiere agotarlo todo aquí y, como decía Juan Ramón Jiménez, que la muerte cuando llegue, sólo encuentre un pellejo vacío, porque nuestra sementera humana la hemos esparcido fecundamente. Por aclarar un poco las cosas, diremos que don Quijote, efectivamente, es un personaje de novela, pero donde veo yo al hombre metafórico es en Cervantes, que nos da el nivel medio del hombre español, siempre de santo laico, de héroe doblado o de comunero entre el pueblo. Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza irónicamente el fracaso para triunfar de la España oficial con su España real (...).

De: http://elpais.com/diario


La tristeza


La tristeza ha venido como un buque vacío,
la tristeza ha encallado en mi pecho de piedra.
Me trae en sus bodegas toda una vida vieja,
quintales de nostalgia
y el whisky que he bebido.
La tristeza ha venido con faros apagados.
No sé de dónde viene ni por qué me visita
yo mismo soy un puerto donde para la noche
el mar, como noviembre, va ya de retirada.
Somos un puerto unánime,
puerto de tierra adentro
donde llegan los meses
como veleros lánguidos.
La tristeza ha venido
y me golpea despacio
como el agua golpea
en los acantilados.
Soy un acantilado
de muertos sucesivos
y estoy aquí parado,
bajo una lluvia fina,
junto al silencio frío
del buque de la pena.
¿Cuánto dura noviembre, cuánto dura una vida,
cuánto durará un hombre que tiene ya en el pecho
ese peso dormido de los buques sin gente,
de los mares sin luna, de los mortuorios días?


La soledad


Hablo de soledad
porque estoy solo.
Soledad es un pez que nada el tiempo,
la soledad es una puerta abierta
que da a puertas abiertas
y vacías.
No es ausencia de gente el estar solo.
Es ausencia de mí entre la gente.
El que no está soy yo,
y ellos no saben,
soledad es morirse a cualquier hora
junto al museo de los medicamentos.

   Soledad es un agua que no hay,
un sol que se ha dormido en los cristales,
silla que no hace juego,
un hueco en la memoria,
soledad es un hombre solitario
que se acerca a mirar las papeleras.
Hoy me he visto a mí mismo,
fastuoso de soledad, como un mendigo,
mirando una lejana papelera
y sacando un periódico del fondo,
que es el mismo que lleva en el bolsillo,
porque lo sacó ayer, y así por siempre.

De: http://pedrogollonet.blogcindario.com









"El ombligo se deja en la copa del árbol más alto"



Ventana sobre el alumbramiento


La mujer habitada sabe cuándo y sabe qué. Sabe cuándo por lo que dicen la luna y el cuerpo. Sabe qué por lo que dicen los sueños. Si ella sueña con hilos o vasijas, tendrá hija. Si sueña con metales, sombreros o huevos, tendrá hijo.

Entonces ella se hinca, se suelta el pelo, bebe un trago de aguardiente; y de rodillas da nacimiento.

Las manitos del niño o niña tocan un azadón, un hacha y un machete. Con tizne de cocina, la madre le señala el centro de la cabeza.

El ombligo se deja en la copa del árbol más alto.

Así se nace en Chamula.


Eduardo Galeano

Un acto tan simple como dejar el ombligo 
en brazos de la Naturaleza

es claro indicio de una sabiduría incomparable;
nosotros nos apropiamos del ombligo 
y hasta lo guardamos en una cajita
porque en esta bárbara civilización occidental
que seguimos construyendo
el símbolo clave del ser es TENER.

La madre

Una zapatilla Adidas,
una carta de amor de firma ilegible,
diez macetitas con flores de plástico,
siete globos de colores,
un delineador de pestañas,
un lápiz de labios,
un guante,
una gorra,
una vieja fotografía de Alan Ladd,
tres tortugas ninjas,
un libro de cuentos,
una maraca,
catorce broches de pelo
y unos cuantos autitos de juguete forman parte del botín de una gata que vive en el barrio de Avellaneda y roba en el vecindario.
Deslizándose por azoteas y cornisas, ella roba para su hijo, que es paralítico y vive rodeado de esas ofrendas mal habidas.

Bocas del tiempo
Eduardo Galeano

viernes, 9 de mayo de 2014

“Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está otra; lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles. Somos necesarios.” - José Ortega y Gasset


9 de mayo de 1883- España

“Yo soy yo y mi circunstancia”

El yo se encuentra en la vida con el mundo, con su mundo. No es cierto que primero nos encontremos a nosotros y después al mundo; nos encontramos a nosotros sólo en la medida en que nos vemos instalados en el mundo, en cuanto que nos ocupamos con las cosas, con las personas, con nuestra circunstancia. Mi yo se va formando en su encuentro con el mundo y a partir de sus reclamaciones. Mundo es lo que hallo frente a mí y en mi derredor, lo que para mí existe y actúa.



La vida es siempre estar en una circunstancia, no se vive en un mundo abstracto e indeterminado; el mundo vital nuestro es siempre nuestro mundo, el de nuestro aquí y ahora, y es a partir de él como debemos actuar y modelar nuestro futuro; este hecho permite precisamente la libertad, la pura indeterminación la haría imposible. La fatalidad en la que se desenvuelve nuestra vida no es tan extrema como para determinar absolutamente la conducta que vamos a seguir: no sentimos que nuestra vida esté prefijada totalmente pues la circunstancia nos permite un cierto margen de posibilidades y, en la misma medida, nos exige decidir, y además sin que nadie lo pueda hacer por nosotros. La vida no nos viene ya hecha, es un constante decidir lo que vamos a ser, las cosas que hacemos, nuestras ocupaciones. No podemos escoger el mundo, la circunstancia básica en la que nos ha tocado vivir; pero, a la vez, esta circunstancia nos ofrece un margen de posibilidades: “vida es la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad”. Tenemos que decidir lo que vamos a ser, la vida es “sostenerse en el propio ser”. La vida es un problema que nadie, excepto nosotros, puede resolver. Y este tener que elegir y ser responsables de lo que nos va a pasar no se da sólo en casos extremos, en las situaciones conflictivas o apuradas, se da siempre. Como consecuencia del encontrarse en la vida sin remedio y sin remedio tener que elegir, la vida se presenta siempre como un problema, problema que nadie excepto nosotros puede resolver.

De: Torre de Babel- Portal de Filosofía, Psicología y Humanidades




“Nota a los historiadores del futuro: No lean el New York Times. Lean a los poetas.” - Charles Simic

9 de mayo de 1938 - Belgrado
Poeta. Profesor de Inglés.

Guante perdido


He aquí un guante negro de mujer.
Debe haber significado algo.
Un considerado extraño lo dejó
sobre el buzón rojo de la esquina.

Por tres días el cielo estuvo agitado,
luego, hoy día, cayeron algunos copos de nieve
sobre el guante que alguien,
en el intertanto, había dado vuelta,
de modo que sus dedos podían cerrarse

un poco... sin formar un puño todavía.
Yo, en tanto, esperé, con la noche que venía.
Algo me dijo que no me moviera.
Aquí donde las llamas se alzan de los tarros de basura,
y los sin casa duermen de pie.

(De "Hotel Insomnia", 1992)



Escena callejera


Un muchachito ciego
con un letrero de papel
prendido en su pecho.
Demasiado pequeño para estar fuera
mendigando solo,
pero allí estaba.

Este extraño siglo
con sus matanzas de inocentes,
su vuelo a la luna,
y ahora él aguardándome
en una ciudad extraña,
en una calle donde me perdí.

Al oírme aproximar,
se sacó un juguete de goma
de la boca
como para decir algo,
pero no lo hizo.

Era una cabeza, la cabeza de un muñeco,
muy mordisqueado,
la levantó para que la viera.
Los dos sonrieron con una mueca.

(De "Hotel Insomnia", 1992)



En la Biblioteca


Para Octavio

Hay un libro llamado
"Diccionario de Ángeles".
Nadie lo ha abierto en cincuenta años,
lo sé, porque cuando lo abrí
sus tapas crujieron, las páginas
se derrumbaron. Allí descubrí

que los ángeles habían sido una vez tan numerosos
como especies de moscas.
El cielo al ocaso
Solía estar espeso de ellos.
Había que agitar las manos
para mantenerlos apartados.

Ahora el sol brilla
a través de las altas ventanaaas.
La biblioteca es un lugar apacible.
Ángeles y dioses se apilaban
en libros oscuros no abiertos.
El gran secreto está
en algún estante junto al cual la Srta. Jones
pasa todos los días en sus rondas.

Ella es muy alta, de modo que mantiene
su cabeza inclinada como si escuchara.
Los libros están susurrando.
Yo no oigo nada, pero ella sí.

(De "Gods and Devils", 1990)




La Gran Guerra


Jugábamos a la guerra durante la guerra,
Margaret. Había mucha demanda de soldados de juguete,
aquellos hechos de arcilla.
Los de plomo los habían convertido en balas, supongo.

¡Nunca se vio algo tan bello
como aquellos regimientos de arcilla! Solía tirarme al suelo
por horas mirándolos a los ojos.
Recuerdo que me miraban a su vez maravillados.

Cuán extraño deben haberme sentido
parados tiesos en atención
ante una enorme e incomprensible criatura
con un bigote de leche.

Con el tiempo se quebraron o yo los quebré a propósito.
Había alambre en el interior de sus piernas,
dentro de sus pechos, ¡pero nada en las cabezas!
Margaret, me aseguré.

Nada, ninguna cosa en las cabezas...
Sólo un brazo, de vez en cuando, el brazo de un oficial,
enarbolando un sable en una grieta
del suelo de la cocina de mi abuela sorda.

(De "Gods and Devils", 1990)





De: rehue.csociales.uchile.cl






miércoles, 7 de mayo de 2014

Robert Browning, un poeta nada convencional

7 de mayo de 1812
Creador del monólogo dramático poético.


Técnicamente, el monólogo dramático, cuyo origen se remonta a las tragedias griegas, se perfecciona como poética solo a partir de Browning. 

En la estructura compositiva, el poeta asume la personalidad de un personaje histórico o ficcional ya desaparecido, y le da voz en primera persona, confundiéndose con él. La exposición es indirecta e irónica. El tono, la estructura y el ritmo son coloquiales. La unidad del poema —que comparte las características del drama— es producto de la tensión entre opuestos emotivos e intelectuales. Será en el momento de mayor intensidad donde el personaje/narrador se revele a sí mismo aunque nunca de manera directa.

En sus primeros años Browning escribe una larga cantidad de confesiones personales y poemas biográficos, tomando a Shelley como modelo. En los volúmenes Men and Women de 1845 y Dramatis Personae 1864, desarrolla el género del monólogo dramático.

Bajo la influencia del drama y los soliloquios shakesperianos, los extensos monólogos se hacen breves, delimitados por un único personaje. El narrador queda separado del poeta y se dirige a un público implícito y silencioso, que asiste cada escena. La calidad tonal del monólogo, su ritmo y el lenguaje propiamente dicho, pueden resumirse como la técnica de la revelación, siempre concisa, que nos permite acceder al personaje.

No sólo Shakespeare influye en la escritura browniana, sino que de la poesía de Donne, frecuentemente citada en sus cartas a Elizabeth Barret, obtiene la técnica de emplazamiento, para definir así la situación o para revelar el conflicto, como así también la dicción idiomática, el ritmo, y la concentración en el aspecto psicológico.
Para lograr objetividad, Browning evita el juicio moral a favor de la presentación directa del personaje, consecuentemente el lector es quien hará su propio juicio, confrontando el poema como una experiencia activa antes que un juicio preconcebido.


My last Duchess

El poema fue publicado por primera vez en la colección Dramatic Lyrics en 1842 y es un de los mejores ejemplos del uso que Browning hace del monólogo dramático. La rima está construida en pentámetros, con versos encabalgados. Así es como el poeta expande la fuerza sutil que yace detrás de las revelaciones del duque de Ferrara.
El narrador, distinguiéndose claramente del poeta, imita voces ajenas, crea situaciones hipotéticas y usa la potencia de su personalidad para que los horrores que relata resulten graciosos.

El poema, basado en la vida del duque de Ferrara, habla del retrato de Lucrecia, su última esposa, fallecida en 1561. El creador del cuadro, Fra Pandolf, un aristócrata renacentista, por momentos, aparenta estar presente. A medida que nos adentramos en el poema, comprendemos que el duque de Ferrara esta hablando con un representante, o una persona de confianza, sobre su prometida. Las palabras de los versos indican que el duque es un hombre educado y culto, quien menosprecia a su silencioso interlocutor.

Parado delante del retrato de su última esposa, habla de los fracasos y las imperfecciones que la constituyeron. Sin embargo, el discurso indica que los fallos e imperfecciones de la mujer eran, en realidad, cualidades como la compasión, la modestia, la humildad, la cortesía y el placer de las pequeñas cosas. La ironía abunda.

Browning detalla el displacer que le produce al duque la falta de atención de parte de su esposa, de quien pretende la rendición de culto. Es posible leer, no solo las imperfecciones de Lucrecia, sino también las del duque, el que no tarda en revelar sus dotes como manipulador. Arrogante, posesivo y controlador, Ferrara siente celos de Fra Pandolf. Convencido de que una mujer solo debe ser satisfecha por su marido, deduce que Lucrecia es una mujer fácilmente impresionable. No solo el pintor despierta la envidia en el duque, sino todo aquél a quien su mujer dirija una sonrisa.
Su actitud condescendiente surge claramente del contexto: el narrador se cree un ser superior. Esto se evidencia de las líneas 9 a 11 del poema. El uso de la palabra nadie resume el sentido de ‘ninguno que no sea yo’.

Casi en el cierre del poema, las sonrisas quedan detenidas. Presumimos que fue el propio duque quien da orden de asesinar a su mujer. No hay indicios de cambio en su personalidad, por el contrario, aclara que espera igual sumisión de su actual prometida, a quien se une sin ningún interés económico, contrariamente a las convenciones de la época. La mujer es un objeto, una ganancia, una criatura a la que se debe dominar. Concientemente Browning cierra el poema con la estatua del dios Neptuno, regalo de su prometida, tratando de dominar a un caballo de mar.
Es importante destacar la fascinación que produjo en el poeta el Renacimiento italiano. La eterna búsqueda de Browning sobre el valor del arte y la moralidad, inherentes y contradictorios, cuya representación se imbrica entre violencia, estética y sexo. Es posible pensar que quizá el motivo para castigar a Lucrecia es una cuestión de naturaleza sexual. El poema es el reflejo de la sociedad victoriana y su intento de controlar los impulsos individuales. Browning nos fuerza a comprometernos con el poema y también a cuestionarnos sobre cuál sería nuestro comportamiento ante iguales circunstancias. ¿Es el arte una cuestión moral o estética?


Mi última duquesa


1. Ésa es mi última Duquesa pintada en la pared
2. Como si estuviera viva. Llamo, ahora,
3. A esta pieza maravilla: las manos de Frá Pandolf, un día,
4. Trabajaron afanosamente, y allí está ella.
5. ¿Podría usted sentarse y observarla? Dije
6. ‘Frá Pandolf’ por quien lo diseñó, pues nunca
7. un desconocido como usted ha visto ese semblante,
8. La profundidad y la pasión de su mirada sincera,
9. Se transformó para mí, (nadie ha permanecido
10. Detrás de la cortina que he corrido para usted, excepto yo)
11. Y parecía que iban a preguntarme, si se hubiesen atrevido,
12. Cómo llegó tal mirada hasta aquí; entonces, no es usted
13. El primero en observarla y preguntar. ¿Señor, no era únicamente
14. La presencia del marido, lo que causó aquel tinte
15. De felicidad en las mejillas de la Duquesa? Quizá
16. Frá Pandolf dijo casualmente: ‘El manto cae
17. Con pesadez sobre la muñeca de mi Señora’ o ‘La pintura
18. No debe intentar reproducir el desfalleciente
19. Sonrojo que se esfuma por el cuello’: tales cosas
20. Son cortesías, pensó ella, y fue causa suficiente
21. Para convocar a la dicha. Tenía
22. Un corazón — ¿cómo podría decirlo? — sencillo de alegrar
23. Fácilmente impresionable; le gustaba toda cosa
24. Que veía, y su mirada se extendía a todas partes.
25. Señor, ¡era toda una! Mi gracia en su pecho,
26. La caída del día en el Oeste,
27. Las ramas del cerezo que algún tonto oficioso
28. quebró en el huerto para ella, la blanca mula
29. En la que montaba alrededor del caserío ― todas y cada uno
30. Obtendrían de ella igual aceptación,
31. O incluso, sonrojos. Agradecía a los hombres, — ¡bien! pero de
32. Alguna forma agradecía — no sé de qué manera — como si ordenara
33. El regalo de mi nombre de novecientos años de antepasados
34. Entre los regalos de cualquier otro. ¿Quién se atrevería a culparla
35. Por esta clase de juego? Aún cuando poseyeras la destreza
36. De la palabra — yo carezco yo de ella— para que tu voluntad
37. Fuese clara en todo sentido, y decir, ‘Esto o aquello
38. De ti me disgusta; aquí es donde te equivocas,
39. O allí donde te excedes’ — y si se permitiera
40. A ella misma ser aleccionada, sin contraponer
41. Su sagacidad a la tuya, la verdad sea dicha, y se excusara
42. ― Aún entonces implicaría cierta condescendencia, y yo elijo
43. No rebajarme. Oh señor, ella sonrió, no hay duda,
44. Cada vez que la crucé, pero ¿quién podría transcurrir
45. Sin su sonrisa? Esto aumentó, di órdenes;
46. Entonces las sonrisas se detuvieron. Allí está ella
47. Como si estuviera viva. ¿Podría usted levantarse? Nos reuniremos
48. Con el resto de la gente, entonces. Repito
49. El Conde y su consabida magnanimidad
50. Es la amplia garantía de que ningún justo reclamo
51. De la dote por mi parte será rechazado;
52. Aunque el alma de su hija, como he declarado
53. En un principio, es mi objetivo. No, descenderemos
54. Juntos, señor. Observe usted a Neptuno, entonces,
55. ¡Domando un caballo de mar, que todos creen una rareza,
56. Que Claus de Innsbruck ha tallado en bronce para mí!

Versión© Silvia Camerotto

De: desibilabis.blogspot.com