lunes, 6 de mayo de 2013

"No hay una puerta; estás adentro"- J. L. Borges (adentro de la narrativa de Guimaraes Rosas)















De Peter Brueghel el Viejo

¿Conocen a Nélida Piñón?


Ave de paraíso  

Una vez por semana visitaba a la mujer. Para exaltarse, lo decía conmovido. Ella lo creía, y lo recibía con pastel de chocolate, licor de peras y frutas recogidas en la huerta. Los vecinos comentaban aquellos extraños encuentros, pero ella lo quería cada vez más. Él, adivinando su vida fácil, le pedía disculpas con los ojos, como diciendo, de qué otro modo debo amarte.
Comía el pastel y rehusaba lo demás. Aunque la mujer insistiera. Es por ceremonia, pensaba ella escondiéndose en su sombra. Una vez le preparó una cena sorpresa. La comida olía muy bien, las esencias acababan de llegar de la China. Brillaban los cubiertos y los adornos comprados especialmente para el día de la fiesta, cuando él abriría los ojos, encantado.
El hombre observó todo con aprobación. Siempre la había juzgado sensible a la armonía a la gracia. Una confianza que sintió desde el mismo instante en que se conocieron: en el tranvía, advirtiendo que había olvidado el dinero del pasaje, ella miró a su alrededor sin decidirse a pedir auxilio. Él pagó y le dijo, casi en un susurro, yo también necesito ayuda, ella sonrió y él le tomó la mano, ella accedió con timidez, y cuando la dejó a salvo frente a su puerta le prometió volver al día siguiente.
-No insistas, no quiero cenar. Con naturalidad, parecía un pez inspeccionando el mar. Ella lloró, pensando, entre tantos hombres Dios me destinó el más difícil. Fue el único instante de desfallecimiento de su amor. Al otro día recibió rosas, y la tarjeta tan sólo decía: amor. Ella rió arrepentida, condenando su incontinencia. No debía haberlo sometido a semejante prueba, que él rehusó heroicamente. En la siguiente visita la amó con fervor de apátrida, y repetía en voz baja su nombre.
Una vez desapareció tres meses, sin cartas, telegramas ni llamadas telefónicas. Ella pensó, voy a morir. En torno de la misma mesa, el mantel pintado de rojo, que había preparado durante un largo sábado, la cama de sábanas blancas, que ella lavaba personalmente, evitando el exceso de anilina, la casa, en fin, que él dejó de frecuentar sin dar aviso. Recorría las calles y a cada suspiro agregaba:
    -Qué es de la mujer sin la historia de su amor.
Había cursado el bachillerato en su ciudad natal. No quiso ser profesora. Desde pequeña soñaba con casarse. Su única ambición. Temía al hijo ajeno sustrayéndole una fuerza que los de su propia carne merecían. La madre protestó, necesitaban dinero. El padre había perdido el empleo, la edad le pesaba. Terminó en el mostrador de la farmacia de su padrino, y la madre, cosiendo por encargo. A ella le correspondía encargarse de los oficios de la casa, ya que se negaba a ejercer el magisterio. Fue entonces cuando descubrió los encantos de la cocina. Pero la receta del pastel vino más tarde: Norma apareció, muy elegante, con su vestido amarillo, pidiéndole ayuda para coser una falda plisada, modelo que había visto en el puesto de revistas de la esquina. Aunque pensaba que Norma era frívola, siempre insistiendo en que la acompañara a los bailes donde se pescaba novio con facilidad, nunca la censuró. Conoció entonces a la otra, amiga lejana de Norma. Compañeras en el curso de dactilografía, las dos ansiaban trabajar en una firma americana. Después viajarían a Estados Unidos, pasearían por la Quinta Avenida. Norma soñaba en conquistar un oficial americano. Lamentando que ya no nos visitaran , como en la época de la guerra. La otra oía, casi al final le preguntó:
    -¿No quieres venir? Se refería a la entrevista en la firma americana. Negó con la cabeza. Le dio vergüenza explicar que quería casarse. Era más fácil, y su corazón se lo pedía.
    -Ya lo sé, a ti sólo se te pueden ofrecer recetas de pastel chocolate, dijo la otra, molesta. 
A esto sí accedió, entusiasmada. Exigiendo una receta escrita. Y que la otra telefoneara a la madre, para que confirmara los ingredientes que en ese momento le dictaba la memoria. En casa, por lo estricto de los gastos, no pudo prepararla. Pero se consolaba: en cuanto ame a alguien lo sorprenderé con mis postres. Acarició siempre la esperanza de que los pasteles chocolate fueran la sobremesa del marido. Los dulces sólo servían para consentir al amado. Tanta simplicidad conmovía a Norma. Años más tarde, cuando se separaron y fue perdiendo los amigos, su destino era renunciar al mundo para conservar el amor. Antes de alejarse para siempre, Norma le dijo, poniéndole la mano en el hombro:

    -Esto tenía que pasarte.
Quiso aún explicar, decirle que se engañaba. Pero Norma se marchó sin mirar atrás, caminando con decisión.
Cuando él volvió meses después, le trajo regalos, besó largamente su cabello, que según afirmaba, olía a cielo, le hizo ver la importancia del viaje, no se arrepentía de haberse ido por el placer del regreso. A ella le pareció gentil su explicación. Corrió a la cocina, antes de que él la llevara a la alcoba. Valiéndose de dosis exactas trató de lograr la perfección. No admitía el amor sin que el pastel estuviera esperándolos, especialmente los días de fiesta. Él rió, encantado de aquel capricho, no se sentía con derecho a protestar. También él respetaba su libertad. Dejó que terminara. Ella volvió al fin, como diciéndole estoy lista para tu difícil ausencia. Siempre era discreta en las cosas del amor, y él apreciaba su recato. Repudiaría un proceder atrevido, que mancharía para siempre la ilusión de poseerla como si aún fuese la primera vez. Intuyéndolo, ella escondía la cabeza en la almohada, velando sus dulces lágrimas. Él gritaba, como un vasallo del rey Arturo: ¡Las mujeres son gratas¡ ¡Las mujeres son gratas¡
Ella interpretaba el sentido de sus palabras. Secaba sus lágrimas, entregándose con pudor. Jamás rehusaba tales escenas. A veces se repetían a la semana siguiente. Él fingía no advertir que ese encanto amenazaba con agotarse. Hacía cuanto podía para renovarlo. Por eso la amó tanto durante aquellos años. Su fantasía se apoyaba también en las sorpresas. En ocasiones adoptaba disfraces, barbas y bigotes falsos, pelucas. Llegaba sin prisa, dando tiempo a la sospecha de los vecinos, y no para que pensaran que ella lo engañaba, sino porque le divertía crear esas ilusiones.
Obediente, ella se exaltaba. Aunque sufriera su ausencia. Su amor en días difíciles se inquietaba de tal modo que consultaba el calendario con la esperanza de que fuera día de pastel de chocolate, cuando sin duda él vendría. Hasta el fin del año, el calendario registraba todos los días de su visita. Ella jamás le sugirió un cambio de fecha, o una mayor asiduidad. Respetaba aquel sistema.
En los comienzos de mes, sin embargo, él llegaba más temprano, trayendo el dinero para los gastos de la casa, y cualquier excedente que le hiciera falta. Lo depositaba sobre la frutera, aunque hubiera en ella bananas, peras, manzanas que ella adoraba, imaginándose entre la nieve. No sabía explicarlo, pero comiendo manzanas se sentía elegante, de guantes pécari importados, hablando francés y con un pañuelo de seda en la cabeza.
Dejaba allí el dinero hasta que él partía. Después, lo ponía junto al misal. Los dos se sometían a los ritos.
Un día le dijo: -Vamos a salir ya mismo, porque nunca hemos ido al cine, y como quiero ir al cine contigo antes de morir, es hora de que cumplamos mi deseo. Ella lo abrazó llorando de alegría: ¡Eres mío, cómo eres mío!
Fueron y no se divirtieron, él tildó de obscenos los episodios de amor. Ella no estuvo de acuerdo, pero su felicidad no la impulsaba a la insistencia. Comieron helado mientras él seguía protestando. Ella se manchó el vestido, y entonces él rió, le gustaban sus curiosas intuiciones, su modo de errar en las cosas pequeñas.
La madre la visitaba dos o tres veces al año. Todavía cosía por encargo. Discretamente, preguntaba por él. Temía irritarla. Nunca había comprendido aquel casamiento. Él se había opuesto a que usara vestido de novia, alegando que el traje nupcial sólo debía ser visto por el esposo. Pero después de la ceremonia, ya a solas en el cuarto, le obsequió un vestido blanco, con velo y guirnaldas. Esa primera noche ella surgió ataviada a la medida de sus sueños, y él cerró los ojos y los abrió de nuevo para ver si ella estaba aún a su lado, la mujer que amaba, y conmovido habló del modo que ella comprendía: -Estás hermosa, sólo faltaría que el sacerdote nos casara de nuevo, y cuando en medio de la noche conocieron sus cuerpos, él le pidió que reposara, porque era él quien debía colgar en el armario el vestido de novia comprado para ella, con ninguna otra mujer podría haber obrado de esa manera, y ella nunca lo olvidó.
Así pues, cuando la madre la visitaba, la hija le preguntaba por el padre, cómo iban las cosas, sin invitarla nunca a quedarse, aunque vivía lejos, viajaba horas en tren para regresar a su casa. En aquellas breves visitas, la hija de nada se quejaba. Parecía encantada con su situación. La madre nunca había visto una mujer más feliz. A veces sentía deseos de preguntar: -A qué horas llega él. O prolongar la visita para verlo cuando viniera a cenar.
Pero, a partir de las cuatro, la hija empezaba a ponerse inquieta, se levantaba a cada rato pretextando naderías, fingía ocupaciones, él solía demorarse, le aseguraba ansiosa. A la hora de la despedida, la madre siempre repetía: -Bonita vuestra casa.
A la semana siguiente, adivinando, él preguntaba: ¿Y tu madre, nunca volvió? Ella ponía una cara triste, abrazada a él susurraba: -Sólo te tengo a ti en el mundo. Él la besaba, y como pidiendo disculpas, decía: -Vuelvo el próximo miércoles, ¿estás contenta? Ella sonreía, el rostro brillante, los cabellos como a él le gustaban. Ya con algunos hilos blancos. Hilos que él respetaba, pensando: Ella es pura, es pura.
Un día no resistió, llegó disfrazado, en una última tentativa de confundir a los vecinos. Traía en las manos sendas maletas. Ella sufrió en silencio la perspectiva de una larga ausencia. Lo ayudó como si estuviera cansado, la vida era dura para él. Le trajo agua helada, lamentando no tener una fuente en el solar, de tenerla la adornaría con piedras, tal vez pondría una imagen. El hombre bebió, se quitó el disfraz que nunca había recibido de ella censura alguna. Y asumiendo una fingida independencia habló en voz alta, para que ella escuchara.
Terminó el tiempo de prueba. Esta vez vine para quedarme. La mujer lo miró, escondiendo su profunda alegría, y corrió después a la cocina. Nadie la superaba en los pasteles de chocolate. 
  
 Nélida Piñon

(Versión de Elkin Obregón)
Extraído de: csh.udg.mx/CUCSH/argos/20nov-ene02/20narrativa.html
3 de mayo de 1937 
Escritora brasileña, 
primera mujer presidenta de la Academia Brasileña de Letras, 
Premio Juan Rulfo 1995, 
Premio Internacional Menéndez Pelayo 2003 
y Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005.




La primera vez que oí, leí, sentí e intenté comprender a un narrador brasileño fue por la solvente mediación de mi Profa. Mericy Caétano.
Había elegido a Joao Guimaraens Rosa para iniciar el curso y, desde entonces, 
la Mula-Marmela 
(y tantos otros personajes, pero en especial ella) 
no se separaron más de mi visión del mundo.
¡Gracias, querida Profe! 
Fuiste una de mis más relevantes causalidades.

       Mericy Caétano. Docente y escritora. 
Foto extraída de: lsdrevista.todouy.com   







“Mi juventud me es como una costra: / una herida debajo,/ que diariamente sangra./”- Gottfried Benn


Como la idea de Poesía, por estas latitudes, aún se remonta para muchos/as al esquema tradicional becqueriano, por referirnos a uno de los referentes más populares, es oportuno que, principiando el mes de mayo, recordemos a un poeta y teórico de la talla de Gottfried Ben. Habitante de entreguerras y médico. Suficientes datos para explicar por qué, a los 26 años, escribía así:

PABELLÓN DE PARTURIENTAS

Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, marginales, prisioneras—
retorciendo su cuerpo y sollozando.
En ningún otro sitio se grita tanto.
En ningún otro sitio el sufrimiento y dolor
importa tan poco
porque aquí siempre grita algo

"¡puja mujer! ¿Entiendes, puja?
No estás aquí por diversión.
No lo contengas!!! No alargues la cosa!!!
Puja incluso si te cagas encima.
No estás aquí para descansar.
Esto no saldrá por sí solo. Debes presionar!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.

De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Sólo dos ojos elevan un coro de júbilo al cielo
por este pequeño pedazo de carne.

Todos se marchan: desolación y placer.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros llenarán las doce camas de este pabellón.


HOMBRE Y MUJER ATRAVIESAN LA BARRACA DE LOS CANCEROSOS


El hombre:
Aquí en esta fila úteros destruidos
Y en esta fila pechos destruidos
Camas juntas y apestosas, a cada hora las hermanas se
turnan
Ven, levanta silenciosamente esta manta
Mira esta gran pila de grasa y horribles humores
fue preciosa para un hombre alguna vez
significaba éxtasis y hogar.

Ven y mira estas cicatrices en el pecho.
¿Sientes el rosario de pequeños nudos blandos?
Toca sin temor. La carne cede y está adormecida.
Aquí hay uno que sangra como si tuviese treinta cuerpos.
Nadie tiene tanta sangre. De ésta tuvieron que arrancar a
un niño de su útero canceroso.

Los dejan dormir. Día y noche. —A los nuevos
se les dice: aquí el sueño les hará bien—. Pero los
domingos se les deja un rato despiertos para las visitas,

Toman un poco de alimentos. Sus espaldas están
llagadas. Ves las moscas. A veces,
las hermanas los lavan. Como uno lava los bancos.
Aquí las sepulturas se elevan alrededor de cada cama y la
carne desciende a la tierra. El Fuego se extingue y
La vitalidad se apresta a correr. La Tierra llama.



RÉQUIEM

Dos en cada camilla. Hombres y mujeres
en cruz. Hacinados, desnudos, pero sin dolor.
El cráneo abierto. El torso partido a la mitad. Los cuerpos pariendo por última vez.

Cada uno llena tres bacines: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y la guarida del demonio
ahora lado a lado en una cubeta de mugre.
Se burlan del Gólgota y el pecado original.

El resto, en ataúdes, limpios recién nacidos;
piernas de hombre, torsos de niño, pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que solían prostituirse,
algo yaciendo allí, como salido de un solo útero.


Traducción de Daniel Rojas Pachas
Ediciones Cinosargo / Colección Pink Cigarette


MADRE

Te llevo como una herida
en la frente, que no se cierra.
No siempre duele. Y no se escapa
por ella muerto el corazón.
Sólo a veces de pronto enceguezco y siento
sangre en la boca.  


Traducción de Jesús Munárriz


Gottfried Benn

Nacido el 2 de mayo de 1886
Todos estos poemas pertenecen a Morgue, editado en 1912. Una obra casi olvidada hoy. (¿Habrá incidido para ello el hecho de que fuera censurada y confiscada en 1916? Recordemos que la obra de un antecesor -Charles Baudelaire- había corrido una suerte similar). Sin embargo,sin ella,  no podríamos comprender en forma cabal el Expresionismo, esa Vanguardia tan particular nacida en Alemania. También pregunto: ¿No es hermana de cualquiera de las narraciones de Kafka?


La tentación de articular es muy poderosa y por eso imposible de acallar otra conexión, otra que nos lleva al incomparable Antón Chejov. Un hombre tan comprometido con su realidad que, con treinta años, decidió visitar la isla-prisión de Sajalín, donde el zar sometía a los peores castigos a los condenados. Tardó casi seis meses su viaje completo; convivió con los desterrados y cada entrevista fue minuciosamente registrada.
Obviamente, todas esas experiencias aparecieron publicadas en 1893, bajo el título “La isla de Sajalín” (todas, incluidas sus especulaciones acerca de las reiteradas prohibiciones de entrevistarse con los presos políticos de aquel Infierno).
Ilustrando muy brevemente:
“El 8 de Julio, antes del almuerzo, el Baikal levó anclas. Con nosotros iban unos trescientos soldados al mando de un oficial, y varios presos, a uno de los cuales lo acompañaba una niña de cinco años, su hija, que se aferró a sus grilletes en el momento en que el padre se disponía a subir por la escalerilla. También atraía la atención una presa a la que su marido seguía voluntariamente al penal”.
Otro médico, entonces, cuya atención fue más allá del dolor físico.



Sensibles placas sonoras-como decía nuestro Rodó- de otro dolor: el dolor social.
Iluminadores de conciencia del dolor social.






domingo, 5 de mayo de 2013

La tecnología también cocina delicias


Que la capacidad artística del ser humano constituye una postulación inherente a su condición ya es un tópico innegable.

Desde ciclos remotos dibujamos, pintamos, esculpimos, verbalizamos, escribimos y representamos historias, con múltiples finalidades pero en definitiva para imprimir una huella de nuestro tránsito por este mundo. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en cuánto tiempo nos insume hollar el suelo o rozar una copa o apretar una tecla? Instantes. Instantes también son los de la perseguida “felicidad”. Tal vez, sólo por dejar huellas de esos instantes, creamos, desde épocas arcaicas.

Durante el siglo XX y el actual, el cine y la tecnología audiovisual, han renovado esos instantes de placer.
En la última entrega de los Oscar, un corto fue premiado. Se trata de “Los libros voladores del Señor Morris Lessmore”, una producción de William Joyce y Brandon Oldenburg; encontrarán información profusa en diversos sitios de la web.

Les invitamos a verlo en Youtube. Les sugerimos guardarlo en la cajita de las joyas porque, además de la prolijidad técnica de la que hace gala, es una reivindicación de ese humano oficio de imaginar, plataforma del Arte y de la Ciencia.

















Instantes... No lo olviden... Disfruten...

viernes, 3 de mayo de 2013

3 de mayo- Día de la Libertad de Expresión



















“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.José Martí.
Héroe cubano y escritor.
Supo en carne propia que
por la libertad de expresión
hay que pagar lo que vale:
a los 17 años fue encarcelado
a raíz de un artículo periodístico
que escribió en un periódico universitario.
Producto de esta experiencia es
"El presidio político".

“¡Ah, la libertad! ¡Qué tesoro! Sólo una ligera alusión
 a la libertad, la vaga esperanza de ser libres, 
da alas a nuestra alma”.
- Un hombre enfundado- Chéjov-
Médico y Escritor.
Su abuelo, un siervo, debió comprar 
la libertad propia y de su familia.
¿Habrá sido por eso que Anton
resolvió también ejercer 
la libertad del "decir" 
("Escribir es decir mucho 
con pocas palabras")?


                

El conflicto


Esperé que cayera la ceniza. No sé si era un pretexto para dilatar el momento. De pronto, él me solucionó el problema. Dijo sin vehemencia: “No podemos seguir.”

Yo no hice pregunta alguna. Sabía que eso estaba por llegar. Con una mezcla de rabia y de curiosidad pregunté si era por ella.
“No, eso es un “ayudame a vivir. Lo nuestro fue muriendo de a poco. No supimos mantener encendida la pasión. Nos convertimos, primero, en buenos amigos; después, de a poco, dejamos de contarnos nuestras cosas... no tuvimos hijos... no quedó nada”.

No seguimos hablando, se fue sin mirar atrás, siguió su camino.

Yo reviví. Me convertí en otra mujer: alegre, llena de vida, tuve varios amores y cada uno de ellos me aportó algo. Fui feliz.

Varios años después vino a mi encuentro. Tenía el mismo mirar, el andar cansino; estaba triste, como vencido.
Sólo me dijo “Te necesito”, y le contesté... “Yo también”.


Lecita Morales
Grupo Alas



Ella


En algún lugar está, lo sé.

Mucho tiempo la tuve a mi lado, acompañándome. No sólo a mí. También a otros. Y es que el hermoso color de sus ojos no pasa inadvertido para nadie.
¿De color noche? ¿De color cielo? Qué importa, si con ellos atraviesa el alma con sus suaves destellos.

Yo sé que está en la noche y que está en el día, disfrutando de ser la dueña del tiempo, del espacio, de los sueños del que duerme y del que no.

Un día aciago, no sé cómo ni por qué la perdí, y no quise vivir; tampoco morir.

Después sólo quise recuperarla. No como los otros que se dieron por vencidos cuando todo se volvió gris, y la abandonaron, a Ella, la Esperanza.

G.L.
Grupo Alas



Rosas y Jazmines


Llegué ante la casa donde vivía Franco con su mamá. Había un jardín de bellas rosas y perfumados jazmines al frente. Al contemplarlos pensé: “Ésta pronto será mi casa, el lugar donde voy a vivir y a formar mi familia”. Me encantaba aquel jardín. En mi ilusión de mujer joven veía el día en que allí empezaría a pasar mi vida. Con mi compañero formábamos una pareja que tenía todo lo que se  necesita para ser feliz: amor, comprensión,  amistad, aunque...

Su padre murió unos meses antes de nuestra unión. Franco cambió desde ese día: se fue poniendo más lejano, dando excusas, postergando nuestro amor, nos citábamos menos; en fin, todo fue distinto. Yo no me daba cuenta de que en nuestras conversaciones estaba ausente, de que en sus ojos ya no veía el fondo de su alma, de que poco a poco su amigo había ido ocupando el lugar que yo tenía. Comencé a sentir la ausencia, la falta de su mano en la mía; pensaba que era por el dolor reciente de la falta de su padre.

Un día, el gran escándalo: Franco fue encontrado en una situación muy comprometedora con su gran amigo, aquel que él decía que protegía como a un hermano.   
¿Qué sentí en ese momento? Lo que todos quienes lo queríamos: mi familia, los amigos, su madre...Ella siempre lo defendió: “A un hijo no se le abandona”. Pero yo, que era su novia, que había vivido para ese amor, ¿qué podía hacer? Sentí que mi corazón se partía, que nunca más podría creer un el amor.

Después, la suerte quiso que nos mudáramos a un lugar distinto, lo que me apartó de la gente que conocía y juzgaba los hechos sin mucha razón.
Al tiempo conocí a un hombre que, no siendo  tan espectacular, era bueno,  tranquilo, y se enamoró apasionadamente de mí.
La vida me recompensaba de la crueldad del pasado.

Nos casamos, tuvimos tres hijos maravillosos. Pero una vez más la vida no me dejó gozar de las rosas: él se enfermó, y después de años de lucha, se fue apagando, como el perfume obstinado de los jazmines.


Reina Piazza
Grupo ALAS


miércoles, 1 de mayo de 2013

"El trabajador aislado es instrumento de fines ajenos; el trabajador asociado, es dueño y señor de su destino" - José Enrique Rodó


Hace ya 30 años, escribíamos clandestinamente, con letra cuidada sobre nailon verde, "Libertad, Trabajo, Salario y Amnistía"; intentando en esa consigna representar los sueños y los deseos de los trabajadores, en el estreno reluciente de un 1º de Mayo que nos habían escamoteado durante 10 largos años.
Nos dimos cita en una placita triangular con nombre de país sufrido; tratamos de convocar a los suficientes como para sostener los 6 parantes de los dos carteles pero una vez más nos sorprendió la vida dándonos una nueva lección:  fueron muchos más los que se atropellaban por poner sus manos en los frágiles sustentos de las fuertes consignas.
Un mar de gente coronó el Palacio Legislativo, ese mismo palacio que yacía vacío de legítimos inquilinos. 
Sí, no tengo dudas, fue el golpe de gracia a los dictadores, sé que ese día, "ellos también lo supieron".


Francisco Castillo



Como la sangre, como el fuego, profundo es el rojo de la carne de la palabra “trabajo”.


Si nos atenemos a las investigaciones etimológicas más aceptadas, la palabra “trabajo” deriva de “trabajar” y ésta del latín “tripaliare”, hija a su vez de “tripalium”, un yugo conformado por tres palos. Este artefacto fue inventado por los romanos para sujetar en ellos a los esclavos sancionados y azotarlos.

Con el correr del tiempo, la palabra fue admitiendo otras acepciones, todas emparentadas con el concepto de sufrimiento: fatiga, castigo divino, esfuerzo, dolor de parto, peripecias...

De: www.oporteteditores.com
Aunque diluida para los hablantes esta carga, ninguna palabra está divorciada de la experiencia humana, de su historia. Repasar el itinerario que hemos tenido que recorrer para instalarnos en la concepción actual de trabajo y en sus condiciones de ejecución  -ciertamente muy primitivas en muchas partes del mundo, incluida nuestra tierra- es un asunto que reboza dramaticidad, aun excluyendo el tema de “la falta de trabajo”.

En respetuosa conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, a nuestro juicio nadie más veraz para acompañarnos en ese tránsito, que la voz perenne de una mujer excepcional como Rosa Luxemburgo, quien en febrero de 1894 así dejó registrado el Origen del 1º de Mayo: 


     “La feliz idea de instaurar un día de fiesta proletaria para lograr la jornada laboral de ocho horas nació en Australia, donde ya en 1856 los obreros habían decidido organizar un día completo de huelga, con mitines y entretenimiento, como una manifestación a favor de la jornada de ocho horas. Se eligió el 21 de abril para esa celebración.
     Al principio los obreros australianos pensaban en una única celebración, aquel 21 de abril de 1856. Pero como esa primera celebración tuvo un efecto muy fuerte sobre las masas proletarias de Australia, animándolas con ideas agitadoras, se decidió repetirla todos los años.
     Efectivamente: ¿Qué podría proporcionarles a los trabajadores más coraje y fe en su propia fuerza que un paro masivo, decidido por ellos mismos?
     ¿Qué podría proporcionarles más valor a los eternos esclavos de las fábricas y de los talleres que el reconocimiento de su propia gente?
     Por eso, la idea de una fiesta proletaria fue rápidamente aceptada y comenzó a extenderse de Australia a otros países, hasta conquistar finalmente todo el mundo proletario.
     Los primeros en seguir el ejemplo de los obreros australianos fueron los norteamericanos. 
     En 1886 se fijó el 1º de mayo como el día de la huelga universal. Ese día, 200.000 trabajadores abandonaron sus lugares de trabajo y exigieron la jornada laboral de ocho horas. Más tarde, la policía y el hostigamiento legal impidieron por muchos años la repetición de esa gran manifestación.
     Sin embargo, en 1888 restablecieron su decisión y fijaron el 1º de mayo de 1890 como el día de la siguiente celebración.

 
Melbourne, 1856: Pancarta por la jornada de 8 horas.
Melbourne, hacia 1900: Marcha por las ocho horas.

   Mientras tanto, el movimiento obrero en Europa se había fortalecido notablemente.  La expresión más poderosa de este movimiento ocurrió en el Congreso Internacional Obrero de 1889. En ese Congreso, al que asistieron 400 delegados, se decidió que la jornada de ocho horas debía ser la primera reivindicación. El delegado de los sindicatos franceses, el obrero Lavigne de Burdeos, propuso difundir esa reivindicación en todos los países mediante un paro universal. El delegado de los trabajadores estadounidenses llamó la atención de sus camaradas sobre la decisión de ir a la huelga el día 1º de mayo de 1890, por lo que el Congreso fijó esa fecha para la fiesta proletaria universal.
     Los obreros, al igual que treinta años antes en Australia, pensaban solamente en  una única manifestación. Ese 1º de mayo de 1890 el Congreso había decidido que los trabajadores de todos los países se manifestarían juntos por la jornada de ocho horas. Nadie había hablado de repetir la celebración en años siguientes. Naturalmente, nadie podía predecir el enorme éxito que tendría esa idea ni la rapidez con que sería adoptada  por la clase obrera. Sin embargo, fue suficiente celebrar el 1º de mayo tan sólo una vez para que todos comprendieran y sintieran que debía convertirse en una institución anual y permanente.
     El 1º de mayo significaba establecer la jornada de ocho horas. Pero aún después de haber logrado este objetivo, ese 1º de mayo no fue abandonado. Mientras continúe la lucha de los obreros contra la burguesía y la clase dominante, mientras todas las exigencias no hayan sido satisfechas, el 1º de mayo continuará siendo la manifestación anual de esos reclamos. Y cuando lleguen días mejores, cuando la clase obrera del mundo haya logrado su objetivo, es probable que la humanidad entera también celebre el 1º de mayo, honrando las amargas luchas y los sufrimientos del pasado.
   
Rosa Luxemburg
(febrero 1894)


Traducción directa del alemán al castellano, especial para el ERL: Marion Kaufmann.
Escrito en 1894. Publicado en polaco en Sprawa Robotnicza, París, febrero 1894.

Fuente: www.espaciorosaluxemburg.com


Por otro lado, también nos interesa visceralmente reivindicar, en ese sentido, la actuación de un escritor a quien con verdadera liviandad se ha señalado como un indolente hacia la problemática socio-laboral de su época. Nos referimos a Franz Kafka.
Sí, es verdad que nada le importaba más que escribir.
Pero también es verdad que las largas jornadas de trabajo como abogado -signo de que las ocho horas aún eran una utopía para muchos trabajadores- en el Instituto de Seguros de Accidentes Laborales del Reino de Bohemia, le generaban un elevadísimo grado de angustia.
Cierto es asimismo que se había propuesto redactar un informe (Reglamento de Prevención de Accidentes para máquinas de cepillado de madera) que consignara todas las variables de mutilación de manos que padecían quienes las operaban. Del mismo modo es auténtico el dato de que protagonizó varios enfrentamientos con empresarios que le subrayaban la inconveniencia de esas investigaciones -porque sin duda en algún momento deberían pagar abultados seguros- y le manifestaban que no existe mejor protección que la de mantener ojos y mente en el trabajo.
Según consigna el escritor Reiner Stach, a Kafka se le debe el diseño de equipos de protección para maquinaria y obreros, incluido el casco. Es más, fue premiado por tal contribución a la prevención.
Por último, de ése, de quien tantos opinan que fue un irresoluto, un cobarde, etc., etc., se conoce un acto quizás no protagonizado por muchos/as de fácil envanecimiento en todas las épocas; es el siguiente: un ferroviario había sufrido la amputación de una pierna bajo un carro elevador; se había presentado ante la Aseguradora para solicitar amparo pero no manejó sus argumentos con la necesaria precisión. Kafka se da cuenta de la problemática y contrata a un eminente abogado para que represente con solvencia al trabajador que, por supuesto, gana la demanda sin que el escritor sufra desmedro público alguno en la Empresa. 

Sin duda, cualquier represión gesta infinidad de actos inherentes a esa fuerza natural del ser humano hacia la libertad; a veces, puede multiplicar esa energía apoyándose en otros; a veces, está solo y se mueve hasta donde puede. Lo esencial es, en todo caso, ese primer movimiento.
Rosa Luxemburgo decía: 
Que tu carne, Hermano Trabajador,
enrojecida por el fuego de esas cadenas,
sea tu primer movimiento
hacia la justicia para todos/as.





  





martes, 30 de abril de 2013

William Shakespeare: 23 de abril de 1564
















Y como también escribió:

"Deja que la elocuencia de mis libros,
sin voz, transmita el habla de mi pecho...

que este Soneto XXIX pueda cumplir esa misión:



Cuando hombres y Fortuna me abandonan,
lloro en la soledad de mi destierro,
y al cielo sordo con mis quejas canso
y maldigo al mirar mi desventura,
soñando ser más rico de esperanza,
bello como éste, como aquél rodeado,
deseando el arte de uno, el poder de otro,
insatisfecho con lo que me queda;

a pesar de que casi me desprecio,
pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,
como al amanecer la alondra, se alza
de la tierra sombría y canta al cielo:

pues recordar tu amor es tal fortuna
que no cambio mi estado con los reyes.