viernes, 3 de mayo de 2013

El conflicto


Esperé que cayera la ceniza. No sé si era un pretexto para dilatar el momento. De pronto, él me solucionó el problema. Dijo sin vehemencia: “No podemos seguir.”

Yo no hice pregunta alguna. Sabía que eso estaba por llegar. Con una mezcla de rabia y de curiosidad pregunté si era por ella.
“No, eso es un “ayudame a vivir. Lo nuestro fue muriendo de a poco. No supimos mantener encendida la pasión. Nos convertimos, primero, en buenos amigos; después, de a poco, dejamos de contarnos nuestras cosas... no tuvimos hijos... no quedó nada”.

No seguimos hablando, se fue sin mirar atrás, siguió su camino.

Yo reviví. Me convertí en otra mujer: alegre, llena de vida, tuve varios amores y cada uno de ellos me aportó algo. Fui feliz.

Varios años después vino a mi encuentro. Tenía el mismo mirar, el andar cansino; estaba triste, como vencido.
Sólo me dijo “Te necesito”, y le contesté... “Yo también”.


Lecita Morales
Grupo Alas