domingo, 11 de mayo de 2014

“El dinero no es sino la figura de la aceptación social, y por eso lo buscamos todos.” ― Francisco Umbral

11 de mayo de 1932- España
Escritor y periodista.

El hombre que se inventó las pasiones


"Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme". Esta gentil declaración de Voltaire encierra, me parece a mí la más fina y sutil interpretación de Cervantes. Porque don Quijote no está loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuentón y soltero que, llegado a ese ápice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito. Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una metáfora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que don Quijote nunca se enfrenta sino contra metáforas del vivir, desface alegorías y yangüeses, o se reposa en unos duques, de modo que la locura empieza con la realidad y no antes.

Voltaire vio bien que el hombre en madurez o pega ese salto que digo o le coge ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dará más de sí. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compañía -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de dueñas y sobrinas, del mismo sol en las mismas bardas. Los libros que leía le estaban hurtando a la poesía de la acción con la poesía poética y mala de la dicción. Así que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasión amorosa. Es la primera lección que Cervantes nos da en su libro. La vida tiene una segunda parte que se correspondería con la tercera juventud de Aristóteles. Es él, Cervantes, quien rompe con la mediocridad de su vida, pálidamente enaltecida de glorias bélicas, para emprender un libro donde está su rabia por el mundo, su energía al fin liberada al servicio de sí mismo, no ya la energía domeñada y servil del alcabalero y otras suertes. Cervantes es irónico por anacrónico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe. El Quijote no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalguía de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidió a pegar el salto y ese salto quien lo pega es él mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo así que Sancho nunca pierde el sentido, ese inútil y pobre sentido común del pueblo, pero tampoco pierde la ironía y la distancia para burlarse de su amo con todos los respetos. Don Quijote entra en su nueva edad como un escándalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno. Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir más allá de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a regüeldo y luego a pleno pulmón, vive vida de caballero andante sin haber leído tales libros. Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo, un motín de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendrán. Aún hoy, y hoy más que nunca, el hombre que no hace esa revolución interior, que no pega ese salto vecinal, será comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco (...).

Hay tres razones para ser héroe, como diría Salvador Dalí. En Cervantes, estas razones son el inventarse pasiones, la capacidad de ejercitarse contra el tiempo y el haber roto con el compromiso burgués de la novela y de la vida. El hombre que se inventa pasiones es tan héroe o más como el que las vive. El hombre que se ejercita a diario, no sabemos si para la vida o para la muerte, es el que quiere agotarlo todo aquí y, como decía Juan Ramón Jiménez, que la muerte cuando llegue, sólo encuentre un pellejo vacío, porque nuestra sementera humana la hemos esparcido fecundamente. Por aclarar un poco las cosas, diremos que don Quijote, efectivamente, es un personaje de novela, pero donde veo yo al hombre metafórico es en Cervantes, que nos da el nivel medio del hombre español, siempre de santo laico, de héroe doblado o de comunero entre el pueblo. Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza irónicamente el fracaso para triunfar de la España oficial con su España real (...).

De: http://elpais.com/diario


La tristeza


La tristeza ha venido como un buque vacío,
la tristeza ha encallado en mi pecho de piedra.
Me trae en sus bodegas toda una vida vieja,
quintales de nostalgia
y el whisky que he bebido.
La tristeza ha venido con faros apagados.
No sé de dónde viene ni por qué me visita
yo mismo soy un puerto donde para la noche
el mar, como noviembre, va ya de retirada.
Somos un puerto unánime,
puerto de tierra adentro
donde llegan los meses
como veleros lánguidos.
La tristeza ha venido
y me golpea despacio
como el agua golpea
en los acantilados.
Soy un acantilado
de muertos sucesivos
y estoy aquí parado,
bajo una lluvia fina,
junto al silencio frío
del buque de la pena.
¿Cuánto dura noviembre, cuánto dura una vida,
cuánto durará un hombre que tiene ya en el pecho
ese peso dormido de los buques sin gente,
de los mares sin luna, de los mortuorios días?


La soledad


Hablo de soledad
porque estoy solo.
Soledad es un pez que nada el tiempo,
la soledad es una puerta abierta
que da a puertas abiertas
y vacías.
No es ausencia de gente el estar solo.
Es ausencia de mí entre la gente.
El que no está soy yo,
y ellos no saben,
soledad es morirse a cualquier hora
junto al museo de los medicamentos.

   Soledad es un agua que no hay,
un sol que se ha dormido en los cristales,
silla que no hace juego,
un hueco en la memoria,
soledad es un hombre solitario
que se acerca a mirar las papeleras.
Hoy me he visto a mí mismo,
fastuoso de soledad, como un mendigo,
mirando una lejana papelera
y sacando un periódico del fondo,
que es el mismo que lleva en el bolsillo,
porque lo sacó ayer, y así por siempre.

De: http://pedrogollonet.blogcindario.com









"El ombligo se deja en la copa del árbol más alto"



Ventana sobre el alumbramiento


La mujer habitada sabe cuándo y sabe qué. Sabe cuándo por lo que dicen la luna y el cuerpo. Sabe qué por lo que dicen los sueños. Si ella sueña con hilos o vasijas, tendrá hija. Si sueña con metales, sombreros o huevos, tendrá hijo.

Entonces ella se hinca, se suelta el pelo, bebe un trago de aguardiente; y de rodillas da nacimiento.

Las manitos del niño o niña tocan un azadón, un hacha y un machete. Con tizne de cocina, la madre le señala el centro de la cabeza.

El ombligo se deja en la copa del árbol más alto.

Así se nace en Chamula.


Eduardo Galeano

Un acto tan simple como dejar el ombligo 
en brazos de la Naturaleza

es claro indicio de una sabiduría incomparable;
nosotros nos apropiamos del ombligo 
y hasta lo guardamos en una cajita
porque en esta bárbara civilización occidental
que seguimos construyendo
el símbolo clave del ser es TENER.

La madre

Una zapatilla Adidas,
una carta de amor de firma ilegible,
diez macetitas con flores de plástico,
siete globos de colores,
un delineador de pestañas,
un lápiz de labios,
un guante,
una gorra,
una vieja fotografía de Alan Ladd,
tres tortugas ninjas,
un libro de cuentos,
una maraca,
catorce broches de pelo
y unos cuantos autitos de juguete forman parte del botín de una gata que vive en el barrio de Avellaneda y roba en el vecindario.
Deslizándose por azoteas y cornisas, ella roba para su hijo, que es paralítico y vive rodeado de esas ofrendas mal habidas.

Bocas del tiempo
Eduardo Galeano

viernes, 9 de mayo de 2014

“Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está otra; lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles. Somos necesarios.” - José Ortega y Gasset


9 de mayo de 1883- España

“Yo soy yo y mi circunstancia”

El yo se encuentra en la vida con el mundo, con su mundo. No es cierto que primero nos encontremos a nosotros y después al mundo; nos encontramos a nosotros sólo en la medida en que nos vemos instalados en el mundo, en cuanto que nos ocupamos con las cosas, con las personas, con nuestra circunstancia. Mi yo se va formando en su encuentro con el mundo y a partir de sus reclamaciones. Mundo es lo que hallo frente a mí y en mi derredor, lo que para mí existe y actúa.



La vida es siempre estar en una circunstancia, no se vive en un mundo abstracto e indeterminado; el mundo vital nuestro es siempre nuestro mundo, el de nuestro aquí y ahora, y es a partir de él como debemos actuar y modelar nuestro futuro; este hecho permite precisamente la libertad, la pura indeterminación la haría imposible. La fatalidad en la que se desenvuelve nuestra vida no es tan extrema como para determinar absolutamente la conducta que vamos a seguir: no sentimos que nuestra vida esté prefijada totalmente pues la circunstancia nos permite un cierto margen de posibilidades y, en la misma medida, nos exige decidir, y además sin que nadie lo pueda hacer por nosotros. La vida no nos viene ya hecha, es un constante decidir lo que vamos a ser, las cosas que hacemos, nuestras ocupaciones. No podemos escoger el mundo, la circunstancia básica en la que nos ha tocado vivir; pero, a la vez, esta circunstancia nos ofrece un margen de posibilidades: “vida es la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad”. Tenemos que decidir lo que vamos a ser, la vida es “sostenerse en el propio ser”. La vida es un problema que nadie, excepto nosotros, puede resolver. Y este tener que elegir y ser responsables de lo que nos va a pasar no se da sólo en casos extremos, en las situaciones conflictivas o apuradas, se da siempre. Como consecuencia del encontrarse en la vida sin remedio y sin remedio tener que elegir, la vida se presenta siempre como un problema, problema que nadie excepto nosotros puede resolver.

De: Torre de Babel- Portal de Filosofía, Psicología y Humanidades




“Nota a los historiadores del futuro: No lean el New York Times. Lean a los poetas.” - Charles Simic

9 de mayo de 1938 - Belgrado
Poeta. Profesor de Inglés.

Guante perdido


He aquí un guante negro de mujer.
Debe haber significado algo.
Un considerado extraño lo dejó
sobre el buzón rojo de la esquina.

Por tres días el cielo estuvo agitado,
luego, hoy día, cayeron algunos copos de nieve
sobre el guante que alguien,
en el intertanto, había dado vuelta,
de modo que sus dedos podían cerrarse

un poco... sin formar un puño todavía.
Yo, en tanto, esperé, con la noche que venía.
Algo me dijo que no me moviera.
Aquí donde las llamas se alzan de los tarros de basura,
y los sin casa duermen de pie.

(De "Hotel Insomnia", 1992)



Escena callejera


Un muchachito ciego
con un letrero de papel
prendido en su pecho.
Demasiado pequeño para estar fuera
mendigando solo,
pero allí estaba.

Este extraño siglo
con sus matanzas de inocentes,
su vuelo a la luna,
y ahora él aguardándome
en una ciudad extraña,
en una calle donde me perdí.

Al oírme aproximar,
se sacó un juguete de goma
de la boca
como para decir algo,
pero no lo hizo.

Era una cabeza, la cabeza de un muñeco,
muy mordisqueado,
la levantó para que la viera.
Los dos sonrieron con una mueca.

(De "Hotel Insomnia", 1992)



En la Biblioteca


Para Octavio

Hay un libro llamado
"Diccionario de Ángeles".
Nadie lo ha abierto en cincuenta años,
lo sé, porque cuando lo abrí
sus tapas crujieron, las páginas
se derrumbaron. Allí descubrí

que los ángeles habían sido una vez tan numerosos
como especies de moscas.
El cielo al ocaso
Solía estar espeso de ellos.
Había que agitar las manos
para mantenerlos apartados.

Ahora el sol brilla
a través de las altas ventanaaas.
La biblioteca es un lugar apacible.
Ángeles y dioses se apilaban
en libros oscuros no abiertos.
El gran secreto está
en algún estante junto al cual la Srta. Jones
pasa todos los días en sus rondas.

Ella es muy alta, de modo que mantiene
su cabeza inclinada como si escuchara.
Los libros están susurrando.
Yo no oigo nada, pero ella sí.

(De "Gods and Devils", 1990)




La Gran Guerra


Jugábamos a la guerra durante la guerra,
Margaret. Había mucha demanda de soldados de juguete,
aquellos hechos de arcilla.
Los de plomo los habían convertido en balas, supongo.

¡Nunca se vio algo tan bello
como aquellos regimientos de arcilla! Solía tirarme al suelo
por horas mirándolos a los ojos.
Recuerdo que me miraban a su vez maravillados.

Cuán extraño deben haberme sentido
parados tiesos en atención
ante una enorme e incomprensible criatura
con un bigote de leche.

Con el tiempo se quebraron o yo los quebré a propósito.
Había alambre en el interior de sus piernas,
dentro de sus pechos, ¡pero nada en las cabezas!
Margaret, me aseguré.

Nada, ninguna cosa en las cabezas...
Sólo un brazo, de vez en cuando, el brazo de un oficial,
enarbolando un sable en una grieta
del suelo de la cocina de mi abuela sorda.

(De "Gods and Devils", 1990)





De: rehue.csociales.uchile.cl






miércoles, 7 de mayo de 2014

Robert Browning, un poeta nada convencional

7 de mayo de 1812
Creador del monólogo dramático poético.


Técnicamente, el monólogo dramático, cuyo origen se remonta a las tragedias griegas, se perfecciona como poética solo a partir de Browning. 

En la estructura compositiva, el poeta asume la personalidad de un personaje histórico o ficcional ya desaparecido, y le da voz en primera persona, confundiéndose con él. La exposición es indirecta e irónica. El tono, la estructura y el ritmo son coloquiales. La unidad del poema —que comparte las características del drama— es producto de la tensión entre opuestos emotivos e intelectuales. Será en el momento de mayor intensidad donde el personaje/narrador se revele a sí mismo aunque nunca de manera directa.

En sus primeros años Browning escribe una larga cantidad de confesiones personales y poemas biográficos, tomando a Shelley como modelo. En los volúmenes Men and Women de 1845 y Dramatis Personae 1864, desarrolla el género del monólogo dramático.

Bajo la influencia del drama y los soliloquios shakesperianos, los extensos monólogos se hacen breves, delimitados por un único personaje. El narrador queda separado del poeta y se dirige a un público implícito y silencioso, que asiste cada escena. La calidad tonal del monólogo, su ritmo y el lenguaje propiamente dicho, pueden resumirse como la técnica de la revelación, siempre concisa, que nos permite acceder al personaje.

No sólo Shakespeare influye en la escritura browniana, sino que de la poesía de Donne, frecuentemente citada en sus cartas a Elizabeth Barret, obtiene la técnica de emplazamiento, para definir así la situación o para revelar el conflicto, como así también la dicción idiomática, el ritmo, y la concentración en el aspecto psicológico.
Para lograr objetividad, Browning evita el juicio moral a favor de la presentación directa del personaje, consecuentemente el lector es quien hará su propio juicio, confrontando el poema como una experiencia activa antes que un juicio preconcebido.


My last Duchess

El poema fue publicado por primera vez en la colección Dramatic Lyrics en 1842 y es un de los mejores ejemplos del uso que Browning hace del monólogo dramático. La rima está construida en pentámetros, con versos encabalgados. Así es como el poeta expande la fuerza sutil que yace detrás de las revelaciones del duque de Ferrara.
El narrador, distinguiéndose claramente del poeta, imita voces ajenas, crea situaciones hipotéticas y usa la potencia de su personalidad para que los horrores que relata resulten graciosos.

El poema, basado en la vida del duque de Ferrara, habla del retrato de Lucrecia, su última esposa, fallecida en 1561. El creador del cuadro, Fra Pandolf, un aristócrata renacentista, por momentos, aparenta estar presente. A medida que nos adentramos en el poema, comprendemos que el duque de Ferrara esta hablando con un representante, o una persona de confianza, sobre su prometida. Las palabras de los versos indican que el duque es un hombre educado y culto, quien menosprecia a su silencioso interlocutor.

Parado delante del retrato de su última esposa, habla de los fracasos y las imperfecciones que la constituyeron. Sin embargo, el discurso indica que los fallos e imperfecciones de la mujer eran, en realidad, cualidades como la compasión, la modestia, la humildad, la cortesía y el placer de las pequeñas cosas. La ironía abunda.

Browning detalla el displacer que le produce al duque la falta de atención de parte de su esposa, de quien pretende la rendición de culto. Es posible leer, no solo las imperfecciones de Lucrecia, sino también las del duque, el que no tarda en revelar sus dotes como manipulador. Arrogante, posesivo y controlador, Ferrara siente celos de Fra Pandolf. Convencido de que una mujer solo debe ser satisfecha por su marido, deduce que Lucrecia es una mujer fácilmente impresionable. No solo el pintor despierta la envidia en el duque, sino todo aquél a quien su mujer dirija una sonrisa.
Su actitud condescendiente surge claramente del contexto: el narrador se cree un ser superior. Esto se evidencia de las líneas 9 a 11 del poema. El uso de la palabra nadie resume el sentido de ‘ninguno que no sea yo’.

Casi en el cierre del poema, las sonrisas quedan detenidas. Presumimos que fue el propio duque quien da orden de asesinar a su mujer. No hay indicios de cambio en su personalidad, por el contrario, aclara que espera igual sumisión de su actual prometida, a quien se une sin ningún interés económico, contrariamente a las convenciones de la época. La mujer es un objeto, una ganancia, una criatura a la que se debe dominar. Concientemente Browning cierra el poema con la estatua del dios Neptuno, regalo de su prometida, tratando de dominar a un caballo de mar.
Es importante destacar la fascinación que produjo en el poeta el Renacimiento italiano. La eterna búsqueda de Browning sobre el valor del arte y la moralidad, inherentes y contradictorios, cuya representación se imbrica entre violencia, estética y sexo. Es posible pensar que quizá el motivo para castigar a Lucrecia es una cuestión de naturaleza sexual. El poema es el reflejo de la sociedad victoriana y su intento de controlar los impulsos individuales. Browning nos fuerza a comprometernos con el poema y también a cuestionarnos sobre cuál sería nuestro comportamiento ante iguales circunstancias. ¿Es el arte una cuestión moral o estética?


Mi última duquesa


1. Ésa es mi última Duquesa pintada en la pared
2. Como si estuviera viva. Llamo, ahora,
3. A esta pieza maravilla: las manos de Frá Pandolf, un día,
4. Trabajaron afanosamente, y allí está ella.
5. ¿Podría usted sentarse y observarla? Dije
6. ‘Frá Pandolf’ por quien lo diseñó, pues nunca
7. un desconocido como usted ha visto ese semblante,
8. La profundidad y la pasión de su mirada sincera,
9. Se transformó para mí, (nadie ha permanecido
10. Detrás de la cortina que he corrido para usted, excepto yo)
11. Y parecía que iban a preguntarme, si se hubiesen atrevido,
12. Cómo llegó tal mirada hasta aquí; entonces, no es usted
13. El primero en observarla y preguntar. ¿Señor, no era únicamente
14. La presencia del marido, lo que causó aquel tinte
15. De felicidad en las mejillas de la Duquesa? Quizá
16. Frá Pandolf dijo casualmente: ‘El manto cae
17. Con pesadez sobre la muñeca de mi Señora’ o ‘La pintura
18. No debe intentar reproducir el desfalleciente
19. Sonrojo que se esfuma por el cuello’: tales cosas
20. Son cortesías, pensó ella, y fue causa suficiente
21. Para convocar a la dicha. Tenía
22. Un corazón — ¿cómo podría decirlo? — sencillo de alegrar
23. Fácilmente impresionable; le gustaba toda cosa
24. Que veía, y su mirada se extendía a todas partes.
25. Señor, ¡era toda una! Mi gracia en su pecho,
26. La caída del día en el Oeste,
27. Las ramas del cerezo que algún tonto oficioso
28. quebró en el huerto para ella, la blanca mula
29. En la que montaba alrededor del caserío ― todas y cada uno
30. Obtendrían de ella igual aceptación,
31. O incluso, sonrojos. Agradecía a los hombres, — ¡bien! pero de
32. Alguna forma agradecía — no sé de qué manera — como si ordenara
33. El regalo de mi nombre de novecientos años de antepasados
34. Entre los regalos de cualquier otro. ¿Quién se atrevería a culparla
35. Por esta clase de juego? Aún cuando poseyeras la destreza
36. De la palabra — yo carezco yo de ella— para que tu voluntad
37. Fuese clara en todo sentido, y decir, ‘Esto o aquello
38. De ti me disgusta; aquí es donde te equivocas,
39. O allí donde te excedes’ — y si se permitiera
40. A ella misma ser aleccionada, sin contraponer
41. Su sagacidad a la tuya, la verdad sea dicha, y se excusara
42. ― Aún entonces implicaría cierta condescendencia, y yo elijo
43. No rebajarme. Oh señor, ella sonrió, no hay duda,
44. Cada vez que la crucé, pero ¿quién podría transcurrir
45. Sin su sonrisa? Esto aumentó, di órdenes;
46. Entonces las sonrisas se detuvieron. Allí está ella
47. Como si estuviera viva. ¿Podría usted levantarse? Nos reuniremos
48. Con el resto de la gente, entonces. Repito
49. El Conde y su consabida magnanimidad
50. Es la amplia garantía de que ningún justo reclamo
51. De la dote por mi parte será rechazado;
52. Aunque el alma de su hija, como he declarado
53. En un principio, es mi objetivo. No, descenderemos
54. Juntos, señor. Observe usted a Neptuno, entonces,
55. ¡Domando un caballo de mar, que todos creen una rareza,
56. Que Claus de Innsbruck ha tallado en bronce para mí!

Versión© Silvia Camerotto

De: desibilabis.blogspot.com





martes, 6 de mayo de 2014

"Elegí cantar a las cosas pequeñas"- Harry Martinson

6 de mayo de 1904 - Suecia
Integrante de ·Escritores proletarios suecos".
Premio Nobel en 1974

BARCOS FANTASMAS (1929)


Barcos fantasmas somos, silenciosos, rumbo
a las salidas del sol y los amaneceres.
Barcos sin hogar somos, eternamente errantes.
Navegamos en tempestades septentrionales
y en tibios oleajes meridionales, silentes.
Barcos sin hogar somos, eternamente errantes.
Y constantemente aparecen en nuestro viaje
como fantasmas los mismos sueños salvajes
y las mismas canciones suenan una y otra vez.
Y olvidadas tempestades se despiertan
danza de la muerte sobre las corrientes
y dulce y conciliador canturrea el mismo oleaje.
Mira: mil barcos han perdido el rumbo
y a la deriva navegan entre nieblas
y mil hombres se han ido a pique
rezando a las estrellas.
Y vemos el mismo destino todavía
camino a los rayos de un alba bella.
Y los mismos sueños llenan todavía
los cansados cerebros.
En oscuros espacios brilla sin embargo
Orión igual de centelleante
sobre hombres cansados,
que han dejado de mirar a las visiones matinales.
Nosotros, los demás, soñamos aún esta noche
con la luz del alba, que deslumbrante
se elevará sobre pecios en dunas fantasmales.



ALBATROS (1929)

Como mensajero del hambre y del amor
saliste
del estrecho de las boyas de campana.
Con célere y rumoroso aleteo
atravesaste nadando el monzón.
Todo para gritar tu tempestuosa hambre
ante el acantilado pajarero de Comia
—que surge manchado de apareamientos
oteando desde las nieblas al oeste de Falkland—
Y para encontrar
a una vieja ave amada de Kamchatka.
Después de días de espera llegó
tempestuosa, lluviosa
saliendo de un viento aullante del este.
Y vosotras, aves de tormenta:
una vez muerto el júbilo del apareamiento
os zambullisteis tristes gritando hambrientas
de nuevo en las nieblas que envuelven el mundo.
Albatros y aves de fragatas,
hijos extraviados de las tempestades de Dios.



GAVIOTA MUERTA (1929)


Nunca más atravesará
mi hambriento pico
la calma de la niebla.
Nunca más me meceré ansiosa de grasa de foca
en la ola que juega con la luz del sol;
ya no me deleitaré
—en la escarpada escollera—
con el hígado del gran bacalao —
nunca, —oh, nunca.
Pero en la niebla vive mi grito extraviado.
Tú lo has oído, pescador,
y el sonido de una boya ondulante,
el solapado oleaje
te extravió en el mar.
Nunca más chirriarán ansiosos tus escálamos allí fuera.
—Silenciosa es la noche—
¡Vive, oh, grito mío solitario!


EL VIENTO MARINO (1934)


Sobre océanos infinitos avanza el viento marino
estiende sus alas por la noche y el día,
asciende y desciende
sobre el ondulante pavimento solitario de los mares eternos.
Se avecina la aurora
o se avecina la noche
y el viento marino siente en su rostro -el viento terral.
Las boyas de campana entonan canciones matutinas y vespertinas,
el huno de un barco carbonero
o el humo de un barco carbonero
o el humo de la hoguera de la pez fenicia se desvanece por el horizonte,
una medusa solitaria se mece intemporalmente con sus resplandecientes raicillas azules.
Se avecina la noche o la aurora.



DORA (1945)

Bajo el sombrero de paja cuyo entramado filtraba el sol sobre su frente.
miraban,  taladrando ingenuamente, unos ojos oscuros como la zarzamora.
Querías defender en silencio la oscura lluvia de pecas de tu rostro.
Pero a veces no pensabas en ello y te reías.


EN JUNIO (1945)

Las últimas estrellas de la primavera se asoman, pero sin nitidez.
Son pequeñas, pálidas como la luna y no tienen vigor.
Cansadas de refulgir durante el invierno
descansan en las luminosas noches del verano.



LA SIERVA  (1953)


Ella arrojó lejos su azada
y avanzó hacia él diciendo:
no derroches demasiados años en la piedra inconmovible de tu obstinación.
Demórate alguna vez con mi corazón en el rocío y escucha al zorzal y al cuchillo.
Pronto nos encontrará el sol del crepúsculo lo suficientemente viejos
para que lo sigamos para siempre cuando se acuesta detrás de las colinas.


De: http://centaurocabalgante.blogspot.com






Lo incansable


Pronto se cansa el hombre, la vida no se cansa.
Pronto se cansa el ojo, la luz no se cansa.
Con infinita desesperanza para ti personalmente
se arrastrará libre por la espesura la cabrilleante serpiente
en la eternidad de las eternidades, y el lagarto de luz
trepará por el tronco y verá los caminos de la luna,
que yacen palpitantes en todos los mares.

Un día cuando todas las cortinas se conviertan en noche ciega
y la muerte corte abruptamente todos nuestros conflictos sobre la forma
el sol besará miles de millones de hojas
pero jamás nos buscará a nosotros en la espesura.

Quizás encuentre caballos de río,
los pesados hipopótamos, los inmensos devoradores de nenúfares,
y murciélagos durmiendo cabeza abajo
en las guaridas embriagadas del eco de los cambios.
Pero jamás ha obtenido nadie una respuesta,
una corriente sin respuesta fluye, resplandece, arde.
Una corriente sin respuesta fluye, resplandece, arde.

Ejercítate por tanto en el arte de soñar lo bueno
tan totalmente que tú puedas ser lo bueno plenamente,
y practica el gran arte del consuelo
que reúne de nuevo el coraje de tu corazón.

Tiéndete a través de la duda la mano a ti mismo
y proporciona con ella a la tierra de tu nostalgia interior
una simiente de significado para los años de tu futuro.

Y modélate en días soportables
un arte propio del pensamiento que lleve tu grito
hacia días todavía más soportables
y tierras todavía más soportables.


"Entre luz y oscuridad" (Antología), ed. Nórdica Libros, 2009, pp. 127-128. Traducción de Francisco J. Uriz).


De: http://electricidadconictericia.blogspot.com



domingo, 4 de mayo de 2014

“Con el amor más grande que jamás se haya sentido en los páramos de Venecia”- Carlos Marx

5 de mayo

Carta de Carlos Marx a Jenny von Westphalen

34 Butler Street, Greenheys, Manchester, 21 de junio de 1856

Querida mía:

Te escribo otra vez porque me encuentro solo y porque me apena conversar contigo siempre sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Aunque tu retrato es malo, me sirve perfectamente, y ahora entiendo cómo es que aun los retratos menos lisonjeros de la madre de Dios, las “vírgenes negras”, tienen  sus más celosos admiradores, y más admiradores aun que los buenos retratos. Por lo menos, ninguno de aquellos oscuros retratos de las “vírgenes negras” ha sido tan besado, ninguno mirado con tanta veneración y adorado como la foto tuya, que aunque no es lóbrega, sí es sombría y de ninguna manera refleja a su querido, encantador, besable y dulce rostro. Pero al poner en derecho lo que los rayos del sol mal han representado, descubro que mis ojos, estropeados por la luz del quinqué y el humo de tabaco, son capaces de verte no sólo en sueños, sino también en la realidad. Y allí estás, delante de mí, grande como en la realidad, y te puedo levantar con mis brazos y te beso el cuerpo entero, y  caigo sobre mis rodillas delante de ti y lloro: “Querida, te amo”, y te amo de veras, con el amor más grande que jamás se haya sentido en los páramos de Venecia. Falsa y asquerosamente, el mundo forma imágenes superficiales. ¿Quién de mis muchos calumniadores y enemigos de lengua venenosa alguna vez me ha reprochado por hacer el papel de galán en un teatro de segunda categoría? Y es verdad. Si los sinvergüenzas hubiesen tenido algo de ingenio, habrían trazado el cuadro: por un lado, “las relaciones productivas y sociales” y, por el otro, yo mismo a tus pies. Debajo habrían escrito: “Contemple este cuadro y el otro”. Pero estúpidos son esos sinvergüenzas y estúpidos permanecerán, en seculum seculorum [para toda la eternidad].

La ausencia momentánea hace bien, pues vistas de cerca, las cosas  parecen demasiado iguales para que podamos distinguirlas. Hasta las torres, vistas de cerca, parecen enanas, mientras que lo pequeño y lo cotidiano,  cuando lo tenemos delante, crece en demasía. Lo mismo ocurre con las pasiones. Los pequeños hábitos, en la cercanía, cuando los sentimos encima, toman forma pasional, y desaparecen tan pronto como su objeto escapa a nuestra vista. Y las grandes pasiones, a las que la cercanía del objeto convierte en pequeños hábitos, se  agigantan y cobran de nuevo su forma natural por el efecto mágico de la  lejanía. Eso es lo que sucede con mi amor. Basta que te alejes de mí simplemente cuando te sueño, y en seguida me doy cuenta de que el tiempo sólo le ha servido para lo que el sol y la lluvia sirven a las plantas; para crecer.  Mi amor por ti, en cuanto te alejas de mi lado, se revela como lo que es, como un gigante en el que se concentra toda la energía de mi espíritu y todas las  fuerzas de mi corazón. Vuelvo a sentirme hombre, porque siento una gran pasión, y la variedad en que nos embrollan el estudio y la cultura moderna, y el  escepticismo con el que inevitablemente enfrentamos todas las impresiones subjetivas y objetivas, tienden a hacernos a todos pequeños y débiles, y  quisquillosos e indecisos. Pero el amor, no por el hombre feuerbachiano, ni por el metabolismo de Moleschott, ni por el proletariado, sino el amor por  la amada, el amor por ti, vuelve a hacer hombre al hombre.

Reirás, mi corazón querido, y te preguntarás “¿por qué esta retórica de repente?”. Pero si yo pudiese presionar tu pecho dulce contra el mío, yo quedaría mudo y no pronunciaría ni una palabra. Ya que no puedo besarte con mis labios, lo haré con mi lengua y mis palabras. Yo podría, en verdad, aun armar versos, de los Libros sobre las penas alemanes, al estilo del Libri Tristium  de Ovidio. Él, sin embargo, sólo había sido desterrado por el Emperador Augusto; en cambio, yo he sido desterrado de usted, y eso es algo que Ovidio no podría entender.

Hay, en verdad, muchas mujeres en el mundo, y algunas de ellas son hermosas. ¿Pero dónde más encontraré una cara de la cual cada gesto, cada arruguilla aún, logre recordarme las mejores y más dulces memorias de mi vida? En tu dulce rostro puedo aún leer mis infinitas penas, mis irreemplazables pérdidas, pero cuando beso tu dulce cara alejo mi dolor. “Enterrado en sus brazos, revivido por sus besos” -en tus brazos, así es, y por tus besos- y dejen a los brahmanes y a los pitagóricos conservar su doctrina de la reencarnación, y al cristianismo su doctrina sobre la resurrección. (...)

Adiós, mi querido corazón. Mil besos para vos, y para los niños también, de

Tu Carlos

De: http://www.elhistoriador.com.ar



















Concluyendo los sonetos a Jenny


Tómalos, toma estos cantos
en donde todo es melodía,
toma este amor que a tus pies humilde se postra.
El alma, libre se aproxima en rayos brillantes.
¡Oh!, si el eco del canto es tan potente:
para moverse alargado con dulces destellos,
para hacer latir el pulso apasionado que
tu orgulloso corazón erguirá sublime.
Entonces de lejos seré testigo
cómo la victoria te conduce a través de la luz.
Entonces más valiente pelearé por todo
y mi música rugirá en lo alto
transformada mi canción sonará más libre
y en un dulce gemido llorará mi lira.


Mi mundo


¡Ah!, cuando tus labios susurraron
tan sólo una tibia palabra.
Entonces me sumergí en loco éxtasis,
desamparado fui barrido a lo lejos.

Desde lo más profundo de mi alma,
en nervio y espíritu fui afligido
como un demonio, cuando el gran mago
atacó con relampagueante empeño y habló.

¿Por qué deberían las palabras intentar forzarse en vano,
siendo sonido y nebuloso cansancio
que es infinito, como el dolor anhelante
como tú mismo y como el todo?


De: http://lectura-escritura.blogspot.com


“...los buenos bellos verdaderos que amasan pan atrás de todo... “- Juan Gelman

4 de mayo- Argentina