domingo, 4 de mayo de 2014

“Con el amor más grande que jamás se haya sentido en los páramos de Venecia”- Carlos Marx

5 de mayo

Carta de Carlos Marx a Jenny von Westphalen

34 Butler Street, Greenheys, Manchester, 21 de junio de 1856

Querida mía:

Te escribo otra vez porque me encuentro solo y porque me apena conversar contigo siempre sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Aunque tu retrato es malo, me sirve perfectamente, y ahora entiendo cómo es que aun los retratos menos lisonjeros de la madre de Dios, las “vírgenes negras”, tienen  sus más celosos admiradores, y más admiradores aun que los buenos retratos. Por lo menos, ninguno de aquellos oscuros retratos de las “vírgenes negras” ha sido tan besado, ninguno mirado con tanta veneración y adorado como la foto tuya, que aunque no es lóbrega, sí es sombría y de ninguna manera refleja a su querido, encantador, besable y dulce rostro. Pero al poner en derecho lo que los rayos del sol mal han representado, descubro que mis ojos, estropeados por la luz del quinqué y el humo de tabaco, son capaces de verte no sólo en sueños, sino también en la realidad. Y allí estás, delante de mí, grande como en la realidad, y te puedo levantar con mis brazos y te beso el cuerpo entero, y  caigo sobre mis rodillas delante de ti y lloro: “Querida, te amo”, y te amo de veras, con el amor más grande que jamás se haya sentido en los páramos de Venecia. Falsa y asquerosamente, el mundo forma imágenes superficiales. ¿Quién de mis muchos calumniadores y enemigos de lengua venenosa alguna vez me ha reprochado por hacer el papel de galán en un teatro de segunda categoría? Y es verdad. Si los sinvergüenzas hubiesen tenido algo de ingenio, habrían trazado el cuadro: por un lado, “las relaciones productivas y sociales” y, por el otro, yo mismo a tus pies. Debajo habrían escrito: “Contemple este cuadro y el otro”. Pero estúpidos son esos sinvergüenzas y estúpidos permanecerán, en seculum seculorum [para toda la eternidad].

La ausencia momentánea hace bien, pues vistas de cerca, las cosas  parecen demasiado iguales para que podamos distinguirlas. Hasta las torres, vistas de cerca, parecen enanas, mientras que lo pequeño y lo cotidiano,  cuando lo tenemos delante, crece en demasía. Lo mismo ocurre con las pasiones. Los pequeños hábitos, en la cercanía, cuando los sentimos encima, toman forma pasional, y desaparecen tan pronto como su objeto escapa a nuestra vista. Y las grandes pasiones, a las que la cercanía del objeto convierte en pequeños hábitos, se  agigantan y cobran de nuevo su forma natural por el efecto mágico de la  lejanía. Eso es lo que sucede con mi amor. Basta que te alejes de mí simplemente cuando te sueño, y en seguida me doy cuenta de que el tiempo sólo le ha servido para lo que el sol y la lluvia sirven a las plantas; para crecer.  Mi amor por ti, en cuanto te alejas de mi lado, se revela como lo que es, como un gigante en el que se concentra toda la energía de mi espíritu y todas las  fuerzas de mi corazón. Vuelvo a sentirme hombre, porque siento una gran pasión, y la variedad en que nos embrollan el estudio y la cultura moderna, y el  escepticismo con el que inevitablemente enfrentamos todas las impresiones subjetivas y objetivas, tienden a hacernos a todos pequeños y débiles, y  quisquillosos e indecisos. Pero el amor, no por el hombre feuerbachiano, ni por el metabolismo de Moleschott, ni por el proletariado, sino el amor por  la amada, el amor por ti, vuelve a hacer hombre al hombre.

Reirás, mi corazón querido, y te preguntarás “¿por qué esta retórica de repente?”. Pero si yo pudiese presionar tu pecho dulce contra el mío, yo quedaría mudo y no pronunciaría ni una palabra. Ya que no puedo besarte con mis labios, lo haré con mi lengua y mis palabras. Yo podría, en verdad, aun armar versos, de los Libros sobre las penas alemanes, al estilo del Libri Tristium  de Ovidio. Él, sin embargo, sólo había sido desterrado por el Emperador Augusto; en cambio, yo he sido desterrado de usted, y eso es algo que Ovidio no podría entender.

Hay, en verdad, muchas mujeres en el mundo, y algunas de ellas son hermosas. ¿Pero dónde más encontraré una cara de la cual cada gesto, cada arruguilla aún, logre recordarme las mejores y más dulces memorias de mi vida? En tu dulce rostro puedo aún leer mis infinitas penas, mis irreemplazables pérdidas, pero cuando beso tu dulce cara alejo mi dolor. “Enterrado en sus brazos, revivido por sus besos” -en tus brazos, así es, y por tus besos- y dejen a los brahmanes y a los pitagóricos conservar su doctrina de la reencarnación, y al cristianismo su doctrina sobre la resurrección. (...)

Adiós, mi querido corazón. Mil besos para vos, y para los niños también, de

Tu Carlos

De: http://www.elhistoriador.com.ar



















Concluyendo los sonetos a Jenny


Tómalos, toma estos cantos
en donde todo es melodía,
toma este amor que a tus pies humilde se postra.
El alma, libre se aproxima en rayos brillantes.
¡Oh!, si el eco del canto es tan potente:
para moverse alargado con dulces destellos,
para hacer latir el pulso apasionado que
tu orgulloso corazón erguirá sublime.
Entonces de lejos seré testigo
cómo la victoria te conduce a través de la luz.
Entonces más valiente pelearé por todo
y mi música rugirá en lo alto
transformada mi canción sonará más libre
y en un dulce gemido llorará mi lira.


Mi mundo


¡Ah!, cuando tus labios susurraron
tan sólo una tibia palabra.
Entonces me sumergí en loco éxtasis,
desamparado fui barrido a lo lejos.

Desde lo más profundo de mi alma,
en nervio y espíritu fui afligido
como un demonio, cuando el gran mago
atacó con relampagueante empeño y habló.

¿Por qué deberían las palabras intentar forzarse en vano,
siendo sonido y nebuloso cansancio
que es infinito, como el dolor anhelante
como tú mismo y como el todo?


De: http://lectura-escritura.blogspot.com


“...los buenos bellos verdaderos que amasan pan atrás de todo... “- Juan Gelman

4 de mayo- Argentina
























jueves, 1 de mayo de 2014

1700



Noviembre
5

En 1714 murió, en Padua, Bernardino Ramazzini.

Era un médico raro, que empezaba preguntando:

— ¿En qué trabaja usted?

A nadie se le había ocurrido que eso podía tener alguna importancia.

Su experiencia le permitió escribir el primer tratado de medicina del trabajo, donde descubrió, una por una, las enfermedades frecuentadas en más de cincuenta oficios. Y comprobó que había pocas esperanzas de curación para los obreros que comían hambre, sin sol ni descanso, en talleres cerrados, irrespirables y mugrientos.


De Los hijos de los días, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012





1886



Cada primero de mayo serán resucitados


Les espera la horca. Eran cinco, pero Lingg madrugó a la muerte haciendo estallar entre sus dientes una cápsula de dinamita.
Fischer se viste sin prisa, tarareando «La Marsellesa». Parsons, el agitador que empleaba la palabra como látigo o cuchillo, aprieta las manos de sus compañeros antes de que los guardias se las aten a la espalda.
Engel, famoso por la puntería, pide vino de Oporto y hace reír a todos con un chiste. Spies, que tanto ha escrito pintando a la anarquía como la entrada a la vida se prepara, en silencio, para entrar en la muerte.

Los espectadores, en platea de teatro, clavan la vista en el cadalso. Una seña, un ruido, la trampa cede… Ya, en danza horrible, murieron dando vueltas en el aire.
José Martí escribe la crónica de la ejecución de los anarquistas en Chicago.

La clase obrera del mundo los resucitará todos los primeros de mayo.
Eso todavía no se sabe, pero Martí siempre escribe como escuchando, donde menos se espera, el llanto de un recién nacido.

Eduardo Galeano


De: http://robertolomje.blogspot.com




martes, 29 de abril de 2014

"Sombra y noche es el silencio; día de luz, la palabra." - Constantino Kavafis

29 de abril de 1863 - Egipto
Poeta y periodista.

Ventanas


En estos cuartos oscuros,
donde paso mis días oprimido,
de un lado a otro me muevo
buscando las ventanas.

Cuando se abra una, tendré un consuelo.
Mas las ventanas no existen,
o no puedo encontrarlas.
Acaso es preferible no encontrarlas.
Quizá la luz sea una distinta tiranía;
quién sabe cuantas cosas nuevas revelará…

1911



 Los caballos de Aquiles


Cuando vieron a Patroclo muerto,
tan fuerte, joven y gallardo,
prorrumpieron en llanto los caballos de Aquiles.

Su naturaleza inmortal se conmovió
al ver la obra de la muerte;
movieron las cabezas, agitaron las crines en el aire
y golpearon la tierra con sus patas.
Lloraban a Patroclo al darse cuenta que estaba sin vida,
su carne inerte,
su alma perdida, sin aliento, salida a la gran nada.

Zeus vio las lágrimas de los inmortales caballos
y se entristeció: “No debí actuar impulsivamente
en la boda de Peleo. No debí regalarlos.
Tristes caballos.

¿Qué tenían que hacer allá,
entre los desdichados humanos, juguetes del destino?
Ustedes, para quienes no existe la muerte ni la vejez,
si algún problema humano los alcanza
caerán también en la desdicha.”

Sin embargo, los caballos continúan llorando
por el interminable desastre que es la muerte.


1911




Hedonismo


El gozo y la esencia de mi vida
es el recuerdo de las horas en que encontré
y retuve el placer como quise.
El gozo y la esencia de mi vida
fue así, para mí
que rehusé todo el sabor de los amores de rutina

1917


Recuerda, cuerpo


Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron;
no sólo las camas que tuviste,
sino también los deseos que brillaron abiertamente
en los ojos que te vieron;
las voces temblorosas, que algún obstáculo frustró.
Ahora que todos están en el pasado,
parece como si en realidad te hubieras
entregado a esos deseos.
Cómo deslumbraban.
Recuerda los ojos que te vieron,
las voces que temblaron por ti.
Recuerda, cuerpo.


1918










“Entre el cacharro doméstico y la Vía Láctea está la poesía” - Fina García Marruz

28 de abril de 1923- La Habana, Cuba
Poeta e investigadora literaria.
Integrante de la Revista Orígenes.

Y SIN EMBARGO SÉ QUE SON TINIEBLAS

Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro
y sin embargo sé que son tinieblas.

Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.

Cuando de pronto el mundo da ese acento
distinto, cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,

comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.



AY, CUBA, CUBA...

Ay Cuba, Cuba, esa musiquita ahora, de las entrañas, que conozco como un secreto que fuera mío y no tuyo, tú que eres porque no te has conocido nunca, óyeme, no te vayas detrás de esos extraños como una provinciana ilusionada por un actor de paso que la deslumbra con trajes gastados de teatro, acuérdate de la portada azul con lomerío atrás lejano, acuérdate del "mecido" como de cuna sobre la hoja, y el "va y ven" que entra y sale como un mar del olor del jazmín de noche, acuérdate de tu pulcro vestidito "de tarde": no te vayas detrás de esos extraños, que cuando abras los ojos ya te habrán secado el alma y demudado el rostro que yo amaba. Erguida, modesta, valiente ay!, no serás nunca madre nuestra sino hija, Cuba, Cuba, loca mía, desvarío suave? Ay!, pudiera yo protegerte cantándote tus propios sones de conocimiento "color de arcano", pudiera protegerte con tu propia rapidez tu honda lentitud! Pudiera decirte: no subas a esa alta montaña que tiene al pie todos los bienes de la tierra rebrillando aciagos, tú que nada supiste poseer, secreta y sola como alta palma, flor de desierto. Pudiera proteger los sones que me acunaron y que ahora oigo como si faltara ya poco tiempo para que fueras a morir. Escapa, escapa, pelota, pez, colibrí, escapa, a todas las posesiones, a todas las certezas, a todas las negaciones, a todas las dudas, escapa, cefirillo, de la nube negra al hondo azul. Azul es tu prestancia y lo azul tu secreto. Escapa, como mirada de preso, al aire y al espacio tuyos! 0 salta, enloquece, búrlate, "mi bien", son suave, piérdete, acomete, abeja, miel, sinsonte, jilguerillo, a la sabana moteada, carmín, al "verdeclaro". Que no te toquen, cuerpo glorioso, patria. Porque siempre fuiste "edén" de las primeras miradas que te vieron, "edén" de la trova humilde, principio y fin, paraíso: nada sino esto agarraste, nada sino esto entendiste, lejanía, nada sino que no era esto sino otra cosa que no podías entender bien. Ensoñación modesta, no te toquen. Yo sé que te vas y vuelves, vaivén! Que te meces y me meces, cadencia! Que te vas "lejos, pero no muy lejos", aquí en el allí. Yo sé que tus palmas no rindieron homenaje al Hijo sino a su Huida! Por eso te pido ahora: reconoce! Regresa, Ave, con la Salutación!



SI MIS POEMAS

Si mis poemas todos se perdiesen
la pequeña verdad que en ellos brilla
permanecería igual en alguna piedra gris
junto al agua, o en una verde yerba.

Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria, y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas.





VISITACIONES

1

Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real.



2

Uno vuelve a subir las escaleras
de su casa perdida (ya no llevan
a ningún sitio), alguien nos llama
con una voz querida, familiar.
Pero ya no hace falta contestarle.
La voz sola nos llama, suficiente,
cual si nada pudiera hacerle daño,
en el pasillo inmenso. Una lluvia
que no puede mojarnos, no se cansa
de rodear un día preferido.
Uno toca la puerta de la casa
que le fue deparada a nuestras manos
mortales, como un tímido consuelo.

3

El que solía visitarnos, el que era
de todos más amado, suave vuelve
a la sala sencilla, cada día
más real y más leve, ya de humo.
¿Cuándo tocó la puerta? No podemos
recordarlo. Estaba allí, estaba!
Y no se irá jamás ni puede irse.
No nos trae la memoria las palabras
del adiós. Sólo podrá volverse
por la puerta de un ruido, de un llamado
de ese mundo que borra, ignora y vence.

4

¿Qué caprichosa y exquisita mano
trazó, eligió ese gesto perdurable,
lo sacó de su nada, como un dios,
para alumbrar por siempre otra alegría?
¿Participabas tú del dar eterno
que dejaste la mano humilde llena
del tesoro? En su feliz descuido
adolescente ¿derramaste el óleo?
¿Qué misterio fue el tuyo, instante puro,
silencioso elegido de los días?
Pues ellos van tornándose borrosos
y tú te quedas como estrella fija
con potencia mayor de eternidad.

5

Y cuando el tiempo torna impuro un rostro,
una vida que amamos en su hora
cierta de dar, por siempre más reales
que su verdad presente, lo veremos
cuando lo rodeaba aquella lumbre,
cuando el tiempo era apenas un fragmento
de un cuerpo más espléndido, invisible.
Todo hombre es el guardián de algo perdido.
Algo que sólo él sabe, sólo ha visto.
Y ese enterrado mundo, ese misterio
de nuestra juventud, lo defendemos
como una fantástica esperanza.

6

Y lo real es lo que aún no ha sido!
Toda apariencia es una misteriosa
aparición. En la rama de otoño
no acaba el fruto sino en la velada
promesa de ser siempre que su intacta
forma ofreció un momento a nuestra dicha.
Pues toda plenitud es la promesa
espléndida de la muerte, y la visitación
del ángel en el rostro del más joven
que todos sabíamos que se iría antes
pues escogía el Deseo su sonrisa nocturna.

7

A aquel vago delirio de la sala
traías el portal azul del pueblo
de tu niñez, en tu silencio abríase
una lejana cena misteriosa.
Cayó el espeso velo de los ojos
y al que aguardó toda la noche abrimos.
Partía el pan con un manto de nieve.
Con las espaldas del pastor huiste,
cuando volviste el rostro era la noche,
todo había cambiado y sin embargo
en la granja dormían tranquilas las ovejas.































domingo, 27 de abril de 2014

“Ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás” - Vicente Aleixandre


26 de abril de 1898- Sevilla, España
Poeta de la Generación del 27.
Con García Lorca y Cernuda.


Entre dos oscuridades un relámpago


Sabemos adónde vamos y de dónde venimos... Entre
dos oscuridades un relámpago.
Y allí, en la súbita iluminación, un gesto, un único
gesto,
una mueca más bien, iluminada por una luz de
estertor.

Pero no nos engañemos, no nos crezcamos. Con
humildad, con tristeza, con aceptación, con
ternura,
acojamos esto que llega. La conciencia súbita de una
compañía, alli en el desierto.
Bajo una gran luna colgada que dura lo que la vida,
el instante del darse cuenta entre dos infinitas
oscuridades,
miremos ese rostro triste que alza hacia nosotros
sus grandes ojos humanos,
y que tiene miedo, y que nos ama.

Y pongamos los labios sobre la tibia frente y
rodeemos
con nuestros brazos el cuerpo débil, y temblemos,
temblemos sobre la vasta llanura sin término donde
sólo brilla la luna del estertor.

Como en una tienda de campaña,
que el viento furioso muerde, viento que viene de las
hondas profundidades de un caos,
aquí la pareja humana, tú y yo, amada, sentimos las
arenas largas que nos esperan.

No acaban nunca, ¿verdad? En una larga noche, sin
saberlo, las hemos recorrido;
quizá juntos, oh no, quizá solos, seguramente solos,
con un invisible rostro cansado desde el origen,
las hemos recorrido.

Y después, cuando esta súbita luna colgada bajo la
que nos hemos reconocido
se apague,
echaremos de nuevo a andar. No sé si solos, no sé
si acompañados.

No sé si por estas mismas arenas que en una noche
hacia atrás de nuevo recorreremos.
Pero ahora la luna colgada, la luna como
estrangulada, un momento brilla.
Y te miro. Y déjame que te reconozca.

A ti, mi compañía, mi sola seguridad, mi reposo
instantáneo, mi reconocimiento expreso donde
yo me siento y me soy.
Y déjame poner mis labios sobre tu frente tibia
- oh, cómo lo siento -.

Y un momento dormir sobre tu pecho, como tú sobre
el mío,
mientras la instantánea luna larga nos mira y con
piadosa luz nos cierra los ojos.




El sueño


Hay momentos  de soledad
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.
Pero quizá nosotros dormimos...Ah no: nos movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa ¡Cuán solos!
Miramos por los cristales. Las ropas caídas:
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.
Así te quedas callando, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio,
y sólo suena el pausado respiro de alguien,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño...





 LAS PALABRAS DEL POETA


    Después de las palabras muertas,
de las aún pronunciadas o dichas,
¿qué esperas? Unas hojas volantes,
más papeles dispersos. ¿Quién sabe? Unas palabras
deshechas, como el eco o la luz que muere allá en gran noche.

   Todo es noche profunda.
Morir es olvidar unas palabras dichas
en momentos de delicia o de ira, de éxtasis o abandono
cuando, despierta el alma, por los ojos se asoma
más como luz que cual sonido experto.
Experto, pues que dispuesto fuese
en virtud de su son sobre página abierta,
apoyado en palabras, o ellas con el sonido calan
el aire y se reposan. No con virtud suprema,
pero sí con un orden, infalible, si quieren.
Pues obedientes, ellas, las palabras, se atienen
a su virtud y dóciles
se posan soberanas, bajo la luz se asoman
por una lengua humana que a expresarlas se aplica.

    Y la mano reduce
su movimiento a hallarlas,
no: a descubrirlas, útil, mientras brillan, revelan,
cuando no, en desengaño, se evaporan.

    Así, quedadas a las veces, duermen,
residuo al fin de un fuego intacto
que si murió no olvida,
pero débil su memoria dejó, y allí se hallase.

    Todo es noche profunda.
Morir es olvidar palabras, resortes, vidrio, nubes,
para atenerse a un orden
invisible de día, pero cierto en la noche, en gran abismo.
Allí la tierra, estricta,
no permite otro amor que el centro entero.
Ni otro beso que serle.
Ni otro amor que el amor que, ahogado, irradia.

    En las noches profundas
correspondencia hallasen
las palabras dejadas o dormidas.
En papeles volantes, ¿quién las sabe u olvida?
Alguna vez, acaso, resonarán, ¿quién sabe?
en unos pocos corazones fraternos.









sábado, 26 de abril de 2014

Sólo por la poesía y la filosofía se puede «rescatar la identidad del yo, del alguien en peligro de naufragio en la multiplicidad de los instantes, de la vida que fluye.» - María Zambrano

25 de abril de 1904 - España
Filósofa y ensayista. Discípula de Ortega y Gasset

María Zambrano: La poesía de la razón
(FRAGMENTO)


María Zambrano es una de las grandes desconocidas de la historia del pensamiento español. A menudo minusvalorada, su obra suele confundirse en su mezcla de poesía y filosofía, y aquellos que por azar se acercan lo hacen del modo en el que se va a un jardín para recolectar flores. En cambio, vista de más cerca, su obra constituye uno de los intentos más admirables en lo relativo a aquello que aquí se ha señalado como hilo conductor: el conflicto de una razón ensimismada que ha olvidado una categoría fundamental sin la que ella no es nada, la vida. La solución que propone Zambrano es la conocida como “razón poética”, un concepto al cual es posible que el decir, tal y como lo ideó la pensadora veleña, no pueda alcanzar. Intentemos al menos aproximarnos.

Una filosofía genuina

El destino de María Zambrano viene marcado por el hecho de la guerra civil española, algo que le obligará a exiliarse en Europa y en América latina hasta su regreso a España en 1984. Alumna de Ortega y Gasset, adaptará la crítica al racionalismo de éste último, transportándola al horizonte que es para ella el momento previo del ejercicio de la razón en donde se inserta su “razón poética”. Se distinguen así tres periodos en su obra: una primera etapa de formación donde se gesta la “razón poética”, una genealogía del exilio donde se plantea la historia como problema y su última etapa marcada por el regreso a España.

La obra de María Zambrano puede responder a aquella máxima que Gilles Deleuze enunciara como la  misión de la filosofía, es decir, el arte de la creación de conceptos, donde el concepto siempre viene asociado a un problema concreto al cual  intenta responder. En el caso de Zambrano se trata del ya enunciado como “razón poética”, una razón que se inserta en la vida. Dicho concepto intenta responder al impasse  de la modernidad filosófica. Frente al sujeto cartesiano, el  yo es para Zambrano un reconocimiento  - y no un descubrimiento como para Descartes - que prueba nuestra existencia y nos revela nuestra propia naturaleza. Un reconocimiento que parte de la confrontación del individuo con aquello que no es él en un acto activo donde el destino es una creación en la confrontación.

Crítica del racionalismo

Como ya hemos venido señalando, la razón poética  se sitúa en un momento previo al ejercicio racional discursivo. Dicho momento se constituye en la aurora de la razón, en donde se aceptan los límites de lo humano y se reconoce el carácter incompleto de todo conocimiento, de ahí que su pensamiento haya sido calificado de “filosofía Auroral”. Así, su obra De la aurora presenta ya los caracteres de una crítica a la razón propia a la Modernidad filosófica, donde el ejercicio de una razón poética que se proyecta insertada en la vida actúa en la penumbra; un lugar entre la claridad de los dioses y la oscuridad de las bestias.

Frente a una razón omnipotente María Zambrano reconoce un abismo de irracionalidad indispensable al ejercicio discursivo. La racionalidad moderna se ha fundado en la identidad y en la presencia, a lo cual nuestra pensadora opone la diferencia y el reconocimiento de “lo otro” de la razón. Al sujeto cartesiano se le opone el hombre-organismo que se construye partiendo de «la ruina del anhelo, de la avidez, de la esperanza originaria». Zambrano propone un nuevo modo de conocimiento que afronta “los infiernos del ser”.

La razón poética

En Filosofía y poesía Zambrano plantea las diferencias entre el filósofo y el poeta: mientras que el primero se mueve en la espectralidad de los fantasmas, el segundo es reconocido por su heroicidad. El poeta es el único capaz de destruir los monstruos construidos por la razón. Es así que Zambrano reconoce el carácter poético y literario de la filosofía española, las cual se expresa raramente en forma de un sistema unitario, lo cual le permite conservar en ella el carácter fluido propio a la vida.

Pero sería erróneo considerar que Zambrano piensa en la “razón poética” como una manera de decir poéticamente lo ya expresado por la filosofía. Como ya se ha sugerido, la “razón poética” es el concepto que María Zambrano elabora para superar la racionalidad moderna.  La razón poética responde al origen de poeio en griego en su doble acepción, a la vez como intuición reveladora y como el medio de crear a través de la palabra. Se intenta así la reconciliación entre razón y vida, planteándose el carácter temporal de la razón poética insertada en el quicio de un presente laberíntico. Más próxima de la experiencia intuitiva que de la fría reflexión racional, la razón poética revela la apertura del futuro que plantean los peligros presentes. El presente se sitúa de este modo como horizonte donde acechan los peligros pasados.

La razón poética plantea una inversión del platonismo. Se trata de la inversión del célebre mito de la caverna. Para Zambrano la liberación de un mundo de ficción no viene por la salida de la gruta como para Platón, sino que es la caverna la ficción, pues el ser humano vive a la intemperie y en ocasiones precisa de resguardarse en las necesarias ficciones.


Carlos Benguigui. 05/2012. "María Zambrano : La poesía de la razón".
La Clé des Langues (Lyon: ENS LYON/DGESCO). ISSN 2107-7029. Mis à jour le 14 mai 2012.
Consulté le 26 avril 2014

De: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/maria-zambrano-la-poesia-de-la-razon-152837.



En la segunda mitad de la década del cuarenta, en su condición vagarosa de exiliada, María Zambrano reside en Cuba. Allí siente latir su «memoria ancestral» y define a Cuba, emocionada, como su «patria pre-natal». Los afines se atraen, y a menudo se encuentran: su actividad intelectual la llevó a frecuentar a los poetas del grupo «Orígenes» y a colaborar con cierta asiduidad en su revista. Ya los poetas de este grupo habían recibido la influencia proveniente de las lecturas de Ortega y Gasset y en María Zambrano veían la emisaria creadora del maestro madrileño. Ella los ve, cautivada, como artesanos artísticos en la función de «salvar el alma»; ellos la ven, deslumbrados como la que llega y les revela la naturaleza de su anhelo de trascendencia.
«Es en Cintio Vitier, Eliseo Diego, Octavio Smith, Fina García Marruz, donde de modo en cada uno diferente vemos a la poesía cumplir una función que diríamos de ‘salvar el alma’. No parece ninguno de ellos detenerse en la poesía como en su modo de ser, quiero decir, que siendo poetas, no aparecen decididos o detenidos en serlo.

(...)
Todos los poetas de «Orígenes» en este tiempo se aíslan del proceso descrito por Ortega y Gasset como «deshumanización de las masas», pero aquéllos especialmente mencionados en el lúcido comentario de María Zambrano son los que personalmente reivindican que «vivir es convivir», algo que, como apunta Zambrano, está en el trasmundo de la idea orteguiana. «Vivir es convivir» conduciría, sin mucho esfuerzo, a la caridad, otra palabra de la gracia. Son estos poetas, y Fina García Marruz «por añadidura», quienes con más profundidad y lealtad «vivirán y convivirán». No puede negarse la influencia que la filósofa, de «ojos tan resplandecientes como su apasionado corazón» (Equil., 1987: VII), tuvo sobre los entonces jóvenes —y ocultos— poetas cubanos. Creo que no es posible estudiar su momento poético sin incursionar en la obra de la joven filósofa.

Marta Eugenia Rodríguez Gómez

De: http://arch1.cubaencuentro.com