viernes, 18 de abril de 2014

Hasta pronto, Gabo

«—Adiós, Gerineldo, hijo mío —gritó—. Salúdame a mi gente y dile que nos vemos cuando escampe»

Úrsula cuando ve pasar el cadáver de Gerineldo Márquez – Cien años de soledad”


Hasta pronto, Gabo:
Prudencio Aguilar tuvo que recorrer un largo trecho antes de encontrar Macondo, pero a ti te guiará la abuela Mina que ya no hablará de fantasmas ni premoniciones porque recibió los mensajes de todos los macondinos que sólo le temían a la peste del insomnio o a los recuerdos olvidados. Y, como Melquíades o Prudencio Aguilar,  viajarás más de cien años, porque la memoria revivirá  al último Buendía y tal vez, tú ya estés inventando otra ciudad desde el otro lado de la vida.


Susana Matteo
Centro de Formación Humanística PERRAS NEGRAS


jueves, 17 de abril de 2014

Hacia otra libertad fuiste, compañero Gabo



Seguramente cerraron tus párpados aquellas mariposas amarillas que a tantos/as jóvenes del mundo regalaste para alivianar el peso de sus cuerpos rasgados por la injusticia, para reforzar la seda de sus porfiados sueños, para desvestirlos de la soledad de América Latina.


Seguramente ellas abrirán tus otros párpados, allá, en el otro Macondo... Y como te entrenaste una vida para estar en mágicos territorios, seguramente las mandarás de regreso: su misión sigue viva: no son tiempos del cólera, pero ¡hace tanta falta el Amor!


Gracias por tu fiel compañía en tiempos amargos;
gracias por tu presencia de gigante hermoso 
en la playa de mi ignorancia...    


"La hermana leona"

Isak Dinesen / Karen Blixen
17 de abril de 1885- Dinamarca


“Isak Dinesen dijo que ella escribía un poco cada día, sin esperanza y sin la desesperación. Quiero eso.”

―Raymond Carver

De: Frases y Citas - http://akifrases.com




























martes, 15 de abril de 2014

“Pour épater le bourgeois” - Tristán Tzara


16 de abril de 1896- Rumania
Ensayista, poeta.
Fundador del Dadaísmo







Dudas

-He sacado el antiguo sueño de la caja como sacas tú el sombrero
cuando te pones el traje de muchos botones
cuando agarras el conejo por las orejas
cuando regresas de cacería
como eliges la flor de la maleza
y al amigo de entre los cortesanos.

Mira lo que me pasó
cuando llegó la noche lentamente como una cucaracha
buena para muchos como remedio, cuando enciendo
en el alma el fuego de los versos
me acosté. El sueño es el jardín preparado para las dudas
no sabes lo que es verdad, lo que no lo es
te parece que es un ladrón y lo fusilas
y después te comunican que ha sido un soldado
así ocurrió conmigo exactamente
por esto te llamé para decirme -sin error
lo que es verdad- lo que no lo es


Elegía

El alma vieja, amada, quieres que sea como las flores del verano
durante el invierno los pájaros están encerrados en sus jaulas

Te quiero como espera la colina el cuerpo del valle
o como la tierra espera la lluvia espesa y fértil

Te espero en todos los atardeceres en la ventana, deshilando abalorios
colocando los libros, leyendo mis versos

Y ahora me alegro cuando en el patio ladran los perros ladran los perros
y cuando llegas para quedarte conmigo hasta mañana hasta mañana

Mi alma feliz es como nuestro cuarto cálido
cuando sé que está nevado y las calles se visten de blanco.


Inscripción sobre un sepulcro

Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el cual gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma





El circo romano anual del Uruguay: las jineteadas del Prado y del Parque Roosevelt







Después de haber visto los diversos informativos televisivos de estos últimos días, cualquier persona centrada se estará preguntando qué ubicación espacial ocupará en la platea -como observador privilegiado que debería ser- el médico veterinario asignado por las autoridades para garantía del "buen trato" de los animales obligados a participar de este espectáculo bárbaro y avergonzante, exhibido al mundo como "tradición". 

Nadie, lego o letrado, habrá podido sustraerse a la serie de actos de agresión a los que son sometidos los caballos en cada una de estas demostraciones de banalidades humanas, porque, en definitiva, muy ignorante, ególatra y venal resulta quien se considera superior al resto de los Seres Vivos y se ufana en "paseo de honor" de tal deleznable rango. 

Por cierto, no nos olvidemos de cuántos intereses sostienen la ejecución de esta infame muestra de bestialidad colectiva ni nos rasguemos las vestiduras ante la violencia cada vez más intensa desatada en el "paisito". Hay muchas formas de legitimar y de naturalizar la dominación por la fuerza; ésta es una: sutil, aparentemente inocua.




En mi país se mueren los caballos

En mi país se mueren los caballos.
Yo los he visto espuma y corazón desde el asfalto heridos
y los he visto muertos masticando el látigo
como quien ruega al cielo la clemencia que Dios no puede darle.

A golpes los veo morir;
tienen los ojos tristes de color como a pradera en el alma
y no gritan, no juzgan, no maldicen.
A palos los veo morir
ignorantes de tanto poderío; mansos
y venturosos de inocencia.
Lo más triste no es
el golpazo ni el látigo;
lo más triste es que mueren los caballos y nadie lo quiere ver.
Caballos y caballeros marchan juntos, criaturas del polvo:
unos ponen el casco y la paciencia,
otros ponen el fierro y el chasquido de dientes,
unos cuelgan monedas al pescante de su alma,
otros tiemblan debajo del machete.
Unos alcohol y negras.
Otros lomo y silencio.
Ambos ignoran mucho de vivir y todos sufren.
Por eso es que en mi país
en cualquier callejuela de la tarde se revienta un caballo
y deja su poca suerte desmembrada bajo plena canícula.
Desamparo y Caballo son la misma resurrecta miseria,
condominio del hambre y el país en la mejilla menos perdonada.
Y con el paso triste de los reyes enfermos veo pasar los caballos
tan limpios como Jesús de todo mal de conciencia.
Cuando han muerto setenta veces siete no precisan del odio,
no reniegan del cielo que no ven ni sueñan el pasto simple;
su desaliento es viejo como su hambre,
su cansancio es azul.
Y como llevamos dentro la cicatriz del caballo
esquivamos los ojos y apretamos el paso.
En mi país se mueren. Se están muriendo todos los caballos
y nadie lo quiere ver.
Yo estoy aquí para decir “lo siento”
Jorge Luis Mederos
De: http://verbiclara.wordpress.com


Estos gauchos modernos se han olvidado
de que soy el símbolo de la Libertad
en el Escudo Patrio.






“Quizás yo no sea más que una canción inventándote en las noches insomnes” - Nicolai Gumiliov

15 de abril de 1886 - Rusia
Escritor y fundador del Sindicato de Escritores Rusos.
Casado con la poeta Anna Ajmátova.
Fusilado por la Checa de Petrogrado. 

La palabra


En aquel tiempo, cuando Dios giraba
su rostro sobre el mundo nuevo, entonces,
detenían el sol con la palabra
y con ella se arrasaban torreones.
El águila no osaba alzar las alas
y los astros se anclaban a la luna,
si la palabra alguna vez volaba
como una llama roja en las alturas.
Y el número se usaba en lo mundano,
como un buey que trabaja uncido al yugo;
pues los matices del significado,
los transmiten los números fecundos.
El patriarca canoso, en tiempo antiguo,
que del bien y del mal sacó riqueza,
con su vara, por miedo a los sonidos,
el número trazó sobre la arena.
Pero olvidamos que, de lo terreno,
tan sólo en la palabra hay salvación,
y que en algún lugar del Evangelio
está escrito que la palabra es Dios.
Le impusimos los límites estrechos
que nos dictaba la naturaleza;
y como abejas de un panal desierto,
así se pudren las palabras muertas.

(1921)


El tranvía extraviado

Para mí aquel barrio era desconocido,
de repente oí unos graznidos de grajo,
notas de un laúd, un lejano rugido:
volaba un tranvía por la calle abajo.
Por algún misterio sucedió que luego
me encontraba montado en aquel tranvía;
dejaba a su paso una estela de fuego
que brillaba incluso a plena luz del día.
Alado ,corría, negra tempestad,
volaba extraviado a través del abismo
del tiempo... «Atención, conductor, por piedad,
detén el vagón, detenlo ahora mismo».
Tarde: hemos pasado hasta la última almena,
todo un palmeral se perdió a nuestro lado,
y a través del Neva, del Nilo y del Sena
por tres puentes nuestras ruedas han chirriado.
Surgió en la ventana, por sólo un momento,
mirando hacia dentro con un gesto huraño
un viejo mendigo —si no me lo invento—
aquel que murió en Beirut el pasado año.
¿En dónde me encuentro? Afligido, angustiado,
el corazón dice latiendo a raudales:
«Ves la estación donde se vende al contado
el billete a las Indias Espirituales».
Un cartel... en una escritura sangrienta
se lee: «verduras»; pero sé de cierto:
aquí no se trata de nabos en venta,
aquí se comercian cabezas de muerto.
En camisa roja, con su cara de ubre,
también mi cabeza rebana el verdugo
y en una gran caja pringosa la cubre
con otras cabezas rezumando jugo.
El gris de la hierba... Una casa, mirad,
con sus tres ventanas: en el callejón,
tras el seto—: «para, conductor, por piedad,
para ahora mismo, detén el vagón.»
Aquí tú, María, has cantado y vivido,
aquí para mí bordaste una cubierta;
tu cuerpo y tu voz, ¿hacia dónde se han ido ?
¿Acaso es posible que ahora estés muerta?
En tu cuarto estabas en plena agonía,
y, mientras, con una empolvada peluca,
fui a la emperatriz a rendir pleitesía
y ya no volví a mirarte en vida nunca.
Nuestra libertad es la luz emanada
—hoy lo sé— en lejanas regiones etéreas.
Hombres y animales están a la entrada
del jardín de fieras que son los planetas.
Pero siento un aire, familiar, ligero:
desde la otra orilla, una embestida cruel:
la mano de cobre del jinete fiero
y las arboladas patas del corcel.
Para la ortodoxia, fortaleza y guía,
San Isác se esculpe sobre el cielo: allí
haré rogativas en pro de María
y dirán la misa de réquiem por mí.
Pero el corazón está desconsolado,
cuesta respirar y la vida es dolor:
María, jamás me hubiera imaginado
que pueda existir tanta pena y amor.

(1921)

Ella

Conozco a una mujer: una quietud,
una amarga fatiga de palabras,
habita en el misterio de la luz
que brilla en sus pupilas ensanchadas.
Su alma tan sólo se abre ávidamente
al cobre de la música del verso;
ante la vida larga y sus deleites
su gesto se hace sordo y altanero.
Y con tanto sigilo, y con demora,
qué extraño es su pausado caminar;
no se puede decir que sea hermosa,
pero es dueña de mi felicidad.
Si ansío libertades y me siento
orgulloso y feraz, la voy a ver:
para aprender lo que es dolor sereno
y dulce, en su delirio y languidez.
Ella reluce en horas de zozobra
y lleva los relámpagos asidos,
y sus sueños contrastan como sombras
del ardiente arenal del paraíso.

(1912)


© Nikolai Gumiliov
© De la traducción, Xenia Dyakonova
© De la versión, José Mateo

De: www.eldigoras.com



 El acmeísmo y la vanguardia rusa

      Desde 1910, año de la crisis simbolista, hasta 1930, año del suicidio de Maiakovski, la cultura rusa se puso, por primera vez en su historia, a la vanguardia de las culturas europeas: Stravinski, Prokofiev, Rajmáninov, Scriabin, Stanislavski, Meyerhold, Kandinski, Chagall, Malévich, Larionov, Goncharova, Tatlin, Diaguílev, Nijinski, Eisenstein...

      Tal es el contexto cultural en el que surgieron en Rusia dos grandes movimientos poéticos de vanguardia: el futurismo y el acmeísmo. En torno al futurismo moscovita se agruparon un gran número de jóvenes poetas como Maiakovski, Jlébnikov, Pasternak, Kruchónij, Burliuk, Kamenski, Severianin, los cuales siguieron en lo fundamental los pasos del futurismo italiano...

      En cuanto a los acmeístas petersburgueses, guiados inicialmente por Nikolai Gumiliov, Anna Ajmátova y Osip Mandelstam, soñaban como los simbolistas con la nostalgia de una cultura universal. Clasicistas, admiradores del arte gótico y de Shakespeare, Rabelais, Villon, Gautier, se reunieron hacia 1909 en torno a una nueva revista, Apolo, crearon la editorial Acmé (palabra tomada del griego que significa la "cima", la "perfección", el "momento de mayor intensidad") y, a instancias de Gumiliov, fundaron en 1911 el Taller de los Poetas. El nuevo movimiento poético parecía en sus comienzos una renovación del simbolismo ruso, del que tomaron prestado su gusto por la cultura europea y la mitología occidental; una conciencia histórica; la dimensión ética y epistemológica de la sensibilidad poética; y una estética organicista, fundada en la forma interna del verso. Sin embargo, los acmeístas se alejaban del simbolismo en su rechazo de la metafísica, del misticismo, de la vaguedad, de lo ambiguo, como evidenciaba su primer grito de guerra: "¡Al diablo el simbolismo!

      ¡Viva la rosa viva!". Al creer en las propiedades "orgánicas" de la lengua, propugnaban un regreso a los orígenes de la lengua, a la noche etimológica de la palabra. En su principal manifiesto poético, La mañana del acmeísmo, escrito por Osip Mandelstam en 1913 (aunque sólo se publicaría en 1919),(1) el poeta reivindica frente a los futuristas el Logos como sentido consciente de la palabra poética; considera la creación poética como construcción verbal, como arquitectura sonora; declara su amor por la infinita complejidad de nuestro oscuro organismo, por la soberanía de la ley de identidad "A=A : ¡Qué maravilloso poema!"), por la aspiración de los acmeístas a la noble mezcla de razón y música, así como por la concepción del mundo como equilibrio vivo, que se resume en el primer mandamiento de los acmeístas: "Amad más la existencia de una cosa que a la cosa misma y vuestra vida más que a vosotros mismos".
   
      El Taller de los Poetas, fundado por Nikolai Gumiliov y Serguei Gorodetski en 1911, sirvió hasta 1915 como lugar de reunión, de germinación y de publicación de las poéticas y de los poetas acmeístas. De allí surgió Hiperborrea, la revista del movimiento, así como varios volúmenes colectivos de poesía y los primeros poemarios individuales de Ajmátova y de Mandelstam, quienes llevarían la poética acmeísta hasta las creaciones verbales próximas al cubo-futurismo de Jlébnikov y de Maiakovski, así como a su experiencia vital después de la revolución rusa, lo que convirtió al acmeísmo, paradójicamente, en el movimiento poético más innovador y más comprometido de las vanguardias rusas. Su compromiso era la creación poética y la capacidad de dar cuenta mediante la palabra poética de la realidad social e ideológica de la época soviética. De este modo, el acmeísmo condujo, en las obras mayores de Ajmátova (Réquiem y Poema sin héroe)(2) y de Mandelstam (Cuadernos de Voronezh)(3), a una inversión estética del realismo socialista, aun nuevo realismo.

Jesús García Gabaldón

De: http://www.poeticas.com.ar


“¡Demasiado lo que no se puede escribir ni callar!”- Tomas Tranströmer

15 de abril de 1931- Suecia
Psicólogo,  traductor, escritor.
Trabajó durante décadas en contextos de encierro.

MADRIGAL


Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.





LOS RECUERDOS ME MIRAN


Una mañana de junio es muy temprano
Para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
De recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
Con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca que los escucho respirar
A pesar que el canto de los pájaros es estridente.





DESPUÉS DE UNA LARGA SEQUÍA


Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas.
La lluvia se desliza desde el cielo
y en calma aterriza
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme.

Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada
y es la única superficie que hay
-lo otro es altura y profundidad,
ascender y hundirse.

Dos troncos de abeto
emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor.
Lejos están las ciudades y el sol.
El trueno está en la hierba alta.


Es posible llamar a la isla de los espejismos.
Es posible oír esa voz gris.
Para el rayo, el hierro es miel.
Uno puede vivir con su código.


MÚSICA LENTA


El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas
y calienta la parte superior de los escritorios
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre.
Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera.
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante.
Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí,
entre grandes piedras con espaldas pacíficas.
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás desde las olas.


De: http://www.elcultural.es



sábado, 12 de abril de 2014

"Por exponer la indigencia moral del hombre moderno"


Samuel Beckett
13 de abril de 1906- Dublín, Irlanda
Dramaturgo clave del teatro del absurdo.
Narrador. Poeta.


Un cuarto sin muebles. Luz cenicienta.
En las paredes de la derecha y de la izquierda, hacia el fondo, dos ventanitas muy altas, con las cortinas corridas.
A la derecha, en el proscenio, una puerta. En la pared, junto a la puerta, un cuadro dado vuelta. En el proscenio, a la izquierda, dos tachos de basura, muy juntos, cubiertos con una vieja sábana. En el centro, cubierto con una vieja sábana, sentado en una silla de ruedas, está Hamm. Clov, inmóvil al lado de la silla, lo mira. Tez muy roja.
Clov va a colocarse bajo la ventana de la izquierda. Camina en forma rígida y vacilante. Mira la ventana de la izquierda con la cabeza echada hacia atrás. Vuelve la cabeza, mira la ventana de la derecha.
Se coloca bajo la ventana de la derecha. Mira la ventana con la cabeza echada hacia atrás. Vuelve la cabeza y mira la ventana de la izquierda. Sale, regresa en seguida con una escalerilla, la coloca bajo la ventana de la izquierda, sube, corre la cortina. Baja, camina seis pasos hacia la ventana de la derecha, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la derecha, sube, corre la cortina. Baja, camina tres pasos hacia la ventana de la izquierda, regresa, toma la
escalerilla, la coloca bajo la ventana de la izquierda, sube, mira por la ventana. Risa breve. Baja, da un paso hacia la ventana de la derecha, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la derecha. Sube, mira por la ventana. Risa breve. Baja, se dirige hacia los tachos de basura, regresa a tomar la escalerilla. La toma, cambia de idea, la deja, va hacia los tachos de basura, quita el trapo que los cubre, lo pliega cuidadosamente y se lo coloca bajo el brazo. Levanta la tapa de uno de los tachos, se inclina y mira dentro. Risa breve. Lo tapa. Hace lo mismo con el otro. Va hacia Hamm, quita el trapo que lo cubre, lo pliega cuidadosamente y se lo coloca bajo el brazo.
Hamm parece dormir. Viste robe de chambre, solideo de fieltro y gruesas pantuflas, un gran pañuelo manchado de sangre le cubre la cara, de su cuello cuelga un silbato. Tiene una manta sobre las rodillas. Clov lo mira. Risa breve. Va hacia la puerta, se detiene, se vuelve, contempla la escena, se vuelve hacia la sala

CLOV (mirada fija, voz monocorde): Terminó, se terminó, va a terminar, quizá esté por terminar. (Pausa.) Los granos se unen a los granos, uno a uno, y un día, de pronto, forman un montón, un pequeño montón, el imposible montón. (Pausa.) Voy a la cocina, tres metros por tres metros por tres metros, a esperar que me llame con el silbato. (Pausa.) Bonitas dimensiones; me apoyaré en la mesa, miraré la pared, esperando que me llame.

Permanece un momento inmóvil. Después sale. Regresa en seguida, va a tomar la escalerilla y sale con ella.
Pausa. Hamm se mueve, bosteza bajo el pañuelo. Aparta el pañuelo de su cara. Tez muy roja. Anteojos negros.

HAMM: Ahora... (bostezos) me toca (pausa) a mí. (Con los brazos extendidos sostiene el pañuelo abierto ante sí.) ¡Trapo viejo! (Se quita los anteojos, se frota los ojos, la cara, limpia los anteojos, se los pone, dobla cuidadosamente el pañuelo y lo coloca delicadamente en el bolsillo superior de su robe de chambre. Carraspea, une las puntas de los dedos.) ¿Puede exis... (bostezos) tir miseria más... más grande que la mía? Sin duda. En otras épocas. ¿Pero hoy? (Pausa.) ¿Mi padre? (Pausa.) ¿Mi madre? (Pausa.) ¿Mi... perro? (Pausa.) ¡Oh!, admito que sufren tanto como pueden sufrir seres semejantes. ¿Pero acaso digo que nuestros sufrimientos pueden compararse? Sin duda. (Pausa.) No, todo es ab... (bostezos) soluto. (Orgulloso.) Más crecemos más satisfechos estamos. (Pausa. Sombrío.) Y más vacíos. (Pausa. Estornuda.) ¡Clov! (Pausa.) No, estoy solo. (Pausa.) ¡Qué sueños... con una s! ¡Esos bosques! (Pausa.) ¡Basta! Es hora de que esto termine, también en el refugio. (Pausa.) Y sin embargo, vacilo, vacilo en... en ponerle punto final. Sí, es eso, es hora de que esto termine y, sin embargo, todavía vacilo en... (bostezos) ponerle punto final. (Bostezos.) ¡Oh! ¡Oh! ¿Qué me pasa? Sería mejor que me fuera a acostar. (Llama con el silbato. En seguida entra Clov. Se detiene junto al sillón.) ¡Apestas! (Pausa.) Ayúdame, voy a acostarme.

CLOV: Acabo de levantarte.
HAMM: ¿Y entonces?
CLOV: No puedo levantarte y acostarte cada cinco minutos, tengo que hacer.
HAMM: ¿Nunca has visto mis ojos?
CLOV: No.
HAMM: Mientras dormía, ¿nunca sentiste curiosidad por quitarme los anteojos y mirar mis ojos?
CLOV: ¿Levantándote los párpados? (Pausa.) No.
HAMM: Te los mostraré un día. (Pausa.) Parece que son totalmente blancos. (Pausa.) ¿Qué hora es?
CLOV: La misma de siempre.
HAMM: ¿Miraste?
CLOV: Sí
HAMM: ¿Entonces?
CLOV: Cero.
HAMM: Debería llover.
CLOV: No lloverá.

Pausa.

HAMM: ¿Aparte de eso, te encuentras bien?
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Te sientes normal?
CLOV (molesto): Te digo que no me quejo.
HAMM: Yo me siento un poco raro. (Pausa.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: ¿No estás harto?
CLOV: ¡Sí! (Pausa.) ¿De qué?
HAMM: De... de... esto.
CLOV: Desde el comienzo. (Pausa.) ¿Tú, no?
HAMM (sombrío): Entonces no hay motivos para que cambie.
CLOV: Puede terminar. (Pausa.) Toda la vida las mismas preguntas, las mismas respuestas.
HAMM: Ayúdame. (Clov no se mueve.) Busca la sábana. (Clov no se mueve.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: No te daré más de comer.
CLOV: Entonces moriremos.
HAMM: Te daré justo lo necesario para que no mueras. Siempre tendrás hambre.
CLOV: Entonces no moriremos. (Pausa.) Voy a buscar la sábana. (Se dirige hacia la puerta.)
HAMM: No vale la pena. (Clov se detiene.) Te daré un bizcocho por día. (Pausa.) Un bizcocho y medio. (Pausa.) ¿Por qué te quedas conmigo?
CLOV: ¿Por qué me retienes?
HAMM: No hay nadie más.
CLOV: No hay ningún otro empleo.

Pausa.

HAMM: Sin embargo, me dejas.
CLOV: Trato de hacerlo.
HAMM: No me quieres.
CLOV: No.
HAMM: Antes me querías.
CLOV: ¡Antes!
HAMM: Te he hecho sufrir demasiado. (Pausa.) ¿Verdad?
CLOV: No es eso.
HAMM (indignado): ¿No te he hecho sufrir demasiado?
CLOV: Sí.
HAMM (aliviado): ¡Ah! ¡Menos mal! (Pausa. Fríamente.) Perdón. (Pausa. Más fuerte.) He dicho perdón.
CLOV: Te oigo. (Pausa.) ¿Perdiste sangre?
HAMM: Menos. (Pausa.) ¿No es la hora del calmante?
CLOV: No.

Pausa.

HAMM: ¿Cómo andan tus ojos?
CLOV: Mal.
HAMM: ¿Cómo andan tus piernas?
CLOV: Mal.
HAMM: Pero puedes caminar.
CLOV: Sí.
HAMM (con violencia): Entonces, ¡camina! (Clov va hasta la pared del fondo, se apoya en ella con la frente y las manos.) ¿Dónde estás?
CLOV: Aquí.
HAMM: ¡Vuelve! (Clov vuelve a su sitio, al lado del sillón.) ¿Dónde estás?
CLOV: Aquí.
HAMM: ¿Por qué no me matas?
CLOV: No conozco la combinación del aparador.

Pausa.

HAMM: Tráeme dos ruedas de bicicleta.
CLOV: No hay más ruedas de bicicleta.
HAMM: ¿Qué hiciste con tu bicicleta?
CLOV: Nunca he tenido bicicleta.
HAMM: Es imposible.
CLOV: Cuando todavía había bicicletas, lloré por tener una. Me arrastré a tus pies. Me mandaste al diablo. Ahora ya no hay más.
HAMM: ¿Y tus recorridas? ¿Cuando visitabas a mis pobres, ibas a pie?
CLOV: A veces, a caballo. (La tapa de uno de los tachos de basura se levanta y aparecen las manos de Nagg aferradas al borde. Después emerge la cabeza, cubierta con un gorro de dormir. Tez muy blanca. Nagg bosteza. En seguida, escucha.) Te dejo. Tengo que hacer.

HAMM: ¿En la cocina?
CLOV: Sí.
HAMM: Fuera de aquí es la muerte. (Pausa.) Bueno, vete. (Clov sale.Pausa.) Esto va mejor.
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: ¡Maldito progenitor!
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: ¡Ah! ¡Basta de viejos! ¡Comer, comer, no piensan más que en eso! (Pitada. Entra Clov. Se detiene al lado del sillón.) ¡Vaya! Creí que me abandonabas.
CLOV: Todavía no. Todavía no.
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: Dale la sopa.
CLOV: No hay más.
HAMM (a Nagg): No hay más. Ya nunca habrá sopa para ti.
NAGG: ¡Quiero sopa!
HAMM: Dale un bizcocho. (Clov sale.) ¡Fornicador maldito! ¿Cómo están tus muñones?
NAGG: No te preocupes por mis muñones
CLOV: Estoy de vuelta con el bizcocho.
Pone el bizcocho en la mano de Nagg, quien lo toma, lo palpa, lo husmea.
HAMM (quejumbroso): ¿Qué es esto?
CLOV: Un simple bizcocho.
NAGG (quejumbroso): ¡Está duro! ¡No puedo!
HAMM: ¡Enciérralo!
Clov hunde a Nagg dentro del tacho de basura y lo tapa.
CLOV (regresando a su puesto al lado del sillón): ¡Si la vejez supiera!


Fragmento de FINAL DE PARTIDA


 
La palabra, una mancha en el silencio.

 Sobresaltos
Uno
Sentado una noche a su mesa con la cabeza en las manos se vio levantarse y partir. Una noche o un día. Pues aunque apagada su luz no se quedaba a oscuras. Le venía entonces de la única alta ventana una apariencia de luz. Debajo de ella todavía el banco en el cual se subía a ver el cielo hasta ya no poder desearlo. Si no se asomaba para ver cómo era abajo era quizá porque la ventana no estaba hecha para abrirse o porque no podía o no quería abrirla. Quizá sabía perfectamente cómo era abajo y ya no deseaba verlo. Tan bien que permanecía simple y llanamente allí encima de la lejana tierra viendo a través del vidrio nublado el cielo sin nubes. Tenue luz invariable sin par en su memoria de días y noches de antaño en los que la noche venía puntualmente a relevar al día y el día a la noche. Única luz pues apagada la suya de ahora en adelante aquélla le llegaría del exterior hasta que a su vez se apagara dejándolo en la oscuridad. Hasta que él a su vez se apague.
Una noche pues o un día sentado a su mesa con la cabeza en las manos se vio levantarse y partir. Primero levantarse sin más pegado a la mesa. Luego volver a sentarse. Luego levantarse nuevamente pegado a la mesa nuevamente. Luego partir. Comenzar a partir. Con pies invisibles comenzar a partir. A pasos tan lentos que sólo el cambio de sitio lo probaba. Como cuando desaparecía mientras aparecía nuevamente en un nuevo sitio. Luego desaparecía nuevamente mientras aparecía más tarde en un nuevo sitio nuevamente. Así iba desapareciendo cada vez mientras aparecía luego nuevamente en un nuevo sitio nuevamente. Nuevo sitio en el lugar en el que sentado a su mesa con la cabeza en las manos. Mismo sitio y misma mesa que cuando Darly murió y lo abandonó. Que cuando otros a su vez antes y después. Hasta que él por fin a su vez. Con la cabeza en las manos semi-deseando semi-temiendo que volviera a desaparecer que ya no reapareciera. O simplemente pidiéndoselo. O simplemente esperando. Esperando ver si sí o no. Si sí o no nuevamente solo sin esperar nada nuevamente.
Visto siempre por la espalda donde quiera que fuera. Mismo sombrero y mismo abrigo que en la época de la errancia. Tierra adentro. Ahora como alguien en un sitio desconocido en busca de la salida. En las tinieblas. A ciegas en las tinieblas del día o de la noche de un sitio desconocido en busca de la salida. De una salida. Hacia la errancia de antaño. Tierra adentro.
Un reloj lejano tocaba la hora y la media. El mismo que en la época en la que Darly entre otros murió y lo abandonó. Toquidos ya claros como llevados por el viento ya apenas en tiempo sereno. También gritos ya claros ya apenas. Con la cabeza en las manos semi-deseando semi-temiendo cuando tocaba la hora que ya nunca la medía. Igual que cuando tocaba la media. Igual cuando los gritos cejaban un momento. O simplemente pidiéndoselo. O simplemente esperando. Esperando escuchar.
Hubo un tiempo en el que de tiempo en tiempo levantaba la cabeza suficientemente para ver las manos. Lo que de ellas había que ver. Una extendida en la mesa y sobre ella extendida la otra. En reposo después de todo lo que hicieron. Levantaba su finada cabeza para ver sus finadas manos. Luego la reposaba en ellas en reposo también ella. Después de todo lo que ella hizo.
Mismo sitio que aquél desde el cual cada día se iba a errar. Tierra adentro. Al que cada noche regresaba a dar vueltas en la sombra aunque pasajera de la noche. Ahora como desconocido al que vio levantarse y partir. Desaparecer y reaparecer de nuevo en un nuevo sitio. Desaparecer otra vez y aparecer otra vez en otro nuevo sitio. O en el mismo. Ningún índice de que no el mismo. Ninguna pared señal. Ninguna mesa señal. En el mismo sitio que en el que daba vueltas todo sitio como uno mismo. O en otro. Ningún índice de que no otro. Donde nunca. Levantarse y partir en el mismo sitio de siempre. Desaparecer y reaparecer en otro donde nunca. Ningún índice de que no otro donde jamás. Sólo los toquidos. Los gritos. Los mismos de siempre.
Luego tantos toquidos y gritos sin que hubiera reaparecido que quizá ya no reaparecería. Luego tantos gritos desde los últimos toquidos que quizá ya no habría. Luego tal silencio desde los últimos gritos que quizá ya no habría más. Como quizá el final. O quizá solamente un remanso. Luego todo como antes. Los toquidos y los gritos como antes y él como antes ya allí ya ausente ya allí nuevamente ya nuevamente ausente. Luego el remanso nuevamente. Luego nuevamente como antes. Así una y otra vez. Y paciencia esperando el único verdadero fin de las horas y de la pena tanto de sí como del otro es decir la suya.


Dos

Como alguien que posee toda su cabeza nuevamente fuera en fin sin saber cómo se había encontrado tan poco tiempo antes de preguntarse si poseía toda su cabeza. Pues de alguien que no posee toda su cabeza ¿se puede razonablemente afirmar que se lo pregunta y que además se encuentra bajo pena de incoherencia se obstina en este rompecabezas con todo lo que le queda de razón? Por lo tanto fue bajo la especie de un ser más o menos razonable como emergió por fin sin saber cómo en el mundo exterior y no había vivido más de seis o siete horas del reloj antes de comenzar a preguntarse si poseía toda su cabeza. Mismo reloj cuyos toquidos daban la hora y la media cuando en su reclusión y por lo tanto primero naturalmente para tranquilizarlo antes de ser finalmente una fuente de preocupación ya que no más claros ahora que cuando acallados en principio por sus cuatro paredes. Luego buscó consuelo pensando en quien al caer la noche se apresura hacia el ocaso para ver mejor a Venus y no encontró ninguno. Sucedía lo mismo con el único sonido diferente que anima su soledad el de los gritos mientras subsistía perdiendo sufrimiento a su mesa con la cabeza en las manos. Sucedía lo mismo con la procedencia de los toquidos y los gritos en tanto que tan ilocalizable al aire libre como normalmente desde el interior. Obstinándose en todo eso con todo lo que le quedaba de razón buscó consuelo pensando que su recuerdo del interior dejaba qué desear y no encontró ninguno. A su pena se agregaba su caminar silencioso como cuando descalzo recorría su suelo. Así todo oído de peor en peor hasta cejar hasta de escuchar de oír y ponerse a mirar a su alrededor. Resultado finalmente estaba en un prado lo cual por lo menos tenía la ventaja de explicar su caminar silencioso antes un poco más tarde como para excusarse de incrementar su turbación. Pues no tenía recuerdo de ningún prado desde cuyo corazón mismo no fuera visible algún límite desde el cual siempre a la vista algún lado un confín cualquiera como una cerca u otra forma de frontera que no debía franquearse. Circunstancia agravante al mirar de más cerca la hierba ésta no era de la que creía acordarse es decir verde y en la que pacían los diferentes herbívoros sino larga y de color grisáceo incluso blanca en partes. Luego buscó consuelo pensando que su recuerdo del exterior dejaba quizá qué desear y no encontró ninguno. Así todo ojos de peor en peor hasta cejar de ver de mirar alrededor de él o con atención y ponerse a pensar. Con ese fin a falta de una piedra sobre la cual sentarse como Walther y cruzar la pierna no encontró algo mejor que quedarse allí de pie inmóvil lo cual hizo después de dudarlo brevemente y por supuesto que inclinar la cabeza como alguien abismado en sus pensamientos lo cual hizo también después de dudarlo otra vez brevemente.
Pero pronto cansado de hurgar en esas ruinas retomó su paso a través de las largas pálidas hierbas  resignado a ignorar dónde estaba y cómo llegó o a dónde iba y cómo regresar al sitio del cual ignoraba cómo había partido.
Así iba ignorando todo y con ningún fin a la vista. Ignorando todo y además sin deseo alguno de saber ni a decir verdad sin ninguno de ninguna clase y por consiguiente sin remordimientos tan sólo hubiera deseado que cesaran de una buena vez los toquidos y los gritos y lamentaba que no. Toquidos ya apenas ya claros como traídos por el viento pero no sopla nada y gritos ya claros ya apenas.


Tres

Así estaba antes de quedar inmóvil nuevamente cuando en sus oídos desde lo más profundo de sí oh cómo sería y aquí una palabra perdida terminar allí en donde nunca jamás. Luego largo silencio largo simplemente o tan largo que quizá ya nada y luego nuevamente desde lo más profundo de sí apenas un murmullo oh sería y aquí la palabra perdida allí donde nunca antes. En todo caso sea lo que sea lo que haya podido ser terminar y así una y otra vez acaso no estaba ya allí mismo en donde se encontraba inmóvil en el mismo sitio y doblado en dos y sin cesar en sus oídos desde lo más profundo de sí apenas un murmullo oh sería tal y así una y otra vez ¿no se encontraba ya si se da crédito a sus ojos allí donde nunca antes? Pues incluso alguien como él al encontrarse una vez en un sitio semejante ¿cómo no se hubiera estremecido al volverse a encontrar lo cual él no había hecho y habiéndose estremecido buscado consuelo pensando diciéndose que habiendo encontrado el medio de salir de ello entonces podía volverlo a encontrar para volver a salir una vez más lo cual tampoco había hecho? Allí entonces todo este tiempo en donde nunca antes y a dondequiera que buscara con los ojos ningún peligro o esperanza según el caso de salir alguna vez de allí. Era necesario pues como si nada persistiera ya en una dirección ya en otra o por el contrario ya no moverse según el caso es decir según esa palabra perdida que si resultaba negativa como desgraciado o malvenido por ejemplo entonces evidentemente a pesar de todo lo primero y en caso contrario evidentemente lo otro es decir ya no moverse. Como a título de ejemplo el lío en su mente supuestamente hasta ya nada desde lo más profundo que apenas de vez en vez oh terminar. Sin importar cómo sin importar dónde. Tiempo y pena y sí mismo por decir algo. Oh terminar todo.


De: cuentosinfin.com