viernes, 29 de noviembre de 2013

"Un bazar impensable de ficciones" - Silvio Rodríguez

29 de noviembre de 1946- San Antonio de los Baños, Cuba

Señora de los sueños


Mis canciones están llenas de mentiras. Ficción le llaman. Y nunca he hablado de la importancia de esta Señora en lo que hago, ni de la utilidad de su oficio introductor, que abrevia distancias de un corazón a otro, haciendo transparente lo que por otra vía es neblinoso, cuando no peregrino.

Fue una pequeña vagabunda que apareció de un traspié de mi lengua, en terreno baldío. Venía sin posesión visible, pero infló un globo que se hizo una carpa, una cordillera y luego una ciudad de la que hoy, por supuesto, es el ama de llaves. Un buen día tuve la casa llena de cachivaches, de cosas como rejas sin ventanas, tiradores sin puertas y mangas sin camisas. Un bazar impensable de ficciones.

– ¿Necesita sextante?
– Perdone, pero prefiero un astrolabio –dije yo, por antiguo.
– Muy bien, aquí lo tiene. ¿Algo más?
– No se me ocurre nada…

Aquí fue donde se sacó los guantes y, como para darme un escarmiento, me sopló humo de lámparas, hilos de alfombras voladoras, botoncitos de nácar, laúdes, palmatorias, cajitas de rapé. Y de pronto me vi pintando un cuadro que no me imaginaba, mirando la distancia entre lo que creía saber de mis canciones y lo que ellas sabían de mí.

Se suele culpar a la vida de nuestras melodías. Ese es un estribillo de mortales. Las canciones son de otra raza y ¿de qué se van a alimentar sino de la ficción? No hay otra cosa que las sacie. Engordan de lo que guardan remotos almacenes a cuyos inventarios no tenemos acceso, pues tienen llaves fugitivas.

Las cerraduras están en cualquier parte. A veces un aroma tenue, llegado de la infancia, abre una hendija a esos lugares. Uno quisiera abalanzarse, como desesperado. Pero igualmente acaba comprendiendo que sólo se permiten los atisbos, la mínima visita que algún sentido pudo hacer.

Son olvidos, inesperados movimientos que ocurren en aquel laberinto de almacenes. Naturalezas, sustancias, o simplemente sueños que quieren salir a conocernos y a que les conozcamos. Cuando Ella no vigila, cuelan sus llavecitas en la primera cerradura que encuentran. Ahí olfateamos, sentimos un sabor y en ocasiones hasta vemos lo que no sabemos explicarnos.

En esas migas infinitesimales se nos revela algo sobre lo que no hay control, ni leyes, aunque sin duda es nuestro. Un territorio íntimo que no hemos aprendido a usar o que acaso olvidamos. Regueros que no esperan por nuestra comprensión sino por nuestro afecto.

Silvio Rodríguez


Publicado en el blog Segunda Cita el 19 de octubre de 2013.




La gaviota


Corrían los días de fines de guerra.
Había un soldado regresando intacto
—intacto del frío mortal de la tierra,
intacto de flores de horror en su cuarto—.

Elevó los ojos, respiró profundo,
la palabra cielo se hizo en su boca
y como si no hubiera más en el mundo
por el firmamento pasó una gaviota.

Gaviota, gaviota, vals del equilibrio,
cadencia increíble, llamada en el hombro.
Gaviota, gaviota, blancura, delirio,
aire y bailarina, gaviota de asombro.

¿Adónde te marchas, canción de la brisa,
tan rápida, tan detenida?
Disparo en la sien y metralla en la risa,
gaviota que pasa y se lleva la vida.

Corrían los días de fines de guerra.
Pasó una gaviota volando, volando
lento, como un tiempo de amor que se cierra,
imperio de ala, de cielo y de cuándo.

Corrían los días de fines de guerra,
pasó una gaviota volando.
Y el que anduvo intacto rodó por la tierra,
huérfano, desnudo, herido, sangrando.

(1976)








Para que muchos/as podamos seguir creyendo,
sin perder "la alegre tristeza del olivo"
existen seres como tú, querido Silvio.
Gracias por la energía luminosa de tu arte.


“Ser humano significa, para cada uno de nosotros, pertenecer a una clase, a una sociedad, a un país, a un continente y una civilización; y para nosotros los moradores europeos, la aventura desarrollada en el corazón del Nuevo Mundo significa en primer lugar que no era nuestro mundo y que tenemos responsabilidades en el crimen de su destrucción” - Claude Lévi-Strauss

28 de noviembre de 1908 -Bruselas, Bélgica
Claude Lévi-Strauss


Odio los viajes y los exploradores …", así de radical comienza uno de los viajeros y exploradores más prolíficos del siglo XX su autobiográfico "Tristes Trópicos" (1955). El tono escéptico - aunque no cínico - es característico de quien tal vez haya visto demasiadas cosas y sufrido demasiadas decepciones como para dejar un hueco a la esperanza en el ser humano. Quizá esa distancia hacia las personas y hacia la vida en general le haya permitido a Levi-Strauss convertirse en un genial observador del ser humano. Podría afirmarse que Levi-Strauss es el antropólogo total.

Total por su formación pluridisciplinar, total por sus trabajos de campo y sus etnografías de primera calidad; total por sus ideas y su capacidad de creación teórica; total por su influencia en el pensamiento contemporáneo más allá de la antropología; total por que el conjunto de su obra fue tomada por la generación del 68 como una alternativa al pensamiento cristiano y burgués … y total por el conjunto de su vida, sin duda apasionante, contradictoria y original.

Como hijo de una familia de artistas e intelectuales judíos de Bruselas, Levi-Strauss tuvo acceso a una esmerada educación. Tuvo tiempo de estudiar derecho y filosofía, aunque le aburrieron. Cuenta con una vasta cultura clásica y literaria y también con profundos conocimientos en música clásica y contemporánea. Sin embargo, sus "tres amantes", como él las definía, fueron la geología, el marxismo y el psicoanálisis.

Volviendo a su formación, tanto la geología, como el marxismo y el psicoanálisis comparten una premisa: las cosas constan de estructuras y estas estructuras pueden ser descubiertas y analizadas en detalle. En las formaciones geológicas a través de el estudio de los estratos y el análisis mineralógico, en el marxismo a través del estudio de las relaciones de clase y en el psicoanálisis a través de la terapia y la relación médico - paciente.

Sin embargo, fue la antropología lo que permitió a este erudito francés tomar contacto con otras culturas diferentes de la occidental y cuestionar la pretendida superioridad de la misma. Su contacto con las culturas de Brasil, así como de otras tribus sud y norteamericanas fue intensísimo. Puede afirmarse que pasó más de 30 años entre culturas diferentes.

El concepto de estructura quedó definitivamente arraigado en Levi-Strauss gracias a la gramática estructural de Ferdinand Saussurre. La lingüística estructural no se queda en el análisis simple de los componentes de las oraciones, sino que penetra en su estructura profunda y pretende ser capaz de reconocer pautas comunes a todas las lenguas. Es decir, no se queda en el significado de las palabras, sino que estudia cómo la mente ordena los significantes, que son las unidades mínimas del lenguaje.

Del mismo modo que el lenguaje consta de unidades mínimas que, capa tras capa (como en la geología) se ordenan según una serie de reglas para producir un significado, la cultura, que según Levi-Strauss es comunicación, también se constituye de unidades mínimas que se combinan según ciertas reglas en unidades mayores que forman un significado. Descomponer la cultura en sus unidades básicas y comprender las reglas mediante las cuales se combinan es entender el significado de la cultura. En resumidas cuentas este es el método estructural.

Según Levi-Strauss la mente humana organiza el conocimiento en polos binarios y antagónicos (bueno - malo; dentro - fuera; nosotros - vosotros; crudo -cocinado, etc.) que se organizan de acuerdo con la lógica. Tanto la ciencia como el mito, como explicaciones del mundo, estarían estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente y por tanto compartirían la misma estructura, solamente que aplicada a diferentes cosas.

Para Claude Levi-Strauss, las reglas por las que las unidades de la cultura se combinan no son producto de la invención humana, sino que siguen las pautas que se encuentran en el cerebro humano. Expresado en términos más actuales, las pautas de la cultura serían genéticas. Por lo tanto, en el paso del ser humano de animal natural a animal cultural (a través de la adquisición del lenguaje, la preparación de los alimentos, la formación de relaciones económicas y unidades políticas, etc.) el ser humano sigue unas leyes ya determinadas por su estructura biológica. Por eso el ser humano no sería la especie privilegiada que creemos que es, sino una especia más que pasará y que solamente dejará algunas trazas de su actividad cuando se extinga.

Entre las obras más destacadas de Claude Levi-Strauss se pueden citar "El Pensamiento Salvaje" (1962), "Estructuras elementales de Parentesco" (1949), "Raza e Historia" (1952), "Antropología Estructural" (2 vol., 1958-73) y "Totemismo" (1962). Es imprescindible mencionar "Mythologiques", un estudio estructural de los mitos de los nativos americanos, que se compone de varias obras publicadas entre 1964 y 1971, así como la ya citada "Tristes Trópicos", unas memorias que fueron un éxito de crítica y público.

El pensamiento de Levi-Strauss influyó en, fue influido por y fue parte de los movimientos sociales de los años 60. Ofrecía una alternativa, pesimista, pero alternativa, a los sistemas burgueses y religiosos imperantes en la cultura oficial de Occidente. Cuestionando la supremacía de la cultura occidental y explicando "científicamente" las reglas de la cultura, Levi-Strauss construyó una imagen del ser humano pesimista: un ser que se encuentra solo, abocado a la guerra y a la destrucción del planeta por su rapacidad y para el que no hay esperanza ni siquiera en el humanismo (no se debe olvidar que Levi-Strauss pertenece a la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto y que produjo su obra en el contexto de la Guerra Fría).

La obra de Levi-Strauss ha rebasado las fronteras de la antropología, influyendo profundamente en la filosofía, la sociología, la historia, el estudio de la literatura, la filología, la ciencia política, etc. Sin embargo, con el declinar de la contracultura y el fin de la Guerra Fría, la visión de Levi-Strauss ha ido perdiendo fuerza. También sus teorías antropológicas son cuestionadas, aunque sin duda el análisis estructural es aún importante en cualquier estudio etnográfico.

Tanto las teorías antropológicas de Levi-Strauss como su imagen del ser humano han sido criticadas por numerosos autores y también han sido superadas en parte. Pero no cabe duda de que se trata de uno de los pensadores más profundos y originales del siglo XX, cuya obra encierra las esperanzas, los horrores, el vacío y la angustia de una época tras la cual el ser humano ha perdido definitivamente la inocencia.

REFERENCIAS

Minnesota State University, Mankato " Claude Levi-Strauss",2000.
Claude Levi-Strauss Structural Anthropology (Basic Books Classics),2000
SECCIÓN REALIZADA Y MANTENIDA POR EL EQUIPO DE "EL RINCÓN DEL ANTROPÓLOGO"


De: Liceus- Portal de Humanidades.com


Claude Lévi-Strauss – El arte y el grupo [Entrevista de Georges Charbonnier]

Georges Charbonnier. ¿Cuál es la diferencia que observa el etnólogo entre el arte de las sociedades llamadas primitivas y el arte no "moderno", sino "de los tiempos modernos"?

Claude Lévi-Strauss. En esta categoría un poco vaga de los tiempos modernos hay que hacer primero una distinción. Un etnólogo se encontraría perfectamente a gusto, y en un terreno con el que está familiarizado, con el arte griego anterior al siglo V y aun con la pintura italiana, cuando se detiene uno en la Escuela de Siena. Allí donde el terreno comenzaría a ceder bajo nuestro pie, donde la impresión de extrañeza se nos impondría, sería pues, solamente, por una parte, con el arte griego del siglo V y, por otra parte, con la pintura italiana a partir del Quattrocento. Es con estas formas relativamente "modernas", cada una en su dimensión histórica, con las que hay que intentar hacer la comparación del arte o de las artes primitivas.
Así planteado, me parece que la diferencia obedece a dos órdenes de hechos: por una parte, lo que podríamos llamar individualización de la producción artística, y, por la otra, su carácter cada vez más figurativo o representativo. Y aun allí, quisiera añadir un dato: cuando hablo de la individualización de la producción artística, no pienso primero en la personalidad del artista, como individuo y como creador. Aunque hayamos tardado mucho en darnos cuenta de ello, el artista posee también estos caracteres en muchas de las sociedades que llamamos "primitivas". Trabajos recientes a propósito de la escultura africana muestran que el escultor es un artista, que este artista es conocido, a veces a mucha distancia, y que el público indígena sabe reconocer el estilo propio de cada autor de máscara o de estatua. Con el arte de los tiempos modernos, se trataría, pues, de una individualización creciente, no del creador, sino de la clientela. No es el grupo en su conjunto el que espera del artista que le proporcione algunos objetos realizados según cánones prescritos, sino que son "aficionados" o "entendedores" -por extraño que pueda parecer el término, en una comparación con grupos muy diferentes del nuestro-o grupos de conocedores.

Georges Charbonnier. El arte está reservado a los conocedores, en nuestra época, por varias razones. En primer lugar, hay un corte o separación en el interior de! grupo, pues una parte del mismo se desinteresa totalmente de la obra de arte, sobre poco más o menos, y no acepta sino formas degradadas. Pero también se plantea un problema económico; la obra de arte, en nuestras sociedades, es una cosa muy cara y, por consiguiente, no es accesible a todos. ¿Se observa a veces ese fenómeno en las sociedades primitivas, o no se le observa nunca? ¿Es que, en la sociedad primitiva, todo el mundo puede tener acceso personal a la obra de arte?

Claude Lévi-Strauss. Esto depende de los casos. Hay algunas sociedades primitivas en las que se manifiestan los mismos fenómenos sociales y económicos a los que hizo usted alusión hace un momento, en las que los artistas crean para personas o para grupos ricos que pagan las obras extremadamente caro, y que inclusive ven un gran prestigio en el hecho de poseer la producción de un determinado artista. Aunque ocurra, de todas maneras es excepcional. Pero tiene usted razón en plantear inmediatamente este problema de la jerarquía social, porque creo que habremos de encontrarlo nuevamente aquí, como lo encontramos, otro día, a propósito de la noción de progreso y del lugar en la historia. Dijimos que la historia era una categoría interior a ciertas sociedades, un modo conforme al cual las sociedades jerarquizadas se aprehenden a sí mismas, y no un medio en e! seno del cual todos los grupos humanos se situarían de igual manera. Y habremos de encontrar ideas muy emparentadas con aquélla.
Pero no quisiera lanzarme de lleno a esta explicación, porque me parece que, si la aceptásemos sin reservas, sería menos convincente que si llegásemos a ella por un camino desviado. Así pues, repito lo que dije acerca de los dos caracteres: individualización de la producción artística, considerada más bien desde el punto de vista del cliente que desde el punto de vista del artista, y carácter cada vez más figurativo o representativo de las obras; entonces, me parece que, en las artes que llamamos primitivas, hay siempre –y en razón, por lo demás, de la tecnología muy rudimentaria de los grupos en cuestión– una disparidad entre los medios técnicos de que dispone el artista y la resistencia de los materiales que tiene que vencer, la cual le impide, valga la expresión, aun cuando no lo quisiese conscientemente –y las más de las veces lo quiere conscientemente–, hacer de la obra de arte un simple facsímil. No puede o no quiere reproducir íntegramente su modelo y, entonces, se ve obligado a significarlo. En vez de ser representativo, el arte se presenta como un sistema de signos. Pero si se piensa en ello, se ve que estos dos fenómenos: individualización de la producción artística, por una parte, y pérdida o debilitamiento de la función significativa de la obra, por otra parte, están ligados funcionalmente, y la razón es sencilla: para que haya lenguaje, es necesario que haya grupo. Es evidente de suyo que el lenguaje...

Georges Charbonnier. Siendo constitutivo ...

Claude Lévi-Strauss. ….es un fenómeno de grupo, es constitutivo del grupo, no existe más que por el grupo, pues el lenguaje no se modifica, no se trastorna a voluntad. No lograríamos comprendernos si formásemos, en nuestra sociedad, una determinada cantidad de capillitas, cada una de las cuales tendría su lenguaje particular, o si nos permitiésemos introducir en nuestro lenguaje trastornos o rebeliones constantes, como las que observamos en el dominio artístico, desde hace algunos años. Así pues, quien dice lenguaje habla de un gran fenómeno, que interesa al conjunto de una colectividad y, sobre todo, de un fenómeno que tiene una estabilidad muy relativa, pero, de todas maneras, muy grande.
Las dos diferencias que señalamos hace un momento son, pues, las dos caras de una misma realidad. En la medida en que un elemento de individualización se introduce en la producción artística, la función semántica de la obra, necesaria y automáticamente, tiende a desaparecer, y desaparecerá en beneficio de una aproximación cada vez mayor al modelo, que se trata de imitar y ya no, solamente, .de significar.
Una vez dicho esto, me hallo dispuesto a volver a tratar las consideraciones sociológicas mencionadas por usted hace un momento. Hemos introducido una relación entre el arte y el lenguaje, o al menos con los diferentes sistemas de signos. Ahora bien, ya nos habíamos planteado este problema a propósito de la escritura. Cuando nos preguntamos por cuál era el gran fenómeno social al que estaba ligada la aparición de la escritura, en todo tiempo y lugar, estuvimos de acuerdo, creo yo, en el hecho de que la única realidad sociológica concomitante de la escritura era la aparición de fisiones, de escisiones, correspondientes a regímenes de castas o de clases, pues la escritura se nos manifestó en sus comienzos como un medio de sometimiento de unos hombres a otros hombres, como un medio de mandar a los hombres y de apropiarse' de las cosas.
Ahora bien, tal vez no sea fortuito que la transformación de la producción artística, a la que hacía alusión hace un momento, haya tenido lugar en sociedades dotadas de escritura –no digo que haya sido un fenómeno nuevo en el Renacimiento, pero lo que sí era nuevo, al menos, era la invención de la imprenta, un cambio del orden de magnitud del papel desempeñado por la escritura en la vida social– en todo caso, dos sociedades, la Grecia ateniense y la Italia florentina, donde las distinciones de clase y de fortuna adquieren un relieve particular; por último, en los dos casos se trata de sociedades en las que el arte pasa a ser cosa de una minoría que busca un instrumento o un medio de disfrute íntimo, mucho más que lo que ha sido en las sociedades que llamamos primitivas, y de lo que es en algunas de ellas, es decir, un sistema de comunicación, que funciona a la escala del grupo.

Georges Charbonnier. Lo que está muy claro es que en nuestras sociedades todos los artistas se quejan unánimamente de la falta de difusión de sus obras en las clases llamadas populares. Y, al mismo tiempo, todo esto se mantiene en el plano de un pesar vagamente expresado.

Claude Lévi-Strauss. Pero esto no puede más que mantenerse en este plano mencionado, puesto que es evidente que es algo que no depende de la voluntad de todos estos artistas. ni de uno solo de ellos, el que una situación histórica, para cuya producción se han necesitado siglos, cambie bruscamente. Lo único que quiero hacer es comprobar la existencia de una situación de hecho que no está en nuestro poder cambiar deliberadamente.

Georges Charbonnier. Pero, entonces, ¿dónde hay que encontrar las causas de la ruptura? ¿En el grupo o en un cambio de función del arte, ligado a otros fenómenos?

Claude Lévi-Strauss. Creo que podremos encontrarlas en una evolución general de la civilización, que no se efectúa de golpe, puesto que discernimos períodos de recurrencia. El arte, me parece a mí, ha perdido el contacto con su función significativa en la estatuaria griega, y lo vuelve a perder en la pintura italiana del Renacimiento. Pero podríamos decir, hasta cierto punto, que son cosas que se esbozan también en otras sociedades, probablemente ya en la estatuaria egipcia, en un grado menor que en Grecia; quizá también en un período de la estatuaria asiria, y por último en una sociedad que corresponde a los etnólogos, a pesar de los puntos en común que tiene con las que acabo de mencionar: el México precolombiano. Ahora bien, no es por casualidad por lo que he pensado en el México precolombiano al evocar matices de la producción estética, puesto que México ha sido también una sociedad de escritura. Me parece que la escritura ha desempeñado un papel muy profundo en la evolución del arte hacia una forma figurativa, pues la escritura ha enseñado a los hombres que era posible, por medio de signos, no sólo significar el mundo exterior, sino aprehenderlo, tomar posesión de él. No seré tan ingenuo que pretenda que una estatua griega la época clásica sea un facsímil del cuerpo humano. En cierto sentido, también' ella está alejada del objeto; como en el caso de una estatua africana, nos las tenemos que ver con signos, aunque en grado menor. Así pues. no estriba en eso solamente la diferencia, sino también en las actitudes del autor y del público. Me parece que en la estatuaria griega, en la pintura italiana del Renacimiento, a partir del Quattrocento, en todo caso, se descubre, respecto del modelo, no sólo ese esfuerzo de significación, esa actitud puramente intelectual, que es tan impresionante en el arte de los pueblos que llamamos primitivos, sino (y quizá esto suene a paradoja) una suerte de concupiscencia de inspiración mágica, puesto que descansa en la ilusión de que no sólo se puede comunicar con el ser, sino que se le puede apropiar a través de la efigie. Es lo que yo llamaría "posesividad respecto del objeto", el medio de apoderarse de una riqueza o de una belleza exterior. Es en esta exigencia ávida, en esta ambición de capturar el objeto para beneficio del propietario o inclusive del espectador, donde me parece que se encuentra una de las grandes originalidades del arte de nuestra civilización.

De Levi-Strauss, Claude. Arte lenguaje y etnología. Entrevistas con Georges Charbonnier. Siglo XXI Editores. Págs. 51-58. Traducción de Francisco González Aramburu.

De: http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.com




«Jamás nos hemos vengado de los muertos; cada ser humano ha de tener su última morada en la tierra: así fue, es y será» - Konstantin Símonov

Espérame


Espérame y yo volveré
pero espérame mucho.
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen
y cuando el calor llegue, no dejes de esperar.
Espérame cuando ya nadie espere
y el ayer se haya olvidado ya.
Espérame aún cuando de lejos
mis cartas no lleguen más.
Espérame cuando ya todos
se cansen juntos de esperar.
Espérame y yo volveré.
No quieras bien te ruego
a los que repitan de memoria
que ya es tiempo de olvidar
aun si la madre o el hijo ya creyesen que no existo ya.
Deja que los amigos
sentados junto al fuego
se cansen de esperar
y beban vino amargo
en honor a mi recuerdo.
Espérame y con ellos
no te apresures a beber.
Espérame y yo volveré
para que la muerte rabie.
Aquél que nunca me ha esperado
tal vez dirá de mí
el pobre tuvo suerte.
No comprenderán jamás
los que jamás han esperado
cómo tú del fuego me salvaste
de cómo he sobrevivido
lo sabremos sólo tú y yo.
Es que sencillamente me esperaste
como nunca nadie me esperó.




(Otra traducción)

Esperame que volveré.
Solo que la espera será dura.
Espera cuando te invada la pena, mientras ves la lluvia caer.
Espera cuando los vientos barran la nieve.
Espera en el calor sofocante.
Cuando los demás hayan dejado de esperar olvidando su ayer.
Espera incluso cuando no te lleguen cartas de lejos.
Espera incluso cuando los demás se hayan cansado de esperar.
Espera incluso cuando mi madre y hermanos crean que ya no existo.
Y cuando los amigos se sienten junto al fuego para brindar por mi muerte.
Espera no apresures a brindar por mi memoria tú también.
Espera porque volveré desafiando todas las muertes.
Y deja que los que no esperan digan que tuve suerte.
Nunca entenderán que en medio de la muerte tú con tu espera me salvaste.
Solo tú y yo sabremos cómo sobrevivir, es porque esperaste y los otros no.




ESTOY MUY SOLO...



       Estoy muy solo y muy triste...
¡Oh, si pudiera encontrar
otra mujer como ella
en vez de volver atrás!

       Mas, ¿dónde hallar unas manos
que ausentes causen pesar?

       ¿Dónde encontrar unos ojos
de tan altivo mirar,
ojos llenos de soberbia
que nunca los vi llorar?

       ¿Dónde hallar los mismos labios
que rían y canten igual,
que yo viviera temiendo
no me vuelvan a besar?

       ¿Dónde hallar otra como ella
a quien poder perdonar,
que la vida al lado suyo
fuera cruel felicidad?
¿Que de todas las madrugadas,
después de largo velar,
me levantara como ella,
redomado y contumaz?

       Que amante y loca una noche
yo la pudiera abrazar
y mañana sea de piedra
imposible de ablandar.

       Y que entonces, con dolor,
yo tuviera que escuchar
maldiciéndome a mí mismo:
“No me vuelvas a tocar...”

       Que en la quietud de la noche
al sorprender su velar
encuentre en ella dos almas
y a las dos las quiera igual.

       De la noche a la mañana
ignorar qué pasará;
no saber al día siguiente
cuál alma me mostrará.
             
       Atormentado por ella
no podía vivir más;
quise entregar mi cariño
a otra mujer más leal.

       Pero sé que es imposible
tal compañera encontrar
y que al fin será ella misma
a quien yo vaya a buscar,
porque no existe en el mundo
ninguna mujer igual:
tan mala, ni tan preciosa,
ni tan maldita, en verdad...

En El diario lírico, 1941-1942



LA MUERTE DE UN AMIGO


       No es verdad: un amigo no muere;
tan sólo deja de estar a tu lado.
No comparte más el pan contigo,
ni bebe más de tu caramañola.

       En la fosa cubierta por la nieve,
no canta más la canción de sobremesa,
y cerca de ti, bajo la misma capa,
no duerme más junto al brasero.

       Pero todo lo que ha pasado entre vosotros,
todo lo que os seguía en vuestras huellas,
no pudo quedarse
con sus restos, en la tumba.

       Heredero de ira y desdén,
después que perdiste a tu amigo,
te volviste para siempre
dueño de doble vista y oído.

       Legamos amor a nuestras mujeres;
recuerdos a nuestros hijos;
pero en los campos quemados por la guerra,
a los amigos legamos el caminar.

       Aún nadie conoce un remedio
para las muertes repentinas.
Más y más grave se vuelve el peso de la herencia,
más y más estrecho el círculo de tus amigos.

       Carga entonces su peso, vagando en las batallas.
No dejes caer nada.
Pasa con él la noche bajo el fuego.
Cárgalo. Cárgalo.

       Cuando ya no puedas cargarlo más,
recuerda que al perecer
tan sólo lo transferirás a los hombros
de los que vivan aún.

       Y alguien, sin haberte visto,
de terceras manos tu peso tomará,
y vengando a los muertos, y odiando,
hasta la victoria lo llevará.

En La libreta del frente, 1942



EL COMPAÑERO


Tras el enemigo de nuevo caminamos
hacia el poniente cinco días, palmo a palmo.

El quinto día, bajo un fuego inclemente
cayó mi compañero, el rostro hacia el poniente.

Tal como avanzaba, así murió: corriendo.
Así cayó y así quedó en la nieve, yerto.

Abrió los brazos anchos como si quisiera
abarcar en ellos a la nación entera.

Como si él, que dio su vida en la pelea,
aún después de muerto su tierra protegiera.

Muchos días amargos la madre llorará.
La victoria no podrá devolvérselo ya.

Mas para él —que lo sepa la madre doliente—
fue más fácil morir con el rostro al poniente.

En La libreta del frente, 1942



 
Konstantín Símonov
28 de noviembre de 1915 - Petrogrado
Hasta 1935 trabajó como obrero, antes de emprender una carrera literaria que lo confirmó como un notable escritor de temas bélicos y patrióticos de la Rusia soviética

Aunque escribió sobre temas muy diversos, se le conoce principalmente como escritor y poeta en tiempos de guerra. Símonov presenció como corresponsal la derrota de los japoneses en la Batalla de Khalkin-Gol (1939), planeada y ejecutada por Zhukov; de hecho, varios de los futuros personajes de ficción de Símonov tomarían parte en la campaña de Khalkin-Gol. Trabajó también en Mongolia para la publicación del ejército Geroicheskaya krasnoarmeiskaya, y como corresponsal de guerra para el periódico Krasnaya Zvezda (1941-1945).

Durante la guerra, uno de los objetivos evidentes de la literatura soviética en todas sus manifestaciones fue avivar las llamas del patriotismo ruso. La poesía resultó ser un medio muy propicio para este fin, y algunos de los poemas de Símonov, como Zhdi menia (Espérame), de 1941, Rodina (Patria), de 1941, Ubei ego (Mátalo), de 1942, y Bezymiannoe pole (Un campo anónimo), de 1942, figuran entre los mejores ejemplos de este género. La popularidad de Símonov provino de su relativa indiferencia por la política, cualidad compartida aunque en menor grado por Olga Berggolts y Vera Inber. Los temas tratados eran el hogar, el trabajo, el descanso y el amor.

A finales del verano de 1942, Alemania intentó apoderarse de Stalingrado, y Símonov cubrió el contraataque soviético desde su principio a su fin. Dni i nochi (Días y noches), de 1944, es uno de los numerosos trabajos dedicados a esta importante victoria soviética, y narra la tenacidad con la que los combatientes rusos resistieron el ataque alemán. Una vez ganada la guerra contra Hitler, la Unión Soviética rechazó cualquier futura cooperación con sus anteriores aliados occidentales. El Comisario de Cultura, Andrei Zhdanov, inició una depuración sistemática de la vida intelectual que finalizó cuando Stalin murió en 1953. La obra de teatro de Símonov Russkii vopros (La cuestión rusa), de 1946, es una obra típicamente propagandística de la época en la que se responsabiliza a Occidente de la Guerra Fría. Tras la muerte de Stalin, se intentaron reanudar las relaciones con Occidente. El autor, conocido por su ideología izquierdista, juntamente con Ilia Erenburg y Aleksandr Fadeiev, tuvo un papel activo en los esfuerzos para influir en los políticos occidentales y para conseguir el apoyo en iniciativas de política exterior soviética.

De: http://www.biografiasyvidas.com










jueves, 28 de noviembre de 2013

Alfonsín, a 30 años


Fue después de aquella guerra irrisoria, después de aquellas lágrimas derramadas por tanta injusticia, cerrando tantos años avasallados por el miedo, el dolor, las ausencias y los silencios, y ese hundimiento desbordado de llantos que irónicamente permitió que resurjan los gritos y las palabras de nuestro pueblo, la indignación y la derrota anunciada y progresivamente la libertad y la posibilidad de elegir... Y una sola palabra que se murmuraba apretando los dientes al principio, con la bronca y las ganas de gritarla a mil voces, democracia, democracia y con ella libertad y con ella ALFONSIN y con ella consenso y con ella ALFONSIN y con ella justicia y ALFONSIN y con ella los sueños y los ideales y ALFONSIN Y ALFONSIN!!
Honestidad, sencillez, valor, coraje, convicciones, consenso, paz...
Lucha desde la palabra y el diálogo, el pensar y actuar en concordancia, los ideales, el no claudicar...
El emblema mismo de la democracia que no solo instaura hace tres décadas atrás, sino que también desarrolla, practica y sostiene durante todo su mandato, siendo totalmente consecuente entre su ideología y sus actos. Escuchando a la sociedad con el respeto necesario de un demócrata para sobrellevar las diferencias ideológicas y partidarias.
Incluso la entereza de dar un paso al costado cuando lo creyó necesario priorizando el interés de su argentina ante su propia imagen.

Querido Alfonsín: Saliste con la frente alta y las manos limpias y pobres, con el peso en tu espalda de haber sostenido una argentina en una etapa difícil, herida, ávida de reclamos y de justicia, de palabras, saliste mas viejo y mas sabio y con la misma humildad y las mismas convicciones que te acompañaron hasta el fin de tus días...

Y en el 2009 tu muerte, tu despedida, y ahí estaba yo en medio de una multitud que lloraba tu ausencia y con ella la pérdida de tantas cosas, otra vez las huellas de la muerte barriendo mis utopías, mis ideales, mis convicciones, otra pérdida que marca eso de que siempre se me vayan tan lejos las personas creíbles en las que uno se sostiene o sostiene sus ideales...
Por eso hoy necesito que estés, pasaron 30 años y compruebo que estás, y siempre estarás en mí y en tu pueblo argentino.
Estarás en mí como a los 6 años en aquella caravana de mi pueblo en el 83, que recorría las calles inundadas todavía de ríos y de llantos, con ese prendedor de letras rojas que aun guardo conmigo, y en ese grito interminable que a los 6 años gritaba con euforia tu nombre "Alfonsín! Alfonsín!" con los chicos grandes de la juventud radical en la caravana, lo gritaba con la bronca y las lágrimas todavía mojadas por la otra muerte que hacía poco tiempo, la guerra me había robado...
Estarás presente como cuando aquella tía querida me dijo que ya tenía edad suficiente para leer un libro fuerte y me entregó en sus manos dulces y pacifistas el libro "Nunca Más" un libro realmente fuerte y crudo que representa el que hayas sido el primer presidente del mundo que tuvo el valor de juzgar a sus propios militares.
 Estarás cada vez que yo crea que a las causas justas hay que defenderlas, estarás cada vez que dialogue con quienes piensan distinto, estarás en el coraje para frenar injusticias, y estarás en lo mas profundo de mi corazón cada vez que necesite seguir creyendo y cada vez que nombre la palabra paz, consenso, honestidad, libertad y la palabra democracia que renació con tu nombre.

Lilia Rodas
argentina
integrante del Taller de Pasiones Literarias





 


miércoles, 27 de noviembre de 2013

"El que por su gusto es buey hasta la coyunda lame"

Desde mi juventud, atravesada por el hilván rústico, sangrante, miserable, de la Dictadura Cívico-Militar, muchas veces vienen a buscarme las líneas de una canción que no sólo se escuchaba en mi casa; en “la ciudad de todos los vientos” era casi un rito imprevisto oír en cualquier parte “El orejano”, interpretado por los Olimareños. En sintonía con el romanticismo de la edad, a mí me encantaba aquel verso arrogante, motivador, que decía: “Porque no me han visto lamber la coyunda”...

Pero los uruguayos somos tan mansos, tan mansos, que a veces nos parecemos a los bueyes. No en vano el refrán “El que por su gusto es buey hasta la coyunda lame”.

Por eso hoy el adjetivo “manso” me parece una piecita de museo. Hoy es posible afirmar que somos indiferentes.
Lo fuimos ya cuando autotitulándonos aún “orientales” no adoptamos ninguna medida colectiva para que NUESTRO PADRE ARTIGAS retornara de Paraguay. Nos quedamos quietitos, esperando que las Autoridades gestionaran...

Vista aérea de la congregación del Pueblo Uruguayo
el 27 de noviembre de 1983
en torno al Obelisco
reclamando la salida de la Dictadura.

Lo somos. A pesar del “RÍO DE LIBERTAD” que conmemoramos hoy con una altísima dosis de nostalgia, discursos, placas recordatorias, seminarios, en fin, con todo un bagaje de recursos absolutamente inoperantes ya.

A 30 años de aquella demostración singular y semejante a la del Éxodo, nos importan más los plasmas, los autitos chinos, las promociones de los shoppings, las vacaciones en Punta del Diablo, algún carguito de secretario de un secretario, etc., etc., que el imprescindible saneamiento de las estructuras sustentadoras de una real democracia (y no esa parodia a la que, paradójicamente, se nos obliga en el cuartito secreto.)

Sí, el Río de Libertad se convirtió en un mito, igualito que Maracaná. Porque sólo a un puñado de indoblegables les sigue royendo los sesos la impunidad de la que continúan gozando torturadores y cómplices; sólo “los radicales” se atreven a impugnar decisiones arbitrarias de Supremos Jueces; a nadie le importa que el núcleo duro de la pobreza no haya podido ser ni siquiera ablandado, ni que se haya extendido el turismo sexual con niñas/os como víctimas, ni que los ancianos perciban jubilaciones de seis mil pesos... Y a qué continuar la enumeración si todos/as sabemos que el río se angostó y se convirtió en desalineados charquitos.

El sistema excluye cada día más; ésta es la Democracia postmodernista que experimentamos: puro envase. Una vez más traicionamos los sagrados postulados; una vez más mostramos y demostramos que nos encanta bajar por el tobogán de la mediocridad; en definitiva, nos gusta ser bueyes, indolentes bueyes. Y los bueyes, señoras y señores, son animales castrados, y desde tiempos inmemoriales, destinados al sacrificio.

Aquel 27 fuimos pájaros, "pájaros pintados". Vos elegís.






“Yo soy como ese hombre que cada día, al levantarse, dice: Dios mío, haz que crea en Ti” - Eugène Ionesco

26 de noviembre de 1909 - Rumania

En 1952, Eugène Ionesco estrena su obra Las Sillas, en París. El padre del teatro del absurdo recibe un feroz varapalo por parte de la crítica parisina. Ionesco viaja entonces a Londres para un nuevo debut. Los críticos también tildan el estreno como fracaso estrepitoso.

Sin embargo, Ionesco persevera y tres años después rescata el montaje teatral, de nuevo, en París. En esta ocasión, los mismos críticos que vilipendiaron Las Sillas casi la consideran una obra maestra, tras “el éxito brutal” que tuvo en la capital francesa, según explica el actor argentino Rodolfo Cortizo, quien lleva años interpretando dicha función.

Metáfora de la incomunicación, la tragedia de Ionesco se adelantó al éxito del denominado teatro de vanguardia y fue representada por primera vez un año antes que la vanagloriada Esperando a Godot, de Samuel Beckett.

La historia de Las sillas, texto favorito de Ionesco, comienza una noche cuando un viejo y su esposa invitan a cenar a varios personajes insignes, pero imaginarios.

Los espectadores tienen que acostumbrarse así al diálogo irreal entre la pareja de ancianos con unas sillas vacías.Entra luego en escena el Orador (también imaginario), un extraño personaje que tiene la misión de comunicar, en nombre del viejo, un importante mensaje a la Humanidad.
La función culmina de manera trágica (y absurda) con la defenestración de ambos ancianos y el descubrimiento de que el Orador es sordomudo.

“Es una de las obras menos representadas de Ionesco, por la dificultad para los actores, que tienen que trabajar con 30 o 40 personajes inexistentes, a los que el público tiene que visualizar en las sillas vacías”, dice Cortizo.
Las Sillas, por tanto, es  “la peor obra” de Ionesco, según la crítica de su tiempo; aunque, claro, rectificar es de sabios.




Fragmento de "Las Sillas":

EL VIEJO. — Seamos modestos...contentémonos con poco...
LA VIEJA. — Quizás has destrozado tu vocación.
EL VIEJO (llora de pronto). — ¿La he destrozado? ¿La he roto?
|Ah! , ¿dónde estás mamá, mamá, dónde estás?... Ji, ji, ji ¡Soy huérfano! (Gime) Un huérfano...un huérfano...
LA VIEJA— Yo estoy contigo. ¿Qué temes?
EL VIEJO. — No, Semíramis, querida. Tú no eres mi mamá...Soy huérfano, huérfano. ¿Quién va a defenderme?
LA VIEJA. — ¡Pero yo estoy aquí, querido!
EL, VIEJO. — No es lo mismo...Yo quiero mi mamá, y tú no eres mi mamá.
LA VIEJA (acariciándole). — Me destrozas el corazón. No llores, querido.
EL VIEJO. — ¡Ji, ji! ¡Déjame, jji, ji! Me siento todo roto, me duele, mi vocación me duele, porque se ha roto.
LA VIEJA. — Cálmate. EL VIEJO (solloza con la boca muy abierta, como un bebé) — ¡Soy un huérfano... un huérfano...!
LA VIEJA (procura consolarlo, lo acaricia). — Mi huerfanito querido, me partes el corazón, huerfanito mío.
(Mece al VIEJO, que se ha puesto de rodillas).
EL. VIEJO (solloza). — ¡Ji, ji, jii! ¡Mi mamá! ¿Donde está mi
mamá? Ya no tengo mamá.
LA VIEJA. — Yo soy tu mujer y ahora soy tu mamá.
EL VIEJO (cediendo un poco). — No es cierto; soy huérfano. ¡Ji, Ji!
LA VIEJA (que sigue meciéndolo). — ¡Querido mío, mi huérfano, mi huerfanito, mi huerfanón!
EL VIEJO (todavía enfurruñado se deja hacer cada vez más). — No, no quiero...no...quiero.
LA VIEJA (canturreando). — Huérfano-lí, huérfano-lá, huérfano-lán, huérfano-lon.
EL VIEJO. — NO...O...O. NO...O...O.
LA VIEJA (lo mismo). — Li Ion lalá, li Ion la laira, huérfano-li, huérfano-lá, huérfano-lilalá.
El. VIEJO. — ¡Ji, ji, ji, ji! (Se sorbe los mocos y se calma un poco.) ¿Dónde está mi mamá?
LA VIEJA. — En el cielo florido...Te espera, te mira entre las flores. No llores, porque la harás llorar.
EL VIEJO. — No es cierto..., no me ve..., no me oye. Soy huérfano, en la vida, tú no eres mi mamá.

LA VIEJA (EL VIEJO está casi tranquilo). — Vamos, cálmate, no te pongas en ese estado... Posees enormes cualidades, mi mariscalito... Sécate las lágrimas. Los invitados vendrán esta noche y no deben verte así... No estás destrozado, no estás perdido. Les dirás todo, les explicarás; tienes un mensaje...Dices siempre que se lo dirás...Tienes que vivir, tienes que luchar por tu mensaje.
EL VIEJO. — Tengo un mensaje, es verdad, y lucho. "Tengo una misión, tengo algo en el vientre, un mensaje que comunicar a la humanidad, a la humanidad...
LA VIEJA. — A la humanidad, querido, tu mensaje
EL VIEJO. — Es cierto, cierto.
LA VIEJA (le limpia los mocos al VIEJO y le enjuga las lágrimas). — ¡Ajá! Eres un hombre, un soldado, un mariscal-conserje.
EL VIEJO (ha dejado las rodillas de LA VIEJA, y se pasea a pasitos, agitado). — Yo no soy como los otros, tengo un ideal en la vida. Quizá tenga talento, como tú dices; tengo talento, pero no facilidad. He desempeñado bien mi puesto de conserje, he estado siempre a la altura de la situación, honorablemente, y eso podría ser suficiente...
LA VIEJA.— No para ti. Tú no eres como los otros, eres mucho más grande, y, no obstante, habrías hecho mucho mejor si te hubieras puesto de acuerdo, como todos, con todos Has discutido con todos tus amigos, con todos los directores, con todos los mariscales, con tu hermano.

EL VIEJO. — No es culpa mía, Semíramis. Sabes muy bien que dijo.
LA VIEJA. — ¿Qué dijo?
EL VIEJO. — Dijo: "Amigos míos, tengo una pulga. Os visito con la esperanza de dejar la pulga en vuestra casa”.
LA VIEJA. — Son cosas que se dicen, querido. No debías haber hecho caso. ¿Pero por qué te enojaste con Carel? ¿Fue también por culpa de él?
EL VIEJO. — Me vas a enojar, me vas a enojar, querida. Por supuesto, él tuvo la culpa. Vino una noche y dijo: "Les deseo buena suerte. Debería decirles la palabra que trae la buena suerte, pero no la digo, la pienso". Y se rió como un becerro.
LA VIEJA. — Lo dijo con buena intención, querido. En la vida hay que ser menos delicado.
EL VIEJO. — No me gustan esas bromas.
LA VIEJA. — Habrías podido ser marino jefe, ebanista jefe, rey de orquesta jefe.
(Largo silencio. Permanecen un tiempo inmóviles, muy rígidos en sus sillas).
EL VIEJO (como en sueños). — Era en el extremo del extremo del jardín... Allí estaba... allí estaba... ¿Qué era lo que estaba, querida?
LA VIEJA — ¡La ciudad de París!
EL VIEJO. — En el extremo, en el extremo del extremo de París había... ¿Qué era lo que había?
LA VIEJA. — ¿Qué era lo que había, querido, qué era lo que había?
EL VIEJO. — Había un lugar, un tiempo exquisito...
LA VIEJA. — ¿Tú crees que era un tiempo tan bueno?
EL VIEJO. — No recuerdo el lugar...
LA VIEJA. — No te canses la cabeza.
EL VIEJO. — Está demasiado lejos. Ya no puedo... alcanzarlo... ¿Dónde estaba?
LA VIEJA. — ¿Pero qué?
EL VIEJO. — Lo que yo...lo que yo... ¿Dónde estaba? ¿Y qué era?
LA VIEJA. — Donde quiera que sea, yo te seguiré a todas partes; te seguiré, querido.
EL VIEJO. — ¡Me cuesta tanto expresarme! Tengo que decirlo todo.
LA VIEJA. — Es un deber sagrado. No tienes derecho a callar tu mensaje. Tienes que revelárselo a los hombres, lo esperan. El universo sólo te espera a ti.
EL VIEJO. — Sí, sí lo diré.
LA VIEJA — ¿Estás completamente decidido? Es necesario.
EL VIEJO. — Bebe tu té.
LA VIEJA. — Habrías podido ser un orador jefe si hubieses tenido más voluntad en la vida...Me siento orgullosa, me siento orgullosa de que por fin te hayas decidido a hablar a todos los países, a Europa y a todos los continentes.
EL VIEJO — ¡Ay, me cuesta tanto expresarme! No tengo facilidad.
LA VIEJA. — La facilidad viene comenzando, como la vida y la muerte. Basta con decidirse. Hablando es como se encuentran las ideas, las palabras, y luego a nosotros mismos, en nuestras propias palabras. Y también se encuentra la ciudad, el jardín; tal vez se encuentra todo, y ya no se es huérfano.
EL VIEJO. — No seré yo quien hablará. He contratado a un orador profesional, y él hablará en mi nombre. Verás.
LA VIEJA. — Entonces, ¿será verdaderamente esta noche? ¿Al menos ha convocado a todos, a todos los personajes, a todos los propietarios y todos los sabios?
EL VIEJO: — Sí, a todos los propietarios y todos los sabios.

(Silencio)

LA VIEJA. — ¿A los guardianes, los obispos, los químicos, los caldereros, los violinistas, los delegados, los presidentes, los policías, los comerciantes, los edificios, las lapiceras, los cromosomas?
EL VIEJO. — Sí, sí, y a los carteros, los posaderos, los artistas, a todos los que son un poco sabios, un poco propietarios.
LA VIEJA. — ¿Ya los banqueros?
EL VIEJO. — Los he convocado.
LA VIEJA. — ¿Ya los proletarios, los funcionarios, los militares, los revolucionarios, los reaccionarios, los alienistas y los alienados?
EL VIEJO. — Sí, sí, a todos, a todos, pues todos somos sabios o proletarios.
LA VIEJA. — No te pongas nervioso, querido. No quiero molestarte. Eres muy negligente, como todos los grandes genios. Esa reunión es importante y es necesario que vengan todos esta noche. ¿Puedes contar con ellos? ¿Lo han prometido?

EL VIEJO. — Bebe tu té, Semíramis.
(Silencio).
LA VIEJA. — ¿Y el Papa, las papas y los papeles?
EL VIEJO. — Los he convocado. (Silencio.) Voy a comunicarles el mensaje... Durante toda mi vida he sentido que me ahogaba.
Ahora lo sabrán todo, gracias a ti y al orador. Sólo vosotros me habéis comprendido.
LA VIEJA. — Me siento tan orgullosa de ti...
EL VIEJO. — La reunión se realizará dentro de unos instantes.
LA VIEJA. — Entonces, ¿es cierto que van a venir esta noche? No sentirás deseos de llorar, pues los sabios y los propietarios reemplazan a los papas y las mamas. (Silencio.) ¿No se podría aplazar la reunión? ¿No nos va a fatigar demasiado?

(Agitación más acentuada. Desde hace algunos instantes EL VIEJO da vueltas, a pasitos indecisos, de anciano o de niño, alrededor de LA VIEJA. .Ha podido dar uno o dos pasos hacia una del las puertas, y luego volver a girar en torno.)
EL VIEJO. — ¿Crees de veras que eso podría fatigarnos?
LA VIEJA. — Estás un poco resfriado.
EL VIEJO. — ¿Y cómo se podría anular la reunión?
LA VIEJA. — Invitémoslos para otra noche. Podrías telefonear.
EL VIEJO. — ¡Dios mío, ya no puedo! Es demasiado tarde. ¡Ya le habrán embarcado!
LA VIEJA. — Debías haber sido más prudente.
(Se oye el deslizamiento de una barca en el agua).
EL VIEJO. — Creo que vienen ya. (Se oye más fuertemente el ruido que hace la barca al deslizarse en el agua). ¡Sí, vienen! (Se levanta también y avanza rengueando).





"Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro 
sirvan para algo, será para enseñar a la gente 
que hay actividades que no sirven para nada 
y que es indispensable que las haya".


"Ninguna sociedad ha sido capaz
de suprimir  
la tristeza humana,
ningún sistema político puede librarnos del dolor de vivir,
de nuestro miedo a la muerte, la sed de lo absoluto.
Es la condición humana que dirige la condición social,
no al revés".