lunes, 20 de julio de 2015

"Si no es amor, qué es esto"- Francisco Petrarca

20 de julio de 1304- Italia



















Soneto a Laura


Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo;
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo.

Veo sin ojos y sin lengua grito;
y pido ayuda y parecer anhelo;
a otros amo y por mí me siento odiado.

Llorando grito y el dolor transito;
muerte y vida me dan igual desvelo;
por vos estoy, Señora, en este estado.

Versión de Jorge A. Piris

De: amediavoz.com


     
   

domingo, 19 de julio de 2015

“Mi herencia se llama añoranza”- Erik Axel Karlfeldt


















Soy una voz que canta en amplias, despobladas llanuras,
donde no escucha oreja alguna, donde no hay tornavoces.
Soy una llama que se escapa sobre el mar en las noches negras,
un fuego antojadizo que se disipa enseguida en la oscuridad; junto a mi
[madre.


Soy una hoja vagabunda en un amplio espacio otoñal,
mi vida es un juego en el grupo de todos los vientos.
Si me paro sobre una montaña, si me asfixio en un agujero,
no lo sé, ni me importa, ni lo puedo evitar.


De “Flora y Pomona y otros Poemas”; Biblioteca Premios Nobel.
Ediciones Rueda.


En: www.vorem.com

20 de julio de 1864- Suecia
Poeta y docente.

sábado, 18 de julio de 2015

“Sí hubo abuso contra personas homosexuales en los años 60, 70 y 80”.- Mariela Castro Espín

16 de julio de 1943- Cuba



















Esta casa siempre ha sido un infierno. Antes de que todo el mundo se muriera ya aquí solamente se hablaba de muertos y más muertos. Y abuela era la primera en estar haciendo cruces en todos los rincones. Pero cuando las cosas se pusieron malas de verdad fue cuando a Celestino le dio por hacer poesías. ¡Pobre Celestino! Yo lo veo ahora, sentado sobre el quicio de la sala y arrancándose los brazos.

¡Pobre Celestino! Escribiendo. Escribiendo sin cesar, hasta en los respaldos de las libretas donde el abuelo anota las fechas en que salieron preñadas las vacas. En las hojas de maguey y hasta en los lomos de las yaguas, que los caballos no llegaron a tiempo para comérselas.

Escribiendo. Escribiendo. Y cuando no queda ni una hoja de maguey por enmarañar. Ni el lomo de una yagua. Ni las libretas de anotaciones del abuelo: Celestino comienza a escribir entonces en los troncos de las matas.

«Eso es mariconería», dijo mi madre cuando se enteró de la escribidera de Celestino. Y ésa fue la primera vez que se tiró al pozo.

«Antes de tener un hijo así, prefiero la muerte.» Y el agua del pozo subió de nivel.

¡Qué gorda era entonces mamá! Sí que era gorda. Y el agua, al ella zambullirse, subía y subía. ¡Si tú hubieras visto!: yo fui corriendo al pozo y pude lavarme las manos en el agua, y, sin inclinarme casi, bebí, estirando un poco el cuello. Y luego empecé a beber utilizando las manos como si fueran jarros. ¡Qué fresca y qué clara estaba el agua! A mí me encanta mojarme las manos y beber en ellas. Igual que hacen los pájaros. Aunque claro, como los pájaros no tienen manos, se la toman con el pico... ¿Y si tuvieran manos y fuéramos nosotros los equivocados?... Yo no sé ni qué decir. Como las cosas en esta casa andan tan mal: yo no sé, a la verdad, ni en qué pensar. Pero, de todos modos, pienso. Pienso. Pienso... Y ya Celestino se me acerca de nuevo, con todas las yaguas escritas bajo el brazo, y los lápices de carpintería clavados en mitad del estómago.

-¡Celestino! ¡Celestino!
-¡El hijo de Carmelina se ha vuelto loco!
-¡Se ha vuelto loco! ¡Se ha vuelto loco!
-Está haciendo garabatos en los troncos de las matas.
-¡Está loco de remate!
-¡Qué vergüenza! ¡Dios mío! ¡A mí nada más me pasan estas cosas!
-¡Qué vergüenza!

Fuimos al río. Las voces de los muchachos se fueron haciendo cada vez más gritonas. A él lo sacaron del agua y le dijeron que se fuera a bañar con las mujeres. Yo salí también detrás de Celestino y entonces los muchachos me cogieron y me dieron ocho patadas contadas: cuatro en cada nalga. Yo tenía deseos de llorar. Pero él lloró también por mí.

Y nos cogió la noche en mitad del potrero. Así, de pronto, llega la noche en estos lugares. Cuando menos uno se lo imagina, nos sorprende. Nos envuelve, y luego no se va. Casi nunca aquí amanece. Aunque, desde luego, mucha gente dice que sale el sol. Yo también lo digo de vez en cuando. De vez en cuando. De vez en cuando. De...


De: Celestino antes del alba en Antes que anochezca
Tusquets Editores



En los últimos años de su vida, al descubrir que en la geografía no existe un lugar para él y, consciente de su cuerpo indeseable, viejo y gastado por la enfermedad, Arenas se traslada al espacio del texto para reclamarlo como su hábitat, su única posibilidad de traspasar las fronteras geográficas y físicas. Para revivirse e inventarse decide, a través de Antes que anochezca, regresar a la geografía del pasado (Cuba) y a la historia de su cuerpo. Para el escritor cubano la literatura se convierte en lo que Gilles Deleuze llama "una iniciativa de salud"(1993), es decir, la invención de un tiempo y un espacio que falta. Ante el vacío del propio cuerpo, confrontando en el exilio la fatiga y el desprecio por un territorio completamente ajeno, el texto como recuperación del pasado es intersticio donde oculta la decadencia del cuerpo.

De: Reinaldo Arenas: El exilio y el SIDA escritos sobre un cuerpo - Margarita María Sánchez
En: https://pendientedemigracion.ucm.es


jueves, 16 de julio de 2015

“La esencia misma de la literatura es la guerra entre la emoción y el intelecto, entre la vida y la muerte. Cuando la literatura se convierte en demasiado intelectual - cuando comienza a ignorar las pasiones, las emociones - se vuelve estéril, tonta, y en realidad sin sustancia”.- Isaac Bashevis Singer

14 de julio de 1904- Polonia
Escritor.
Defensor del vegetarianismo.


LA NIEVE DE CHELM


Chelm era una aldea de tontos: tontos jóvenes y tontos viejos. Una noche alguien espió a la luna, que se reflejaba en un barril de agua. La gente de Chelm imaginó que había caído allí. Sellaron el barril para que la luna no se escapara. Cuando a la mañana destaparon el barril y comprobaron que la luna ya no estaba allí, los aldeanos concluyeron que había sido robada. Llamaron a la policía, y, cuando el ladrón no pudo ser hallado, los tontos de Chelm lloraron y gimieron.
De todos los tontos de Chelm, los más famosos eran los siete ancianos. Como eran los tontos más rematados y más viejos, gobernaban en Chelm. De tanto pensar, tenían las barbas blancas y las frentes muy anchas.
Una vez, durante toda una noche de Hannukkah, la nieve no cesó de caer. Cubrió todo Chelm como un manto de plata. La luna brilló, las estrellas titilaron, y la nieve relució como perlas y diamantes.
Esa noche los siete ancianos estaban sentados y reflexionando, mientras arrugaban sus frentes. La aldea necesitaba dinero, y no sabían cómo obtenerlo. De repente, el más anciano de ellos, Groham el Gran Tonto, exclamó:
–¡La nieve es plata!
–¡Veo perlas en la nieve! –gritó otro.
–¡Y yo veo diamantes! –agregó un tercero.
Para los ancianos de Chelm estaba claro que había caído un tesoro del cielo.
Pero pronto comenzaron a preocuparse. A la gente de Chelm le gustaba caminar, y ciertamente terminarían por pisotear el tesoro. ¿Qué se podía hacer? El tonto Tudras tuvo una idea.
–Enviemos un mensajero que golpee en todas las ventanas y comunique a todos que deben permanecer en sus casas hasta que se hayan recogido la plata, las perlas y los diamantes.
Durante un rato los ancianos quedaron satisfechos. Se restregaron las manos y aprobaron la astuta idea. Pero entonces Lekisch el memo hizo notar con aflicción:
–El mensajero mismo pisoteará el tesoro.
Los ancianos comprendieron que Lekisch tenía razón, y otra vez arrugaron las frentes en un esfuerzo por solucionar el problema.
–¡Ya lo tengo! –exclamó Shmerel el Buey.
–Dinos, dinos –rogaron los ancianos.
–El mensajero no debe ir a pie. Debe ser transportado sobre una mesa, para que sus pies no toquen la preciosa nieve.
Todos quedaron encantados con la solución de Shmerel el Buey, y los ancianos, batiendo palmas, admiraron su sabiduría.
Los ancianos enviaron inmediatamente a alguien a la cocina a buscar a Gimpel, el chico de los recados, y lo pusieron sobre una mesa. Y ahora ¿quién habría de transportar la mesa? Fue una suerte que en la cocina estuvieran Treitle el cocinero, Berel el pelador de patatas, Yukel el mezclador de ensaladas, y Yontel, que cuidaba a la cabra de la comunidad. Se les ordenó a los cuatro que llevaran la mesa en la que Gimpel se había puesto de pie. Cada uno sostuvo una pata. Arriba estaba Gimpel con un martillo de madera, para golpear en las ventanas de los aldeanos. Entonces salieron.
En cada ventana Gimpel golpeaba y decía:
–Nadie debe salir de casa esta noche. Ha caído un tesoro del cielo y está prohibido pisarlo.
La gente de Chelm obedeció a los ancianos y permaneció en sus casas durante toda la noche. Entretanto los propios ancianos se sentaron, tratando de imaginar cómo harían mejor uso del tesoro, una vez que lo recogieran.
El tonto Tudras propuso que lo vendieran y compraran una gansa que pusiera huevos de oro. Así la comunidad tendría unos ingresos fijos. Lekisch el memo tuvo otra idea. ¿Por qué no comprar anteojos que hicieran parecer más grandes todas las cosas a los habitantes de Chelm? Las casas, las calles y las tiendas parecerían más grandes, y desde luego, si Chelm parecía más grande, pues entonces sería más grande. Ya no sería una aldea, sino una gran ciudad.
Surgieron otras ideas igualmente ingeniosas. Pero mientras los ancianos sopesaban sus diversos planes, llegó la mañana y brilló el sol. Miraron por la ventana y, caramba, vieron que la nieve había sido pisoteada. Las pesadas botas de los porteadores de la mesa habían destruido el tesoro.
Los ancianos de Chelm se acariciaron sus blancas barbas y admitieron que habían cometido un error. ¿Quizás, razonaron, otras cuatro personas debían haber llevado a los cuatro hombres que llevaron la mesa en la que estaba Gimpel, el chico de los recados?
Tras largas deliberaciones los ancianos decidieron que, si durante el próximo Hannukkah llegaba a caer otro tesoro del cielo, eso era exactamente lo que habrían de hacer.
Aunque los aldeanos se quedaron sin tesoro, estaban llenos de esperanzas para el año siguiente y elogiaron a los ancianos, con quienes sabían que se podía contar para encontrar una solución, por muy difícil que fuera el problema.



De: http://narrativabreve.com














“En relación con los animales, toda la gente es nazi;
 
para los animales, esto es un eterno Treblinka”


miércoles, 15 de julio de 2015

“Nadie te dará fuerzas para entrar en la noche”.- Natalia Levi o Natalia Ginzburg

14 de julio de 1916- Italia
Escritora y política.

Los zapatos rotos


Yo llevo rotos los zapatos y la amiga con la que vivo en este momento también lleva rotos los zapatos. Si le hablo del tiempo en que yo seré una vieja escritora famosa, ella inmediatamente me pregunta: «¿Qué zapatos llevarás?» Entonces yo le digo que llevaré zapatos de gamuza verde, con una gran hebilla de oro a un lado.
Yo pertenezco a una familia en la que todos llevan zapatos buenos y nuevos. Mi madre, incluso, tuvo que encargar que le hicieran un armarito especial para guardar los zapatos: tantos eran los que tenía. Cuando vuelvo con ellos, lanzan gritos de indignación y de dolor a la vista de mis zapatos.
Pero yo sé que también con los zapatos rotos se puede vivir. En el período alemán me encontraba aquí, en Roma, sola, y no tenía más que un par de zapatos. Si se los hubiera enviado al zapatero, me habría tenido que quedar dos o tres días en la cama, cosa que no me era posible. Por tanto, seguí llevándolos y, para colmo, llovió: notaba cómo se iban deshaciendo lentamente, cómo se volvían blandos e informes, y sentía el frío del empedrado en las plantas de los pies. Es por eso por lo que también ahora llevo siempre los zapatos rotos: me acuerdo de aquellos y no me parecen ya tan rotos por comparación, y cuando tengo dinero prefiero gastarlo en otra cosa, porque los zapatos no son ya para mí algo esencial. Fui mimada al principio por la vida, siempre rodeada de un afecto tierno y vigilante, pero aquel año en Roma estuve sola por primera vez, y por eso Roma me es tan querida, aunque está cargada de historia para mí, cargada de recuerdos angustiosos y de algunas pocas horas dulces. También mi amiga lleva los zapatos rotos, y por eso nos sentimos a gusto juntas. Mi amiga no tiene a nadie que le reproche los zapatos que lleva; sólo tiene un hermano que vive en el campo y que se pasea con botas de cazador. Ella y yo sabemos lo que pasa cuando llueve y las piernas están desnudas y mojadas, y en los zapatos entra el agua, y se produce ese pequeño rumor a cada paso, esa especie de chapoteo.
Mi amiga tiene una cara pálida y viril, y fuma en una boquilla negra. Cuando la vi por primera vez, sentada a una mesa, con sus gafas de montura de tortuga y su rostro misterioso y desdeñoso, con su boquilla negra entre los dientes, pensé que parecía un general chino. Entonces no sabía que llevaba los zapatos rotos. Lo supe más tarde.
Nos conocemos sólo desde hace unos meses, pero es como si nos conociéramos desde hace muchos años. Mi amiga no tiene hijos; yo, por el contrario, sí los tengo, y esto es extraño para ella. Jamás los ha visto sino en fotografías, pues viven en provincias con mi madre, y también el que ella no haya visto jamás a mis hijos resulta extrañísimo entre nosotras. En cierto sentido, ella no tiene problemas, puede ceder a la tentación de mandarlo todo a freír espárragos; yo no puedo. Así pues, mis hijos viven con mi madre, y hasta ahora no llevan los zapatos rotos. Pero ¿cómo serán de hombres? Quiero decir: ¿qué zapatos llevarán de hombres? ¿Qué camino elegirán para sus pasos? ¿Decidirán excluir de sus deseos todo lo que es agradable pero no necesario, o afirmarán que todas las cosas son necesarias y que el hombre tiene derecho a llevar los pies dentro de zapatos buenos y nuevos?
Mi amiga y yo hablamos largamente de esto, y de cómo será el mundo entonces, cuando yo sea una vieja escritora famosa y ella vaya por el mundo con su mochila a la espalda, como un viejo general chino, y mis hijos vayan por su camino, con los zapatos nuevos y buenos y el paso firme de quien no renuncia, o con los zapatos rotos y el paso largo e indolente de quien sabe lo que no es necesario.
A veces combinamos matrimonios entre mis hijos y los hijos de su hermano, el que se pasea por el campo con botas de cazador. Hablamos de estas cosas hasta muy entrada la noche y bebemos té negro y amargo. Tenemos un colchón y una cama, y cada noche echamos a cara o cruz para ver cuál de las dos dormirá en la cama. Por la mañana, al levantarnos, nuestros zapatos rotos nos esperan sobre la alfombra.
Mi amiga dice a veces que está harta de trabajar y que le gustaría mandarlo todo a freír espárragos. Quisiera encerrarse en una taberna para beberse todos sus ahorros, o bien meterse en la cama y no volver a pensar en nada y dejar que vengan a cortarle el gas y la luz, dejar que todo se vaya a la deriva poco a poco. Dice que lo hará cuando yo me marche. Porque nuestra vida en común durará poco: yo me marcharé pronto y volveré a casa de mi madre, con mis hijos, una casa en la que no me estará permitido llevar los zapatos rotos. Mi madre me cuidará, me impedirá usar alfileres en vez de botones y escribir hasta las tantas de la noche. Y yo, a mi vez, cuidaré a mis hijos, venciendo la tentación de mandarlo todo a freír espárragos. Volveré a ser grave y maternal, como siempre me ocurre cuando estoy con ellos, una persona distinta de esta de ahora, una persona a la que mi amiga no conoce en absoluto.
Miraré el reloj y tendré en cuenta la hora, estaré vigilante y atenta en todas las cosas, y me preocuparé de que mis hijos tengan los pies siempre secos y calientes, porque sé que así debe ser si se puede, al menos en la infancia. Más aún, acaso, para aprender luego a andar con los zapatos rotos, es conveniente llevar los pies secos y calientes cuando se es niño.


De: apuntesdelechuza.files.wordpress.com



 “Hasta leer resulta difícil hoy en la América latina. Es natural. En un mismo país hay dos mundos, el primero, cada vez más pequeño y más rico, y el tercero, cada vez más pobre y numeroso."
Natalia Ginzburg


sábado, 11 de julio de 2015

“...nuestra sabiduría empieza donde la del autor termina...”- Marcel Proust


10 de julio de 1871- Francia

COMO A LA LUZ DE LA LUNA

“Ya era de noche. Me fui a mi cuarto, ansioso de estar ahora en la oscuridad sin ver ya el cielo, el campo y el mar brillando bajo el sol. Pero cuando abrí la puerta encontré la habitación iluminada como en la puesta de sol. Por la ventana veía la casa, el campo, el cielo y el mar, o más bien me parecía <<volver a verlo en sueños>>; la dulce luna me lo recordaba más que mostrármelo, difundiendo sobre su silueta un pálido esplendor que no disipaba la oscuridad, adensada como un olvido sobre su forma. Y pasé horas mirando en el patio el recuerdo mudo, vago, encantado y empalidecido de las cosas que, durante el día, me habían complacido o me habían desagradado, con sus gritos, sus voces o su zumbido.

El amor se había extinguido, tengo miedo en el umbral del olvido; mas he aquí, como a la luz de la luna, un poco pálidos, muy cerca de mí y sin embargo lejanos y ya pálidos, todos mis goces pasados y todas mis penas curadas, que me miran y se callan. Su silencio me enternece, a la vez que su lejanía y su palidez indecisa me embriagan de tristeza y de poesía. Y no puedo dejar de mirar ese claro de luna interior. “

De: “Los placeres y los días” (1896)

En: https://losversosdedavid.wordpress.com


“Dicen que el hombre no es hombre, mientras no escuche su nombre, de labios de una mujer..." - Nicolás Guillén

















TENGO


Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.

Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
¡es un ejemplo¿
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.

Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.

Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
no country,
no jailáif,
no tennis y no yatch,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.

Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reír.

Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.

Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.


De: http://www.los-poetas.com




miércoles, 8 de julio de 2015

"¡Noche, envuélvenos en tu calma, a nosotros, los que andamos solos"- Verner von Heidenstam


6 de julio de 1859- Suecia














Patios durmientes

El camino serpentea blanco y desierto
entre los patios silenciosos de la noche.
Todo lo funesto, aún por suceder,
duerme profunda y quietamente.
Tragedia, vigilia, tiempos de desgracia,
todo vendrá, rumor de coche fúnebre,
jóvenes envejecen, granjas desaparecen.
¡Noche, envuélvenos en tu calma,
a nosotros, los que andamos solos,
envuelve nuestros días venideros!




La joya

La dicha es una joya femenina.
Dioses estrictos y fieros destinos,
una pieza de pan que se termina,
así es la vida para los hombres.



De: http://www.periodicodepoesia.unam.mx



sábado, 4 de julio de 2015

"... qué sabes tú de los dolores que hay en mí..."- Franz Kafka

3 de julio de 1883- República Checa

A. ¡Sé sincero! ¿Cuándo podrás sentarte otra vez como hoy, frente a una cerveza, con alguien que te escucha? ¡Sé sincero! ¿En qué consiste tu poder?

B. ¿Tengo acaso poder? ¿En qué tipo de poder estás pensando?

A. Me quieres desviar del tema, tú, alma insincera. Quizá tu poder consiste precisamente en tu insinceridad.

B. ¡Mi poder! Porque estoy aquí sentado, en esta pequeña fonda, y he encontrado a un antiguo compañero de colegio que me acompaña, por eso ya soy poderoso.

A. Entonces lo enfocaré de otra manera. ¿Te consideras poderoso? Pero ahora responde con sinceridad, si no me levanto y me voy a casa. ¿Te consideras poderoso?

B. Sí, me considero poderoso.

A. Bien, ya ves.

B. Pero ése es un asunto privado. Nadie ve una huella de ese poder, ni un grano, ni siquiera yo.

A. Pero te consideras poderoso. ¿Por qué te consideras entonces poderoso?

B. No es del todo correcto decir: «me considero poderoso.» Eso sería soberbia. Tal y como estoy aquí sentado, viejo, sucio y abandonado al vicio, no me considero poderoso. El poder en el que creo no es ejercido por mí, sino por otros y estos otros se someten a mí. Este hecho, naturalmente, me avergüenza mucho y no hace en absoluto que me sienta orgulloso. O soy un sirviente, al que grandes señores han hecho su señor por capricho, entonces estaría todavía bien, entonces todo sería apariencia, o he sido realmente destinado a ser su señor; qué podría hacer yo en ese caso, un pobre viejo desamparado. Soy incapaz de llevar el vaso sin temblar desde la mesa hasta mis labios y ahora debería regir las tormentas o el océano.

A. Ya ves lo poderoso que eres y lo querías callar. Pero se te conoce. Aunque siempre te sientas solo en una esquina, todos los contertulios te conocen.

B. Sí, bien, los contertulios saben mucho. Yo sólo oigo fragmentos de sus conversaciones, pero lo que oigo constituye toda mi información y confianza.

A. ¿Cómo? Después de lo que escuchas aquí, ¿no gobiernas acaso?

B. No, seguro que no. ¿Perteneces por casualidad a los que creen que yo gobierno?

A. Lo acabas de decir.

B. ¿He podido decir algo semejante? No, yo sólo dije que me considero poderoso, pero que no ejerzo ese poder. No lo puedo ejercer, pues aunque mis ayudantes están aquí, no ocupan sus puestos y nunca los ocuparán. Son negligentes, en todos los lugares a los que no pertenecen andan vagando por ahí, desde todas partes dirigen sus ojos hacia mí, yo lo permito todo y asiento con la cabeza. ¿No tengo derecho, por tanto, a decir que no soy poderoso? Y no me considero insincero.

En: Fragmentos póstumos

De: www.medellindigital.gov.co




“Estamos abandonados como niños extraviados en el bosque. Cuando permaneces ante mí y me miras, qué sabes tú de los dolores que hay en mí y qué sé yo de los que hay en ti. Y si yo me arrojara a tus pies y llorara y te contara, qué sabrías más de mí que del infierno, si alguien te hubiese dicho que allí hace calor y es un lugar espantoso. Sólo por eso los seres humanos deberíamos mostrarnos entre nosotros tan respetuosos, tan pensativos y amantes como si estuviéramos ante las puertas del infierno”.
FRANZ KAFKA

jueves, 2 de julio de 2015

Emil Sinclair o... Hermann Hesse




2 de julio de 1877- Imperio Alemán
Novelista, ensayista y poeta.

Lobo estepario


Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.

Versión de Andrés Holguín

De: amediavoz.com


Su famosa novela.









"Santa María soy yo"- Juan Carlos Onetti


















1º de julio de 1909- Uruguay

















Balada del ausente


Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.


Juan Carlos Onetti

De: http://www.onetti.net