domingo, 3 de septiembre de 2017

“En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas”.- Julio Cortázar



Capítulo 7

    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

    Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

De: Rayuela

En: http://www.literaberinto.com


26 de agosto de 1914





jueves, 24 de agosto de 2017

“Cada poema un pájaro que huye del sitio señalado por la plaga”. - Álvaro Mutis

25 de agosto de 1923- Colombia
Acusado de fraude por la Standart Oil, la Esso colombiana, 
Mutis fue recluido 15 meses 
en la celda 52 de la crujía I del Penal de Lecumberri.

“Conozco México mejor porque estuve en Lecumberri” - Álvaro Mutis
Por: Elena Poniatowska

Si no hubieras estado en el Palacio Negro de Lecumberri, ¿habrías escrito siete novelas?
–Bueno, no sólo no habría escrito las siete novelas, sino ninguna otra cosa. En la cárcel tú llegas al final de la cuerda; todo lo que sucede en la cárcel es verdad absoluta. Ahí no tienes lugar especial, ni por tu posición social, ni por tu condición de escritor; pierdes todos tus privilegios, y eso es muy sano… Estás frente a la nada, no sabes qué va a ser de ti. Y para quien viene de un país extranjero, la única manera de conocer a fondo un país es una experiencia como ésa. Yo no me quejo para nada, aunque desde luego que no hubiera querido tener nunca esa vivencia.

–¿Antes de entrar a Lecumberri qué habías escrito?
–Había publicado Los elementos del desastre, Reseña de los hospitales de ultramar, La balanza y tenía mucho poema suelto que no había reunido. Pero es a partir de que empiezo a escribir La nieve del almirante –publicada en 1986– cuando se empezó a destilar, a reproducirse, una cantidad de material que se fue convirtiendo en las otras seis novelas. Me di cuenta de que esas novelas las podía hacer porque había vivido la experiencia de Lecumberri. Después de Lecumberri, también salieron publicados ocho libros de poesía: Los trabajos perdidos, Los emisarios, Crónica regia y alabanza del reino, Un homenaje, Siete nocturnos… Nunca quise volver a escribir sobre la experiencia de la cárcel, porque sentía que iba a mentir; tú sabes que la experiencia real, a medida que va pasando el tiempo, uno la va transfigurando (tuve la tentación de decir enriqueciendo, pero puede ser también empobreciendo). Jamás he vuelto a tocar el tema. Eso sí, puede que en algunas de las novelas haya un mundo de picaresca o que en el carácter, en la sicología o en la conducta de Maqroll, El Gaviero, haya material de alguien que ha conocido el submundo del hampa.

“Cuando encuentras un hombre que ha cometido varios homicidios brutales, conversas con él y te cuenta de sus hijos, tiene contigo detalles de afecto, se te abren los ojos del alma y te das cuenta de que estás con una persona que es como tú. Esa lección no hay con qué pagarla. No te digo que te haga mejor o que te haga más feliz, pero sí te enriquece. Una cosa que yo aprendí a partir de Lecumberri es que ningún hombre tiene el derecho de juzgar a nadie. Finalmente, todas las leyes, todos los códigos, todos los decretos, todos los reglamentos acaban siendo de una gran injusticia. Mira, te voy a contar una anécdota: estaba yo un día en una tienda departamental, aquí en México, y de pronto se me acerca un policía y me dice: ‘¡Quihubo, mi Mayor!’ Era un compañero mío de la crujía H, cuando yo fui ‘Mayor’ de la crujía. Era una fiera, listo como no te imaginas. Su especialidad era el robo en casas, (esos ladrones se llaman ‘zorreros’). Y le dije: ‘¿Y tú qué haces aquí?’ Me dijo: ‘Pues aquí trabajando’, ‘¿Cómo entraste?’ ‘Pues ahí con unos papeles, ya sabe usté”. Pensé yo: ‘Este hombre fue juzgado por robo y ahora el es el que atrapa al que roba’”.

–Y cuando te sucedió lo de Lecumberri, ¿tú pensaste en algún momento en que era irrevocable?
–Sí. Me cayó la justicia encima, me cambió la ley. Me sentí acorralado, cercado, pero pocas semanas después me fui dando cuenta, a medida que recibía cartas y visitas que no estaba solo.


 En: http://www.jornada.unam.mx


Soledad

En mitad de la selva, en la más oscura noche de los grandes árboles, rodeado del húmedo silencio esparcido por las vastas hojas del banano silvestre, conoció el Gaviero el miedo de sus miserias más secretas, el pavor de un gran vacío que le acechaba tras sus años llenos de historias y de paisajes. Toda la noche permaneció el Gaviero en dolorosa vigilia, esperando, temiendo el derrumbe de su ser, su naufragio en las girantes aguas de la demencia. De estas amargas horas de insomnio le quedó al Gaviero una secreta herida de la que manaba en ocasiones la tenue linfa de un miedo secreto e innombrable. La algarabía de las cacatúas que cruzaban en bandadas la rosada extensión del alba, lo devolvió al mundo de sus semejantes y tornó a poner en sus manos las usuales herramientas del hombre. Ni el amor, ni la desdicha, ni la esperanza, ni la ira volvieron a ser los mismos para él después de su aterradora vigilia en la mojada y nocturna soledad de la selva.

De: Biblioteca Digital Ciudad Seva







“Enseñar la Poesía como Felicidad Obligatoria”- Jorge Luis Borges


24 de agosto de 1899


Conferencia: ¿Qué es la Poesía?
Caricatura de Jaime Clara
en Arte & Caricaturas 

miércoles, 23 de agosto de 2017

"Hay solo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro."- Ray Bradbury

22 de agosto de 1920- Estados Unidos

-¿Qué le pasa? -le pregunté.

El hombre me respondió desabotonándose lentamente el cuello apretado. Cerró los ojos, y con movimientos muy lentos se abrió la camisa. Luego, con la punta de los dedos, se tocó la piel.
-Es curioso -dijo con los ojos todavía cerrados-. No se las siente, pero están ahí. No dejo de pensar que algún día miraré y ya no estarán. Camino al sol durante horas, en los días más calurosos, cocinándome y esperando que el sudor las borre, que el sol las queme; pero llega la noche, y están todavía ahí.
El hombre ilustrado volvió hacia mí la cabeza, mostrándome el pecho.
-¿Están todavía ahí? -me preguntó.
Durante unos instantes no respiré.
-Si -dije-, están todavía ahí.
Las ilustraciones.
-Me cierro la camisa a causa de los niños -dijo el hombre abriendo los ojos-. Me siguen por el campo. Todo el mundo quiere ver las imágenes, y sin embargo nadie quiere verlas.
El hombre se sacó la camisa y la apretó entre las manos. Tenía el pecho cubierto de ilustraciones, desde el anillo azul, tatuado alrededor del cuello, hasta la línea de la cintura.
-Y así en todas partes -me dijo adivinándome el pensamiento-. Estoy totalmente tatuado. Mire.
Abrió la mano. En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una ilustración.

De: El Hombre ilustrado


domingo, 20 de agosto de 2017

Un hombre especial: Juan Gutiérrez. Éste es un momento crucial para escucharlo.


Juan Gutiérrez estudió filosofía en Hamburgo y participó muy directamente en los movimientos estudiantiles alemanes. Fue director durante años del centro de paz Guernica Gogoratuz ("recordando Guernica") y asesor entre 2004 y 2011 de la Asociación 11M Afectados por Terrorismo. De 1990 a 2000 actuó en una mediación informal de alto nivel en el conflicto vasco. Desde 2011 coordina en Medialab-Prado un proyecto de Memoria y Paz y actualmente es presidente de la Asociación de ámbito internacional Hebras de Paz Viva.

En http://www.eldiario.es tendrán la oportunidad de leer el Artículo <Juan Gutiérrez: "El poder de la violencia es un mito, la paz de vida es más fuerte">.


Nuestro agradecimiento a Travesías - Denise Najmanovich info@denisenajmanovich.com.ar y a su Newsletter Nº 72 por este valiosísimo aporte. 

Denise Najmanovich es una de las más serias estudiosas de la poliédrica situación humana en la contemporaneidad. Un privilegio sentir, pensar y actuar con y a raíz de su extensa e intensa “mirada”. 


viernes, 11 de agosto de 2017

"Yo nunca me consideré un literato sino un novelista profesional sin abandonar mi posición al lado del pueblo, de los que sufren"- Jorge Amado

10 de agosto de 1912- Brasil

Como una estrella de blonda cabellera

Cuentan en los muelles de Bahía que, cuando un hombre valiente muere, se convierte en una estrella más en el cielo. Así sucedió con Zumbi, con Lucas da Feira, con Besouro, todos ellos negros valerosos. Sin embargo, nunca había ocurrido que una mujer, por más valiente que fuese, se convirtiera en estrella una vez muerta. Algunas de ellas, como Rosa Palmeirao, o como María Cabacu, se volvieron santas en los “candomblés de caboclo”, pero ninguna se convirtió en una estrella.

Pedro Bala se arroja al agua. No puede quedarse en el trapiche entre lamentos y sollozos. Quiere acompañar a Dora, irse con ella a las Tierras Sin Límites de Yemanjá. No cesa de nadar; nada, siempre hacia adelante. Sigue la ruta de la barca de Querido-de-Deus. Ve a Dora al frente, a Dora, su esposa, con los brazos que se extienden hacia él; nada hasta que sus fuerzas se agotan. Entonces flota, sus ojos contemplan las estrellas y la enorme luna dorada en el cielo. ¿Qué importa morir cuando se busca a la amada, cuando el amor nos espera?

¿Qué importa, además, que los astrónomos afirmen que aquella noche un cometa cruzó sobre Bahía? Lo que Pedro Bala vio fue a Dora, convertida en estrella, rumbo al cielo. Había sido más valiente que cualquier mujer, más valiente que Rosa Palmeirao, que María Cabacu. Tan valiente que, antes de morir, siendo aún niña, se entregó a su amor. Por ello se convirtió en una estrella en el firmamento. Una estrella de larga y rubia cabellera, una estrella como nunca se había visto en esa noche de paz en Bahía.

La felicidad ilumina el rostro de Pedro Bala. Consiguió también la paz de la noche. Porque ahora sabe que ella brillará para él, entre mil estrellas del cielo, más allá de la oscura ciudad.

La barca de Querido-de-Deus lo recoge.

De: Capitanes de la arena

















domingo, 6 de agosto de 2017

Heredaste el apellido Vitale y has dedicado tu vida a honrarlo.





A las 19 horas del pasado viernes 4 de agosto, en la librería Más Puro Verso de la Peatonal Sarandí, Ida Vitale nos deleitó con la lectura de algunos de sus poemas.

Se dio cita en el lugar gente de todas las franjas etarias, hecho muy significativo y generador de una grata sorpresa.

Luego de la lectura, la poeta contestó preguntas de la concurrencia. Nos llamó la atención cuán huérfanos de una guía están los jóvenes que quieren incursionar en la poesía. Un joven pedía consejos de cómo aprender a rimar; Ida le contestó que no sacrificara lo que quisiera decir para encajar con la rima, o sea, no devaluar el contenido por mantener una forma ajena a la necesidad de su decir. Otro joven, pidió consejos de cómo empezar a escribir, ya que le habían aconsejado leer a Neruda. La poeta le contestó que lo último de Neruda le gustaba más que lo primero, y que tratara de leer cuánta cosa pudiera, incluso contradictoria, para así encontrar el propio camino.

Ida es una señora de 93 años que despliega la vitalidad de una mente brillantemente lúcida: un plus para nuestra admiración por su persona. 

Deseamos que esté muchos años más con nosotros.

Adjuntamos video.

Andrea Alves


Gracias, Andrea, por tu precioso gesto
 de compartir ese extracto de belleza
experimentada en el devenir de un tiempo  
que no da tregua para el deleite ni la reflexión.  


sábado, 5 de agosto de 2017

Gladys Brondo (integrante de PERRAS NEGRAS), complacida por su participación en la Muestra organizada por su Maestro, el pintor, escultor y psicólogo Roberto Cadenas.




Las Artes, hermanas ocupadas
en nuestra sobrevivencia emocional y social.











A ambos, intensos deseos
de la mejor energía.















Nuestra Ida Vitale y "la belleza de" sus "puras nervaduras."

Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo         
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
Premio Internacional Alfonso Reyes
Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca
Premio Max Jacob





lunes, 31 de julio de 2017

"En apariencia, fácil es hacer desaparecer al vivo. La cuestión es hacer desaparecer al muerto. Un cadáver se entierra, un fantasma, no. ¡Matar! Y ¿Después? ¿Para qué cerrar la puerta al vivo durante el día, si ha de venir el muerto cada noche a sentarse en el borde de la cama?"- Rafael Barrett


GALLINAS

Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.

La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...





LA ROSA

 La ancha rosa abierta empieza a deshojarse. Inclinada lánguidamente al borde del vaso, deshace con lento frenesí sus entrañas purísimas, y uno a uno, en el largo silencio de la estancia, van cayendo sus pétalos temblando. Aquella en quien se mezclaron los jugos tenebrosos de la tierra y el llanto cristalino del firmamento, yace aquí arrancada a su patria misteriosa; yace prisionera y moribunda, resplandeciente como un trofeo y bañada en los perfumes de su agonía.

Se muere, es decir, se desnuda. Van cayendo sus pétalos temblando; van cayendo las túnicas en torno de su alma invisible. Ni el sol mismo con tanto esplendor sucumbe. En las cien alas de rosa que despacio se vuelcan y se abaten, palpita la nieve inaccesible de la luna, y el rubor del alba, y el incendio magnífico de la aurora boreal. Por las heridas de la flor sangra belleza.

Esta rosa, más bella aún al morir que al nacer, nos ofrece con su aparición discreta una suave enseñanza. Sólo ha vivido un día; un día le ha bastado para ocupar la más noble cumbre de las cosas. Nosotros, los privados de belleza, vivimos, ¡ay!, largo tiempo. Nos conceden años y años para que nos busquemos a tientas y avancemos un paso. Y confiemos siquiera en que la muerte nos dará un poco más de lo que nos dio la vida. ¿A qué prolongaría la belleza su visita a este mundo extraño? No podemos soportar el espectáculo de la belleza sino breves momentos.

Los seres bellos son los que nos hablan de nuestro destino. La flor se despide; me habla de lo que importa, porque es bella. Se va y no la he comprendido. Desnuda al fin, su alma se desvanece y huye.

El crepúsculo se entretiene en borrar las figuras y en añadir la soledad al silencio. Entre mis dedos cansados se desgarran los pétalos difuntos. Ya no son un trofeo resplandeciente, sino los despojos de un sueño inútil.

De: http://www.portalguarani.com


Rafael Barrett  (1876-1910)
Periodista y escritor español
que se convirtió en una  figura relevante
de la literatura paraguaya.