Howard Phillips Lovecraft 20 de agosto de 1890 Providence - Estados Unidos
La torre [Minicuento]
Desde esa esquina se puede ver la torre. Si el testigo
abandona por un segundo el ruido de la vida porteña, descubrirá tras las
paredes circulares un aquelarre. El eco del mismo lugar que la humanidad
resguarda en la penumbra bajo diferentes disfraces. La esencia de los cimientos
de construcciones tan antiguas como las pirámides y Stonehenge. Allí se suceden
acontecimientos -incluso próximos a lo cotidiano- que atraen a hados y
demonios.
Fue lupanar y fumadero de opio. Acaso alguno de sus
visitantes haya dejado el alma allí preso del puñal de un malevo. Pero fue
cuando llegó aquella artista pálida, María Krum, que su esencia brotó al fin.
Recuerdo que apenas salía para hacer visitas a la universidad. Fue en su
biblioteca donde hojeó las páginas del prohibido Necronomicón. Mortal fue su
curiosidad por la que recitó aquel hechizo. Quizá creyó que las paredes sin
ángulos la protegerían de los sabuesos. Pero esas criaturas son hábiles,
impetuosas, insaciables. Los vecinos oyeron el grito del día en que murió.
Ahora forma parte de la superstición barrial. Pero yo sigo oyendo su
sufrimiento y el jadeo de los Perros de Tíndalos que olfatean, hurgan y
rastrean en la torre.
FIN
H.P. Lovecraft
De: CiudadSeva.com
El joven Lovecraft es un cómic
editado originalmente a través de Internet que narra en clave humorística los
años de infancia del escritor. Fue creado en 2004 por los españoles José Oliver
(Palma de Mallorca, 1979) y Bartolo Torres (Ibiza, 1978).
El joven
Lovecraft pretende echar un vistazo sobre la vida del escritor de Providence de
una forma personal y cercana al humor. Tomando como referencia ciertos temas
biográficos reales (el ateísmo del joven autor, su interés por la literatura,
su etapa de fascinación por la cultura islámica, así como su timidez y
misantropía, todo ello, como indica la biografía de L. Sprague de Camp), el
cómic va más allá y formula diversas hipótesis de carácter científico y
humorístico sobre cómo pudieron surgir las extrañas criaturas que pueblan el
ciclo de historias que componen los mitos de Cthulhu.
Trasfondos
e intertextualidad: El joven Lovecraft tiene como objetivo, además de intentar
ser un cómic de humor, de acumular referencias metaliterarias o metartísticas
que constituyan, a partes iguales, un homenaje y un juego para los lectores el
descubrirlos (de la misma forma que hizo Alan Moore en algunas de sus obras).
Las referencias intertextuales enriquecen la obra y la sitúan en un determinado
punto del canon estético moderno. Y así, tenemos referencias a Moby Dick, Poe,
Verne, Baudelaire, Misfits, R.L. Stevenson, Nick Cave y un largo etcétera.
Las tiras
publicadas en internet tienen una periodicidad semanal. Normalmente suelen
tener 3 ó 4 viñetas por tira, el formato clásico de la tira cómica, con
excepción de algunas que son dobles y tienen 6. Aunque en principio las tiras
son autoconclusivas, suelen seguir un hilo que les da coherencia y que cuenta
una historia más amplia. Así, las grandes sagas publicadas hasta ahora han sido:
·El
matón Big Joe: la saga inicial en la que conocemos al protagonista, siendo
además víctima de un abusón de colegio. Para librarse de él, Lovecraft acudirá
a la magia y convocará a Rammenoth, un dios primigenio, y a su extraordinario
Ojo.
·El
lovie-golem: Lovecraft decide crear una criatura para que le haga los deberes,
pero el golem que realiza no consigue ayudarle.
·El
autoestopista cantante: de camino a una feria, Lovie y sus tías recogen a un
macabro autoestopista, que, a pesar de parecer buena persona, tiene un extraño
interés en cantar murder ballads.
·El
disfraz de Halloween: llevado por su fascinación por el mundo islámico y las
Mil y una Noches, Lovecraft pide por Halloween que le hagan un disfraz de Harum
Al-Raschid, el califa de Bagdad en el citado libro, con cómicas consecuencias.
·Glenn,
el ghoul: durante una excursión al campo, Lovie visita un cementerio y
encuentra a un ghoul, que le pide poder acompañarle a la ciudad. Aunque antes
habrá algún que otro accidente.
·Llega
Siouxie: desde Detroit llega una niña nueva al colegio de Lovie, cosa que
agitará a nuestro tímido protagonista.
·El
viaje a Baltimore: Siouxie propone hacer un viaje a la tumba de Poe. Una vez
allí se encontrarán con una increíble sorpresa.
·Los
perros de Tíndalos: Dos perros de Tíndalos llegan a la casa de Howard por
accidente y resulta que son conocidos de Glenn.
·Intercambio:
Al ser uno de los mejores estudiantes, a Howard le premian con un viaje de
intercambio a Noruega.
Los personajes principales de la tira son:
·Howard:
al que también se hace referencia como Howie, o Lovie. Es un chico de unos once
años que vive en Providence, le entusiasma escribir, estar solo y coquetear con
la magia prohibida. Es tímido y le cuesta mucho conocer gente nueva.
·Rammenoth:
un dios primigenio que se aparece en forma de momia. Es tal su poder mágico que
muchas veces se invoca sólo una parte de él.
·El Ojo
de Rammenoth: el ojo derecho de Rammenoth es uno de los que suele acudir a la
llamada de Howie. Es despistado y bonachón.
·El
lovie-golem: Howard crea con barro a un golem para que le haga los deberes,
pero la criatura tiene otros planes pensados para su existencia…
·Angelo
Barracuda: es un cantautor que vaga por los EE.UU. cantando de garito en
garito. La mayoría de las veces suele desplazarse haciendo autoestop. Tiene una
pinta algo intranquilizante, sobre todo cuando se pone a cantar .murder ballads
·Glenn,
el ghoul: un ghoul es un animal de la mitología musulmana, parecido a un
chacal, que ronda los cementerios y devora cadáveres. A Glenn le cae bien
Howard y decide irse a vivir a la ciudad con él.
·Siouxie:
una niña que llega a Providence desde Detroit. Es todo alegría, curiosidad,
acción, todo el contrapunto de Howard.
·Las
tías: Howard es huérfano, así que vive con sus dos tías. De una de ellas sabemos
que se llama Anne-Marie. Ambas le
tienen superprotegido y le tratan como si fuera más pequeño.
Big
Joe: el matón de colegio que amenaza en los primeros números a Howard.
Lavinia:
una compañera de colegio de Howard, sufre un pequeño percance con Glenn.
Poe:
el poeta norteamericano Edgar Allan Poe, creador de El cuervo y de relatos
de terror muy conocidos. Vive en una cripta en el cementerio de Baltimore,
donde fue enterrado.
Baudelaire:
el poeta simbolista francés Charles Baudelaire, que escribió Las flores
del mal. Es caracterizado, entre otras cosas, por su afición a la bebida.
Rimbaud:
el poeta francés Arthur Rimbaud, que escribió la mayoría de su obra antes
de los 17.
Myotragus:
según lo indicado en la obra, es uno de los mil retoños de la cabra Shub-Niggurath.
Está emparentada con la especie myotragus balearicus, una variedad caprina
que se extinguió en las Islas Baleares en la Prehistoria.
Ihsan:
es un niño noruego del programa de intercambio en el que meten a Howard y
que viaja a Providence cuando éste va a Oslo. Es un admirador de la
cultura vikinga y tiene cierta predisposición al anticristianismo.
Además de "maldito", olvidado... Demasiada soberbia por parte de quienes no hemos legado nada. Maldita es esa costumbre burdamente racionalista de etiquetar, de clasificar... ¿Quizá en un afán de "no olvidar"? Pues en este caso ha resultado inútil: muy pocas memorias han retenido su nombre y su obra.
20 de agosto de 1885 Toscana - Italia
FLORENCIA, Italia
por Francesco Luti
El corazón esta noche
me dijo: ¿No sabés?Traducción de Pilar
Sánchez Laílla
Es esto lo primero que me viene a la cabeza pensando en
Buenos Aires, en Argentina. Querría comenzar mi colaboración con EL MURO, que
hace posible así un interesante puente Florencia-Buenos Aires (y viceversa),
recordando a un poeta extraordinario del siglo XX: Dino Campana. Durante el
arco de la atormentada vida (1885-1932), Dino Campana conoció corredores de
manicomios, periodos de soledad viajando por media Europa y arribando en
América del Sur (Montevideo, Buenos Aires); después la Pampa, a trabajar de
jornalero, lejos de su Italia que todavía no estaba en condiciones de
entenderlo. Un violín de sonido mágico, un poeta incomprendido por sus
contemporáneos, acabado pudriéndose en un manicomio de la Toscana, solo,
abandonado por todos.
Florencia antigua, anónimo, siglo XVIII. ¿Por qué Dino Campana? No sabría…Quizá porque
los poetas auténticos son pocos y él era uno de ellos. Dino nació en Toscana,
en Marradi, en la provincia de Florencia. En Florencia iba caminando, con los
pantalones de fustán desafiando el frío de los Apeninos, llegaba con su libro
de los Cantos Órficos, su auténtica biografía, su única razón de vivir. Se lo
había impreso el editor Ravagli en una desaliñada imprenta toscana de comienzos
del siglo XIX. Venía a Florencia para llamar a las puertas de los intelectuales
de la época, que pensaban más a movimientos como el futurismo, que después
naufragarán miserablemente, que a la poesía de Campana. Tenían una estrella
fugaz que irradiaba la poesía como una descarga eléctrica y no se dieron
cuenta. Sucede…frecuentemente sucede.
Los Cantos Órficos retomaban y proponían en Italia de un
modo original la gran tradición de la poesía simbolista, pero la enriquecían
con todas las nuevas experiencias, el orfismo en particular, que las
vanguardias literarias europeas habían creado a comienzos de siglo.
El corazón esta noche
me dijo: ¿No sabes? Es el primer verso de la poesíaLa noche de fiesta que concluye con otro bellísimo verso, Dejando mi corazón de puerta en puerta.
Dino viajó a Buenos Aires en 1908, con su corazón de puerta
en puerta hasta la Pampa. Partido a la deriva desde Florencia, llegó a Sur
América como tantos otros emigrantes. En la poesía Viaje a Montevideo hay un verso: languidecía latarde
celeste sobre el mar, casi el suspiro de un poeta en fuga que arriba en
una tierra desconocida. Un año después, Dino vuelve a casa y apenas pone el pie
en Florencia, de nuevo es internado en el manicomio. Alternará estos
viajes-refugio por Italia y Europa, con innumerables arrestos por diversos
motivos, múltiples humillaciones, puertas cerradas para un hombre que no supo
jamás adaptarse más que a la vida al aire libre y a la poesía.
Me lo he imaginado tantas veces Dino, allá en vuestra
tierra, Argentina, hablando en vuestra lengua, recitada como el italiano.
Agradezco que EL MURO, me deje este espacio. Es en él que me complazco en
recordar a un poeta a menudo olvidado, un violín en un siglo de trombones, un
siglo a menudo marcado por la ignorancia colectiva, un poeta capaz de dialogar
con su corazón, capaz de llevarlo de puerta en puerta, trayéndole sin cuidado
lo demás, un poeta puro al 100%.
Incluyo el breve
texto Pampa, contenido en Cantos Órficos, que quizá podrá interesar a
alguno. Lo cito de la versión traducida por un especialista en Campana, el
español Pedro Luis Ladrón de Guevara Mellado, profesor de literatura italiana
en la Universidad de Murcia.
¿Quiere Usted Mate? un español me lo ofreció en voz baja, casi sin
turbar el profundo silencio de la Pampa. - Las tiendas se alargaban a pocos
pasos de donde nosotros, sentados en círculo, en silencio mirábamos a ratos
furtivamente las extrañas constelaciones que doraban lo ignoto de la pradera
nocturna. - Un misterio grandioso y vehemente nos hacía fluir con alivio de una
fresca vena profunda nuestra sangre en las venas: - que saboreábamos con
voluptuosidad misteriosa como en la copa del silencio purísimo y estrellado.
¿Quiere Usted Mate? Recibí la vasija y sorbí la bebida caliente. Echado
en la hierba virgen, frente a las extrañas constelaciones me iba abandonando
por entero a los misteriosos juegos de sus arabescos, acunado deliciosamente
por los ruidos atenuados del campamento. Mis pensamientos fluctuaban: se
sucedían mis recuerdos: que deliciosamente parecían sumergirse para reaparecer
a ratos lúcidamente espiritualizados en la distancia, como por un eco profundo
y misterioso, dentro de la infinita majestad de la naturaleza. Lenta y
gradualmente yo ascendía a la ilusión universal: desde las profundidades de mi
ser y de la tierra recorría por los caminos del cielo el sendero aventurero de
los hombres hacia la felicidad a través de los siglos. Las ideas brillaban de
la más pura luz estelar. Dramas maravillosos, los más maravillosos del alma
humana palpitaban y se comunicaban a través de las constelaciones. Una estrella
que rápida fluía magnífica señalaba con una línea gloriosa el final de un
trecho de historia. Liberada de un peso la balanza del tiempo parecía elevarse
lentamente oscilando: - por un instante maravilloso, inmutable en el tiempo y
en el espacio, se alternaban los destinos eternos…
Un disco lívido espectral despuntó en el horizonte lejano perfumado
irradiando reflejos gélidos de acero sobre la pradera. La calavera que se
elevaba lentamente era la insignia formidable de un ejército que lanzaba hordas
de caballeros con las lanzas en ristre, agudísimas, relucientes: los indios
muertos y vivos se lanzaban a la reconquista de su dominio de libertad en
ataque fulminante. Las hierbas se plegaban al viento de su paso con un gemido
ligero. La conmoción del intenso silencio era prodigiosa.
¿Qué huía sobre mi cabeza? Huían las nubes y las estrellas, huían:
mientras que de la negra y agitada Pampa que huía a ratos en la salvaje carrera
negra del viento ora más fuerte ora más débil ora como un lejano fragor férreo:
a ratos una llamada a la melancolía más profunda del errante:… de las
cabelleras de las hierbas agitadas como a la melancolía más profunda del eterno
errante por la Pampa agitada como una llamada que huía lúgubre.
Estaba en el tren en marcha: tendido en el vagón, sobre mi cabeza huían
las estrellas y los soplos del desierto en fragor férreo: enfrente las
ondulaciones como lomos de fieras al acecho: salvaje, negra, recorrida por
vientos la Pampa iba a mi encuentro para aprisionarse en su misterio: que la
carrera avanzaba, penetraba con la velocidad de un cataclismo; donde un tomo
luchaba en las turbinas ensordecedoras, en el lúgubre fracaso de la corriente
irresistible.
Y así alejadas de vos
pasaban aquellas horas de sueño, horas de profundidades místicas y sensuales
que disolvían en ternuras los grumos más agrios del dolor, horas de felicidad
completa que abolía el tiempo y el mundo entero, ¡largo sorbo en las fuentes
del Olvido! Y después os volvía a ver Manuelita: que vigilabais pálida y
lejana: vos alma simple encerrada en vuestras simples armas. Lo sé Manuelita
vos buscabais la gran rival. Lo sé: la buscábais en mis ojos cansados que nunca
os enseñaron nada. Pero ahora, si podéis, sabedlo: yo debía permanecer fiel a
mi destino. era un alma inquieta aquella de la que me acordaba siempre cuandosalía a sentarme en los bancos de la plaza desierta bajo las nubes que corrían.
Ella era aquella por la cual yo olvidaba vuestro pequeño cuerpo peligroso todo
adorable de esbeltez y fuerza. Y sin embargo os lo juro Manuelita yo os amaba
os amo y os amaré siempre más que a cualquier otra mujer… de los dos mundos.
(Cantos Orficos, Dino
Campana, Traducción de Pedro Luis Ladrón de Guevara, Murcia 1991)
De: El Muro la guía cultural de Buenos Aires
MUJER GENOVESA
Tú me trajiste un poco de algas marinas
en tus cabellos y un olor de viento,
que viniendo de lejos llega grave
de ardor, había en tu cuerpo bronceado
-o la divina
simplicidad de tus formas esbeltas-:
no amor ni sufrimiento, un fantasma,
una sombra de la necesidad que vaga
serena e ineluctable por el alma
y la disuelve en júbilo, en encanto, serena,
para que pueda el viento del sudeste
llevarla al infinito.
¡Que pequeño y ligero es el mundo en tus manos!
NAVÍO EN VIAJE
El mástil oscila rítmico en el silencio.
Una tenue luz blanca y verde cae del mástil.
El cielo límpido en el horizonte,
cargado de verde y dorado tras la borrasca.
El cuadro blanco del farol en lo alto
ilumina el secreto nocturno: por la ventana,
las cuerdas altas -un triángulo de oro-
y un globo blanco de humo que no existe
como música sobre el círculo,
con los golpes del oleaje en sordina.
LA TARDE DE FERIA
El corazón me dijo esta tarde, ¿no sabes?
La rosamorena encantadora,
dorada por una rubia cabellera,
la de los ojos brillantes y oscuros,
la que con gracia imperial encantaba la rosada frescura de
las mañanas:
y tú seguías en el aire la fresca encarnación de un sueño
matutino:
la que solía vagar cuando el sueño y el perfume velaban las
estrellas
(que tú amabas mirar desde detrás de las cancelas, las
estrellas, las pálidas nocturnas):
la que solía pasar silenciosa y blanca como un vuelo de
palomas,
ciertamente ha muerto: ¿no sabes?
Era la noche de feria en la pérfida Babel,
la que ascendía en haces hacia [un cielo enmarañado,
hacia un paraíso de llama, con grotescos y lúbricos
silbidos,
y tintinear de angélicas campanillas,
y gritos y voces de prostitutas,
y pantomimas de Ofelia destinadas por el humilde
llanto de las lámparas eléctricas.
Una cancioncilla vulgar había muerto
y me había dejado el corazón dolorido,
y sin amor iba vagando,
dejando el corazón de puerta en puerta:
con ella, que no ha nacido y que, sin embargo,
está muerta, y me ha dejado el corazón sin amor:
sin embargo, lleva el corazón dolorido,
dejando mi corazón de puerta en puerta.
De: antologiaenlarevista.blogspot.com
EL VENTANAL
La humeante noche de verano
Desde el alto ventanal vierte claridad en la sombra
Y me deja en el corazón un sello ardiente.
Pero ¿quién (en la terraza sobre el río se enciende una
lámpara), quién,
A la Virgencita del Puente, quién es, quién es el que le ha
encendido la lámpara? — hay
En la habitación un olor a podredumbre: hay
En la habitación una desfalleciente llaga roja.
Las estrellas son botones de nácar y la noche se viste de
terciopelo:
Y tiembla la noche fatua: es fatua la noche y tiembla pero
hay
En el corazón de la noche hay,
Siempre una desfalleciente llaga roja.
De: Revista
Internacional de Poesía: "Poesía de Rosario" Nº 21
El poeta de prostíbulos y callejones
PEDRO LUIS LADRÓN DE GUEVARA
DINO CAMPANA Cantos órficos y
otros poemas Trad. Carlos Vitale DVD poesía, Barcelona 197 págs.
No es la primera vez que Carlo
Vitale traduce a Campana, ya en 1984 con el título Cantos órficos nos presentó
lo que en realidad era una antología del autor en la editorial Olifante, en
1989 aparecía en la editorial Pamiela otra selección con el título de Viaje a
Montevideo y otros viajes. Finalmente ahora presenta el único libro publicado
en vida del autor, Cantos órficos, y una selección de sus otros poemas. Aunque
ya existía una traducción publicada por la Universidad de Murcia a cargo de quien
esto escribe, así como una monografía sobre el poeta, la actual presenta
también el texto italiano, y es de suponer que tendrá la mayor difusión que el
autor se merece dada la importancia que los propios poetas italianos le han
concedido. Dino Campana nació en 1885, publicó en 1914 a expensas suyas un
único libro, Cantos órficos, pues ni Papini primero ni Marinetti después
quisieron editar o reeditar. Cuatro años más tarde, en 1918, ingresó
definitivamente en el manicomio donde moriría en 1932. Pocos artistas italianos
de este siglo se han podido sustraer a su figura, sobre él escribió Sebastiano
Vasalli la novela La noche del cometa, sobre sus relaciones con Sibilla Aleramo
existe la película Engaños y se han hecho varias obras de teatro; también es el
personaje de Tabucchi en el cuento Vagabundeo de El juego del revés. Sus viajes
por Europa (parece que llegó a Rusia), su emigración a Sudamérica y su
posterior regresolo han convertido en un mito de la cultura italiana del siglo
XX. Sobre él dirigió tesis Ungaretti, lo estudió Montale, y la escuela
Hermética lo consideró un precursor, fue lectura frecuente de Mario Luzi,
Alfonso Gatto, Sergio Solmi, Piero Bigongiari, Alessandro Parronchi, Carlo
Betocchi... que escribieron sobre él. Pocos poetas italianos se han podido
sustraer a la magia de este libro. El propio Giovanni Papini, que no sentía por
él especial afecto, lo incluyó en su antología Poetas de hoy. Dario Bellezza lo
consideró, conjuntamente con Ungaretti, el causante del renacimiento de la
poesía italiana después de Carducci y D'Annunzio, y recuerda que «sólo Sandro
Penna me habló bien de Campana». Alfredo Giuliani va más lejos y no se sonroja
al proclamar que Mujer genovesa le gusta más que todas las poesías de Saba.
Victorio Sereni, cincuenta años más tarde, reconocía cómo en los años treinta
la poesía de Campana se convirtió en un antídoto frente a la rigidez de la
poesía de entonces, mientras Montale ponía en evidencia su conexión con la
«pintura metafísica», ya que es difícil no ver en la descripción de las
ciudades la imagen de las plazas de De Chirico, prueba de ello es que el
comienzo del libro apareció en 1913 con el título La torre roja; Maurizio
Calvesien La Metafísica esclarecida se extiende sobre el tema. Sin embargo no
es sólo esto lo que debe acercarnos a la figura de Campana sino su magnífica
poesía, su prosa poética tan bella y tan finamente estructurada que muchos lo
han considerado un poeta visionario, lleno de alucinaciones, olvidando lo que
sobre ella escribió Pasolini, que es «una poesía sustancialmente realista, no
obstante esté inspirada en un sofocante estecismo». ¿Alucinaciones, visiones?
Simple recreación de una realidad que es mucho más mágica de cuanto creemos.
Veamos un ejemplo: «Y miramos las vistas. Todo era de una realidad espectral.
Había panoramas esqueléticos de ciudades. Unos muertos estrafalarios miraban al
cielo en poses leñosas [...] ¿Es así París? He aquí Londres. La batalla de
Mukden... ¡Todas aquellas cosas vistas por los ojos magnéticos de las lentes en
aquella luz de ensueño!». ¿Visiones provocadas por drogas? No, estamos ante uno
de los primeros textos dedicados al cine: el joven poeta entra en una barraca
donde se proyecta el incipiente cine, imágenes de la guerra, visiones aéreas de
las ciudades (a cuadros, «cubistas»), como cuadricular es también la campiña,
los huertos, imágenes de los soldados muertos en la trinchera... y sentada
junto al poeta, durante la proyección, una joven rubia que en la oscuridad
estará tan cerca de él como nunca más será posible que lo esté. Campana
describe con tal belleza que hace que su descripción realista parezca sueño.
Unión de poesía y prosa. Y por encima de todo la pasión de Campana por la
poesía, la cual justifica su existencia, tal y como leemos en su epistolario
recogido por el argentino residente en Roma Gabriel Cacho Millet. Veamos el
poema «La Chimera», que simboliza la creación literaria, tema tan presente a
finales del XIX y principios del XX (baste recordar la novela homónima de Pardo
Bazán), donde el poeta habla con la poesía: «No sé si entre rocas tu pálido /
Rostro se me apareció, o sonrisa / De lejanías ignoradas / Fuiste, inclinada la
ebúrnea / Frente fulgente, oh joven/ Hermana de la Gioconda.» O en el poema «La
Esperanza:» «¡Por el amor de los poetas, puertas / De la muerte abiertas /
Sobre el infinito!». Es verdad que a Campana le gustaba fomentar la leyenda que
lo circundaba, y que Binazzi la aumentó con el fin de conseguir que se
reeditase su poesía, pero fue el psiquiatra Carlo Pariani, que lo entrevistó en
el manicomio, el que consolidó la leyenda al hacer público el Campana Edison,
el hombre que creía poseer poderes eléctricos para causar terremotos, el que
estaba convencido que su amor por la escritora Sibilla Alerazo había provocado
la Primera Guerra Mundial. Y a los italianos les gusta el mito, hasta el punto
de que hace unos meses el prestigioso actor Carmelo Bene, que hace una espléndida
lectura de la poesía de Campana, escribió en la introducción a la publicación
de tal recital que el poeta escribió los versos durante los cuarenta años de manicomio.
¡Poco importa que sólo fueran catorce años y que en ellos no escribiera nada!
Pero volvamos a los textos, a su
sentido humanista recogido en La Verna, lugar donde se retiró San Francisco, y
que Campana consigue describir como nunca antes se había hecho: «Grutas
profundas, hendiduras rocosas donde una escalerita de piedra se ahonda en una
sombra sin memoria [...]. El corredor, alentado por el hielo de las grutas, se
viste todo de la leyenda franciscana. El santo aparece como la sombra de Cristo,
resignada, nacida en tierra de humanismo, que acepta su destino en soledad. Su renuncia
es sencilla y dulce: desde su soledad entona con fe el canto a la
naturaleza».Bellísima la descripción del fraile «decrépito a altas horas se
arrastra por la penumbra del altar, silencioso en su sayo velludo, y reza las
plegarias de ochenta años de amor».Pero no nos engañemos, Campana es sobre todo
el poeta de prostíbulos y callejones:«Detrás de los barrotes se ven asomados
unos rostros necios de abatidas prostitutas a las que los afeites dan un aspecto
trágico de payasos. Aquel pasaje desértico, con hedor de urinario y de moho de
los muros corroídos, tiene por única perspectiva, al fondo, la hostería». Con
alusiones, quizás bastante literarias, al diablo: «¡Oh Satanás, tú que alas
rameras nocturnas colocas al fondo de las encrucijadas, oh tú, que desde las sombras
enseñas el infame cadáver de Ofelia, oh Satanás, ten piedad de mi larga miseria!».
Muchos han sido los que han visto tras la obra de Campana un mundo de referentes
culturales, pues sus visiones provienen principalmente de la lectura: «De la Página resucitaba un mundo muerto, surgían imágenes antiguas». Y
todos esos mundos se aglutinan en su deseo de libertad; el paisaje toscano, los
prostíbulos, las ciudades, encuentran su mejor expresión en ese ir y venir que
el emigrante Campana hace cada día en la Pampa, desde el campamento, con
tiendas de tela para los trabajadores, hasta el lugar donde se amontona la
tierra para construir las nuevas vías del ferrocarril: «Yo estaba en el tren en
marcha: tendido en el vagón por encima de mi cabeza huían las estrellas y los
soplos del desierto en un fragor férreo [...]. ¿Dónde estaba? Yo estaba de pie:
en la Pampa, en la carrera de los vientos, de pie en la Pampa que volaba a mi
encuentro: ¡para atraparme en su misterio!». El poeta, en pie sobre la plataforma
del tren en marcha, con el aire azotando su cuerpo, en una imagen poética absolutamente
cinematográfica. Muchos son los aspectos de Campana, pues quizás Cantos órficos
más que un libro unitario es un conjunto de composiciones que su autor quiso
reunir antes de que los demonios de su enfermedad acabaran por destruirlo. De cualquier
modo, no ha de extrañarnos que con todos estos mundos poéticos Campana, en
palabras del poeta y fino crítico Eugenio Montale, sea «un poeta che no se
decide a dejarse olvidar»
20 de agosto de 1901 Módica- Italia Premio Nobel de Literatura 1959
“Tras la publicación de mis primeros libros, en especial la
Antología de la Lírica Griega, supe que mis lectores jóvenes escribían cartas
de amor citando versos de mis líricas; y versos de ellas también aparecían
sobre los muros de las prisiones, escritos por los prisioneros políticos. ¡En
qué época he escrito poesías, hemos escrito versos, para caer,
irremisiblemente, en la más amarga soledad! /…/
Pero la soledad de la poética, “la larga noche”
shakespeariana, era mal soportada por el político, que pedía un Tirteo /un
autor de himnos patrióticos – bélicos/ durante las estaciones africana o rusa
de los italianos en la guerra.
La guerra, siempre lo he dicho, obliga a una nueva talla al
hombre de una patria vencida o victoriosa. Las poéticas y las filosofías se
rompen “cuando caen los árboles y los muros”; sería muy simplista pretender
retomar, en el punto interrumpido por el primer golpe atómico, los residuos
formales de un pasado de decoro y virtud fonética.
Después del remolino de la muerte, los principios morales
como las pruebas religiosas se han visto puestos en discusión; los literatos
apegados a los éxitos privados de sus menudas estéticas, quedaron separados de
la inquieta presencia de la poesía. El poeta, desde la noche, es decir desde la
soledad, encuentra su día, e inaugura un diario mortal para los inertes; el
paisaje oscuro cede al diálogo. El político y los escritores de alejandrinos
con su coraza de símbolos y pureza mística, fingen ignorar al poeta. Es una
historia que se repite como el canto del gallo; más aún, como el tercer canto
del gallo.
El poeta es un irregular: no habita en el recinto amurallado
de la falsa civilización literaria; parece destruir sus formas mismas, y sin
embargo las continúa; de la lírica pasa a la épica para comenzar a hablar del
mundo y de lo que en el mundo se atormenta a través del hombre. / … /
El poeta comienza entonces a tornarse un peligro. El
político juzga con desconfianza la libertad de la cultura, y por medio de la
crítica conformista trata de reducir el concepto mismo de poesía a lo inmoble,
fuera del tiempo e inoperante. / …/
El poeta tiene un lenguaje que no es el de las vanguardias,
sino concreto en el sentido de los clásicos. Elliot dice a este respecto: la
del Dante “es la lengua común en el estadio perfecto… sin embargo el estilo
simple, del que Dante es el maestro más grande, es un estilo dificilísimo.”
Insistimos sobre este lenguaje, que no es el de los parnasianos o el de los
inventores de crisis en el cuerpo de una lengua; porque no serán los filólogos
los que renueven la letra escrita: ese es un derecho que incumbe a los poetas.
…
El político se sirve del literato que no tiene una posición
espiritual contemporánea, sino superada en al menos dos generaciones; y de la
unidad de la cultura hace un juego de descomposiciones sabio y turbulento, en
el que el factor religioso puede avanzar todavía para aprisionar la
inteligencia del hombre.
Error creer que una conquista del alma, una situación
particular e individual del sentimiento (la religiosa) puede devenir por
extensión “sociedad”. La disciplina ascética, la renuncia del hombre al hombre,
no es más que una fórmula de la muerte. El espíritu “operante” siempre cae en
la trampa del lobo: su discurso depende a menudo de una mística, de una
concepción de un alma que está esclava sobre la tierra. Y espanta a su
interlocutor (su sombra, objeto al que ha de disciplinar) con las imágenes de
la descomposición física, con un análisis complacido de lo horrendo. En cambio
el poeta no teme a la muerte, no porque él participe en la fantasía de los
héroes, sino porque la muerte es una visitante continua de sus pensamientos, la
imagen de un diálogo sereno. / … /
La poesía no acepta las tentativas “misionales” del
político, ni la intervención de una crítica que tenga origen en una filosofía,
cualquiera sea. El poeta no sufre desviaciones morales ni estéticas; de ahí, en
ciertos momentos, una doble soledad suya, confrontada al mundo como a las
milicias literarias. / …/
En el mundo de hoy el político asume varios aspectos, pero
nunca le será posible un acuerdo con el poeta: éste se ocupa del orden interno
del hombre, y el otro del ordenamiento del hombre. /…/ El poder religioso, que
se identifica muy a menudo con el político, siempre ha sido protagonista en
esta dura lucha, aún cuando parecía lateral. / … /
A las dulcísimas poesías herméticas de la escuela del dolce
stil novo, Dante une la violencia de las invectivas humanas y políticas, no
dictadas por el odio, sino por un sentido universal de justicia. ... Ante estas
armonías ardientes los estetas han permanecido cautos, relegándolas al limbo de
la no-poesía. … La poesía de Dante se hace sospechosa por su misma grandeza, y
el falso culto a su memoria hasta hoy no es otra cosa que retórica; tan pocos
son los que verdaderamente escuchan su humana Commedia. Todas las naciones
tienen poetas que están en la misma línea de civilización del Dante: Schiller
para los alemanes, Shakespeare para los ingleses, Molière y Corneille para
Francia, Cervantes para España, Dostoyevsky para Rusia. Y a los modernos
dejémoslos por el momento en su serenidad armada, en los diversos lugares de
nuestra tierra. /…/
Ninguno ignora la función del poeta en la sociedad existente
o en evolución. La importancia de un Baudelaire, un Mallarmé, un Rimbaud, como
constructores de un “modo” de vida en la colectividad nacional francesa, es más
evidente para nosotros que para sus contemporáneos, quienes podían pensar que
su poesía no era más que una sinuosa vanguardia literaria, refracción de una
lengua plegada a sintaxis líricas provisorias. ¿Reconoce el político esta
fuerza activa del poeta en la sociedad? Parece que sí, porque busca eludirla o
someterla, en las sociedades de todos los tiempos.
La inteligencia creativa ha sido siempre considerada un
contagio mortal. De ahí las variedades de mecenazgo de las cortes medievales,
los premios caballerescos mansamente heroicos, las interminables florituras de
madrigales – mecenazgo prolongado hasta los umbrales de nuestro siglo.
Retrocediendo en el tiempo, recordemos que Platón, como arquitecto de un estado
ideal, excluía del mismo a los poetas como elemento de desorden (o de orden,
debiera decirse, dada su posibilidad de desquiciar una sociedad ordenada sobre
bases antidemocráticas); pero ese ostracismo no era sino otra forma de elusión.
¿Hoy es libre el poeta? Es libre si se presenta como el
continuador de iluminaciones seudoexistenciales, decorador de plácidos
sentimientos humanos; si, por temor político o por inercia, no se sume
profundamente en la dialéctica de su propio tiempo. Era libre en el
Quattrocento un Angelo Poliziano, que en una de las Stanze per la Giostra di
Giuliano de’ Medici, hace ir a la misa dominical a una ninfa confundida entre
las damas seculares; pero no lo era Leonardo da Vinci, escritor de otro genio.
/…/ No eran libres Ariosto y Tasso, el abate Parini, Alfieri, Foscolo: la
retórica de los sacrificados los pone entre los continuadores del hombre que
parece gritar en el desierto, pero corroe la no-verdad.
Pero por su parte ¿es libre el político? No. De hecho, son
las castas que lo asedian las que deciden la suerte de una sociedad, las que
actúan inclusive sobre el dictador. En torno a estos dos protagonistas de la
historia, no libres y adversarios (en el poeta incluimos a todos los escritores
determinantes de una época dada) circulan y se precipitan las pasiones, y no
hay calma sino durante una revolución o una guerra: la primera, portadora de
orden; la segunda, de confusión.
La última guerra ha sido un choque de sistemas, de
políticas, de ordenamientos civiles, nación por nación: violencia para recobrar
aunque fuere las mínimas libertades. Reaparece un sentido de la vida propio en
la resistencia interna al enemigo invasor o doméstico. Resistencia de la cultura
y del humanismo campesino, que “alzó la cabeza en los campos ásperos”, como
dice Virgilio, contra los poderosos.
De este movimiento armado se desprende, en todos los países,
una corriente cultural que no es provisoria, como piensan los atesoradores de
hipotecas eternas sobre la civilización inmóvil, inmueble. /…/ Insisto en decir
no provisoria. Es que no será el miedo, ni la ausencia, ni la indiferencia, ni
la impotencia, lo que le dará al poeta la palabra para comunicar a los otros un
emerger no metafísico.
El poeta puede decir que el hombre comienza hoy; el político
puede decir o dice que el hombre estaba, y acaso esté siempre, preso en el lazo
de su vileza moral, vileza no congénita pero introducida por un derrumbe
secular. /…/
La Resistencia es una seguridad moral, no es una poética; el
poeta no gobierna palabras para castigar a nadie. Su juicio es de orden
creativo, no se formula en un decálogo para inventar vaticinios.
Los europeos conocen la medida de esta Resistencia; es
realmente la sección áurea de la conciencia moderna. Aunque grite, el enemigo
de la Resistencia es hoy una sombra con una ley débil. La sensibilidad del
pueblo no se engaña acerca de la condición del poeta, ni sobre la de su
adversario. Cuando se agudiza la antítesis, es la poesía la que sustituye al
pensamiento subordinado del político. / … / Europa ha nacido de la Resistencia.
/…/ Y la lealtad de la poesía se marca en una presencia ajena a la injusticia o
a la intención de la muerte. El político quiere que el hombre sepa morir con
coraje; el poeta quiere que el hombre viva con coraje.
Mientras que el poeta es conciente del poder del político,
este se percata del poeta sólo cuando su voz reúne profundamente a distintos
estratos sociales. … A partir de ese momento comienza una lucha subterránea
entre ambos. En la historia los nombres de los poetas exiliados saltan como
dados mortales; el político dice sostener la cultura, pero trata de reducir su
potencia: su objetivo en cualquier siglo no es otro que quitar tres o cuatro
libertades fundamentales del hombre, de modo tal que este continúe, en su
eterno cerco, tratando de recuperar aquello de lo que ha sido saqueado.
En nuestro tiempo el político, en sus enfrentamientos con la
cultura y por tanto también con el poeta, ejerce su defensa al descubierto u
oscuramente por múltiples caminos; el más fácil es el de la degradación del
concepto de cultura. Los medios mecánicos-científicos, radio y televisión,
ayudan a romper la unidad de las artes, a promover poéticas que no perturban
siquiera a las sombras. De estas, las preferidas son siempre aquellas
vinculadas al reclamo de las Arcadias para despreciar nuestro tiempo. En este
sentido se entiende el significado del verso de Esquilo “digo que los muertos
matan a los vivos” que puse como epígrafe en mi último libro, La terra
impareggiabile. En este libro el parangón del hombre es la tierra; el adjetivo
“laica” que califica a la inteligencia pretende precisamente determinar no una
cualidad sino un valor intrínseco; y si hablar así de la inteligencia del
hombre constituye un pecado, podemos decir también que el poder religioso
excede sus límites al ejercer su fuerza sobre los humildes, en vez de apelar al
foco interno de las conciencias.
La degradación del concepto de cultura operada sobre las masas
no es un factor político moderno; lo rápido y nuevo es la técnica usada para la
dispersión de los intereses meditativos del hombre. El optimismo ha devenido
tangible: los mitos y las fábulas (el ansia de eventos sobrenaturales)
descienden al folletín policial, asumen metamorfosis visuales en el cine o en
el relato épico de los pioneros o del delito. /…/
La ironía de los “círculos mundanos” afirma que el cuadro
del disenso está dramatizado por el poeta; que el hombre y su dolor han estado
y estarán siempre, tanto en las edades pasadas, como hoy y mañana. Ciertamente.
Pero el poeta sabe que es en verdad un drama, la exasperación de un drama; sabe
que los aduladores de la cultura son sus fanáticos incendiarios: el collage de
los escribas compuesto bajo cualquier régimen corrompe en la periferia y en el
centro a los grupos literarios, que agitan la eternidad con esmirriadas
caligrafías del alma, con barnices de su imposible “vida de la mente”. Ahora
bien, en momentos particulares de la historia, la cultura se une secretamente
contra el político: su unidad temporaria sirve de ariete para abatir las
puertas de la dictadura. La cultura tiene esta fuerza cuando coincide con la
búsqueda de las libertades elementales del hombre. Pero esta unidad desaparece
después; derrotado el dictador, resurge la cadena de las facciones.
El poeta está solo: el muro de odio alzado con las piedras
lanzadas por las compañías de fortuna literarias lo rodea. Desde ese muro él
considera al mundo, y sin andar por la plaza como los aedas, o en el mundo
“mundano” como los literatos, desde esa misma torre de marfil tan cara a la
torturada alma romántica, llega al medio del pueblo, no sólo en los deseos de
su sentimiento, sino también en sus celosos pensamientos políticos.
Esta no es retórica: en todas las naciones, el asedio
silencioso al poeta es coherente en la crónica humana. Pero los literatos
atados al político no representan a toda la nación; sirven solamente, y digo
“sirven”, para retardar por algún minuto la voz del poeta en el mundo. Porque
con el tiempo, según Leonardo “ogni torto si dirizza”, todo retuerto se
endereza.
De Les Prix
Nobel en 1959, editor Göran Litjestrand, Nobel Foundation, Stockholm, 1960.
De: elavesimurgh.blogspot.com
No he perdido nada
Aquí estoy todavía, el sol gira
a mis espaldas como un halcón y la tierra
repite mi voz en la tuya.
Recomienza el tiempo visible
en el ojo que redescubre la luz.
No he perdido nada.
perder es andar más allá
de un diagrama del cielo
en movimientos de sueños, un río
lleno de hojas.
Refugio de pájaros
nocturnos
En lo
alto está un pino torcido; está
atento y escucha al abismo con el
tronco doblado cual ballesta. Refugio
de pájaros nocturnos, en la
hora más alta resuena desde
un veloz batir de alas. Tiene
pues un nido mi corazón suspendido
en la oscuridad, una voz; está
también, a la escucha, la noche.
A tu lumbre
naufrago
Nazco
a tu lumbre náufrago, tarde
de aguas límpidas. De
serenas hojas arde
el aire consolado. Erradicado
de entre los vivos, corazón
provisorio, soy
límite vano. Tu
dádiva tremenda de
palabras, Señor, descuento
asiduamente. Despiértame
de entre los muertos: cada
uno ha agarrado su tierra y su
mujer. Tú me
has mirado adentro en la
oscuridad de las vísceras: nadie
tiene mi desesperanza en el
corazón. Soy un
hombre solo, un solo
infierno.
Ya vuela la
magra flor
No
sabré nada de mi vida, oscura
monótona sangre. No
sabré a quién amaba, a quién amo, ahora
que aquí limitado, reducido a mis miembros, en el
corrompido viento de marzo enumero
los males de los días descifrados. Ya
vuela la magra flor desde
las ramas. Y yo espero la
paciencia de su vuelo irrevocable.