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20 de agosto de 1901 Módica- Italia Premio Nobel de Literatura 1959 |
“Tras la publicación de mis primeros libros, en especial la
Antología de la Lírica Griega, supe que mis lectores jóvenes escribían cartas
de amor citando versos de mis líricas; y versos de ellas también aparecían
sobre los muros de las prisiones, escritos por los prisioneros políticos. ¡En
qué época he escrito poesías, hemos escrito versos, para caer,
irremisiblemente, en la más amarga soledad! /…/
Pero la soledad de la poética, “la larga noche”
shakespeariana, era mal soportada por el político, que pedía un Tirteo /un
autor de himnos patrióticos – bélicos/ durante las estaciones africana o rusa
de los italianos en la guerra.
La guerra, siempre lo he dicho, obliga a una nueva talla al
hombre de una patria vencida o victoriosa. Las poéticas y las filosofías se
rompen “cuando caen los árboles y los muros”; sería muy simplista pretender
retomar, en el punto interrumpido por el primer golpe atómico, los residuos
formales de un pasado de decoro y virtud fonética.
Después del remolino de la muerte, los principios morales
como las pruebas religiosas se han visto puestos en discusión; los literatos
apegados a los éxitos privados de sus menudas estéticas, quedaron separados de
la inquieta presencia de la poesía. El poeta, desde la noche, es decir desde la
soledad, encuentra su día, e inaugura un diario mortal para los inertes; el
paisaje oscuro cede al diálogo. El político y los escritores de alejandrinos
con su coraza de símbolos y pureza mística, fingen ignorar al poeta. Es una
historia que se repite como el canto del gallo; más aún, como el tercer canto
del gallo.
El poeta es un irregular: no habita en el recinto amurallado
de la falsa civilización literaria; parece destruir sus formas mismas, y sin
embargo las continúa; de la lírica pasa a la épica para comenzar a hablar del
mundo y de lo que en el mundo se atormenta a través del hombre. / … /
El poeta comienza entonces a tornarse un peligro. El
político juzga con desconfianza la libertad de la cultura, y por medio de la
crítica conformista trata de reducir el concepto mismo de poesía a lo inmoble,
fuera del tiempo e inoperante. / …/
El poeta tiene un lenguaje que no es el de las vanguardias,
sino concreto en el sentido de los clásicos. Elliot dice a este respecto: la
del Dante “es la lengua común en el estadio perfecto… sin embargo el estilo
simple, del que Dante es el maestro más grande, es un estilo dificilísimo.”
Insistimos sobre este lenguaje, que no es el de los parnasianos o el de los
inventores de crisis en el cuerpo de una lengua; porque no serán los filólogos
los que renueven la letra escrita: ese es un derecho que incumbe a los poetas.
…
El político se sirve del literato que no tiene una posición
espiritual contemporánea, sino superada en al menos dos generaciones; y de la
unidad de la cultura hace un juego de descomposiciones sabio y turbulento, en
el que el factor religioso puede avanzar todavía para aprisionar la
inteligencia del hombre.
Error creer que una conquista del alma, una situación
particular e individual del sentimiento (la religiosa) puede devenir por
extensión “sociedad”. La disciplina ascética, la renuncia del hombre al hombre,
no es más que una fórmula de la muerte. El espíritu “operante” siempre cae en
la trampa del lobo: su discurso depende a menudo de una mística, de una
concepción de un alma que está esclava sobre la tierra. Y espanta a su
interlocutor (su sombra, objeto al que ha de disciplinar) con las imágenes de
la descomposición física, con un análisis complacido de lo horrendo. En cambio
el poeta no teme a la muerte, no porque él participe en la fantasía de los
héroes, sino porque la muerte es una visitante continua de sus pensamientos, la
imagen de un diálogo sereno. / … /
La poesía no acepta las tentativas “misionales” del
político, ni la intervención de una crítica que tenga origen en una filosofía,
cualquiera sea. El poeta no sufre desviaciones morales ni estéticas; de ahí, en
ciertos momentos, una doble soledad suya, confrontada al mundo como a las
milicias literarias. / …/
En el mundo de hoy el político asume varios aspectos, pero
nunca le será posible un acuerdo con el poeta: éste se ocupa del orden interno
del hombre, y el otro del ordenamiento del hombre. /…/ El poder religioso, que
se identifica muy a menudo con el político, siempre ha sido protagonista en
esta dura lucha, aún cuando parecía lateral. / … /
A las dulcísimas poesías herméticas de la escuela del dolce
stil novo, Dante une la violencia de las invectivas humanas y políticas, no
dictadas por el odio, sino por un sentido universal de justicia. ... Ante estas
armonías ardientes los estetas han permanecido cautos, relegándolas al limbo de
la no-poesía. … La poesía de Dante se hace sospechosa por su misma grandeza, y
el falso culto a su memoria hasta hoy no es otra cosa que retórica; tan pocos
son los que verdaderamente escuchan su humana Commedia. Todas las naciones
tienen poetas que están en la misma línea de civilización del Dante: Schiller
para los alemanes, Shakespeare para los ingleses, Molière y Corneille para
Francia, Cervantes para España, Dostoyevsky para Rusia. Y a los modernos
dejémoslos por el momento en su serenidad armada, en los diversos lugares de
nuestra tierra. /…/
Ninguno ignora la función del poeta en la sociedad existente
o en evolución. La importancia de un Baudelaire, un Mallarmé, un Rimbaud, como
constructores de un “modo” de vida en la colectividad nacional francesa, es más
evidente para nosotros que para sus contemporáneos, quienes podían pensar que
su poesía no era más que una sinuosa vanguardia literaria, refracción de una
lengua plegada a sintaxis líricas provisorias. ¿Reconoce el político esta
fuerza activa del poeta en la sociedad? Parece que sí, porque busca eludirla o
someterla, en las sociedades de todos los tiempos.
La inteligencia creativa ha sido siempre considerada un
contagio mortal. De ahí las variedades de mecenazgo de las cortes medievales,
los premios caballerescos mansamente heroicos, las interminables florituras de
madrigales – mecenazgo prolongado hasta los umbrales de nuestro siglo.
Retrocediendo en el tiempo, recordemos que Platón, como arquitecto de un estado
ideal, excluía del mismo a los poetas como elemento de desorden (o de orden,
debiera decirse, dada su posibilidad de desquiciar una sociedad ordenada sobre
bases antidemocráticas); pero ese ostracismo no era sino otra forma de elusión.
¿Hoy es libre el poeta? Es libre si se presenta como el
continuador de iluminaciones seudoexistenciales, decorador de plácidos
sentimientos humanos; si, por temor político o por inercia, no se sume
profundamente en la dialéctica de su propio tiempo. Era libre en el
Quattrocento un Angelo Poliziano, que en una de las Stanze per la Giostra di
Giuliano de’ Medici, hace ir a la misa dominical a una ninfa confundida entre
las damas seculares; pero no lo era Leonardo da Vinci, escritor de otro genio.
/…/ No eran libres Ariosto y Tasso, el abate Parini, Alfieri, Foscolo: la
retórica de los sacrificados los pone entre los continuadores del hombre que
parece gritar en el desierto, pero corroe la no-verdad.
Pero por su parte ¿es libre el político? No. De hecho, son
las castas que lo asedian las que deciden la suerte de una sociedad, las que
actúan inclusive sobre el dictador. En torno a estos dos protagonistas de la
historia, no libres y adversarios (en el poeta incluimos a todos los escritores
determinantes de una época dada) circulan y se precipitan las pasiones, y no
hay calma sino durante una revolución o una guerra: la primera, portadora de
orden; la segunda, de confusión.
La última guerra ha sido un choque de sistemas, de
políticas, de ordenamientos civiles, nación por nación: violencia para recobrar
aunque fuere las mínimas libertades. Reaparece un sentido de la vida propio en
la resistencia interna al enemigo invasor o doméstico. Resistencia de la cultura
y del humanismo campesino, que “alzó la cabeza en los campos ásperos”, como
dice Virgilio, contra los poderosos.
De este movimiento armado se desprende, en todos los países,
una corriente cultural que no es provisoria, como piensan los atesoradores de
hipotecas eternas sobre la civilización inmóvil, inmueble. /…/ Insisto en decir
no provisoria. Es que no será el miedo, ni la ausencia, ni la indiferencia, ni
la impotencia, lo que le dará al poeta la palabra para comunicar a los otros un
emerger no metafísico.
El poeta puede decir que el hombre comienza hoy; el político
puede decir o dice que el hombre estaba, y acaso esté siempre, preso en el lazo
de su vileza moral, vileza no congénita pero introducida por un derrumbe
secular. /…/
La Resistencia es una seguridad moral, no es una poética; el
poeta no gobierna palabras para castigar a nadie. Su juicio es de orden
creativo, no se formula en un decálogo para inventar vaticinios.
Los europeos conocen la medida de esta Resistencia; es
realmente la sección áurea de la conciencia moderna. Aunque grite, el enemigo
de la Resistencia es hoy una sombra con una ley débil. La sensibilidad del
pueblo no se engaña acerca de la condición del poeta, ni sobre la de su
adversario. Cuando se agudiza la antítesis, es la poesía la que sustituye al
pensamiento subordinado del político. / … / Europa ha nacido de la Resistencia.
/…/ Y la lealtad de la poesía se marca en una presencia ajena a la injusticia o
a la intención de la muerte. El político quiere que el hombre sepa morir con
coraje; el poeta quiere que el hombre viva con coraje.
Mientras que el poeta es conciente del poder del político,
este se percata del poeta sólo cuando su voz reúne profundamente a distintos
estratos sociales. … A partir de ese momento comienza una lucha subterránea
entre ambos. En la historia los nombres de los poetas exiliados saltan como
dados mortales; el político dice sostener la cultura, pero trata de reducir su
potencia: su objetivo en cualquier siglo no es otro que quitar tres o cuatro
libertades fundamentales del hombre, de modo tal que este continúe, en su
eterno cerco, tratando de recuperar aquello de lo que ha sido saqueado.
En nuestro tiempo el político, en sus enfrentamientos con la
cultura y por tanto también con el poeta, ejerce su defensa al descubierto u
oscuramente por múltiples caminos; el más fácil es el de la degradación del
concepto de cultura. Los medios mecánicos-científicos, radio y televisión,
ayudan a romper la unidad de las artes, a promover poéticas que no perturban
siquiera a las sombras. De estas, las preferidas son siempre aquellas
vinculadas al reclamo de las Arcadias para despreciar nuestro tiempo. En este
sentido se entiende el significado del verso de Esquilo “digo que los muertos
matan a los vivos” que puse como epígrafe en mi último libro, La terra
impareggiabile. En este libro el parangón del hombre es la tierra; el adjetivo
“laica” que califica a la inteligencia pretende precisamente determinar no una
cualidad sino un valor intrínseco; y si hablar así de la inteligencia del
hombre constituye un pecado, podemos decir también que el poder religioso
excede sus límites al ejercer su fuerza sobre los humildes, en vez de apelar al
foco interno de las conciencias.
La degradación del concepto de cultura operada sobre las masas
no es un factor político moderno; lo rápido y nuevo es la técnica usada para la
dispersión de los intereses meditativos del hombre. El optimismo ha devenido
tangible: los mitos y las fábulas (el ansia de eventos sobrenaturales)
descienden al folletín policial, asumen metamorfosis visuales en el cine o en
el relato épico de los pioneros o del delito. /…/
La ironía de los “círculos mundanos” afirma que el cuadro
del disenso está dramatizado por el poeta; que el hombre y su dolor han estado
y estarán siempre, tanto en las edades pasadas, como hoy y mañana. Ciertamente.
Pero el poeta sabe que es en verdad un drama, la exasperación de un drama; sabe
que los aduladores de la cultura son sus fanáticos incendiarios: el collage de
los escribas compuesto bajo cualquier régimen corrompe en la periferia y en el
centro a los grupos literarios, que agitan la eternidad con esmirriadas
caligrafías del alma, con barnices de su imposible “vida de la mente”. Ahora
bien, en momentos particulares de la historia, la cultura se une secretamente
contra el político: su unidad temporaria sirve de ariete para abatir las
puertas de la dictadura. La cultura tiene esta fuerza cuando coincide con la
búsqueda de las libertades elementales del hombre. Pero esta unidad desaparece
después; derrotado el dictador, resurge la cadena de las facciones.
El poeta está solo: el muro de odio alzado con las piedras
lanzadas por las compañías de fortuna literarias lo rodea. Desde ese muro él
considera al mundo, y sin andar por la plaza como los aedas, o en el mundo
“mundano” como los literatos, desde esa misma torre de marfil tan cara a la
torturada alma romántica, llega al medio del pueblo, no sólo en los deseos de
su sentimiento, sino también en sus celosos pensamientos políticos.
Esta no es retórica: en todas las naciones, el asedio
silencioso al poeta es coherente en la crónica humana. Pero los literatos
atados al político no representan a toda la nación; sirven solamente, y digo
“sirven”, para retardar por algún minuto la voz del poeta en el mundo. Porque
con el tiempo, según Leonardo “ogni torto si dirizza”, todo retuerto se
endereza.
De Les Prix
Nobel en 1959, editor Göran Litjestrand, Nobel Foundation, Stockholm , 1960.
De: elavesimurgh.blogspot.com
No he perdido nada
Aquí estoy todavía, el sol gira
a mis espaldas como un halcón y la tierra
repite mi voz en la tuya.
Recomienza el tiempo visible
en el ojo que redescubre la luz.
No he perdido nada.
perder es andar más allá
de un diagrama del cielo
en movimientos de sueños, un río
lleno de hojas.
Refugio de pájaros
nocturnos
En lo alto está un pino torcido;
está atento y escucha al abismo
con el tronco doblado cual ballesta.
Refugio de pájaros nocturnos,
en la hora más alta resuena
desde un veloz batir de alas.
Tiene pues un nido mi corazón
suspendido en la oscuridad, una voz;
está también, a la escucha, la noche.
A tu lumbre
naufrago
Nazco a tu lumbre náufrago,
tarde de aguas límpidas.
De serenas hojas
arde el aire consolado.
Erradicado de entre los vivos,
corazón provisorio,
soy límite vano.
Tu dádiva tremenda
de palabras, Señor,
descuento asiduamente.
Despiértame de entre los muertos:
cada uno ha agarrado su tierra
y su mujer.
Tú me has mirado adentro
en la oscuridad de las vísceras:
nadie tiene mi desesperanza
en el corazón.
Soy un hombre solo,
un solo infierno.
Ya vuela la
magra flor
No
sabré nada de mi vida,
oscura monótona sangre.
No sabré a quién amaba, a quién amo,
ahora que aquí limitado, reducido a mis miembros,
en el corrompido viento de marzo
enumero los males de los días descifrados.
Ya vuela la magra flor
desde las ramas. Y yo espero
la paciencia de su vuelo irrevocable.
oscura monótona sangre.
No sabré a quién amaba, a quién amo,
ahora que aquí limitado, reducido a mis miembros,
en el corrompido viento de marzo
enumero los males de los días descifrados.
Ya vuela la magra flor
desde las ramas. Y yo espero
la paciencia de su vuelo irrevocable.
Y de pronto, anochece
Cada uno está solo
sobre el corazón de la tierra,
traspasado por un rayo de sol,
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