sábado, 2 de agosto de 2014

“No hay locura de los animales de este mundo que no quede infinitamente superada por la locura de los hombres” ―Herman Melville


Y ahora quisiera hablar un poco acerca de las ballenas.

Existen varias especies de ellas. La «ballena azul» es la mayor, no solamente de los animales del mar, sino también de los de la tierra, y llega a medir más de treinta metros de larga.

El rorcual es un poco más pequeño, apenas llega a los veinticuatro metros, y ambos tienen una aleta encima del lomo.

Luego están las ballenas propiamente dichas, que carecen de tal aleta, y de las cuales la mayor es la llamada ballena boreal, que vive en el océano Ártico y mide unos veinte metros.
La ballena tiene, pese a su descomunal tamaño, una garganta tan estrecha que por ella no cabría un pez de mediano grosor. Por eso, las ballenas no comen sino pequeños crustáceos y moluscos, así como ciertas algas. En lugar de dientes tienen una serie de láminas córneas, por lo cual tragan el alimento sin masticarlo. Las láminas córneas tienen forma de guadaña y son unas cuatrocientas, colocadas a ambos lados del paladar; sirven como colador para que escape el agua que han tragado junto a su alimento, el cual queda retenido en la lengua. La ballena puede permanecer sumergida hasta cuarenta minutos y entonces, al salir a la superficie, expele el agua que durante ese tiempo ha entrado en sus pulmones y lo hace en forma de surtidor, al que acompaña un fuerte resoplido.
Eso sí, mientras no le amenaza ningún peligro, permanece flotando en la superficie y hasta salta sobre ella, con la agilidad que nadie pensaría al ver su monstruoso tamaño. Hasta llega a salir por completo del agua.

Del cachalote, que es otra de las especies de ballena, se extrae un finísimo aceite.
El cachalote tiene una cabeza enorme, que puede llegar a ser hasta un tercio de la longitud total del animal. Gran parte de esta cabeza está llena de ese líquido graso.
El cachalote carece de barbas, pero posee en cambio dientes muy poderosos en la mandíbula inferior, y en la superior unas cavidades en las que encajan los dientes.
Éstos son de marfil y pueden tener hasta un centenar de ellos, que le sirven para devorar las presas, y éstas ya no son diminutas, sino pulpos, calamares y hasta tiburones pequeños y focas, pero sobre todo pulpos, los cuales, cuando son grandes, oponen muy fuerte resistencia, llegando a herir al cachalote con su córneo pico.
El cachalote se encuentra en casi todos los mares y generalmente viaja en
bandadas; no es raro verle hacer cabriolas y dar enormes saltos sobre las olas, por lo que es extraordinariamente difícil clavarle el arpón. Los balleneros que lo sabían hacer, eran raros, ya que el cachalote tiene la costumbre de brincar sobre las lanchas, a las cuales hunde y destruye con su enorme peso, sobre todo cuando esas barcas eran de madera.


Fragmento de Moby Dick

1º de agosto de 1819- Estados Unidos

jueves, 31 de julio de 2014

...” ¿se escogía ("quiero morir contigo") a la persona con la que uno iba a vivir toda la muerte...?”

Juntos, desde hace 5.000 años...

Cuál de los dos murió primero

callando ante la verdad de los cuerpos que dialogan

en esta antigua tragedia anterior a la tragedia antigua,

porque cómo se hace -avisen, habría que decírselo a todospara

morir juntos sin desclavarse,

interminable hazaña nupcial no repetida

porque desde entonces ya no supimos cómo.

Cuál pudo ver en el otro, espiándole por partes, la agonía,

en qué momento se truncó el arco que describe el deseo

antes de terminar con el vencedor besando agradecido la ingle en despedida

y quedarse así con la pierna detenida para siempre en el viaje a la

entrepierna

(lentitud de quienes adueñándose del gozo se adueñaron del tiempo)

por donde pasa el viento áspero de la península con sus toallas de arena

cada mañana después de cada noche de ese ensayo general de los actos del

acto.

(¿O fue un acto inacabado,

palabra que la muerte detuvo en la primera sílaba,

tantas veces repetida por nosotros hasta ahora y tartamuda,

creyendo cada vez que es una muerte pequeñita,

contentos como quienes bailan esas danzas

cuyo origen ritual han olvidado?)

Amaos por favor, seguid amándoos

vorazmente insatisfechos por los siglos de los siglos de los siglos,

no desateis la inicial inmemorial amarra

porque qué nos restaría de esta amorosa e insolente estatua,

ni cómo iríamos a comprobar que álguienes se amaron

si de pronto estos huesos polvo fueran,

deshaciéndose en la tardía sacudida del espasmo

cien siglos después de haber comenzado apenas a tocarse con los dedos los

labios

y nos quedáramos así sin pruebas

de que existió la eternidad un día.



Jorge Enrique Adoum (ecuatoriano- 1926/2009)

De: El amor desenterrado

En: http://circulodepoesia.com



“Un oprimido puede convertirse en opresor”- Primo Levi


31 de julio de 1919 - Italia
Escritor, químico.
Antifascista y sobreviviente del Holocausto.

El elefante


Cavad: encontraréis mi osamenta
absurda en este lugar lleno de nieve.
Me cansé de la marcha y la pesada carga;
echaba de menos el calor y la hierba.
Encontraréis monedas y armas púnicas
enterradas por avalanchas: ¡absurdo, absurdo!
El absurdo de mi historia y el absurdo de la Historia.
¿Qué me importaban a mí Cartago y Roma?
Ahora mi fino marfil, nuestro gozo y orgullo,
noble, curvo como una luna en cuarto creciente,
yace astillado entre los guijarros del río.
No fue hecho para perforar corazas
sino para sacar raíces y agradar a las hembras.
Nosotros solo luchamos por ellas,
sabiamente, sin derramar sangre.
¿Queréis oíd mi historia? Es breve.
El astuto hindú me capturó y me domesticó,
el egipcio me puso grilletes y me vendió,
el fenicio me cubrió con una armadura
y puso una torre sobre mi grupa.
Era absurdo que yo, una torre de carne,
invulnerable, suave y terrible,
forzado aquí entre estas montañas enemigas,
resbalara en vuestro hielo que jamás había visto.
Cuando uno de nosotros se despeña, no hay quien lo salve.
Un valiente cegado trató mucho tiempo
de encontrar mi corazón con la punta de su lanza.
Lívido en el ocaso, he lanzado a estos picos
mis inútiles berridos agónicos: «¡Absurdo, absurdo!»

23 de agosto de 1984


11 de febrero de 1946


Te buscaba en las estrellas
cuando las interrogaba en mi niñez.
Pregunté a las montañas por ti
pero me dieron soledad y breve paz
tan solo alguna vez.

Como no estabas allí, en los largos crepúsculos
consideré la blasfemia temeraria
de que el mundo era el error de Dios
y, yo mismo, un error en el mundo.

Y cuando estuve cara a cara con la muerte,
todo mi ser gritó que no,
que no había acabado todavía,
que aún quedaba mucho por hacer.

Porque tú estabas ahí ante mí
conmigo a tu lado, justo como hoy,
un hombre y una mujer bajo el sol.

Volví porque tú estabas.


La niña de Pompeya


Como la angustia ajena es también la nuestra,
otra vez vivimos la tuya, niña delgada,
aferrada en un espasmo a tu madre,
como si cuando el cielo del mediodía se tornó negro
hubieras querido volver a su seno.
Era inútil, porque el aire, envenenado,
se filtró hasta hallarte tras las ventanas cerradas
de tu casa tranquila, de gruesos muros,
alguna vez feliz con tu canto y tus tímidas risas.
Han pasado siglos, las cenizas se han petrificado
aprisionando esos delicados miembros para siempre.
Así has permanecido con nosotros, como un molde de yeso
retorcido, una agonía sin término, testigo terrible de lo mucho
que nuestra orgullosa estirpe importa a los dioses.
Nada queda de tu hermana lejana,
la muchacha holandesa aprisionada entre cuatro paredes
que escribió sobre su juventud sin futuro.
Sus cenizas calladas fueron esparcidas por el viento,
su corta vida encerrada de un portazo en un cuaderno arrugado.
Nada queda de la niña de la escuela de Hiroshima,
sombra impresa sobre un muro por la luz de mil soles,
víctima sacrificada en el altar del miedo.
Poderosos de la tierra, dueños de venenos nuevos,
tristes guardianes secretos del trueno final,
los tormentos que el cielo nos envía son suficientes.
Antes de que vuestro dedo apriete el botón, deteneos, y pensad.

20 de noviembre de 1978


Ladrones


Llegan de noche como hilos de niebla,
con frecuencia incluso en pleno día.
Inadvertidos, se introducen a través
de las hendiduras, de los huecos de las cerraduras,
sin ruidos. No dejan huellas
ni quebrados cerrojos, ni desórdenes.
Son los ladrones del tiempo,
líquidos y viscosos como sanguijuelas:
se beben tu tiempo y lo escupen
como si botaran inmundicia.
Nunca les has visto el rostro. ¿Tienen rostro?
Labios y lengua sí,
y dientes muy pequeños y afilados.
Chupan sin causar dolor dejando sólo una lívida cicatriz.


 De: http://www.ddooss.org



A partir de lo que Primo Levi llamó la “zona gris” en la que se mueven las víctimas y los verdugos, Arnoldo Kraus construye una meditación acerca de la necesidad de dar testimonio, de decirle no al olvido frente a los genocidios y las violaciones a los derechos humanos.


Primo Levi, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, acuñó el término “zona gris” para referirse a la “larga cadena que une al verdugo y a la víctima”. En esa intersección, demarcada por el color gris, todo es posible: el verdugo puede convertirse en víctima, la víctima en verdugo y ambos en sus propias víctimas. Esa conversión no es mera retórica, es parte de la condición humana y reflejo del sitio que se ocupa cuando el mal toca a la puerta. Transformarse, o no, en verdugo es parte de un complejo intríngulis: hay que elegir entre las exigencias del grupo al cual pertenecen los verdugos o seguir el camino dictado por la conciencia y la educación. La bella frase, Eitam si omnes Ego nom (“Aunque los demás lo hagan y lo consientan, yo no”) no siempre prevalece.

El gris de Levi es un interludio entre lo blanco y lo negro. Su “zona gris” no es privativa de los Lager nazis: en todos los genocidios se funden odios y se entrelazan los eslabones de verdugos y víctimas convertidos en un santiamén en teselas. A diferencia del blanco y el negro, cuyas imágenes son sinónimo de totalidad, el gris nunca es la última palabra. El blanco y el negro no son colores intermedios; ni uno ni otro permiten la ambigüedad. Abarcan todo. Se es víctima (o verdugo) en lo blanco y se es verdugo (o víctima) en lo negro. El gris es un intermezzo que posibilita los vaivenes: una dosis de tinta lo convierte en negro, una dosis de gomas de borrar lo acerca al blanco.

En esa zona, explica Giorgio Agamben en su extraordinario libro, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III (Pre-Textos, 2009), “el oprimido se hace opresor y el verdugo aparece, a su vez, como víctima”. La “zona gris” de Levi es extrapolable, con algunos matices, a otros genocidios o a cualquier relación donde existan personas cuyas características las podrían convertir en víctimas o en ajusticiadores.

En ese vaivén, donde el lenguaje acabado del blanco y del negro choca con el lenguaje inacabado del gris, el bien y el mal se mezclan incesantemente y cuestionan.

(...)

Tzvetan Todorov, en su libro Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX (Península, 2002), ofrece el siguiente argumento: “Mientras que los genocidios de mediados de siglo —se refiere al siglo XX—, desde el de Rusia hasta el de Camboya, se llevaban a cabo en nombre del futuro (el totalitarismo se proponía crear un hombre nuevo; era preciso, pues, eliminar a quienes no se prestaban al proyecto), las matanzas más recientes han sido perpetradas en nombre de un recuerdo del pasado”. Entre las matanzas “en nombre del futuro” y los genocidios en “nombre de un recuerdo del pasado”, la mayor certeza es la responsabilidad del presente.

Arnoldo Graus

De: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/8210/kraus/82kraus02.html


Israel, la "zona gris" del presente.
Primo Levi, un visionario "inconveniente".



miércoles, 30 de julio de 2014

Horizontalidad en la cuna, en la pasión, en el conocimiento y en el féretro, porque todos ignoramos de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Todos aprendemos de todos: un lema inapelable en nuestra Casa.


Por eso, hoy, Eduardo Varela -querido compañero de larga trayectoria en PERRAS NEGRAS, investigador enamorado de culturas originarias (si no son occidentales, mejor)- nos presenta a:

Joumana Haddad
6 de diciembre de 1970- Beirut
Poeta, periodista, traductora (domina siete lenguas),
artista y activista.

Geología del “yo”


Soy el 6 de diciembre de mil novecientos setenta;
soy la hora justo después del mediodía.
Los gritos de mi madre alumbrándome
y sus gritos alumbrándola.
Su útero soltándome para emerger por mí misma,
su sudor alcanzando mi potencialidad.
Soy los ojos de mi familia sobre mí,
las miradas del padre, del abuelo, de las tías.
Soy todas sus perspectivas posibles;
las cortinas corridas, y las paredes detrás de esas,
y soy la que no tiene nombre, ni mano, por lo que viene detrás.
Soy las expectativas sobre mí, los sueños malogrados,
los vacíos suspendidos como amuletos en torno a mi cuello.
Soy el abrigo rojo ceñido, que lloraba al llevarlo,
y todas las constricciones que aún me hacen llorar.
Soy las tablas de multiplicar que aún ahora no domino.
El dos que suma uno, siempre uno.
Y soy la teoría de las líneas curvas, nunca juntas.
Soy mi fe, de niña, en que la Tierra giraba en torno a mi corazón
y mi corazón, en torno a la Luna.
Soy la mentira de Papá Noel,
que aún hoy creo.
Soy la mentira de Dios,
que no creo más.
Soy la astronauta que soñaba ser algún día,
las arrugas de mi abuela que se suicidó;
mi frente apoyada en su regazo ausente.
Soy chantaje, mi vicio inaugural.
Soy guerra
y el cadáver del hombre que los combatientes arrastraron ante mí,
y su pierna intentando seguirlo.
Soy la adolescencia de mi pecho derecho,
la sabiduría del izquierdo,
el poder de ambos bajo una camiseta ajustada
y luego mi conciencia de su poder: el inicio de la caída.
Soy mi aburrimiento rápido, mi primer cigarrillo, mi atrasada obstinación,
las estaciones pasadas.
Y soy la nieta de la niña que fui;
su falta de mi rabia,
mis decepciones, mis triunfos,
mis laberintos, mis mentiras,
mis cicatrices y mis virajes erróneos.


De: http://akantilado.wordpress.com



El retorno de Lilith


Las bestias monteses se encontrarán con los gatos
cervales, y el peludo gritará a su compañero:
Lilith también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo.
Isaías 34:14


Yo soy Lilith, la diosa de dos noches que vuelve de su exilio.

Yo soy Lilith, la diosa de dos noches que vuelve de su exilio.

Soy Lilith, la mujer destino. Ningún macho escapa a mi suerte y ningún macho quisiera escapar.

Soy las dos lunas Lilith. La negra no está completa sino por la blanca, ya que mi pureza es la chispa del desenfreno y mi abstinencia, el inicio de lo posible. Soy la mujer-paraíso que cayó del paraíso, y soy la caída-paraíso.

Soy la virgen, rostro invisible de la desvergüenza, la madre-amante y la mujer-hombre. La noche, pues soy el día; la costa derecha, pues soy la izquierda; y el Sur, pues soy el Norte.

Soy la mujer festín y los convidados al festín. Me llaman la hechicera alada de la noche, la diosa de la tentación y del deseo. Me han nombrado patrona del placer gratuito y de la masturbación y liberada de la condición de madre para que sea el destino inmortal.

Soy Lilith, la de los blancos senos. Irresistible es mi encanto, pues mis cabellos son negros y largos y de miel son mis ojos. La leyenda cuenta que fui creada de la tierra para ser la primera mujer de Adán, pero no me sometí.

Soy Lilith que retorna del calabozo del olvido blanco, leona del señor y diosa de dos noches. Yo reúno aquello que no puede ser reunido en mi copa y lo bebo ya que soy la sacerdotisa y el templo. Agoto toda embriaguez para que no se piense que me puedo saciar. Me hago el amor y me reproduzco para crear un pueblo de mi linaje, ya que mato a mis amantes para dar paso a los que aún no me han conocido.

Soy Lilith, la mujer selva. No supe de espera deseable, pero sí de leones y de especies puras de monstruos. Fecundo todos mis flancos para fabricar el cuento. Reúno las voces en mis entrañas para que se complete el número de esclavos. Devoro mi cuerpo para que no se me diga famélica y bebo mi agua para nunca sufrir de sed. Mis trenzas son largas para el invierno y mis maletas no tienen cubierta. Nada me satisface ni me sacia y aquí estoy de regreso para ser la reina de los extraviados en el mundo.

Soy la guardiana del pozo y el reencuentro de los opuestos. Los besos sobre mi cuerpo son las heridas de aquellos que trataron. Desde la flauta de los muslos asciende mi canto, y desde mi canto la maldición se expande en agua sobre la tierra.

Soy Lilith, la leona seductora. La mano de cada sirviente, la ventana de cada virgen. El ángel de la caída y de la conciencia del sueño ligero. Hija de Dalila, de María Magdalena y de las siete hadas. No hay antídoto contra mi maldición. Por mi lujuria se elevan las montañas y se abren los ríos. Regreso para penetrar con mis flujos el velo del pudor y para limpiar las heridas de la falta con el aroma del desenfreno.

Desde la flauta de los muslos asciende mi canto
y por mi lujuria se abren los ríos.
¿Cómo podría no haber mareas
cada vez que entre mis labios verticales brilla una sonrisa?
Porque soy la primera y la última
La cortesana virgen
El codiciado temor
La adorada repudiada
Y la velada desnuda,
Porque soy la maldición de lo que antecede,
El pecado desapareció de los desiertos cuando abandoné a Adán.
Él se equivocó por completo, hizo añicos su perfección.
Lo hice descender a tierra, y para él alumbré la flor de la higuera.

Soy Lilith, el secreto de los dedos que insisten. Perforo el sendero, divulgo los sueños, destruyo ciudades de hombres con mi diluvio. No reúno dos de cada especie para mi arca. Más bien los transformo a todos para que el sexo se purifique de toda pureza.

Yo, versículo de la manzana, los libros me han escrito aunque ustedes no me hayan leído. El placer desenfrenado, la esposa rebelde, la realización de la lujuria que conduce a la ruina total. En la locura se entreabre mi vestimenta. Los que me escuchan merecen la muerte y los que no me escuchan morirán de despecho.

No soy remisa ni la yegua dócil,
soy el estremecimiento de la primera tentación.
No soy remisa ni la yegua dócil,
Soy el desvanecimiento del último pesar.

Yo, Lilith, el ángel desvergonzado. La primera yegua de Adán y la corruptora de Satán. El imaginario del sexo reprimido y su más alto grito. Tímida, pues soy la ninfa del volcán; celosa, pues la dulce obsesión del vicio. El primer paraíso no me pudo soportar. Y me arrojaron de él para que siembre la discordia sobre la tierra, para que dirija en los lechos los asuntos de los que a mí se someten.

Soy Lilith, el destino de los conocedores y la diosa de dos noches. La unión del sueño y de la vigilia. Yo, la poeta feto, perdiéndome gané mi vida. Regreso de mi exilio para ser la esposa de los siete días y las cenizas de mañana.

Yo la leona seductora regreso para cubrir de vergüenza a las sumisas y reinar sobre la tierra. Regreso para sanar la costilla de Adán y liberar a cada hombre de su Eva.

Yo soy Lilith
Y vuelvo de mi exilio
Para heredar la muerte de la madre que he criado.





Joumana Haddad: «En Líbano sólo sobrevivimos»

Profesión: poeta, traductora, periodista y escritora. Nació: en 1970, en Beirut (Líbano).
Por qué está aquí: acaba de publicar «Yo maté a Sherezade. Confesiones de una mujer árabe furiosa» (Debate).

30 de marzo de 2011. 04:00h Cecilia García.

–¿Por qué está furiosa?
–La furia es un sentimiento contrario a la resignación. Estoy furiosa y harta de los clichés sobre la mujer árabe, que algunos son ciertos, pero están incompletos. Es cierto que hay algunas que se sienten incapaces y son autoindulgentes. Se dicen: «Soy débil, no tengo poder, por lo que no puedo cambiar mi destino», pero hay otras como yo, furiosas, independientes y decididas a cambiar las cosas.

–¿Y no será que, ya sea en el mundo árabe, o en Occidente seguimos esperando a una dócil Sherezade?
–Sí, una mujer exótica, encantadora, que sabe contar historias, sensual, a las que se las trata con condescendencia... Pero, cuidado, también hay mujeres occidentales así.

–Incluso a algunas les gusta serlo. ..
–Sí, aunque saben que es pura sumisión, su vida está en manos de los hombres.

–Usted descubrió la literatura, y en especial la literatura erótica muy pronto...
–Sí, me sentía encadenada por mi país, que vivía una guerra absurda, y una familia que me dio una educación muy estricta. Leer «Lolita» y «Justine» fue como una explosión para mí. Encontré mi identidad más auténtica, me reencontré con mi cuerpo, mi sexualidad y mi independencia.

–¿Está eufórica por las revueltas en el mundo árabe?
–Sí que estoy contenta, y también observo los movimientos con mucha prudencia. Evidentemente, esas dictaduras eran horrorosas, pero no estoy segura de que lo que venga ahora sea mejor, sobre todo, para las mujeres.

–Pero ellas han estado presentes en las revueltas.
–Me temo que muchas han sido utilizadas por los hombres para estar ahí, pero no se han dado cuenta. Por ejemplo, en Egipto, donde las mujeres no están tomando ningún protagonismo en la Transición. No creo que los nuevos regímenes sean más sensibles a los derechos de las mujeres, porque consideran un lujo.

–¿Cómo valora la intervención en Libia?
–Creo que está movida por intereses económicos, no creo que empleen la misma fuerza en Siria o en Yemen, cuyos pueblos viven también en dictadura.

–Al menos, en el Líbano la situación no es tan crítica...
–Hemos vividos muchas pequeñas guerras, pero tengo la ilusión de vivir un día en un Líbano más libre donde no se discrimine a la mujer. En Líbano no vivimos, sobrevivimos.

De: http://www.larazon.es


A Eduardo, el agradecimiento de tod@s, y al/ la lector/a, la sugerencia de recorrer la Web para seguir leyendo a Joumana... Como ella sostiene: "La libertad empieza en la cabeza, y al madurar se expresa en tu discurso, en tu comportamiento"...






lunes, 28 de julio de 2014

“Ahora tenemos mucho peso sobre los hombros"- Bernardo Atxaga

27 de julio de 1951- Guipúzcua
Escritor,
licenciado en Ciencias Económicas y en Filosofía y Letras,
guionista, vendedor de libros, instructor de euskera.


La Vida Según Adán 



Enfermó Adán el primer invierno después de su salida del paraíso y asustado con los síntomas, la tos, la fiebre, el dolor de cabeza, se echó a llorar igual que años más tarde lo haría María Magdalena, y dirigiéndose a Eva, “no sé qué me ocurre” gritó, “tengo miedo” “amor mío, ven aquí, creo que ha llegado la hora de mi muerte”.

Eva se sorprendió mucho al oír aquellas palabras, amor, miedo, muerte y le pareció que pertenecían a una lengua extraña, ajena al paradisiaqués, y anduvo con ellas en la boca, masticándolas como pepitas, como raíces, hasta que creyó, amor, miedo, muerte, comprender enteramente su sentido. Para entonces Adán ya se había repuesto, y volvía a sentirse feliz, o casi.

Fue sólo, aquel hecho extraparadisíaco, el primero de una larga serie, de modo que Adán y Eva siguieron, por así decir, recibiendo clases intensivas de la lengua que decía amor, miedo, muerte, aprendiendo palabras como cansancio, sudor, carcajada, carcaj, carcamal, canción, caricia o cárcel; a medida que crecía su vocabulario, las arrugas de su piel aumentaban.

La hora de la muerte, la verdadera, le llegó a Adán siendo ya muy viejo, y quiso entonces transmitir a Eva lo que había aprendido, su última verdad. “¿Sabes, Eva?”, le dijo, “la pérdida del paraíso no fue en realidad una desgracia. A pesar de los trabajos, a pesar de lo del pobre Abel y todos los demás conflictos, hemos conocido lo único que, noblemente hablando, puede llamarse vida”.

Sobre la tumba de Adán se derramaron lágrimas corrientes, de agua y sal, que cayeron a tierra y no criaron jacintos, ni rosas, ni flores de ninguna clase, y de todos ellos fue Caín el que, paradójicamente, con más desgarro lloró; luego Eva recordó con cariño el susto de Adán cuando su primera gripe, y todos se calmaron, y se fueron, y tomaron algo, y comieron un bollo.




Las Gaviotas



Todas las tardes
se reúnen las gaviotas
frente a la estación del tren:
Allí repasan sus amores.

En su libro de memorias
dos flores de sándalo:
una señala la página de los puentes,
otra la de los suicidas.

Y también guardan una fotografía
del mendigo que, hace tiempo, transportaba
los despojos del mercado.

Pero su pequeño corazón
-que es el de los equilibristas-
por nada suspira tanto
como por esa lluvia tonta
que casi siempre trae el viento,
que casi siempre trae el sol.

Por nada suspira tanto
como por el inacabable
(cabalé, cabalá),
continuo mudar
del cielo y de los días.



De: http://www.poemasde.net

















En Uruguay hay demasiados “nidos de caranchos” protegidos por el silencio cómplice y por la naturalización de la costumbre.


Como se sabe, el carancho es un ave rapaz y muy selectiva en su procedimiento de caza, pues prefiere presas jóvenes o ya heridas a las que somete a un hábil método de agresión: ojos, labios y zona anal son sus áreas primarias de ataque, de tal manera que provoca su indefensión, su agonía y su muerte.

Por analogía, y diseminad@s por todo el territorio, actúan cada vez más mujeres y hombres dedicad@s -como cualquier honesto trabajador- al abuso sexual infantil, una transgresión no ya contra la ley sino contra la naturaleza humana, un acto para cuya calificación todo vocablo resulta paupérrimo.

Ciertas medidas han sido adoptadas por las Autoridades pero realmente son de una insuficiencia alarmante porque, como ocurre con otros delitos, es vox-populi quiénes son es@s caranch@s, especialmente fuera de la capital.
Algún partido político ha propuesto la elaboración de una especie de catálogo de abusadores con el propósito de una circulación restringida. ¿Será todo lo que se pueda implementar?

Para estos delitos de lesa-humanidad, los ciudadanos merecemos otra atención, l@s niñ@s merecen un accionar medular, y no estas tímidas, esporádicas e inconclusas providencias. De cuajo hay que cortar ya esta práctica infame, repugnante, vergonzosa; la cicatriz que provoca es indeleble y es la eficaz orientadora hacia la cárcel o hacia la muerte.

¿Por qué proteger el nombre y la fisonomía de estos sujetos? Habría que “escracharlos” a nivel de todo el país, exponiendo sus datos y fotos en cada semáforo, en cada ómnibus, en cada comercio, en cada poste, en cada cerca de cada casa... en cada conciencia... 







domingo, 27 de julio de 2014

"Sus poemas me conmovieron" - Joan Manuel Serrat


¿Y ha de morir contigo el mundo mago


¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero,

  la voz que fue a tu corazón, la mano
que tú querías retener en sueños,
y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?

  ¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?

¿Los yunques y crisoles de tu alma
trabajan para el polvo y para el viento?



Antonio Machado
Galerías


De: http://www.poesi.as

26 de julio de 1875- España