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Aunque nacido en la Francia actual el 10 de octubre de 1813, la vibración de su música ligó en un solo cuerpo a la Italia desmembrada de la época, un cuerpo al que rindió permanente tributo de amor. ![]() |
Un 9 de marzo de 1842, Giuseppe Verdi, un joven compositor
que había pensado en dejar la música para siempre, estrenó en la Scala de Milán
una ópera que le haría abandonar sus dudas y su intención de no componer más
(se hallaba en un estado desolador después de la muerte de su esposa y de sus
dos hijos, aparte del fracaso de su obra cómica Un giorno di regno), y que le
colocó definitivamente en los primeros lugares de la vida musical ya no
italiana, sino universal: Nabucodonosor, más conocida por su nombre abreviado,
Nabucco. Una obra, además, que conectaría (aunque no fuera esa su intención primigenia)
con las ansias de libertad de los italianos ocupados por Austria, hasta el
punto de que el coro del Acto III, “Va, pensiero”, se convirtió en una suerte
de himno "oficioso" de Italia (y Verdi, por ende, en su compositor
más patriótico). Lo sigue siendo incluso hoy, y la reacción del público
asistente al estreno, que pidió el bis (como es también tradición), debió de
ser muy similar a esta que se produjo en Nápoles en 1949 (una noche en la que,
además, cantaba Abigaille una jovencita llamada Maria Callas...). Nabucco
encarriló la carrera de Verdi, y además le dio ocasión de conocer a la que
sería su segunda esposa, Giuseppina Strepponi, que estrenó el temible papel de
Abigaille y que al poco tiempo perdería su voz.
“Verdi dice que ha cometido un error al firmar
este contrato, porque lo obliga a trabajar y, por lo tanto, a sudar
excesivamente en verano y luego a pasar demasiado frío en invierno. ¡Harán
falta los tallarines y los macarrones bien preparados para recuperar su buen
humor en medio del hielo y los abrigos de piel¡”
De una carta de Giuseppina Strepponi, esposa de
Giusepe Verdi
De: http://www.elcondimentariodemargarita.com
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