sábado, 13 de julio de 2013

En hebreo, "Pablo" significa "el que dice cosas bellas", pero Ricardo no lo sabía...

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto12 de julio de 1904








En Latinoamérica, 

decir Poesía
es decir

Pablo Neruda


La poesía


Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
De invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
No, no eran voces, no eran palabras, ni silencio,
Pero desde una calle me llamaba,
Desde las ramas de la noche,
De pronto entre los otros,
Entre fuegos violentos
O regresando solo,
Allí estaba sin rostro
Y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar,
Mis ojos eran ciegos,
Y algo golpeaba en mi alma,
Fiebre o alas perdidas,
Y me fui haciendo solo,
Descifrando aquella quemadura,
Y escribí la primera línea vaga,
Vaga, sin cuerpo, pura tontería,
Pura sabiduría
Del que no sabe nada,
Y vi de pronto el cielo desgranado
Y abierto, planetas,
Plantaciones palpitantes,
La sombra perforada,
Acribillada por flechas, fuego y flores,
La noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
Ebrio del gran vacío constelado,
A semejanza, a imagen del misterio,
Me sentí parte pura del abismo,
Rodé con las estrellas,
Mi corazón se desató en el viento.



No me pregunten


Tengo el corazón pesado
con tantas cosas que conozco,
es como si llevara piedras
desmesuradas en un saco,
o la lluvia hubiera caído,
sin descansar, en mi memoria.

No me pregunten por aquello.
No sé de lo que están hablando.
No supe yo lo que pasó.

Los otros tampoco sabían
y así anduve de niebla en niebla
pensando que nada pasaba,
buscando frutas en las calles,
pensamientos en las praderas
y el resultado es el siguiente:
que todos tenían razón
y yo dormía mientras tanto.
Por eso agreguen a mi pecho
no sólo piedras sino sombra,
no sólo sombras sino sangre.

Así son las cosas, muchacho,
y así también no son las cosas,
porque, a pesar de todo, vivo,
y mi salud es excelente,
me crecen el alma y las uñas,
ando por las peluquerías,
voy y vengo de las fronteras,
reclamo y marco posiciones,
pero si quieren saber más
se confunden mis derroteros
y si oyen ladrar la tristeza
cerca de mi casa, es mentira:
el tiempo claro es el amor,
el tiempo perdido es el llanto.

Así, pues, de lo que recuerdo
y de lo que no tengo memoria,
de lo que sé y de lo que supe,
de lo que perdí en el camino
entre tantas cosas perdidas,
de los muertos que no me oyeron
y que tal vez quisieron verme,
mejor no me pregunten nada:
toquen aquí, sobre el chaleco,
y verán como me palpita
un saco de piedras oscuras.


VI


Y porque Amor combate
no sólo en su quemante agricultura,
sino en la boca de hombres y mujeres,
terminaré saliéndoles al camino
a los que entre mi pecho y tu fragancia
quieran interponer su planta oscura.
De mí nada más malo
te dirán, amor mío
de lo que yo te dije.
Yo viví en las praderas
antes de conocerte
y no esperé el amor sino que estuve
acechando y salté sobre la rosa.
Qué más pueden decirte?
No soy bueno ni malo sino un hombre,
y agregarán entonces el peligro
de mi vida, que conoces
y que con tu pasión has compartido.
Y bien, este peligro
es peligro de amor, de amor completo
hacia toda la vida, hacia todas las vidas,
y si este amor nos trae
la muerte o las prisiones,
yo estoy seguro que tus grandes ojos,
como cuando los beso
se cerrarán entonces con orgullo,
con doble orgullo, amor,
con tu orgullo y el mío.
Pero hacia mis orejas vendrán antes
a socavar la torre
del amor dulce y duro que nos liga,
y me dirán: "Aquella
que tú amas,
no es mujer para ti,
por qué la quieres? Creo
que podrías hallar una más bella,
más seria, más profunda,
más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera,
y qué cabeza tiene,
y mírala cómo se viste
y etcétera y etcétera".
Y yo en estas líneas digo:
así te quiero, amor, amor,
así te amo, así como te vistes
y como se levanta
tu cabellera y como
tu boca se sonríe,
ligera como el agua
del manantial sobre las piedras puras,
así te quiero amada.
Al pan yo no le pido que me enseñe
sino que no me falte
durante cada día de la vida.
Yo no sé nada de la luz, de dónde
viene ni dónde va,
yo sólo quiero que la luz alumbre,
yo no pido a la noche
explicaciones,
yo la espero y me envuelve,
y así tú, pan y luz
y sombra eres.
Has venido a mi vida con lo que tú traías,
hecha
de luz y pan y sombra te esperaba,
y así te necesito,
así te amo,
y a cuantos quieran escuchar mañana
lo que no les diré, que aquí lo lean,
y retrocedan hoy porque es temprano
para estos argumentos.
Mañana sólo les daremos
una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja
que caerá sobre la tierra
como si la hubieran hecho nuestros labios,
como un beso que cae
desde nuestras alturas invencibles
para mostrar el fuego y la ternura
de un amor verdadero.

 ODA A LA BICICLETA


Iba
por el camino
crepitante:
el sol se desgranaba
como maíz ardiendo
y era
la tierra
calurosa
un infinito círculo
con cielo arriba
azul, deshabitado.

Pasaron
junto a mí
las bicicletas,
los únicos
insectos
de aquel
minuto
seco del verano,
sigilosas,
veloces,
transparentes:
me parecieron
sólo
movimientos del aire.

Obreros y muchachas
a las fábricas
iban
entregando
los ojos
al verano,
las cabezas al cielo,
sentados
en los
élitros
de las vertiginosas
bicicletas
que silbaban
cruzando
puentes, rosales, zarza
y mediodía.

Pensé en la tarde cuando los muchachos
se laven,
canten, coman, levanten
una copa
de vino
en honor
del amor
y de la vida,
y a la puerta
esperando
la bicicleta
inmóvil
porque
sólo
de movimiento fue su alma
y allí caída
no es
insecto transparente
que recorre
el verano,
sino
esqueleto
frío
que sólo
recupera
un cuerpo errante
con la urgencia
y la luz,
es decir,
con
la
resurrección
de cada día.


Al pie desde su niño



EL pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.


Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras, 
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar, 
que no puede ser fruto redondo en una rama. 
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó 
en la batalla, 
fue prisionero, 
condenado a vivir en un zapato.


Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera, 
sin conocer el otro pie, encerrado, 
explorando la vida como un ciego.


Aquellas suaves uñas 
de cuarzo, de racimo, 
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro, 
y los pequeños pétalos del niño 
se aplastaron, se desequilibraron, 
tomaron formas de reptil sin ojos, 
cabezas triangulares de gusano. 
Y luego encallecieron, 
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte, 
inaceptables endurecimientos.


Pero este ciego anduvo 
sin tregua, sin parar 
hora tras hora, 
el pie y el otro pie, 
ahora de hombre 
o de mujer, 
arriba, 
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios, 
atrás, 
afuera, adentro, 
adelante,
este pie trabajó con su zapato, 
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño, 
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.


Y entonces a la tierra 
bajó y no supo nada, 
porque allí todo y todo estaba oscuro, 
no supo que había dejado de ser pie, 
si lo enterraban para que volara 
o para que pudiera
ser manzana.




Llénate de mí

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.

Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.

No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.
No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos, Rompamos este camino juntos.
Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.

Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos
destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,
correr fuera de mí mismo, perdidamente,
libre de mí, furiosamente libre.
Irme,
Dios mío,
ir


Un perro ha muerto




Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.

Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.

Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.

No, mi perro me miraba dándome la atención necesaria
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas del mar,
en el Invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasando de pájaros glaciales
y mi perro brincando, hirsuto,
lleno de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más,
con el absolutismo de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.

Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.







CANTO GENERAL

LOS LIBERTADORES

XXVI

Artigas

1

(I)


Artigas crecía entre los matorrales y fue tempestuoso
su paso porque en las praderas creciendo el galope de piedra o
campana
llegó a sacudir la inclemencia del páramo como repetida
centella,
llegó a acumular el color celestial extendiendo los cascos
sonoros
hasta que nació una bandera empapada en el uruguayano
rocío.


 (II)

Uruguay, Uruguay, uruguayan los cantos del río uruguayo,
las aves turpiales, la tórtola de voz malherida, la torre del
trueno uruguayo
proclaman el grito celeste que dice Uruguay en el viento
y si la cascada redobla y repite el galope de los caballeros
amargos
que hacia la frontera recogen los últimos granos de su
victoriosa derrota
se extiende el unísono nombre de pájaro puro,
la luz de violín que bautiza la patria violenta. 


(III)

Oh Artigas, soldado del campo creciente, cuando para toda la
tropa bastaba
tu poncho estrellado por constelaciones que tú conocías,
hasta que la sangre corrompe y redime la aurora, y despiertan
tus hombres
marchando agobiados por los polvorientos ramales del día.
Oh padre constante del itinerario, caudillo del rumbo,
centauro de la polvareda!


(IV)

Pasaron los días de un siglo y siguieron las horas detrás de tu
exilio:
detrás de la selva enredada por mil telarañas de hierro:
detrás del silencio en que solo catan los frutas podridos sobre
los pantanos,
las hojas, la lluvia desencadenada, la música del urutaú,
los pasos descalzos de los paraguayos entrando y saliendo en
el sol de la sombra,
la trenza del látigo, los cepos, los cuerpos roídos por
escarabajos:
un grave cerrojo se impuso apartando el color de 1a selva
y el amoratado crepúsculo cerraba con sus cinturones 25
los ojos de Amigas que buscan en su desventura la luz
uruguaya.


(V)

«Amargo trabajo el exilio» escribió aquel hermano de mi
alma
y así el entretanto de América cayó como párpado oscuro
sobre la mirada de Artigas, jinete del escalofrío,
opreso en la inmóvil mirada de vidrio de un déspota, en un
reino vacío.


(VI)

América tuya temblaba con penitenciales dolores:
Oribes, Alveares, Carreras, desnudos corrían hacia el
sacrificio: 
morían, nacían, caían: los ojos del ciego mataban: la voz de
los mudos
hablaba. Los muertos, por fin encontraron partido,
por fin conocieron su bando patricio en la muerte. 35
Y todos aquellos sangrientos supieron que pertenecían
a la misma fila: la tierra no tiene adversarios.


(VII)

Uruguay es palabra de pájaro, o idioma del agua,
sílaba de una cascada, es tormento de cristalería,
Uruguay es la voz de las frutas en la primavera fragante, 40
es un beso fluvial de los bosques y la máscara azul del
Atlántico.
Uruguay es la ropa tendida en el oro de un día de viento,
es el pan en la mesa de América, la pureza del pan en la mesa.



(VIII)

Y si Pablo Neruda, el cronista de todas las cosas te debía,
Uruguay, este canto,
este canto, este cuento, esta miga de espiga, este Artigas,
no falté a mis deberes ni acepté los escrúpulos del
intransigente:
esperé una hora quieta, aceché una hora inquieta, recogí los
herbarios del río,
sumergí mi cabeza en tu arena y en la plata de los pejerreyes,
en la clara amistad de tus hijos, en tus destartalados mercados
me acendré hasta sentirme deudor de tu olor y tu amor. 50
Y tal vez está escrito el rumor que tu amor y tu olor me
otorgaron
en estas palabras oscuras, que dejo en memoria de tu capitán
luminoso.




Restos de Pablo Neruda fueron derivados a España para exámenes toxicológicos

De: www.eldinamo.cl


El ministro Mario Carroza autorizó el envío de los restos de Pablo Neruda a España para que sean sometidos a una serie de estudios toxicológicos y determinar la intervención de terceros en su muerte, ocurrida en septiembre de 1973.

Según lo señalado por el sobrino del poeta, Rodolfo Reyes, a Emol, las muestras óseas serán analizadas por el Servicio Externo de Ciencias y Técnicas Forenses de la Universidad de Murcia, bajo la supervisión del tanatólogo Aureliano Luna Maldonado, quien participó en la exhumación del cuerpo del Premio Nobel de Literatura en Isla Negra.

“Nos parece que toda pericia que ayude a esclarecer la muerte de Neruda es muy importante”, señaló Reyes, quien calificó de “destacable” el accionar de Carroza para determinar si su tío murió producto de un cáncer metastático o fue envenenado, como acusa su ex chofer Manuel Araya.

Además, expresó que estos exámenes se realizarán en paralelo a los estudios que se están desarrollando en Carolina del Norte para determinar si existe alguna toxina en los restos de Pablo Neruda y que pudo haber sido usada para acelerar su muerte. Esto, a pesar que el Servicio Médico Legal señaló que el poeta sufría de un cáncer de próstata avanzado y metastático.

Rodolfo Reyes explicó que se realizarán nuevas diligencias para tratar de determinar la identidad del enigmático doctor “Price”, quien atendió a Neruda horas antes de su fallecimiento.

Así, se buscará a las enfermeras que trabajaron en la Clínica Santa María en 1973 y cuyas declaraciones serían vitales para determinar el nivel de participación de Price, quien es descrito como un hombre de 27 a 28 años, rubio, de ojos azules y un metro 80 de estatura.




Alguna vez, hombre o mujer, viajero,
después, cuando no viva,
aquí buscadme, buscadme
entre piedra y océano,
a la luz procelaria
de la espuma.
Aquí buscad, buscadme,
porque aquí volveré sin decir nada,
sin voz, sin boca, puro,
aquí volveré a ser el movimiento
del agua, de
su corazón salvaje,
aquí estaré perdido y encontrado:
aquí seré tal vez piedra y silencio.

      De: Yo volveré
                                                            

                                                                









Publicar un comentario