miércoles, 19 de junio de 2013

"Vidalita, acordate de José Artigas y endulzate la boca cuando lo digas".- Carlos Bonavita



19 de junio de 1764


Bandera de Artigas, hasta los tuétanos hija
de su purísimo e irrepetible sentimiento,
de su innegociable ideario,
de su entrega absoluta a la Vida
que es de todos y es de naides. 

Por él creada el 1º de marzo de 1815, bajo la energía de estas palabras: 

"“Yo he ordenado en todos los pueblos libres de aquella opresión, que se levante una igual a la de mi Ctel. Gral., blanca en medio, azul en los dos extremos, y en medio de estos unos listones colorados, signo de la distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la República, y de la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia...”.
(Archivo Artigas Tomo Vigésimo) De: Wikipedia




Martín José Artigas, capitán de milicias 
y miembro del cabildo de Montevideo, 
se casó con Francisca Antonia Pascual Rodríguez.
José Artigas fue el tercer hijo 
de los seis que tuvieron sus padres.
Su abuela materna era descendiente 
de una princesa inca llamada Beatriz Tupac Yipanqui.




En la “Vida del brigadier general D. José Gervasio Artigas”, publicada en 1860, Isidoro de María afirmó que Artigas había “nacido en el año 1758 en Montevideo”.  En 1879, al reeditar este estudio en el tomo primero de los “Rasgos biográficos”, expresó: “Artigas era natural de Montevideo.  Nació en Las Piedras por el año 1760”.  Pero en 1884, al publicar la tercera edición de esta obra, rectificó este error.  Para esa fecha ya había sido dado a conocer por Carlos M. Ramírez, en ocasión de su polémica con el “Sud América”, el texto de la partida de bautismo de Artigas.  “La tradición, expresa De María, lo daba nacido en el pago o partido de Las Piedras, probablemente por las circunstancias de poseer sus padres un establecimiento de campo en el Sauce Solo, jurisdicción de la parroquia de Las Piedras.  Siguiendo esa creencia lo dimos, en la primera edición, como nacido en Las Piedras.  Pero por la partida de bautismo que obtuvimos posteriormente, etc”, “consta –dice- haber nacido en Montevideo el 19 de junio de 1764 y bautizado el 21 del mismo en la iglesia parroquial de esta ciudad”.


Destituidas pues de todo fundamento están las versiones según las cuales Artigas habría nacido en Sauce, Las Piedras o Pando.  Debemos atenernos a la partida de bautismo que lo declara natural de Montevideo.  Queda por determinar ahora en qué lugar de la ciudad de Montevideo nació el prócer.

En “La Semana”, el 18 de mayo de 1911, Alberto Dutrenit, luego de aceptar sin reservas que Artigas había nacido en Montevideo, se refirió a la dificultad que existía para determinar la ubicación de su casa natal, localizada por algunos elementos tradicionales y sin ningún fundamento en la calle Washington.  Cuando nació Artigas en 1764, su padre no tenía propiedades en la ciudad, de la que se hallaba ausente durante largos períodos.  Nada parece más natural que su esposa, hija única, viviera en la casa que sus padres tenían en Montevideo.  En efecto María Rodríguez Camejo y Felipe Pascual Arnal, fallecidos en 1772 y en 1773, poseyeron una finca ubicada en las esquinas de las actuales calles Cerrito y Colón, propiedad, que fue heredada por Martín José y Francisca Antonia Arnal, padres de Artigas, que en ella residían de seguro en compañía de los abuelos maternos de Artigas en el año 1764 en que éste nació.  Esa finca pasó luego a ser de pertenencia de Artigas y en ella residió su hijo José María, casado con Josefa De María, cuyo hermano, el cronista Isidoro De María publicó en 1900 un breve e ilustrativo artículo relacionado con el punto.  Es curioso señalar el detalle de que habiendo sido De María quien en un principio formuló las afirmaciones más erróneas sobre la fecha y el lugar del nacimiento de Artigas, fuera quien cincuenta años después aportara elementos de juicio esclarecedores sobre el segundo aspecto del problema.  En efecto, en el citado artículo inserto en “Rojo y Blanco” el 24 de junio de 1900, el venerable cronista se refirió a los bienes que Artigas recibió como herencia de sus padres, figurando entre ellos “un solar de terreno en la calle San Benito, de 25 varas de frente por 50 de fondo”.  Dice que lo percibió por herencia materna y que más tarde con la finca que habían levantado sus bisabuelos pasó a ser propiedad del hijo del prócer José María Artigas Villagrán, cuñado de María.  “En este edificio –expresa De María- casi derrumbado en 1833, fue donde nació el general Don José Gervasio de Artigas, y en su terreno se halla actualmente edificada la casa de la calle Colón número 71”.

El solar nativo de Artigas puede pues localizarse en la esquina noreste formada por las calles Colón y Cerrito, entonces San Benito y San Luis, donde se levantó la propiedad de sus abuelos maternos María Rodríguez Camejo y Felipe Pascual Arnal.



Casa natal de Artigas en Montevideo

La casa no era amplia, tampoco podía llamársela bella.  Pero resultaba cómoda.  En 1832 en que le fue adjudicada a la hija primogénita Martina Antonia, la acción del tiempo ya le había causado deterioros, pero mantenía todavía cubiertos sus gruesos muros de piedra y firme su alargado techo de teja, a dos aguas, de aleros rasantes (sin aleros), techo cuya construcción había demandado en su lejana época y vaya el detalle para los que gustan de cifras exactas el empleo de 5.000 tejas sin una más ni una menos.
De acuerdo a su orientación en aquella esquina, la casa recibía el embate de los vientos del sur, por la parte de su mojinete, proyectado a su vez hacia la calle San Benito (Colón hoy y anteriormente sin nombre) la bañaban desde el amanecer los rayos del sol.

En este frente se abrían dos pequeñas ventanas sin rejas, flanqueando a distancia proporcionada la principal abertura, o sea la que, en su lenguaje corriente, los familiares denominaban desde vieja data con cierto énfasis portal de entrada.  Sus dinteles se apoyaban sobre un escalón de piedra. Hacia la esquina se abría la segunda puerta, también con su escalón.

Construida en un solo cuerpo, la casa alargaba allí su planta rectangular de unas 18 varas de largo (m. 15,03) por 6 y media de ancho (m. 5,4275) teniendo una altura de 3 varas (m. 2,52) hasta los aleros y 5 (m. 4,18) hasta la cumbrera.  En esta planta se contaban tres piezas corridas, también con denominación propia en el lenguaje familiar, o sean el cuarto esquina, la sala y el cuarto dormitorio.

Entre el primero y la segunda se mantenía interiormente la separación de ambientes mediante una divisoria de adobe, y entre ésta y el último cuarto, realizaba igual objetivo una divisoria en que se abría una abertura con marco, sin batientes.  La sala que no era otra cosa que el comedor, comunicaba a la calle por el portal de entrada y recibía la luz también por una de las ventanitas (ventana a la calle) ya mencionadas.  La segunda ventana corresponde al cuarto dormitorio, que además tenía otra en opuesto sentido (¿o sería una puerta?), con vista al gran patio, sin corredor (¿no tendría alero?), todo pavimentado de piedra loza y hacia el cual sólo tenía salida desde las dos piezas primeramente mencionadas.

En este patio se veía implantado hacia la parte de la calle San Luis (hoy Cerrito), el llamado cuarto de los viejos, para cuya construcción contribuyó con los materiales correspondientes Martín José Artigas.

En el mismo patio, situada frente al cuarto dormitorio, del que distaba unas pocas varas, estaba la cocina, lugar de estar de la familia, como todas las de su tiempo, y donde a la hora del asado confraternizaban en rueda cordial amos y esclavos.  Era bastante amplia y disponía de un fogón con estribadero, campana y chimenea.  Tenía, como únicas aberturas una puerta y una ventana.  Sobre sus paredes de piedra, reposaba un techo armado con 18 tijeras (vigas de madera en forma de cabreadas) y cubierto en 800 tejas.  Tal era en sus principales características la casa (natal) de Artigas.

De : www.revisionistas.com.ar

Casa de los Artigas en Sauce.


Quizás pueda esta niña representar
a una de las tantas y tantos 
por los que Artigas sentía tanta devoción.
Quizás ella no conoce aún
aquella frase emblemática
de su credo social
que dice: 

"Los niños americanos tienen que saber
que se puede elegir entre
el cautiverio y el desierto".


Transmitirla es el mejor tributo
que podemos rendirle
al mejor de los orientales.
Por eso, oportuno es agradecer también
a Gonzalo Abella,
un maestro visceralmente artiguista, 
por haber roto el silencio una vez más.