viernes, 21 de junio de 2013

¿Partida o llegada?



Cada vez más cercana se oye la bocina de la locomotora. La estación está llena de gente,  triste y contenta, con sus “holas” y “adioses”.
Yulia Vasilievna está de pie, con un pequeño bolso en su mano izquierda y una valija  no muy grande en la derecha. Su naricita larga ya no es tan bonita y tiene más bien aire de señora seria que de pobre muchacha. Koria y Valia ya han crecido y no necesitan cuidados sino un buen partido.
El tren llega, se detiene, y el silbato del inspector anuncia que hay que subirse, es hora de partir.

Yulia Vasilievna se sienta junto a la ventana viendo cómo lentamente el paisaje tan conocido se va quedando atrás y que ninguno de los pañuelos que se agitan la ha despedido.
Con ella se sienta una señora bastante mayor y muy refinada, que movió la mano para saludar a alguien, con tanto entusiasmo que su delicado sombrero voló hacia la falda de Yulia.
-Sírvase, Señora- le dice mientras se lo alcanza con prontitud.
-Gracias, joven- responde la señora y agrega:-¿A dónde se dirige?
-A mi pueblo natal, K.
-¡Qué casualidad, yo voy para allá también! Así que tendremos un trecho largo para conversar.
A Yulia no le entusiasma mucho la idea, pero ya que está ahí, le contesta:
-Encantada de charlar con una señora tan elegante.
La dama se acomoda en el asiento y con aire de superioridad le pregunta:
-¿Sería capaz de dejarme del lado de la ventana? Es que me falta el aire cuando viajo con tanta gente.
Yulia se pone de pie, le da paso y cuando ésta se acomoda, ocupa su lugar.
-¿Cómo se llama?
-Yulia Vasilievna.
-¿Y a qué se dedica?
-Soy institutriz, es decir, era la institutriz de las niñas del alcalde de W, pero se han vuelto jóvenes casaderas y ya no me necesitan.
-Entonces, ahora mismo no está ubicada con ninguna familia.
-No, pero tengo unos ahorros…
-No se hable más, desde que la vi me pareció la persona adecuada.
-Ya no soy una joven y un descanso…
-Va a ver, mis nietos le van a encantar: son tres varones de cuatro, cinco y ocho años. Ahora mismo estoy yendo para la casa de mi hija porque está a punto de dar a luz, y la preceptora que tenía -una muchacha irrespetuosa, irresponsable y exigente- le pedía más dinero, porque cuando empezó a trabajar se trataba de dos chicos y ahora van a ser cuatro. ¡Dónde se ha visto!
-Es que... es mucho trabajo…
-¡Es que las institutrices de ahora no son como las de antes!
Yulia se mueve en el asiento, acomoda su falda y se abanica con cierta nerviosidad.

Cuando han pasado unas cuantas horas, llega el tren a K y empieza a detenerse. Yulia se pone de pie, le permite pasar primero a su acompañante y luego, con sus pocas pertenencias, camina detrás de ella rumbo a la puerta.
Afuera hay sol, y pocas personas están esperando a la distinguida señora: el yerno y dos de los nietos…

Pilar Ríos

Integra el Taller de Pasiones Literarias del CFH Perras Negras y actualmente participa por Internet.





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