sábado, 29 de junio de 2013

“No pensé que viviera en un momento tan particular”- Czeslaw Milosz

30 de junio de 1911
Década tras década, la historia de su vida y la historia de su tiempo han caminado paralelas. Estudiante en Vilna y París durante los años veinte y miembro de la vanguardia literaria polaca en los treinta. Comprometido con la Resistencia de su país y testigo en los años cuarenta de la destrucción del ghetto de Varsovia y de la derrota que el Levantamiento infligió a los nazis, tras lo cual obtuvo el cargo de agregado de la embajada de la República Popular en Washington. Luego de su ruptura con el régimen en la década de los cincuenta, se convirtió en un intelectual exiliado en Francia: su equivalente a los cuarenta días en el desierto. En los sesenta, coincidiendo con el apogeo estival de sus poderes poéticos, fue profesor de lenguas eslavas en la Universidad de California, en Berkeley, un Salomón entre los muchachos de las flores. En los setenta, todavía en plena vena creativa, su status cambió de escritor émigré a visionario de talla mundial. En los ochenta, laureado con el premio Nobel, fue una fuerza política y moral en la Polonia de Solidaridad. Y en los noventa, un prodigio de incesante vitalidad imaginativa, una voz situada a medio camino entre los extremos de Orfeo y Tiresias.

"Tal vez olvidamos con demasiada facilidad", dijo Milosz en una entrevista, "la mutua hostilidad de siglos entre, por un lado, la razón, la ciencia y la filosofía de inspiración científica y, por otro, la poesía".

Al término de una conferencia en su honor a la que asistí en Los Ángeles en 1998, dijo, cosa típica en él, que si bien se habían discutido numerosos asuntos, no se había prestado suficiente atención al sufrimiento humano. No obstante, en el interior de este hombre que nos recordaba el sufrimiento, que había visto a los tanques borrar países y pueblos europeos, y que había visto llegar las bolsas de cadáveres de Vietnam en el momento candente de la cultura alucinógena de Haight Ashbury; en el interior de este hombre, digo, sobrevivía el niño que había hecho la primera comunión en la edad de la Inocencia; y a pesar de que el "fracaso humano" era algo evidente para el adulto, ello jamás supondría una negación de los raptos y momentos de trance de aquel niño.

Seamus Heaney
De: LetrasLibres


Cafetería


De aquella mesita en la cafetería
Donde en los mediodías de invierno brillaba un jardín de
    escarcha,
He quedado yo solo.
Podría entrar allí, si lo quisiera,
Y golpeando con los dedos en un vacío helado
Evocar las sombras.

Con incredulidad toco el mármol frío,
Con incredulidad toco mi propia mano:
Esto - es y yo soy en la historia que acontece,
Y ellos ya están cerrados por los siglos de los siglos
En su última palabra, en su última mirada.
Y lejanos como el emperador Valentiniano,
Como los jefes de los masagetas de quienes nada se sabe
Aunque apenas un año, dos o tres años pasaron.

Puedo ser todavía leñador en los bosques del norte lejano,
Puedo pronunciar un discurso desde la tribuna o rodar una
    película
Con métodos que ellos desconocían.
Puedo experimentar el sabor de frutas de las islas del
    océano
Y tener mi fotografía en el traje de la segunda mitad del
    siglo.
Y ellos ya para siempre como los bustos en chorreras y
    fraques
Del monstruoso Larousse.

Pero a veces, cuando el resplandor crepuscular colorea los
    techos de la calle pobre
Y fijo mi mirada en el cielo, veo allí, entre las nubes,
La mesita bamboleándose. El mesero da vueltas con la
    bandeja
Y ellos me miran soltando carcajadas.
Porque yo no sé todavía cómo se muere por la mano cruel
    del hombre.
Ellos saben, ellos bien lo saben.


 Un aire

Espejos en los que vi el color de mi boca,
¿Quién anda por ahí, quién de sí mismo se extraña de
    nuevo?
Collar de piedras de ágata, perdido y esparcido,
¿Qué hormiga te visita en un crecido bosque?
Corchete arrancado en la prisa amorosa,
¿En el fondo de cuál gran río yaces?
Llanto mío, cuando se alejaba de mí el amigo,
¿Por qué no puedo recordarte?
Ayer eso fue y no sé si lo fue.
Salí corriendo de la escuela y regreso con el bastón,
    encorvada y seca.
Hermanas mías de los sepulcros romanos, quise ser la
    única,
Pero me tapan, me llevan por el mismo portón.


Prueba

Y experimentaste, sin embargo, las llamas infernales.
Podrías hasta decir cómo son: reales.
Acabadas con garfios para desgarrar la carne,
Por pedazos, hasta el hueso. Ibas por la calle
Y seguía la tortura, el desangramiento, la azotaina.
Recuerdas luego no dudas. Por cierto que existe el
    Infierno.


La ventana

Miré por la ventana al amanecer y vi un manzano joven,
    transparente en la claridad.
Y cuando miré de nuevo al amanecer había allí un
    manzano grande cargado de frutas.
Muchos años entonces han pasado seguramente pero no
    recuerdo nada de lo que sucedió en el sueño.




Pez

Entre gritos, balbuceos extáticos, chillidos de trompetas,
    golpes en cacerolas y tambores
La suma protesta era guardar la medida.
Pero la simple voz humana perdía su derecho
Y era como un abrir del hocico del pez detrás de la pared
    del acuario.
Acepté mi destino. No obstante, era sólo un hombre,
Es decir, sufría dirigiéndome hacia los seres parecidos a mí.


De: MATERIAL DE LECTURA-UNAM 



Dedicatoria

                                                                            Varsovia 1945

"Vosotros, a quienes no pude salvar,
Escuchadme.
Intentad entender estas simples palabras, ya que de otras me avergonzaría.
Os juro que en ellas no hay hechicería.
Os hablo en silencio como una nube, como un árbol.

Aquello que me fortaleció a mí, para vosotros fue mortal.
Confundisteis el adiós a una época, con el advenimiento de una nueva
-Odio confabulado de belleza lírica.
Fuerza ciega de forma completa.

He aquí un valle polaco de ríos anémicos. Y un inmenso puente
Perdiéndose en la niebla. He aquí una ciudad vencida,
Y el viento arroja alaridos de gaviotas sobre vuestra tumba
Mientras os hablo.

¿Qué clase de poesía es aquella que no salva
Naciones o pueblos?
Una conspiración de mentiras oficiales.
Una tonadilla de borrachos cuyas gargantas serán cortadas de inmediato,
Una conferencia para señoritas.
He deseado la buena poesía sin saberlo,
He descubierto, ya tarde, su saludable objetivo.
En ella y sólo en ella, encuentro salvación.

Se solía esparcir millo o alpiste sobre las tumbas
Para alimentar a los muertos que volvían disfrazados de pájaros.
Aquí os dejo este libro, vosotros quienes alguna vez vivisteis
Para que nunca más volváis. "

Versión de Rafael Díaz Borbón


Elegía para  N. N.

Si es demasiado lejos para ti, dilo.
Habrías podido correr sobre las pequeñas olas del Báltico,
atravesar el campo de Dinamarca, la floresta de hayas,
virar hacia el océano, y ya está, cerca,
el Labrador, blanco en esta estación del año.
Tú, que soñabas una isla solitaria,
si temes las ciudades, el parpadeo de los fuegos sobre las autorrutas,
habrías podido tomar el camino de los bosques sordos,
sobre torrentes revueltos y azules, y rastros del ciervo y del reno,
hasta las Sierras, hasta las minas de oro abandonadas.
El Río Sacramento te habría llevado entonces,
por entre las colinas recubiertas de encinas espinosas.
Todavía un bosque de eucaliptos, y estarás en mi casa.

Es cierto, cuando la manzanita florece,
y la bahía es azul en las mañanas de primavera,
yo pienso a mi pesar en la casa entre lagos
y en las redes recogidas bajo el cielo Lituano.
La cabaña donde te despojabas de tu traje antes del baño
se cambió para siempre en un cristal abstracto.
Y en él está la oscura miel de la tarde, junto al balcón,
y las pequeñas lechuzas, graciosas, y el olor de los arneses.

Cómo podíamos vivir entonces, yo no puedo decirlo.
Las costumbres, los trajes, vibran imprecisos,
inconsistentes, tensos hacia el final.
Es tal vez que pensábamos en las cosas tal como son?
El saber de los años fogosos ha enrojecido los caballos ante la forja,
y las pequeñas columnas en el mercado de la aldea,
y los peldaños de madera y la peluca de Mamá Fliegeltaub.

Mucho hemos aprendido, tú bien lo sabes:
cómo nos es quitado, cosa por cosa, todo aquello que no podía ser,
la gente, las comarcas.
Y el corazón no muere cuando uno creyó que debería,
pero sonreímos, el té y el pan sobre la mesa.
Sólo el remordimiento de no haber amado como se debe
esa pálida ceniza de Sachsenhausen
con un amor absoluto, que no está a la medida del hombre.

Tú te has acostumbrado a nuevos inviernos, húmedos,
a la ciudad donde la sangre del propietario alemán
fue raspada de los muros, y a donde él jamás regresó.
Tampoco yo he llevado más de lo que podía, ciudades y país.
No se puede entrar dos veces en el mismo lago,
sobre hojas descompuestas de abedul,
y quebrando una estrecha estría de sol.

Tus faltas y las mías, no fueron grandes faltas,
tus secretos y los míos, no eran grandes secretos.
Cuando te anudan la mandíbula con un pañuelo,
cuando te ponen una cruz entre los dedos,
y a lo lejos un perro ladra, brilla una estrella.

No, no es porque estés tan lejos
que no has venido el otro día, la otra noche.
De año en año madura en nosotros y nos invadirá,
yo, como tú, lo he comprendido: la indiferencia.

                                                                        Berkeley, 1963

Versión de William Ospina



Madurez tardía


Tarde, ya en el umbral de mis noventa años
se abrió la puerta en mí y entré
en la claridad de la mañana.
Sentía cómo se alejaban de mí, como naves,
una tras otra, mis existencias anteriores con sus congojas.
Aparecían, otorgados a mi buril,
países, ciudades, jardines, bahías, para que los describiera
mejor que antaño.
No vivía separado de la gente, el pesar y la piedad
nos unieron y dije: olvidamos que todos somos
hijos del Rey.
Porque venimos de allí donde aún no hay
división entre el Sí y el No, no hay división entre el es,
el será y el ha sido.
Somos infelices porque hacemos uso de menos de
una centésima parte del don que habíamos recibido
para nuestro largo viaje.
Momentos de ayer y de hace siglos: un corte de espada,
un maquillaje de pestañas delante de un espejo de metal
bruñido, un disparo mortal de mosquete, una colisión
de una carabela con un arrecife, se mezclan en nosotros
y esperan su cumplimiento.
Siempre he sabido que seré obrero en la viña,
al igual que todos mis contemporáneos,
conscientes de ello, o inconscientes.

Versión de Elzbieta Bortkiewicz

 De: AMediaVoz.com





















Con la poeta Wislawa Szymborska

De: 
Fotografie © Mariusz Kubik
Prawa autorskie zastrzeżone

Autorzy: Foto: Mariusz Kubik

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