Nadie la
ve.
Pero está.
Anillada.
Simula
enhiesto mi talle.
Nadie la
oye.
Apenas si
quiero saber que respira.
Pero
respira. Profundo.
Túneles
como branquias mis oídos.
Para que
la conozcan
se ha
subido (¡ asoma¡)
a mis
ojos.
Y se lanza
al espacio.
Abiertas
sus alas.
Sólo de
noche.
Es mi
tristeza.
Carbonilla
![]() |
Antonio Cánova (1757- |
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