martes, 2 de abril de 2013

Milan Kundera: 1º de abril de 1929


   “No quiero racionalizar exageradamente el pensamiento totalitario ruso ni excluir el papel al azar en esta predilección que los verdugos de la cultura tienen para Kafka, pero una hipótesis racional se impone y quisiera formularlo así: Kafka es un autor inaceptable para el mundo totalitario porque su obra es la imagen de dicho mundo.
   De inmediato se me podría acusar de haber añadido una interpretación política a una obra que no había sido concebida en tanto que crítica social y cuyas fuentes son sobre todo personales e íntimas. Esta objeción es legítima y no quisiera disfrazarla. Pero por el momento quisiera poner de relieve una evidencia: la similitud entre el mundo imaginario de kafka y la sociedad real en la cual se vive hoy día en la ciudad de Praga es tan marcada que no se la puede pasar por alto.
   Decir que vivimos hoy en día en un mundo kafkiano es ahora un cliché periodístico casi de mal gusto, pero para un praguense, cuyas experiencias históricas son un poco más ricas y dramáticas que las de un inglés o francés, esta expresión está llena de sentido. ¿Que es, entonces, el mundo kafkiano?”

Fragmento del prólogo a La Metamorfosis y El Proceso de Franz Kafka,  
escrito por Milán Kundera para  la Editorial Porrúa.













La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales.


La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre.


A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver.

La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella.







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