sábado, 26 de enero de 2013

“... Díganle a la poesía.... que vivo del deseo de volverla a ver... Mi pasión sobrevive conmigo..." Vinicius de Moraes


       SONIA PRESA 



       De nacionalidad uruguaya, viví en Estados Unidos durante seis años, y en la ciudad brasileña de Campinas, en San Paulo por treinta y cinco. 
        Soy Química Farmacéutica por la UDELAR y tengo posgrado obtenido en los Estados Unidos en el área de Biología, y en Brasil en el área de Ciencias de Alimentos en la Unicamp, donde trabajé como profesora investigadora. 
        Estudié Psicología y me especialicé en las áreas: Análisis Transaccional, Psicodrama y Psicoanálisis.
        Retomé mi pasión adolescente por escribir y participé con cuentos y poesías en obras colectivas y antologías publicadas anualmente por el Clube Amigo das Letras de Barra Bonita, SP, Brasil, desde 2003 hasta 2006.  De la Oficina Literaria ofrecida por la CPFL- Brasil, fui seleccionada para participar,  y en 2007 participé en el Colectivo XU de la Editora Komedi. 
        Desde hace dos años resido en Montevideo y he retomado mi gusto por escribir en lengua castellana, participando del curso de Poética dirigido por la Profesora Rosa Biriotti en la UNI-3 y de la orientación de la Profesora Ana Milán en el Centro de Formación Humanística Perras Negras.



Sonia Presa Caggiani






                                La niña que amaba las flores




         El invierno se acercaba, las flores desaparecían y con ellas los colores. El verde de las hojas y los pastos resistía aún, pero acabó sucumbiendo al tiempo inclemente.

         La niña comenzó a entristecer, y con cada color que desaparecía la tristeza aumentaba. Vagando sola y aburrida por la casa llegó al sótano, donde su padre tenía un pequeño taller.  Esa tarde él estaba pintando un viejo banco del jardín para que luciera bonito la próxima primavera.

         Fue en ese momento que Juanita, pues ese era su nombre, tuvo la idea, una idea magnífica para una niña de apenas seis años. Pidió a su padre que cortase madera en forma de pétalos, que ella pintó con restos de pintura y después unió con alambres coloridos, formando flores y hojas. Y así aparecieron zíneas rojas, amarillas, púrpura, blancas y también azules.   Los pétalos menores dieron lugar a preciosas violetas africanas lilas, blancas, rosadas.  El aserrín formado durante los cortes, pintado de verde, compuso un lindo césped.  Y así, poco a poco, Juanita con la ayuda de su Papá, fue haciendo un jardín colorido donde antes había apenas trastos inútiles. Ellos quedaron tan entusiasmados que  fueron colocando insectos y otros bichitos: abejas, mariposas, un caracol, un conejito escondido en un cantero de zanahorias, un hornero y aún otros, inventados por ellos.

         La niña llamó a su vecinito Juan, que también andaba triste, y que trajo consigo su perrito color miel, Simón.  Mariela, la niña de la otra cuadra vino a jugar junto con su gato gris, Tino. Fue tanto el éxito, que todos los niños del vecindario sólo hablaban del jardín de Juanita y querían ser invitados para verlo.  Cada uno que llegaba contribuía con ideas sobre flores y animales, y de esta forma el ambiente fue quedando cada vez más pintoresco y colorido.

         Y así, a través del jardín, su simpatía y su deseo de compartir, esta niña un poco tímida hizo muchos amiguitos. El invierno pasó casi desapercibido para todos ellos.  Cuando llegó la primavera prepararon canteros con tierra de verdad, donde plantaron semillas y pequeñas mudas que ahora verían crecer por sí mismas. 

         En fin, gustaron de hacer eso: un trabajo individual y colectivo, con el yo, el tú y el nosotros.  Un gusto que mantuvieron durante toda la vida, y así construyeron muchos otros jardines.






Acto heroico de un Don Nadie




         Ni ciudadano, ni votante, ni portador de documentos, ni inscrito en el registro electoral, sin cuenta en el banco ni dinero en el bolsillo.  Sin casa, sin seguro de salud, muchas veces sin comida. A veces, sus posesiones son una piedra de crack, botellita de plástico con alcohol industrial, chinches y piojos.

         El noticiero nos cuenta que una mujer, medio distraída, medio desesperada, fue arrastrada por las olas en la escollera, y que en una reacción refleja, casi automática de preservar su vida, se puso a hacer la plancha.  Pero la corriente fría y sucia inexorablemente la empujaba hacia el interior del caño maestro, ese, que arroja sus desechos allí mismo, en la costa.

         El Don Nadie de nuestra historia al ver la escena, se tiró al agua pero no tuvo éxito porque le faltaba fuerza y destreza.  Ahí apareció un Don Alguien, atleta y nadador profesional, quien con mucho esfuerzo libró a ambos de una muerte certera. 

         Según noticias difundidas por los medios que a tal actividad se dedican,  hoy el Don Nadie, como consecuencia de su actitud, está a punto de transformarse en un Don Alguien.






Mis caminos  


       
Caminando
caminando voy
caminando
hacia el destino certero.

Mis caminos son diversos
a veces trillas floridas
otras, de íngremes rocas.
Pero a los que más les temo,
los que se tornan monótonos.

Y cuando esto sucede
busco senderos ignotos
con quebradas y cuchillas,
piedras, fango y aguas turbias
porque, bien más que a la muerte
temo el tedio y el olvido.



Desencuentro



Lo vi pasar junto a mí
Él no me vio
Quise hablarle mas mi voz enmudeció

Es su padre
Escuché una voz decir
¿Cómo su padre?  Si nunca lo conocí

Mente, relámpago traicionero
Me envuelves en tus quimeras
Y luego me abofeteas, con la verdad

Lo busqué con la mirada
Y para mi desencanto
Ya no lo vi




Tengo lo bastante de artista como para dibujar libremente con mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, la imaginación da la vuelta al mundo.

Todas las religiones, artes y ciencias son ramas del mismo árbol. Todas estas aspiraciones están dirigidas a ennoblecer la vida humana, alzándola desde la esfera de la mera existencia física y guiando al individuo hacia la libertad.


ALBERT EINSTEIN







        
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