domingo, 27 de enero de 2013

“... cuidado con las palabras /(dijo) / tienen filo / te cortarán la lengua / cuidado / te hundirán en la cárcel / cuidado / no despertar a las palabras"... Alejandra Pizarnik

LILIA MARIANA RODAS


Oriunda de Ibicuy, Provincia de Entre Ríos, Argentina. Residente en Campana (Buenos Aires).
Se dedica a la escritura y fotografía; es Profesora de Dibujo y Pintura artística. Licenciada en Psicología egresada de la UBA.
Ha sido seleccionada para integrar diferentes Antologías poéticas desde los 15 años, como "Quemar las naves" APEF 1992; Antología Poesía 94. Ediciones Nubla 1994; "Homenaje a Oliverio Girondo" De los cuatro vientos Editorial 2003; "Colección Territorio Sur 2005" De los cuatro vientos Editorial 2005, y otras publicaciones en Internet.




          La lectura, además de uno de los placeres más importantes en mi vida, implica la posibilidad de pensar y de ser libres.
        Las palabras son totalmente necesarias en el alma de las personas. Por eso, también intento devolverlas, que circulen...    

Lilia Mariana Rodas



Una siesta larga


         Estaba a punto de cumplir cinco años cuando aquella siesta me dejó incrustada una herida perpetua en el alma; palabras que por primera vez escuchaba interrumpieron el silencio de mi pueblo entrerriano: guerra, explosión, hundimiento, torpedo... muerte, con el tiempo muerte... dolor, ausencia, espera, vacío, llantos, espera, angustia, espera, espera...
         Ver a mi madre sentada frente al televisor esperando noticias de su único hermano que iba en el crucero, cumpliendo con su colimba a sus escasos 18 años, mi madre joven, apenas veinteañera, queriendo entender esa guerra, queriendo contestar a mis preguntas reiteradas sobre la desaparición de aquel "tío Omar" que yo adoraba, que veía tan grande, tan alto, tan soldado para ir a una guerra! tan niño-soldado! Porque c
Cuando cumplí mis dieciocho no pude entender cómo tantos adolescentes habían sido enviados a una guerra tan desigual contra una de las potencias mundiales en aquel momento.
         Fui creciendo y ¡no pude entender tantas cosas! No pude entender su muerte joven, no pude entender la ausencia de su sonrisa pecosa, no pude entender la razón de la guerra, no pude entender por qué nunca recibió mis chocolates y bufandas, no pude entender la decisión tomada por aquel señor presidente sentado detrás de un escritorio, no pude entender por qué volvieron tan flacos los que volvieron....
         No puedo entender.
         No puedo.
         No olvido.
         Cada 2 de mayo de mi vida huele a siesta y  naranjas peladas al sol, huele a silencio, a explosión, a gritos atroces, a llanto, a muertes.
Me faltaban 8 días para cumplir mis 5 años, pasaron 30 y sigo esperando...
         Antes lo esperaba a él: quizá volvería desmemoriado después de años y errante encontraría a su pueblo; quizá había sido rescatado por las embarcaciones soviéticas que relata el libro "El Halcón Perdido"...; quizá el cabo Zapata se equivocó y no era él quien estaba dentro de esa balsa sobrecargada, y seguramente su compañero Hugo también se equivocara, el que recién luego de diez años pudo empezar a hablar y nos dijo que la balsa fue alcanzada por el ancla del Crucero; quizá todos estaban equivocados y él volvería, silencioso, sonriendo, caminando las arenas de su pueblo, recorriendo las calles que hoy llevan su nombre de Conscripto Giorgi; quizá me reconozca si le canto las canciones de Rafaela Carrá que cantábamos juntos! Quizá...
         Pero después no fueron diez, fueron quince años y él no volvía con sus pecas y su sonrisa a buscarme. Al cumplirse los veinte...cuando fueron veinte, dejé de esperarlo. Seguramente fue el ancla o el océano o ya no me importa qué fue, porque irremediablemente no vendrá, pero sigo esperando alguna explicación coherente que me ayude a entender, que me ayude a pensar en lo irrisorio de aquella guerra, o de cualquier otra, ¡ claro! pero sobretodo aquella que para nuestros soldados fue una doble guerra: contra los ingleses y contra el hambre, el frío y sus jefes, sobretodo a aquellos que les brillaban las botas después de un combate, como lo relata el inglés en su libro "La Canción del Soldado": no había barro en los jefes, no había hambre, no había miedos...
         Sigo esperando alguna razón para aquella muerte, para aquella ausencia en mi infancia que me marcó la vida para siempre, que me hace temerle a los abandonos, que me hace permanecer sedienta de justicia, que me hace estar en donde estoy y no olvidar y no rezar y no creer y no caer y seguir levantándome una y otra vez para arrojar piedras adonde haga falta!  Alguien me decía hace un tiempo citando  a un poeta, que algunos nunca dejaremos de tirar alguna piedra al aire, que siempre seguiremos tirando piedras...
         Y  él también, siempre las seguirá tirando desde donde esté... Yo también quisiera seguir y que muchos puedan seguir tirando piedras y no claudicar! Aunque a veces se hace terriblemente difícil agacharse a levantarlas, elegirlas, saber si vale la pena arrojarlas, porque a veces no llegan a ninguna parte... quizá uno no elige bien las piedras, quizá no tiene la suficiente fuerza, pocas veces pude hacer "patito" arrojando piedras en la costa de mi río... la mayoría de las veces se hundían ni bien acariciaban el río, como se hundió con ese barco mi primera muerte naufragada, hundiéndose con él mis esperanzas, mi creencia en la justicia, en la paz, en el amor, en las verdades...Sin embargo... estarás en mí siempre que yo crea que a las causas justas hay que pelearlas hasta las ultimas consecuencias, y en el coraje que a veces tengo para frenar las injusticias, y estarás cada vez que hablen de paz y no de guerras y estarás como un héroe en mi corazón, niño soldado, ayudándome seguro a seguir levantando piedras y tirando alguna juntos de vez en cuando....



Océano


         No podía ser de otra manera: amar implica para mí comenzar irremediablemente a instaurar el dolor en esos vínculos, volverme insoportable, exigente, desconfiada, como si esa guerra que empiezo a construir llevara inevitablemente al abandono, como si incansablemente, perpetuamente, tuviera que repetirse aquel primer abandono, aquella espera derruida por los ańos que pasan, que siguen pasando sin que yo logre encontrar al dueńo de ese vacío, de ese hundimiento.
Y entonces,  en esa espera de aquel fantasma, vos, que podrías serlo,vos que podrías intentar  serlo, vos a quien yo estaba dejando que por ahí lo fueras...
         Pero es imposible que mi piel se sujete a alguien en medio de tanto océano... en medio de tanta angustia barriendomé el alma.
         Me llevás el mundo en cada grito, me llevás el alma en cada lágrima, en cada huida, en cada alejamiento y lo único que hago, que puedo hacer,  es alejarte y alejarte y llevarte hasta el fondo de ese océano y hundirte para que no me alcances porque me dí cuenta no sé en cuál de algunas de estas  noches cercanas que vos también ibas a abandonarme.
Es irremediable ese abandono, ese reiterado abandono irrevocable. Esa manera de quedarme sola hasta hundirme con vos en ese silencio, en ese silencio que se queda siempre conmigo después de los gritos desgarradores por donde mi garganta escupe el alma.
         Y así no podía ser de otra manera: amar se me convierte siempre en esa angustia, en ese olor a  abandono, en el miedo a quedarme sola y hundida en algún fondo de algún océano que silencie mis gritos, que los ahogue, que me ahogue el alma, la vida, el cuerpo y el amor que no debo sentir. Ese amor que intenta rescatarme pero que siempre me suelta las manos cuando estoy empezando a creer que puedo salvarme.





 VIDA


Desprendimiento

           Túnel  caliente

Sangre desde el comienzo







Los hijos te perduran y los hijos de tus hijos… eso es…

Mi temor a ser madre es no poder ya morirme…





Nuestra querida Lilia es, también, sicóloga.
Quizá su natural encanto humano se lo impidió
plasmar en la presentación. No es nuestra intención cometer
una infidencia al develarlo. Ocurre que en la presentación
-a la cual no pudo asistir-
vivimos una instancia muy significativa.
Otra sicóloga, Ana Gómez, leyó su texto "Una larga siesta",
centrado en la temática de
la guerra de las Malvinas.
Como se dice coloquialmente: el teatro se vino abajo;
los aplausos fueron intensos y extensos.
Todavía nos duele a todos...
Y perdón, Lilita, había que subrayarlo...
Ana Gómez, en la lectura de
Una siesta larga, de Lilia Mariana Rodas.
Cuando compartimos, también el dolor
genera milagros.
¡Gracias, Ani! ¡Nadie mejor que vos,
uruchilenísima,
para repartir emoción.