miércoles, 18 de junio de 2014

Vanos discursos, señores legisladores y políticos, los suyos; el viento de Sauce ya los habrá desvanecido para el 19


José Gervasio Artigas,
nacido en Montevideo
el 19 de junio de 1764.

Casa solariega (remozada)
de la familia Artigas
en Sauce (departamento de Canelones)


Claro síntoma de la banalidad que se ha escurrido a todo nivel el de que nuestros representantes de todos los partidos hayan aunado "energías" para conmemorar, con olímpica soberbia,  el natalicio del héroe fundador de nuestra nacionalidad, dos días antes del único acontecimiento realmente sustentador en el devenir histórico del país. 

¿Acaso están tan ocupados que no pudieron aguardar unas pocas horas para huir -sin duda a Punta del Este o a las respectivas estancias o quién sabe adónde- de las responsabilidades que asumieron bajo la ilusa confianza de sus compatriotas? 

¿Acaso no cuentan con cinco recesos en el año, como para haber respetado el día 19 con la dignidad esperable?

Artigas está acostumbrado a las traiciones, señoras y señores. A las insignificantes y a las inolvidables. ¡Qué le hace una mancha más al tigre! 
Pero... ninguno de ustedes son tigres. Algunos se han convertido en mansos gatitos. Y, por lo tanto, esta mancha será muy visible para la mirada memoriosa de muchos y muchas artiguistas. ¡Ni con Jane podrán borrarla! 

Si todo vale, si cualquier día puede ser sustituido por otro, si también se han enseñoreado del Tiempo, la deducción es clara y muy cercana al acto eleccionario; quizás ya estén padeciendo los míticos efectos anunciados por los `pueblos originarios: la desmemoria fue un castigo a la soberbia; quizás no se han percatado de los 24.000 mil votos frenteamplistas en blanco, por no hacer referencia a las ostensibles ausencias en los demás partidos.

¡Que puedan continuar con la conciencia anestesiada, señores y señoras de la elite política! 

Un dato curioso sobre la Antigüedad



















Reconocer los caracteres no es leer, mucho menos en la Grecia Antigua, donde descifrar un sentido depende en gran medida de la lectura en alta voz, debido a las dificultades que entraña la lectura de la scriptio continua, rasgo característico de la escritura griega. Al no haber separaciones entre las palabras, ni signos de puntuación, la lectura cobraba sentido cuando se efectuaba en voz alta. Era al pronunciar las letras que se determinaba la inteligibilidad del texto.

Svenbro obtiene tres conclusiones. La primera tiene que ver con el carácter instrumental del lector o de la voz lectora (recuérdese el análisis de némein); la segunda presupone el carácter incompleto de la lectura, es decir la necesidad de sonorizar la palabra para descifrarla (recuérdese también el examen de epilégeszai); la tercera es consecuencia lógica de las dos anteriores: si la voz es mero instrumento gracias a la cual la escritura se realiza, entonces los destinatarios de lo escrito no son lectores, sino oyentes. Estos akoúontes, no leían nada, sino que escuchaban una lectura, del mismo modo que los transeúntes aclamados por Mnesitheos en su epitafio.

Ahora bien, ¿significa todo lo hasta aquí visto que en la Grecia Antigua sólo se leyó oralmente? ¿Es posible que en una cultura como aquella, con una extraordinaria valoración de lo sonoro, se hiciera necesario leer en otra voz que la alta? ¿No afirman al unísono los especialistas que la lectura en silencio es una creación de los monasterios de la Edad Media?

En 1968, Bernart Knox publicó un artículo que llamó la atención de los estudiosos del tema. ¿El título? Silent reading in Antiquity (La lectura silenciosa en la antigüedad). Se trataba de demostrar que algunos griegos habían leído en silencio, es decir, que la lectura en alta voz no fue exclusiva en la antigüedad griega. Y no sólo esto: según Knox, los poetas dramáticos habrían contado con un público que les leían en esta modalidad.

Knox cita dos textos. El primero de ellos es el Hipólito, de Eurípides, escrito probablemente alrededor del 428 a.C. En uno de sus  pasajes, Fedra sostiene una tablilla cuyo contenido intriga a Teseo que, ansioso por saber lo que podía contener rompe el sello. El coro inquieto interviene. Teseo exclama: “¡Ay! ¿Qué desgracia intolerable, indecible, vendrá a añadirse a la desgracia? ¡Infortunado de mí!”  El coro le pide que revele lo que ha leído. Teseo lo hará, pero a modo de síntesis de su lectura: no lee en voz alta, sino que resume el contenido. Mientras el coro cantaba, Teseo había leído en silencio.

 El segundo texto es Los caballeros (≈424 a. C), de Aristófanes. Nicias logra robarle un oráculo escrito a Paflagón. Demóstenes pide leer el texto a Nicias. Éste le sirve vino, mientras aquel da lectura a la tablilla. Cuando Nicias le pregunta por lo que lee, Demóstenes responde: “¡Lléname otra copa!”. Asombrado Nicias  le interroga creyendo que se trata de una lectura en voz alta: “¿De veras dice que te llene otra copa?”. La broma se repite y amplía en lo que sigue, hasta que por fin Demóstenes expresa: “aquí adentro se dice cómo va a perecer Paflagón”; y ofrece un resumen del contenido del oráculo. No lee en voz alta: ya lo había hecho en silencio. 

De este segundo pasaje Svenbro obtiene un valioso dato. La pregunta de Nicias a Demóstenes sugiere que en esa época la lectura en silencio era poco conocida, aunque se suponía que el público la conocía. Y si esto sucedía en Atenas, lugar de origen de los dos textos, ¿qué podía esperarse de su difusión en lugares como Esparta, donde la enseñanza se limitaba a lo estrictamente necesario?

 “Para el lector que leía poco y de manera esporádica- asevera Svenbro-  era probable que el desciframiento lento y a tientas de lo escrito no engendrara la necesidad de una interiorización de la voz, ya que la voz era precisamente el instrumento mediante el cual la secuencia gráfica era reconocida como lenguaje (…) Y si esa sonorización era un valor en sí, ¿por qué se iba a sentir la necesidad de abandonar la scripto continua, obstáculo técnico al desarrollo de la lectura silenciosa?”

En la introducción a su libro Historia de la lectura en el mundo occidental, Guglielmo Cavallo y Roger Chartier recuerdan otros dos ejemplos que muestran la coexistencia de la práctica de la lectura silenciosa. Ese es el caso de Las ranas, también de Aristófanes, donde Dionisio recuerda “cuando a bordo de la nave leía para mis adentros la Andrómeda”; y el del protagonista del Faón platónico que exclama: “en la soledad quiero leer este libro para mis adentros”.

Según Knox, una de las razones para el desarrollo de la lectura silenciosa puede haber sido el manejo de extraordinarias cantidades de texto. Este era el caso de profesionales como Herodoto, que en su labor de historiador debe de haber abandonado la práctica de la lectura en voz alta en aquel  siglo V a. C. En la segunda mitad del siglo IV a. C. los estudiosos de la literatura homérica debieron sentir la misma necesidad.









Lástima que sólo los miembros de la aristocracia tenían acceso a la educación y, por ende, a la lectura. Época por excelencia de privilegios; época de mitos, como el de la democracia ateniense.  

martes, 17 de junio de 2014

Con afecto, una invitación




Una "serie" para comprender la realidad actual.











El héroe de este libro es Der Mann ohne Verwandtschaften, el hombre sin vínculos, y particularmente sin vínculos tan fijos y es­tablecidos como solían ser las relaciones de parentesco en la época de Ulrich. Por no tener vínculos inquebrantables y establecidos pa­ra siempre, el héroe de este libro -el habitante de nuestra moderna sociedad líquida— y sus sucesores de hoy deben amarrar los lazos que prefieran usar como eslabón para ligarse con el resto del mun­do humano, basándose exclusivamente en su propio esfuerzo y con la ayuda de sus propias habilidades y de su propia persistencia. Sueltos, deben conectarse… Sin embargo, ninguna clase de cone­xión que pueda llenar el vacío dejado por los antiguos vínculos au­sentes tiene garantía de duración. De todos modos, esa conexión no debe estar bien anudada, para que sea posible desatarla rápida­mente cuando las condiciones cambien… algo que en la moderni­dad líquida seguramente ocurrirá una y otra vez.
Este libro procura desentrañar, registrar y entender esa extraña fragilidad de los vínculos humanos, el sentimiento de inseguridad que esa fragilidad inspira y los deseos conflictivos que ese sentimiento despierta, provocando el impulso de estrechar los lazos, pero manteniéndolos al mismo tiempo flojos para poder desanudarlos.
Al carecer de la visión aguda, la riqueza de la paleta y la sutileza de la pincelada de Musil —de hecho, cualquiera de esos exquisitos talentos que convirtieron a Der Mann ohne Eigenschaften en el re­trato definitivo del hombre moderno— tengo que limitarme a esbozar una carpeta llena de burdos bocetos fragmentarios en vez de pretender un retrato completo, y menos aún definitivo. Mi máxi­ma aspiración es lograr un identikit, un fotomontaje que puede contener tanto espacios vacíos como espacios llenos. E incluso esa composición final será una tarea inconclusa, que los lectores debe­rán completar.
El héroe principal de este libro son las relaciones humanas. Los protagonistas de este volumen son hombres y mujeres, nuestros contemporáneos, desesperados al sentirse fácilmente descartables y abandonados a sus propios recursos, siempre ávidos de la seguridad de la unión y de una mano servicial con la que puedan contar en los malos momentos, es decir, desesperados por “relacionarse”. Sin embargo, desconfían todo el tiempo del “estar relacionados”, y par­ticularmente de estar relacionados “para siempre”, por no hablar de “eternamente”, porque temen que ese estado pueda convertirse en una carga y ocasionar tensiones que no se sienten capaces ni deseo­sos de soportar, y que pueden limitar severamente la libertad que necesitan -sí, usted lo ha adivinado— para relacionarse…
En nuestro mundo de rampante “individualización”, las relacio­nes son una bendición a medias. Oscilan entre un dulce sueño y una pesadilla, y no hay manera de decir en qué momento uno se convierte en la otra. Casi todo el tiempo ambos avatares cohabitan, aunque en niveles diferentes de conciencia. En un entorno de vida moderno, las relaciones suelen ser, quizá, las encarnaciones más co­munes, intensas y profundas de la ambivalencia. Y por eso, podría­mos argumentar, ocupan por decreto el centro de atención de los individuos líquidos modernos, que las colocan en el primer lugar de sus proyectos de vida.
Las “relaciones” son ahora el tema del momento y, ostensible­mente, el único juego que vale la pena jugar, a pesar de sus notorios riesgos. Algunos sociólogos, acostumbrados a elaborar teorías a par­tir de las estadísticas de las encuestas y de convicciones de sentido común, como las que registran esas estadísticas, se apresuran a con­cluir que sus contemporáneos están dispuestos a la amistad, a esta­blecer vínculos, a la unión, a la comunidad. De hecho, sin embargo (como si se cumpliera la ley de Martin Heidegger, que afirma que las cosas se revelan a la conciencia solamente por medio de la frus­tración que causan, arruinándose, desapareciendo, comportándose de manera inesperada o traicionando su propia naturaleza), la aten­ción humana tiende a concentrarse actualmente en la satisfacción que se espera de las relaciones, precisamente porque no han resulta­do plena y verdaderamente satisfactorias; y si son satisfactorias, el precio de la satisfacción que producen suele considerarse excesivo e inaceptable.

 (...)

 

La naturaleza del amor implica —tal como lo observó Lucano dos milenios atrás y lo repitió Francis Bacon muchos siglos más tarde— ser un rehén del destino.

En el Simposio de Platón, Diótima de Mantinea le señaló a Sócra­tes, con el asentimiento absoluto de éste, que “el amor no se dirige a lo bello, como crees”, “sino a concebir y nacer en lo bello”. Amar es desear “concebir y procrear”, y por eso el amante “busca y se es­fuerza por encontrar la cosa bella en la cual pueda concebir”. En otras palabras, el amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas. El amor está muy cercano a la trascendencia; es tan sólo otro nombre del impulso creativo y, por lo tanto, está cargado de riesgos, ya que toda creación ignora siem­pre cuál será su producto final.

En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y miste­rioso futuro, imposible de prever, de prevenir o conjurar, de apre­surar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última ins­tancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor. Como lo expresa Erich Fromm:

“En el amor individual no se encuentra satisfacción [...] sin verdadera humildad, coraje, fe y disciplina”; y luego agrega inmediatamente, con tristeza, que en “una cultura en la que esas cualidades son raras, la conquista de la capacidad de amar será necesariamente un raro logro”.


Fragmentos de Amor Líquido, de Zygmunt Bauman.

En: www.taringa.net


Sociólogo, filósofo, ensayista.
Polonia, 1905.


“Gracias al arte, una y otra vez la muerte queda reducida a su verdadera dimensión: es el fin de la vida, pero no el límite de lo humano”.

“El arte surge de la conciencia y de la sensación de que la línea divisoria entre lo generativo y lo destructivo es evanescente”.


















domingo, 15 de junio de 2014

Shinpo, un poeta de pueblo, le regaló el mejor juguete: el conocimiento del “haiku”.

Yataro, Kobayashi Ikyo,  Nirokuan Kikumei 
o Kobayashi Nobuyuki,
nombre éste último por el cual se le reconoce
como uno de los mejores creadores de haikus.
15 de junio de 1763 - Japón



La mariposa revolotea
como si desesperara
en este mundo




Un mundo
que sufre
bajo un manto de flores

 



Ocurre en los humanos
Y también con los espantapájaros
No son derechos



De: www.poeticas.com.ar

“Que nada me pertenezca. 
Sólo la paz del corazón 
y el frescor del aire”.





Inscripciones abiertas para nuevos grupos en Taller de Narrativa de Pasiones Literarias















En Julio,
iniciamos dos nuevos grupos
de Taller de Narrativa



los Jueves:
de 14.30 a 16.00
de 19.30 a 21.00


Eviten postergar la inscripción para último momento.

Los otros grupos están desbordados, gracias a todos/as los/as dioses/as, y a la decisión de tantos uruguayos/as que optaron por una mejor calidad de vida.
Vivir mejor no solamente significa gozar de mayores comodidades materiales.

Además, los costos son accesibles.


A fin de año, se publicará la producción primaria
de los/as talleristas que se incorporen en este período.







Informes:

098 466 781
laquesiempremociona@gmail.com
Taller de Pasiones Literarias
luminoso y bien caldeado


Centro 
de Formación Humanística
PERRAS NEGRAS






sábado, 14 de junio de 2014

“Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla” - Fernando Pessoa


13 de junio de 1888- Portugal
Poeta, traductor.

Esto

Dicen que pretendo o miento
En cuanto escribo. No hay tal cosa.
Simplemente
Siento imaginando.
No uso las cuerdas del corazón.

Todo cuanto sueño o pierdo,
Que pronto cae o muere en mí,
Es como una terraza que mira
Hacia otra cosa más allá.
Esa cosa me arrastra.

Y así escribo en medio
De las cosas no junto a mis pies,
Libre de mi propia confusión,
preocupado por cuanto no es.
Sentir? Dejemos al lector sentir!

(? 1933)
Versión de Rafael Díaz Borbón


En la gran oscilación...

En la gran oscilación
Entre creer y no creer,
El corazón se trastorna
Lleno de nada saber

Y, ajeno a lo que sabía
Por no saber lo que es,
Sólo un instante le cabe
Que es el conocer la fe-

Fe que los astros conocen
Porque es la araña que está
En la tela que ellos tejen,
Y es vida que había ya.


















Reniego, lápiz partido...


Reniego, lápiz partido,
Todo cuanto deseé.
Y no soñé ser servido
De ir a donde nunca iré.

Paje embutido en harapos
Del triunfo que otros tuvieron,
Yo podré amar estos trapos
Por ser cuanto a mí me dieron.

Sabré, príncipe mendigo,
Coger, con la buena gente,
Entre el ondear del trigo
La amapola inteligente.















No la que das, la flor que tú eres quiero...(*)

No la que das, la flor que tú eres quiero.
Por qué me niegas lo que no te pido.
Tiempo habrá de que niegues
después de que hayas dado.
flor, ¡séme flor! Si te cogiese avara
mano de infausta esfinge, tú perenne
sombra errarás absurda
tras lo que nunca diste.

(*)  Ricardo Reis

Versión de Ángel Crespo



Oda      (*)

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Por eso la luna brilla toda
En cada lago, porque alta vive.

(*)  De heterónimo Ricardo Reis











Poema XXIX      (**)


No soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo bajo el sol
que cuando una nube pasa
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.
Pero quien mira ve bien que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo
fijaros bien en mí:
si estaba vuelto para la derecha
me volví ahora para la izquierda,
pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y oídos atentos
y a mi clara sencillez de alma.

(**) De heterónimo Alberto Caeiro



Todas las cartas de amor son ridículas...*

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).


**Heterónimo A. Campos
Versión de Miguel Ángel Flores 


De: poesia@amediavoz.com








William Butler Yeats, el poeta enamorado de "la Juana de Arco de Irlanda".


13 de junio de 1865- Irlanda
Poeta, dramaturgo, político.

William Butler Yeats
1865-1939


Explicar quién fue William Butler Yeats es una tarea sencilla; no importa que haya sido senador, o premio Nobel, o fundador del Abbey Theatre, o miembro de la siniestra Orden hermética del Alba Dorada, ya que estos logros e inclinaciones son más una muestra de sus pequeñas victorias que un fiel reflejo de su esencia: W.B. Yeats fue, fundamentalmente, irlandés, poeta, y un enamorado desdichado.

Fue irlandés porque vivía y respiraba una Irlanda libre, y especialmente porque integró una parte crucial del renacimiento cultural de su patria. Fue poeta porque para ello estaba destinado; incluso llegó a experimentar con alucinaciones y visiones, con la esperanza de alcanzar una sensibilidad poética más profunda. Fue un amante desdichado porque persiguió un vano anhelo durante toda su vida: las caricias de la revolucionaria, feminista, e indiferente Maud Gonne.

Claro que estos matices no siempre se definen con claridad. La vida suele agregar una infinidad de detalles circunstanciales, que luego serán distorsionados por los bienintencionados biógrafos; quienes por lo general encuentran una explicación para todo en los detalles más abstrusos de la vida de sus víctimas.

Nosotros, que poco tenemos de biógrafos, y mucho menos de bienintencionados, sólo daremos cuenta de una recomendación para quienes quieran iniciarse en la lectura de William Butler Yeats: el buen gusto.


De: elespejogótico.blogspot.com




La flecha


Pensé en tu belleza, y esta flecha,
hecha de pensamientos insensatos, está en mi médula.
Ningún hombre puede contemplarla, ninguno,
recién llegada a su condición de mujer,
alta y noble, pero con rostro y pecho
del color delicado de la flor del manzano.
Es más amable esta belleza, mas por una razón
podría llorar yo porque lo viejo ha pasado.

Versión de Enrique Caracciolo Trejo



¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?

¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?
Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
tan tristes ya, que ninguna maravilla pueden presagiar,
Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
y murieron los hijos de Usna.

Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su puesto
como las pálidas aguas en su glacial carrera;
bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
sigue viviendo este rostro solitario.

Inclinaos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
Antes de que existierais y antes de que ningún corazón latiera,
rendida y amable permanecía junto a su trono;
la belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
para que Ella posara sus pies errantes.

Versión de Hernando Valencia Goelkel




Un aviador irlandés prevé su muerte


Sé que en algún lugar entre las nubes
he de hallar mi destino;
no odio a quienes son mis enemigos,
no amo a quienes debo defender;
mi país es Kiltartan Cross,
mis paisanos los pobres de Kiltartan,
ningún posible fin ha de quitarles nada
o hacerles más felices de lo que eran.
Ni leyes ni deberes me ordenaron luchar,
ni estadistas ni masas entusiastas,
un solitario impulso de deleite
me empujó a este tumulto entre las nubes;
todo lo sopesé, de todo hice memoria,
los años por venir me parecieron
vano aliento,
vano aliento los años transcurridos
en igualdad con esta vida y esta muerte.

Versión de Jordi Doce



Una joven y vieja mujer


¿Cuál fue el alegre muchacho que más me agradó
De todos cuantos yacieron conmigo?
Respondo que mi alma entregué
Y en el dolor amé,
Mas gran placer me dio un muchacho
Al que físicamente amé.
Libre del cerco de sus brazos
Reía al pensar que era tal su pasión
Que él imaginaba que yo entregaba el alma
Cuando sólo existía el contacto de dos cuerpos,
Y reía sobre su pecho al pensar
Que era la misma entrega que hay entre las bestias.
Di lo que otras dieron
Después de quitarse la ropa,
Mas cuando este alma del cuerpo se despoje
Y desnuda vaya a lo desnudo
Aquel a quien halló encontrará allí dentro
Lo que ningún otro conoce.
Y dará lo suyo y tomará lo suyo
Y regirá por derecho propio;
Y aunque amó en el dolor
Tanto se aferra y se cierra,
Que ningún ave diurna
Osaría extinguir tal deleite.

 De: poesia@amediavoz.com


Maud Gonne

0/12/1865 – 27/04/1953


Llamada “la Juana de Arco irlandesa”, una mujer que no sólo se negó a resignarse al papel que la sociedad de su época le imponía, sino que se introdujo en el duro mundo de la política para dejar su impronta en la historia de Irlanda.
Gonne nació en Aldershot, Inglaterra. Hija de un coronel del ejército británico descendiente de irlandeses adinerados y de madre inglesa. Al morir su madre en 1871, Maud fue a estudiar a París y regresó a Dublín en 1882 con su padre, quien murió en 1886, dejando a Maud en buena situación económica. Al regresar a Francia para reponerse de una hemorragia tubercular, Maud se enamoró del periodista francés Lucien Millevoye, director de La Patrie. La pareja comenzó a trabajar por las causas nacionalistas de Irlanda y Francia. El político irlandés Tim Harrington la envió a Donegal, donde se dedicó activamente a organizar protestas entre los residentes contra los desalojos en masa, y levantar fondos para la construcción de viviendas. Con su inminente arresto, en 1890, Maud escapó a Francia, donde tuvo un hijo de Millevoye y trabajó como redactora de la publicación mensual L’Irlande Libre.

En 1889,  conoció al poeta William Butler Yeats, que viviría una gran pasión por Maud durante toda la vida, a pesar de que ella rechazara su propuesta de matrimonio en 1891. Además de escribirle innumerables poemas, bajo su influencia Yeats participó en el movimiento nacionalista irlandés. Gonne ayudó a Yeats en la fundación de la Sociedad Literaria Nacional de Londres en 1891. Trabajó incansablemente en la recaudación de fondos para el movimiento nacionalista. Dejó a Milevoye y regresó a Irlanda, donde su nombre era bien conocido entre los nacionalistas.

En 1900 cofundó la sociedad revolucionaria de mujeres Hijas de Erin para la que escribiría numerosos artículos feministas y políticos. Al mismo tiempo que ayudó a Yeats a establecer en Dublín el Abbey Theatre, donde interpretó el papel principal de una de sus obras. En 1903 se casó con el mayor John MacBride que había luchado junto a los Africaners en la Guerra de los Bóer. Aunque tuvieron un hijo, Seán, la unión no duró. Maud permaneció en París con su hijo. Allí continuó escribiendo artículos políticos y en 1910 ayudó a organizar un programa para alimentar a los pobres. También trabajó con la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial. Sólo regresaría a Irlanda en 1917, donde encontró gran agitación a raíz del Alzamiento de Pascua y la ejecución de sus líderes, incluso su ex marido John MacBride. Al año, Maud fue encarcelada durante seis meses en Londres por su participación en el movimiento contra la conscripción junto a Hanna Sheehy Skeffington, Kathleen Clarke, la condesa Markievicz y otras. Luego de su liberación, trabajó para la Cruz Blanca para auxiliar a las víctimas de la Guerra de Independencia.

Con la Guerra Civil Irlandesa, Maud fundó la Liga para la Defensa de las Mujeres Prisioneras para ayudar a las prisioneras republicanas y sus familias. En 1923,  nuevamente fue encarcelada. Esta vez por el gobierno del Estado Libre Irlandés, pero sin que se le imputaran cargos. Junto con 91 mujeres, Gonne comenzó una huelga de hambre, gracias a la cual fue liberada a los 20 días. En 1938 publicó su autobiografía, A Servant of the Queen. Luego de su muerte, Gonne continuo influenciando a Irlanda a través de su hijo, Seán MacBride, quien luchó junto a los republicanos en la Guerra Civil, y continuó con la cruzada de su madre por el trato justo de los prisioneros, no sólo en Irlanda sino en todo el mundo. Seán fue uno de los fundadores de Amnistía Internacional. En 1974, Seán recibió en Premio Nobel de la Paz.


De: http://mujeresparapensar.wordpress.com

Para Maud


Yeats, fundador y Director del Abbey Theatre.