Morada del Ctro. de Fción. Humanística PERRAS NEGRAS (Uruguay: "País de los Pájaros Pintados")
miércoles, 3 de diciembre de 2014
martes, 2 de diciembre de 2014
"Culpable de alta traición"... ¿Por anarquista?
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| ERNST TOLLER 1º de diciembre de 1893- Alemania Militante político que, en la cárcel, se convirtió en uno de los más relevantes escritores expresionistas. |
Desde su juventud ya tiene una destacada participación en la
vida política. Se inscribió en el Partido Socialista. En 1919 con la revolución
del Baviera ocupa la presidencia del comité central de obreros, campesinos y
soldados. En consecuencia es condenado a prisión. En los cinco años que
permanece encarcelado escribe "El libro de las golondrinas" y
"El día del proletariado: réquiem por los hermanos asesinados".
Seguidor del expresionismo, de sus obras teatrales hay que mencionar "La
metamorfosis", "Hombre masa", y "Los destructores de
máquinas", entre otras.
De: http://www.artehistoria.jcyl.es
30 de Enero de 1922
A Tessa
Es terrible estar abandonado, día tras día, a los monótonos y
siempre repetidos ruidos de esta casa. Las paredes son tan delgadas que se
filtran, para penetrar en uno, los ruidos que vienen desde las celdas situadas
por encima y al lado y por debajo de uno. Los ruidos en los pasillos, el
tintineo de los llaveros, los crujidos de las pesadas puertas enrejadas, el
pasar lista de los carceleros, el cerrar de golpe las puertas, el taconear de
clavadas botas en las losas, o más terrible aún, el arrastrar sutil de las
suelas de goma.
Día tras día, nos estrangulan las cadenas de ruidos
disonantes. En el primer año, mi voluntad fue capaz de defenderse, con levísimo
esfuerzo, contra todos los ruidos, y lograr que mi celda se apartara de la tierra
bulliciosa, cual una isla donde reina el silencio. En el segundo año, resultó
ya más difícil— en psicología dicen: el límite inferior de la excitabilidad desciende.
En el curso del tercer año, llegó el día en que, desamparado, sentí cada ruido
como un latigazo en mi cabeza atormentada.
Cada vez me cuesta mayor esfuerzo hasta que logro supeditar
la multitud de sonidos hostiles y los elimino de mi conciencia. ¡Cuánta energía
gastan los nervios en esta labor!
La inesperada respuesta negativa a mi solicitud de licencia
hizo que recogiera mis últimas fuerzas; rechazando toda asistencia médica, comencé
a hacerme médico por mí mismo. Cada mañana, de las siete a las ocho y media
hago ejercicios físicos bajo la dirección de un camarada que fue entrenador de un club deportivo de Munich.
Muchos ejercicios respiratorios; después de los ejercicios, fricciones con agua fría. Mi cuerpo estuvo por desplomarse; ahora tengo la esperanza de salir de esta casa sin
lesiones considerables.
La lucha de los unos
contra los otros ha venido apaciguándose: por cansancio, por resignación, por comodidad. No me atrevo a decir:
por juicio. El sectarismo y la
intolerancia presuntuosa son tan fuertes como antes.
Un ejemplo: me dicen
que un compañero sale de la prisión. Debido a una resolución de los "revolucionarios verdaderamente puros",
él no debía hablamos a los
demócratas-socialistas independientes. (En la prisión, dicho sea de paso, la fracción del P.C. se compone de sectores
derechos, semiderechos, semiizquierdos
e izquierdos). Me acerco a él y extendiendo la mano le digo: — Pues, querido, me dicen que vas a dejarnos. Te deseo mucha felicidad. El, receloso, mira en torno suyo, se
pone rojo y, cortado, tartamudea -Perdona...
pero... aquí, en el patio, no puedo
darte la mano... Si los compañeros lo viesen... Comprendes... No tengo nada contra ti... afuera te daré
siempre la mano... aquí... aquí... los compañeros podrían delatar a la "central" que hablé con Toller, y que soy íntimo de él... seguro que... me comprendes.
Sonreí-triste y
compasivo a la vez. Una revolución que, en vez de hombres libres y responsables de sí mismos,
engendró a funcionarios de secta,
“frailucos”, "lacayos de una orden" (sin la espiritualidad de las
órdenes católicas), oficiales
subalternos de un partido con observancia "a lo Potsdam".
De: Siete cartas de
la Prisión
De: http://cdigital.uv.mx/bitstream
“El suicidio de Ernst Toller en
1939 en los Estados Unidos clausura y cierra los ideales de llegar a construir
una sociedad humanizada. Toller perteneció a una generación de supervivientes.
Una juventud que envejeció y murió prematuramente en las trincheras de la
Primera Guerra Mundial. Para esta generación, angustia y rebeldía estuvieron
unidas. Angustia ante la irracionalidad de la guerra, rebeldía ante la opresión
de una sociedad en la que la obediencia y la subordinación habían convertido en
un cuartel los escenarios sociales. Todo quedó militarizado en una Alemania que
en los comienzos del siglo XX se adentraba poco a poco en los horrores de la
Segunda Guerra. Terrores que se preludiaban ya en el Volkgeits de la Literatura
que cierra el siglo XIX con el movimiento de la "joven Alemania" y el
final de los ideales del Clasicismo y el Romanticismo de Schiller y Goethe
(FRIEDERICH, 1973)”.
“Todo lo que soy” es la primera novela de la autora Anna
Funder. Experta en el periodo de entreguerras, trabaja como abogada
especializada en asuntos internacionales. Su dilatada experiencia como
investigadora, lectora y escritora, se refleja en su obra más reciente, donde
los ingredientes más atractivos de la literatura confluyen con acierto y
elegancia.
La amistad de Funder con una de las protagonistas de la
novela (Ruth Wesemann) no sólo ha servido como inspiración para la redacción de
ésta, sino para insuflar vida a personajes históricos que primero fueron
silenciados por el nazismo y, posteriormente, por el olvido.
Los personajes que aparecen a lo largo de la novela fueron,
en su mayoría, individuos reales que interfirieron en la política alemana y
mundial con el propósito de cambiar las cosas. Uno de los indudables protagonistas
no es otro que Ernst Toller, emblema del nuevo mundo después de la Primera
Guerra Mundial. Excombatiente, creía que lo único importante que podría hacer
en la vida sería librarnos de la masacre a la que nos subyugan los conflictos
bélicos y violentos. El periodo que pasó encarcelado por oponerse al régimen le
sirvió para trasladar su experiencia personal y sus ideales a obras de teatro y
poemas. Más tarde, al igual que Dora, Ruth y Hans (marido de Ruth), se vio
obligado a abandonar Alemania, so pena de volver a ser encarcelado en el mejor
de los casos.
Fragmentos extractados de: El Mar de Tinta
lunes, 1 de diciembre de 2014
Mucho antes de Virgilio Piñera, "la carne" ya se había infiltrado en la literatura.
Ya he calculado el costo de
crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a
los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por
año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez
chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará
cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a
su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un
buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá
ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que
produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos
(como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con
la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para
damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los
mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más
convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más
bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios
del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.
Una persona muy respetable,
verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo
últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un
refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de
este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de
venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas,
no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están
a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de
éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus
parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo
y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos;
porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en
base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y
magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor
desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo
humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto
serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera
capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como
un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la
objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que
estuviera.
Fragmento de: Una modesta
proposición, de Jonathan Swift
De: CiudadSeVa.com
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| 30 de noviembre de 1667- Irlanda |
"Honestidad: la mejor de todas las artes perdidas"- Mark Twain
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| Samuel
Langhorne Clemens o Mark Twain 30 de noviembre de 1835 |
[Yo solía ser] un encendido imperialista. Quería que el águila
norteamericana fuera gritando sobre el Pacífico. ¿Por qué no desplegar sus alas
sobre las Filipinas, me preguntaba?... Me decía a mí mismo, aquí hay un pueblo
que ha sufrido durante tres siglos. Podemos hacer que sean tan libres como
nosotros, darles un gobierno y un país propios, poner una miniatura de la
Constitución de los Estados Unidos flotando en el Pacífico, comenzar una
flamante nueva república que ocupara su lugar entre las naciones libres del
mundo. Me parecía una gran tarea a la cual nos habíamos dedicado.
Pero he pensado un poco más, desde entonces, y he leído con cuidado el
Tratado de París [que puso fin a la guerra hispano-estadounidense], y he visto
que no tenemos la intención de liberar, sino de subyugar al pueblo de las
Filipinas. Hemos ido allí a conquistar, no a liberar.
Debería ser, creo yo, nuestro placer y deber el hacer a aquella gente
libre, y dejar que traten sus cuestiones domésticas a su manera. Y por eso soy
antiimperialista. Estoy en contra de que el águila ponga sus garras en
cualquier otra tierra.
En: New York Herald
De: Wikipedia

El "cocoliche" en las obras del dramaturgo Roberto Cossa
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| 30 de noviembre de 1934- Argentina dramaturgo |
(Chilo se pone a leer el diario. Pausa. El Abuelo toca
"Canzoneta ".)
ABUELO– Agarrábamo por Almirante Brown con don Pacual e no
íbamo a la Vuelta de Rocha. ¿Te acorda de la Vuelta de Rocha, Chilo?
CHILO– Sí, papá, sí...
ABUELO– E mirábamo el Tevere.
CHILO– El Tíber, no. Eso es acá. El... (Se detiene.) El...
(Se va asustando.) ¿Cómo se llama? El... ¡Pero carajo!
ABUELO– El Tevere...
CHILO– (Furioso.) ¡No... eso es acá! E... el... (Hace un
gesto de impaciencia.) ¡Pero!... Frente a la Vuelta de Rocha... del otro lado
está Avellaneda... los barcos... Quinquela Martín... ¡Carajo! (Contento.) ¡El
arroyuelo!
ABUELO– Eco... el Riachuelo... e dopo el Castello de
Santangelo...
CHILO– El Riachuelo...
(El Abuelo se pone a tocar "Canzoneta". Lentamente
Chilo se va colocando el poncho que Lucía arrojó al suelo y va hacia el salón del
restaurante.)
CHILO– (Desde la puerta que da al salón, resignado.)
Comendatore . . . ¿Cosa vuole?
(Chilo sale hacia el salón. El Abuelo queda solo.)
ABUELO–Cucá osté, don Pacual. Spada e triunfo. Termenamo el
partido e dopo no vamo a piazza Venechia, ¿eh? Agarramo por Almirante Brown...
cruzamo Paseo Colón e no vamo a cucar al tute baco lo árbole. Cuando era
cóvene, sempre iba al Parque Lezama. Con el mío babbo e la mía mamma... Mi hermano
Anyelito... Tuto íbamo al Parque Lezama... E il Duche salía al balcón... la
piazza yena de quente. E el queneral hablaba e no dicheva: "Descamisato... del
trabaco a casa e de casa al trabaco". E eya era rubia
e cóvena. E no dicheva:
"Cuídenlo al queneral". E dopo el Duche preguntaba: "¿Qué volete? ¿Pane o canune?" E
nosotro le gritábamo: "Leña, queneral, leña queneral". (Toca acordes de
"Canzoneta". ) Ma... dopo me tomé el barco. E el barco se movía e el mío hermano Anyelito mi
dicheva: "A la Aryentina vamo a fare plata... mucha plata... E dopo volvemo a
Italia". (Ríe.) Así dicheva mi hermano Anyelito, que Dio lo tenga en la Santa Gloria. Una
tarde de sol se cayó del andamio.(Toca y canturrea.) "Canzoneta gri de ausenchia,
cruel malón de pena vieca escondida en la sombra de mi alcohol... Soñé Tarento,
con chien regreso..." ¿Cuándo vamo a volver a Italia, don Pacual? ¿Cuándo vamo a
volver a Italia?
Fragmento final de: GRIS DE
AUSENCIA de Roberto Cossa
sábado, 29 de noviembre de 2014
Pere Quart: militante catalán en la Guerra Civil.
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| 29 de noviembre de 1899- Barcelona Escritor y traductor. |
Codicilo de poeta
Os lego, amigos, sencillamente,
los tres humildes quehaceres de siempre:
vivir (y comer) con decoro cada día;
si podéis, encauzar codicia y lujuria;
pensar ( creer o dudar )
en la certeza y las hipótesis
de la muerte de la carne
y la vida nueva del alma.
No hay nada más que hacer; y ya basta.
El resto es literatura.
De "Vacaciones
pagadas" 1959
Versión de José Batlló
Espero, sospecho,
temo, quisiera
Espero que no me mire,
que no
me vea.
Sospecho que está siempre,
que no falla,
que me tiene fichado,
que no hay escapatoria.
Temo que me amenace,
que me
riña,
que me
castigue,
o que me
espíe,
y me
siga.
Me desazonan los misterios
los oráculos,
los enigmas,
los dones, los privilegios,
los éxtasis.
Las ceremonias me desasosiegan:
el culto,
la nube sacra.
Y quisiera sentirlo y verlo
hablarle, entenderlo,
servirlo como un hombre
siempre.
Quisiera que me
tomara de una vez
o
que me mudase en hoja,
en
cosa pura, estúpida
en
silencio o aire,
en
piedra,
en
átomo,
de su reino total.
Quiero amor o calma.
De "Vacaciones
pagadas" 1985
Versión de José Batlló
De: amediavoz.com
"Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios"- C. S. Lewis
Más adelante entraron en un cuarto casi vacío. Sólo
había un gran ropero con espejos en las puertas. Allí no encontraron nada más, excepto
una botella azul en la repisa de la ventana.
—¡Nada por aquí! —exclamó Pedro, y todos los niños se
precipitaron hacia la puerta para
continuar la excursión. Todos menos Lucía, que se
quedó atrás. ¿Qué habría dentro del armario?
Valía la pena averiguarlo, aunque, seguramente,
estaría cerrado con llave. Para su sorpresa, la puerta se abrió sin dificultad.
Dos bolitas de naftalina rodaron por el suelo.
La niña miró hacia el interior. Había numerosos
abrigos colgados, la mayoría de piel. Nada le gustaba tanto a Lucía como el
tacto y el olor de las pieles. Se introdujo en el enorme ropero y caminó entre
los abrigos, mientras frotaba su rostro contra ellos. Había dejado la puerta
abierta, por supuesto, pues comprendía que sería una verdadera locura
encerrarse en el armario. Avanzó algo más y descubrió una segunda hilera de
abrigos. Estaba bastante oscuro ahí adentro, así es que mantuvo los brazos
estirados para no chocar con el fondo del ropero. Dio un paso más, luego otros dos,
tres... Esperaba siempre tocar la madera del ropero con la punta de los dedos,
pero no llegaba nunca hasta el fondo.
—¡Este debe ser un guardarropa gigantesco! —murmuró
Lucía, mientras caminaba más y más adentro y empujaba los pliegues de los
abrigos para abrirse paso. De pronto sintió que algo crujía bajo sus pies.
«¿Habrá más naftalina?», se preguntó.
Se inclinó para tocar el suelo. Pero en lugar de
sentir el contacto firme y liso de la madera, tocó algo suave, pulverizado y
extremadamente frío. «Esto sí que es raro», pensó y dio otros dos pasos hacia
adelante.
Un instante después advirtió que lo que rozaba su cara
ya no era suave como la piel sino duro, áspero e, incluso, clavaba.
—¿Cómo? ¡Parecen ramas de árboles! —exclamó.
Entonces vio una luz frente a ella; no estaba cerca
del lugar donde tendría que haber estado el fondo del ropero, sino muchísimo
más lejos. Algo frío y suave caía sobre la niña. Un momento después se dio
cuenta que se encontraba en medio de un bosque; además era de noche, había
nieve bajo sus pies y gruesos copos caían a través del aire.
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| Clive Staples Lewis 29 de noviembre de 1898- Irlanda Académico, escritor y locutor. |

viernes, 28 de noviembre de 2014
José Asunción Silva crió su poesía en un almacén.
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| 27 de noviembre de 1865- Colombia Precursor del Modernismo. |
Terminado el bachillerato, el futuro poeta hubo de atender
el almacén familiar.
Cuenta Enrique Santos Molano,
autor de la biografía más completa que se ha escrito sobre el poeta: "José
Asunción Silva armó detrás del mostrador un laboratorio imponderable de
observación social y psicológica. Examinaba con penetración rigurosa las
personas que entraban de compras, de mirones o de visitantes a R. Silva;
espiaba sus gestos, estudiaba sus gustos, procesaba sus opiniones, acechaba sus
peculiaridades, sus virtudes, sus defectos, y los anotaba en su memoria de
ordenador y en un cuaderno. Detrás del mostrador acrecentó sus conocimientos,
devoró cantidades de libros y procuró mantenerse informado de los movimientos
literarios, artísticos y políticos de Europa".
Don Ricardo Silva falleció la
noche del 1 de junio de 1887, en la casa 93 de la calle 12. Pero no fue
solamente la triste pérdida lo que ensombreció y transformó totalmente el
ambiente familiar; al asumir José Asunción la dirección de los negocios
paternos, descubrió que hasta entonces su familia había vivido en una falsa
bonanza, basada en créditos respaldados únicamente en la confianza que los
acreedores tenían en don Ricardo y que tal vez no era ''heredable''.
Pero el poeta no se amilanó:
decidió renovar el negocio y diversificarlo, invirtiendo en tierras cafeteras,
abriendo una sucursal de R. Silva e Hijo llamada Almacén de Cuelgas, y
revolucionando la publicidad con poemas-anuncio o bien con enormes letreros
nunca vistos en los diarios capitalinos. No obstante, el poeta no escatimó
esfuerzos para revivir la antigua prosperidad: escribió cartas hasta de 103
páginas a los acreedores; cambió mercancía por las deudas contraídas e incluso
escribió un cuento para promocionar los pianos Apollo con sordina que él
vendía.
De: http://www.biografiasyvidas.com
VEJECES
Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
són de laúd, y suavidad de raso.
¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa,
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena,
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas,
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores,
por eso a los poetas soñadores,
les son dulces, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!
A UN PESIMISTA
Hay demasiada sombra en tus visiones,
algo tiene de plácido la vida,
no todo en la existencia es una herida
donde brote la sangre a borbotones.
La lucha tiene sombra, y las pasiones
agonizantes, la ternura huída,
todo lo amado que al pasar se olvida
es fuente de angustiosas decepciones.
Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen
en el remoto porvenir oscuro
calmas hondas y vívidos cariños
la ternura profunda, el beso puro
y manos de mujer, que amantes mecen
las cunas sonrosadas de los niños?
miércoles, 26 de noviembre de 2014
“¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!”- Eugenio Ionesco
Escena IV (fragmento)
y Escena V de
La Cantante Calva
SR. MARTIN
(pensativo):
– ¡Qué curioso, qué curioso, qué curioso y qué coincidencia!
Sepa usted que en mi dormitorio tengo una cama. Mi cama está cubierta
con un edredón verde. Esa habitación, con esa cama y su edredón
verde, se halla en el fondo del pasillo, entre los retretes y la biblioteca,
estimada señora.
SRA. MARTIN:
– ¡Qué coincidencia, Dios mío, qué coincidencia! Mi
dormitorio tiene también una cama con un edredón verde y se encuentra en el
fondo del pasillo, entre los retretes y la biblioteca, mi estimado
señor.
SR. MARTIN:
– ¡Es extraño, curioso, extraño! Entonces, señora, vivimos
en la misma habitación y dormimos en la misma cama, estimada señora.
¡Quizá sea en ella donde nos hemos visto!
SRA. MARTIN:
– ¡Qué curioso y qué coincidencia! Es muy posible que nos
hayamos encontrado allí y tal vez anoche. ¡Pero no lo recuerdo,
estimado señor!
SR. MARTIN:
– Yo tengo una niña, mi hijita, que vive conmigo, estimada
señora. Tiene dos años, es rubia, con un ojo blanco y un ojo rojo, es muy
linda y se llama Alicia, mi estimada señora.
SRA. MARTIN:
– ¡Qué extraña coincidencia! Yo también tengo una hijita de
dos años con un ojo blanco y un ojo rojo, es muy linda y se llama también
Alicia, estimado señor.
SR. MARTIN (con la misma voz lánguida y monótona:
– ¡Qué curioso y qué coincidencia! ¡Y qué extraño! ¡Es quizá
la misma, estimada señora!
SRA. MARTIN:
– ¡Qué curioso! Es muy posible, estimado señor. Un momento de silencio bastante largo... El reloj suena veintinueve veces.
SR. MARTIN (después de haber reflexionado largamente, se
levanta con
lentitud y, sin apresurarse, se dirige hacia la señora
MARTIN, quien,
sorprendida por el aire solemne del señor MARTIN, se levanta
también,
muy suavemente; el señor MARTIN habla con la misma voz rara,
monótona, vagamente cantante):
– Entonces, estimada señora, creo que ya no cabe duda, nos
hemos visto
ya y usted es mi propia esposa... ¡Isabel, te he vuelto a
encontrar!
SRA. MARTIN (se acerca al señor MARTIN sin apresurarse. Se
abrazan sin expresión. El reloj suena una vez, muy fuertemente. El
sonido del reloj debe ser tan fuerte que sobresalte a los espectadores. Los
esposos MARTIN no lo oyen).
SRA. MARTIN:
– ¡Donald, eres tú, darling!
Se sientan en el mismo sillón, se mantienen abrazados y se
duermen. El reloj sigue sonando muchas veces. MARY, de puntillas y con
un dedo en los labios, entra lentamente en escena, y se dirige al público.
ESCENA V
Los mismos y MARY
MARY:
– Isabel y Donald son ahora demasiado dichosos para que
puedan oírme. Por lo tanto, puedo revelarles a ustedes un secreto. Isabel
no es Isabel y Donald no es Donald. He aquí la prueba: la niña de que habla
Donald no es la hija de Isabel, no se trata de la misma persona. La
hijita de Donald tiene un ojo blanco y otro rojo, exactamente como la hijita
de Isabel. Pero en tanto que la hija de Donald tiene el ojo blanco a la
derecha y el ojo rojo a la izquierda, la hija de Isabel tiene el ojo rojo a la
derecha y el blanco a la izquierda. En consecuencia, todo el sistema de argumentación
de Donald se derrumba al tropezar con ese último obstáculo que
aniquila toda su teoría. A pesar de las coincidencias extraordinarias que
parecen ser pruebas definitivas, Donald e Isabel, al no ser padres de la misma
criatura, no son Donald e Isabel. Es inútil que él crea que ella es
Isabel, es inútil que ella crea que él es Donald: se equivocan amargamente. Pero
¿quién es el
verdadero Donald? ¿Quién es la verdadera Isabel? ¿Quién
tiene interés en que dure esa confusión? No lo sé. No tratemos de saberlo.
Dejemos las cosas como están. (Da algunos pasos hacia la puerta y luego
vuelve y se dirige al público.) Mi verdadero nombre es Sherlock Holmes.
Sale
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| 26 de noviembre de 1912- Rumania Innecesario agregar más datos para reconocer su relevancia. |
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