viernes, 1 de noviembre de 2013

"Hermann Broch: el poeta renuente" - Hanna Arendt

1º de noviembre de 1886- Austria

Nota introductoria

Mil novecientos ochenta. ¿Por qué tienes que hacer poesía? Para bajar de la luna e instalarnos en la luna, quizá.

En alemán, ese idioma que igual se ha prestado para hacer filosofía que para elaborar discursos hitlerianos, la palabra Dichter designa, confunde al poeta con el pensador. Así, la escritura del poeta (Dichter) es aquella que nos habla del mundo tal como no ha sido, tal como lo desea quien, sin dudar, accede por el sentido de la posibilidad al grado supremo del hombre sensible (según lo indicara Friedrich Leopold Freiherr von Hardenberg —Novalis). Y Hanna Arendt, en su digno ensayo acerca de Hermann Broch, nos advierte que éste fue poeta a pesar suyo.

¿Quién es poeta por su propio gusto?

Broch, nacido en Viena (la de Freud, Musil y Kraus, entre otros), en el seno de una acomodada familia de origen hebreo, vivirá, padecerá, intentará comprender, superar la paradoja de ser un pensador y un poeta. Dedicado a la literatura, la filosofía, las matemáticas y la psicología, Hermann Broch encarna al hombre de nuestro siglo; el hombre que, enfrentado a la totalidad del Ser, elige la poesía (metáfora, significancia, lucha y unión de los contrarios), la obra de arte como continente esencial del infinito y la nada; pero que, a un mismo tiempo y por el mismo deseo, recurre (quizá por temor a la posibilidad) a la ciencia (esencia del Absoluto productivo del capitalismo) como medio para transformar lo real. Es decir, Broch —escindido por el siglo— le pedirá a la ciencia lo que sólo la poesía puede dar, y dudará de la poesía porque no es capaz de superar las improbabilidades de lo científico.

Al contrario de los románticos del siglo xix (sus hermanos, sus prójimos), Broch conocerá la fuerza, el poder del déspota totalitario (llámese Dios, Hitler, Stalin, los Aliados o lo que sea); padecerá la violencia de la guerra como modo de reproducir la angustia, el temor del Amo, lo que el Poder produce para subsistir; o sea, para erigir al Estado por encima de los cuerpos, el Leviatán burgués no dudará ante la masacre. Porque Leviatán mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo (Job. 41, 26).

Hermann Broch, como el justo, sufrirá cárceles y persecuciones, vivirá la agonía del exilio, la certidumbre de que este mundo (como es) no es para el hombre sino para quien derrama la sangre del hombre. Y su respuesta, su voz, se moverá —indecisa— entre el silencio y la verdad; pues desea llegar a ese punto donde las palabras ya no son los puentes sino la meta, el punto final, la emancipación de los hombres. Viejo sueño romántico: hacer que las voces regresen a la Voz, llegar al lugar donde decir Yo es decir Nadie y es decir Todos. Voces que se levantan contra la mano del verdugo; el poema como anhelo de “conversión”, propósito de enmienda, puerta que el hombre abre para negar esa ausencia llamada Dios y afirmar la presencia de quien lo inventa, o la desesperanza de ser yo quien funda la imagen y la semejanza.

Ya lo dijo Cortázar: Broch, como Musil y Lezama, no puede ser popular, no puede estar en manos de todos porque hay manos manchadas de sangre; no todos son inocentes, no todos están libres de culpa. Por eso Villaurrutia (ese famélico Goethe de nuestra post-revolución) exigía, suplicaba que lo del “pueblo” fuese sólo para unos cuantos. Lo cual me parece justo, a condición de que “unos cuantos” sean todos los justos; y esto ocurrirá el día en que el corazón y la cabeza hagan cierta la posibilidad de ser libres para la libertad.


Voces es un largo poema dividido en tres partes (1913, 1923 y 1933), escrito por Broch para que sirva de contrapunto a su novela Die Schuldlosen (Los Inocentes), publicada en 1954.

Novela del desengaño, Los Inocentes marca el retorno de Broch a la poesía; es el gesto desesperado de quien, habiendo renegado de su condición de poeta, descubre que, aun a pesar suyo, debe hacer poesía. Si la obra de arte es “el destello del absoluto que arde y se renueva en el hombre”, la voz del poeta es indispensable. Y con gran dolor Broch cumple los deseos de su editor, Alfred A. Knopf, quien le había solicitado un nuevo libro; reúne una serie de novelas cortas publicadas en los años veinte y treinta, y tras una ligera vacilación, consigue uniformar el sentido y ambiente de esas narraciones breves, convirtiéndolas en la novela que intentará reflejar la totalidad de un mundo, la vida global de los personajes que representa. Y como el mismo Broch aclara: “La novela describe tipos y situaciones de la época prehitleriana. Los personajes escogidos son completamente apolíticos (apocalípticos, diría yo, S. M.); en cuanto a ideas políticas, flotan en terreno vago y nebuloso. Ninguno de ellos es directamente culpable de la catástrofe hitleriana, por eso se titula el libro Los Inocentes. Ahora bien, el nazismo adquirió su fuerza —la experiencia lo ha confirmado— en estas situaciones espirituales y anímicas”. Hitler será la encarnación de estos burgueses medios.

Voces puede ser leído aparte de la novela. El libro arranca con la “Parábola de la Voz”, donde el rabino Leví bar Chemjo, que hace muchos años vivía en el Este y fue muy famoso, le revela a sus discípulos el porqué de la voz del Señor, cuyo lenguaje es silencioso y Su silencio es Su lenguaje. Pero, ¿qué cosa es a la vez silencio y voz?, se pregunta el rabino; y responde: “Evidentemente, de todo cuanto yo conozco, es el tiempo el que reúne esta dualidad. Y aunque nos abarca y atraviesa, es para nosotros silencio y mudez. Sin embargo, al hacernos viejos, si tendemos el oído al pasado, oiremos un suave murmullo. Es el tiempo que acabamos de vivir. Y cuanto más escuchemos el pasado, más capaces seremos de oír la voz de los tiempos, el silencio del tiempo…”

Voces es lo que Hermann Broch, a los cincuenta y siete años, escucha en el murmullo del tiempo; es su lectura de la época prehitleriana, su versión de los hechos y su desengaño ante la incapacidad del poema para detener la mano del asesino; pero al mismo tiempo es la voz de quien, desarmado, mudo, aún desea hacer que la creación se cumpla en nosotros.

Broch ha muerto, de alguna manera ahora descansa del odio y del amor; pero su voz se ha sumado a las voces del tiempo. Es tarea de nosotros, los todavía vivos, escuchar el llamamiento de la creación, que pugna por ser del hombre.

Salvador Mendiola

De: Materialdelectura.com


Voces
1913

Mil novecientos trece. ¿Por qué tienes que hacer
    poesía?
Para descubrir otra vez mi juventud.
*   *   *

Un padre y un hijo siguen juntos su camino
desde hace muchos años: Estoy muy cansado,
dice el hijo de pronto, ¿a dónde nos lleva todo esto?
Desde el comienzo todo es cada vez más sombrío,
nos amenazan tempestades y a nuestro alrededor
anuncian su peligro fantasmas, multitudes y demonios.
El padre contesta: El progreso avanza
hacia el más hermoso de los caminos, y ¡quién se atreve
    a turbarlo!
Tú lo entorpeces con tus dudas y con tu mirada cobarde,
¡cierra ya los ojos y avanza con fe ciega!
El hijo responde: El frío me invade,
¿acaso no has sentido nunca una pena profunda?
¡Oh, date cuenta!, cabalgamos en sombras.
¡Oh, date cuenta!, nuestro progreso no es más que una
    huella,
el suelo se hunde bajo nuestros pies y nos arrastra,
damos vueltas sobre un torbellino como plumas sin
    peso.
Nuestros pasos son engaño y les falta un espacio.
El padre contesta: ¿Acaso el avanzar del hombre
no le lleva siempre a espacios infinitos?
El progreso conduce a un mundo sin fronteras,
tú en cambio lo confundes con fantasmas.
Maldito progreso, dice el hijo, maldito regalo,
él mismo nos cierra el espacio,
sin dejar que nadie avance,
y el hombre sin espacio es un ser ingrávido.
Éste es el nuevo rostro del mundo:
El alma no necesita progreso,
pero sí en cambio precisa gravidez.
El padre sigue avanzando e inclina la cabeza:
«Un polvo reaccionario cubre a mi hijo».

*   *   *

¡Oh, primavera otoñal!
Nunca hubo primavera más hermosa
que aquella primavera de otoño.
Floreció la tranquilidad más amorosa,
aquella que existe antes de la tempestad.
El pasado surgió de nuevo,
y también la disciplina.
Hasta el dios Marte sonreía.

*   *   *

De todos los sufrimientos que los hombres se infligen
    entre sí,
no es la guerra el peor mal,
es sólo el más absurdo
y padre de todas las cosas.
Y el mundo de los hombres
ha heredado de la guerra la insensatez,
que está incrustada inextirpable en su carne.
Dolor, ¡oh, dolor!
La insensatez no es más que falta de imaginación,
ridiculiza lo abstracto, habla absurdamente de cosas
    santas,
del suelo y del honor de la patria,
de mujeres y niños a los que hay que defender.
Pero si se halla ante lo concreto, entonces enmudece
y es incapaz de imaginar los rostros,
los cuerpos y los miembros desgarrados de los hombres,
así como el hambre que en mujeres y niños ella misma
    ha despertado.
Así es la insensatez, merecedora de la piedad de Dios,
la insensatez de los filósofos y de los poetas,
que hablan, sin saber, de espíritus sangrantes, de bocas
    babeantes,
y de la santidad de la guerra.
Pero deben evitar las banderas ondeantes de las
    barricadas,
pues allí acecha la verborrea abstracta,
la falta de responsabilidad sangrienta y sanguinaria.
Dolor, ¡oh, dolor!

*   *   *

En el espacio al que no podía darse este nombre,
porque era la sede de todos los ángeles y de todos los
    santos,
allí habitó una vez el alma.
Y no necesitaba suelo ni firmamento ni progreso,
pues sus pasos eran el infinito, sostenido desde lo alto,
sumergidos en la maraña de lo eternamente perfecto.
Pero cuando el infinito llamó al espíritu,
tuvo éste que volver al espacio de lo real
y conquistarlo y admitir altura, anchura y profundidad
como formas ineludibles del ser.
Así fue como el saber se transformó en progreso,
bañado en sangre, en torturas y en obligaciones.
Y su nuevo comienzo, confuso, herético, embrujado,
desgarrado en sus creencias por la barbarie,
torturado sin compasión por los infiernos
y sin embargo ampliamente humano,
estaba abierto al conocimiento y a la investigación
y en las imágenes del mundo descubrió un nuevo
    infinito.
Es el mismo juego de otros tiempos:
el infinito, casi poseído por el espíritu,
escapa hacia espacios extraños
hasta el borde del conocimiento,
allí donde la palabra enmudece y los sueños se hielan,
donde el sonido se apaga y la misma imagen se esfuma.
La medida no es allí medida ni vale ningún juramento,
es la maleza de los sin destino,
una proliferación monstruosa
que confunde la lejanía con lo cercano,
un burbujeo de caldera embrujada
que confunde el calor con el frío.
Y surge un nuevo espacio, sin espacio ni medida,
el espacio del nuevo tiempo,
que se abre otra vez a las torturas —¡oh, cuánto sufre
    el corazón!—,
que se abre otra vez a las guerras —¡oh, pecados y
    más pecados!—,
a fin de que el alma del hombre resucite.

*   *   *

Ésta es la gran época de la juventud burguesa
que sólo piensa en el dinero, en el amor y cosas
    semejantes,
mientras pretende renunciar a todo lo demás
uniendo su mundo a otros mundos mediante simples
    problemas de celos.
Dios es un requisito que se usa en poesía,
y la política, en otros tiempos virtud de príncipes,
no es más que vileza para aquel que hojea el periódico,
pues la considera un pecado del pueblo,
y esto le libra de obligaciones.
Así se creó mil novecientos trece,
con un ruido exento de alma y con gestos de ópera,
y sin embargo lucía el suave y hermoso arco iris de
    siempre,
aliento del rito del amor y eco de grandes fiestas de
    antaño,
cuellos almidonados, corpiños, encajes,
¡oh encanto de las faldas acampanadas!,
¡última y dulce despedida del barroco!

*   *   *

Hasta lo que sobrevive en el tiempo y carece de color
adquiere, al despedirse, el suave tinte de la melancolía,
¡oh, tristeza del pasado!,
¡oh, Europa, oh, milenios de Occidente!
La vida estructurada de Roma y la sabia libertad de
    Inglaterra
se ven desde ahora amenazadas y puestas en
    contradicción,
y surge de nuevo el pasado,
el apacible orden de los símbolos de la tierra,
en los cuales —¡oh, iglesia poderosa!—
se refleja y se expande el infinito,
imagen del universo en reposo de triple acorde
dentro de sus lentas soluciones y armonías.
Y ésta fue precisamente la dignidad de Europa,
impulso controlado, presentimiento del todo,
que mira hacia arriba siguiendo las líneas progresivas
    de una música
—¡oh, cristiandad de Sebastián Bach!—
y que como el ojo de este mundo
se impregna de cuanto en el otro existe,
de forma que se cumplan
tanto los lazos de allá arriba como los de aquí abajo.
Y el acontecer que sigue el orden tradicional, y la
    libertad,
se extienden de símbolo en símbolo
hasta el sol más escondido del universo occidental.
Y se evidencia de pronto que nada cambia,
que las imágenes carecen de conexión, inmutables en
    su rapidez,
que apenas hay símbolos,
y que el finito y el infinito a la vez
amenazan la atrayente disonancia.
El triple acorde, tradición en la que ya no se puede
    vivir,
se vuelve ridículo e insoportable;
el Elíseo y el Tártaro se precipitan uno en otro
y ya no se pueden distinguir.
Adiós, Europa. La bella tradición ha terminado.

*   *   *

Din-dón, gloria.
Nos vamos a la guerra
sin saber por qué,
pero quizá resulte divertido
yacer en la tumba
junto a los cuerpos de los hombres.
La amada queda callada en casa
y llora amargamente,
pero el soldado se burla heroico
de las lágrimas de mujer,
cuando ante el enemigo
estalla el cañón
con din-dón gloria.
Aleluya, aleluya.
Nos vamos a la guerra.



Voces
1923
Mil novecientos veintitrés. ¿Por qué tienes que hacer
    poesía?
Para informar de todas nuestras negligencias.

*   *   *

Es en la santidad, sólo en ella,
donde el hombre se enriquece más allá de sí mismo.
Y cuando, sumido en la plegaria, se entrega
a algo superior,
la parte anterior de su cabeza, el rostro,
se hace más humana,
su existencia se humaniza y adquiere plenitud,
el mundo tiene sentido para él.
Pues sólo en la santidad, sólo en ella,
encuentra el hombre la convicción
sin la cual nada tendría sentido,
el convencimiento de la veneración
que se dirige a lo más grande y que,
precisamente por ello, es la pura sencillez sobre la tierra
la ayuda al prójimo es buena, el asesinato malo,
sencillez de lo absoluto.
Todo lo santo lucha por este absoluto,
se acerca al martirio y, atrayendo hacia sí
la vida simple, la eleva hacia la santidad,
hacia la única convicción soportable,
hacia la pureza más sencilla.
Pero cuando
esta convicción y santidad
y esta sencillez desaparecen,
cuando son destronadas
por diversas convicciones muy santas
o, mejor, son reemplazadas
por otras opiniones muy puras
que juegan a la santidad irrespetuosamente,
aparece la idolatría,
el culto a muchos dioses,
culto que ya no permite al hombre dirigirse a lo más
    grande,
no, le arroja a lo inferior a él, de suerte que
pierda su humanidad, caiga en el rebajamiento de sí
y finalmente, con una falsa veneración, se dirija
    plegarias a sí mismo,
sin venerar la auténtica humanidad: aquí aparece lo
    pagano,
el vacío del mundo en el que todo tiene el mismo peso,
en el que todo tiene la misma santidad pagana.
Y así se enfrentan las convicciones,
al no existir veneración ni santidad ni distinción,
y cada una de las convicciones es la más santa,
la absoluta, y quiere aniquilar a las demás,
dispuesta a cualquier asesinato.
De la abundancia de convicciones
y de las falsas santidades surge, pavoroso,
el terror
en el salvajismo ronco del vacío,
pero imitando la santidad,
de modo que incluso se podría morir por él
con la alegría de un mártir.
Y
cuando los hombres volvieron de la guerra,
cuyos campos de batalla habían sido un vacío ululante,
encontraron lo mismo en sus casas:
el vacío de la técnica
ululaba igual que los cañones,
y el dolor humano se tenía que refugiar,
como en los campos de batalla,
en los rincones de los espacios vacíos,
circundado por aquella ronquera que produce el miedo,
rodeado sin compasión por la nada más brutal.
Entonces les pareció a los hombres
que todavía continuaban muriendo,
y preguntaron lo que preguntan todos los moribundos:
«¿Por qué, con qué fin hemos malgastado nuestra vida?
¿Qué nos ha conducido a este vacío?
¿Qué nos ha entregado a la nada?
¿Es ésta en verdad la determinación del hombre?
¿Es ésta su suerte? ¿Es que verdaderamente nuestra
    vida
no puede tener otro sentido sino este sin-sentido?»
Mas las respuestas a estas preguntas
las hacían los mismos hombres,
y eran por tanto opiniones vacías,
otra vez el vacío de la nada,
cobijado en la nada,
formado por la nada,
y por eso predestinado a sumergirse de nuevo
en la confusión de las convicciones
que obligan al hombre a ofrecerse nuevamente en
    holocausto,
a ofrecerse de nuevo en la guerra,
a ofrecerse de nuevo a la heroicidad pagana y vacía,
a la muerte sin martirio,
al sacrificio vacío
que nunca vuelve a crecer sobre sí mismo.
¡Ay de la época de las convicciones huecas
y los sacrificios vacíos!
¡Ay del hombre de vacío altruismo!
Pues aunque los ángeles le lloren
será un llanto inútil.
¡Fuera convicciones!
¡Fuera el caos de las convicciones,
la santidad pagana!
¡Oh simplicidad de la vida sencilla!
¡Oh absoluto!
¡Oh, dadles ya su eterno y sano derecho!
¡Oh piadosos deseos! Nadie puede cumplirlos,
pues todos son culpables, sin serlo,
de no cumplirlos:
pero aquel que se aproveche de la culpabilidad humana
en su propio beneficio,
recibirá el castigo de su culpa;
la maldición de la infamia caerá sobre él.



Hermann Broch y lo inexpresable

Acaba de aparecer En mitad de la vida (Igitur), la primera traducción al español de la poesía completa del autor alemán.

No sé hasta qué punto el lector común y no familiarizado con la lengua y la literatura alemanas será capaz de comprender las variaciones y variedades de las distintas naciones que en ellas se expresan. Pero, aunque así sea, una cosa ha de quedarle clara: que la literatura escrita en Austria -sobre todo, la de los siglos XIX y XX- supone un territorio tan marcado que se reconoce no sólo por las peculiaridades de su lengua sino, sobre todo, por una serie de obsesiones y de temas que, por serle propios, caracterizan tanto su anatomía filosófica como su configuración mental. Obras como las de Hoffmannsthal, Trakl, Roth, Wittgenstein, Broch, Musil, Jandl, Thomas Bernhardt o Jelinek demuestran que un rasgo común a todas ellas es el escepticismo lingüístico heredado de Schopenhauer que, leído a la luz de Gerber, actualizaría Nietzsche, y que tuvo en Fritz Mauthner su máximo representante filosófico.

EXPERIENCIA DEL NAZISMO

De Broch derivan casi todos ellos, porque la reflexión sobre los límites del lenguaje es algo que, de diferentes maneras, los atraerá. Gran parte de la obra de Hermann Broch es una insistencia y reincidencia en ello. Y, por eso, su obra narrativa -como la dramática, la ensayística y la poética- tiene como centro y objeto de su órbita tanto la materia y condición de lo expresable como la conciencia de aquello que el lenguaje nunca puede expresar. Y ello, no por naturaleza sino por historia: porque el imperio austro-húngaro fue, dentro del continente europeo, el más sometido a todo tipo de tensiones por la triple crisis -de sujeto, de identidad y de lenguaje- presente en el siglo XIX y a principios del XX y, desde entonces, característica de lo moderno. Broch puede ser visto como un claro paradigma de ello. Su poesía, pues, sigue las líneas de un sistema y se inscribe en los ejes de una bien instaurada y conocida tradición que Broch asume e interpreta porque, en su caso, el escepticismo lingüístico austríaco se combina con la experiencia histórica del nazismo, con la persecución y el exilio.

Y ése es el punto en que Broch amplía el recetario de la tradición anterior que, en su interpretación, sobrepasa los límites de un problema conceptual y metafísico para convertirse en uno de los signos de la angustia de la modernidad. Si su novela ya era en sí muy significativa, su poesía ni le va a la zaga ni lo deja de ser: el lector encontrará en ella un hirviente magma en el que las ideas y las percepciones están en continua ebullición y en el que el lirismo sensitivo-intelectual que lo envuelve pone en conflicto al yo con la palabra, y a ésta con su sistema mismo de representación. Broch tematiza el quiebre del sentido haciéndolo visible en el lenguaje, pero ni lo niega ni lo anula porque su nihilismo no llega a ser total: hay en él un latido de esperanza y hasta cierta fe en la realidad. Su desesperación no es ontológica sino histórica, como su título Die Idee ist ewig ("La idea es eterna") y sus mismos poemas dejan ver.

OCULTACIÓN DEL YO

Clara Janés lo explica en su acertado prólogo: según ella, Broch se sintió atraído por el perfecto mundo de las matemáticas e intentó que el lenguaje poético fuera capaz de "hacer audibles y visibles unidades cognoscitivas", y que la cosmogonía órfico-pitagórica y la "lógica del arte" llegaran a alcanzar una "verdad transformada en conocimiento". Su estudio sobre Hoffmannsthal es un espejo de sí mismo, ya que mucho de lo que dice de la obra de aquél podría decirse de la suya. Clara Janés subraya, entre otras rasgos, éstos: "La ocultación del yo subjetivo" en aras "de una exposición lírica" hecha "por medio del objeto" y "la necesidad de identificación del artista con el no-yo".

No deja a un lado su interés por la poesía popular -lo que Broch llamaba la "tarea bautismal de la poesía"- ni el proceso de simbolizaciones seguido hasta llegar al símbolo total. Broch, traumatizado -como todo el final del siglo XIX- por la desesperación derivada de la atomización del mundo hecha por la ciencia y la consiguiente pérdida del sentido de -y de la comunicación con- la totalidad, aspiraba -como Mallarmé- a una síntesis científico-musical que religara el yo con el profundo sentido de las cosas.

Para Broch -como advierte en su novela La muerte de Virgilio -, el lenguaje sólo es el "interregno del conocimiento terrenal", y la poesía, la única actividad humana "que sirve para el conocimiento de la muerte". Como advirtió Hannah Arendt, "ser poeta y no quererlo ser constituyó el rasgo característico de su personalidad, inspiró la acción dramática de su obra más importante y se convirtió en el conflicto central de su vida".

Montserrat Armas y Rafael-José Díaz han traducido los cincuenta y tres poemas que, en sentido estricto, componen la obra poética de Broch, y -con buen criterio- han dejado fuera tanto los poemas suyos de ocasión como los incluidos dentro de otras de sus obras, y las versiones que hizo de Eliot, Joyce, Spender y Whitmann, así como también sus colecciones de aforismos.

Su traducción es rigurosa y fiel, y muestra a un poeta que no concibió estos textos como libro ni como partes de nada que no fuera él mismo y su pensamiento. Y eso es lo que el lector encuentra en ellas.

ABC.
 Por Jaime Siles ABC

De: La Nación Digital- Suplemento Cultura


LOS INOCENTES (1950)


Descúbrete y piensa en las víctimas  pues solo el que siente la soga en su cuello se da cuenta de la brizna que se agita en el vientre por entre los adoquines del cadalzo.

Oh! Aquellos que disfrutan con el derramamiento de sangre; lo demoníaco es ciego, lo prohibido es ciego, los espectros son ciegos, están ciegos ante lo que germina porque ellos carecen de crecimiento. Y sin embargo cada uno de ellos fue niño una vez.

No alabes ni premies la muerte, no premies la muerte que los hombres se inflingen unos a otros; no alabes lo indigno. Ten, en cambio, valor para decir mierda cuando alguien excite a los otros a matar a su prójimo.

En verdad que el asesino sin dogmas es el mejor de los hombres.
Oh! Llamada humillante y envilecedora; la llamada al verdugo, llamada de miedo mas secreto, llamada de todos los dogmas que carecen de fundamento.

Hombre, descúbrete y piensa en las víctimas.

El mal vuelve su rostro siempre hacia el mal.

¿Quién consuma el sacrificio humano espectral? Un espectro. Está ahí en la habitación, algo prohibido está ahí que silba para sus adentros: es el espíritu del espectro burgués habituado al orden. Ha aprendido a leer y a escribir, a cepillarse los dientes, va al médico cuando está enfermo, en general solo se ocupa de si mismo y sigue, sin embargo siendo un espectro.
Ah! Qué asustados estábamos! a través del Berlín de espectros pasaba como un rayo el emperador burgués: plin plaf clin clin. Ramplonería de púrpura vestido de armiño, motorizado hiede a barroco. Resuena diáfana su gran limusina.

Nos empujamos con los hombros y nuestro espanto se convierte en risa. Pero este era solo el comienzo, cuando tres decenios más tarde se aproximó el monstruo, abrió sus fauces y nos habló en un lenguaje babeante, entonces perdimos nosotros el don de la palabra, las palabras se secaron y parecía que nos hubieran arrebatado para siempre la comprensión.

El que hacía poesía era tenido por un ser despreciable que pretendía sacar frutos de flores marchitas, perdimos la risa y vimos la máscara del terror, la ramplonería fúnebre unida al rostro del verdugo; el espíritu burgués.
Máscaras cubriendo máscaras. Monstruosidades que cubren monstruosidades.
Rostro que ignora las lágrimas.


De: estuchefreak.blogspot.com


"El que pudo llegar más lejos en la reflexión
acerca de la enfermedad social de su siglo”-
Hanna Arendt




jueves, 31 de octubre de 2013

“La alfabetización es la primera columna de la estructura social; el analfabetismo puede ser la segunda”- Carlos Drummond de Andrade


31 de octubre de 1902- Minas Gerais
Periodista, cronista, político, poeta.



















...” conocemos a Carlos Drummond de Andrade como un poeta fundamental, ya que los lectores de habla castellana tenemos acceso a diversas traducciones de su poesía,  pero no hemos tenido muchas noticias de su trabajo como cronista, cuentista y articulista periodístico, facetas a las que el autor dedicó aproximadamente cincuenta años de su vida.

El mismo Drummond se asume como un narrador entusiasta, siempre irónico hasta consigo mismo. El texto «Auto-Retrato», que escribe para la revista Leitura, nos muestra  ese talante irónico:


Dice el espejo:

El señor Carlos Drummond de Andrade es un prosista modesto que se juzga buen poeta; en eso se engaña. Como prosista ha elaborado algunas crónicas y cuentos que revelan cierto conocimiento de formas adecuadas de expresión, cierto humor y malicia.

Como poeta le falta todo eso y le sobran los siguientes defectos: es desparpajado, nada eufónico, falto de conceptos, arbitrario, grotesco y titubeante.


De: http://circulodepoesia.com


El mundo es grande y cabe ...

El mundo es grande y cabe
en esta ventana sobre el mar.
El mar es grande y cabe
en la cama y en el colchón de amar.
El amor es grande y cabe
en el breve espacio de besar.



En mitad del camino había una piedra...

En mitad del camino había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
había una piedra
en la mitad del camino había una piedra.

Nunca olvidaré la ocasión
nunca tanto tiempo como mis ojos cansados permanezcan abiertos.

Nunca olvidaré que en la mitad del camino
había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
en la mitad del camino había una piedra.

Versión de Rafael Díaz Borbón



Los que sufren

Las plantas sufren como nosotros sufrimos.
¿Por qué no habrían de sufrir
si esta es la llave de la unidad del mundo?

La flor sufre, tocada
por la mano inconsciente.
Hay una ahogada queja
en su docilidad.

La piedra es sufrimiento
paralítico, eterno.

Nosotros -animales- no tenemos
ni siquiera el privilegio de sufrir



Procura de la poesía


No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un solo estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan enemigo de la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.
Lo que piensas o sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las  casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elude sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas, antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concretada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil fases secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.

Versión de Manuel Graña Etcheverry


De: A media Voz




Los hombros soportan el mundo

Llega un tiempo en el que ya no se dice: Dios mío.
Tiempo de absoluta depuración.
Tiempo en el que ya no se dice: amor mío.
Porque el amor resultó inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el trabajo rudo.
Y el corazón está seco.

En vano mujeres llaman a la puerta, no abrirás.
Te quedaste solo, la luz se apagó,
pero en la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Eres todo certeza, ya no sabes sufrir.
Y nada esperas de los amigos.

Poco importa que venga la vejez, ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y él no pesa más que la mano de un niño.
Las guerras, las hambres, las discusiones dentro de los edificios
demuestran apenas que la vida prosigue
y no todos se liberaron todavía.
Algunos, considerando el bárbaro espectáculo,
preferirían (los delicados) morir.
Ha llegado un tiempo en el que de nada sirve morir.
Ha llegado un tiempo en el que la vida es una orden.
La vida apenas, sin mistificación.

Traducción de Adolfo Montejo Navas



Carlos Drummond de Andrade y la fábula de la piedra

Rodolfo Mata  
                       
Con el paso del tiempo, un incidente fundacional en la carrera literaria de Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) se ha convertido en una fábula medular de la historia de la poesía brasileña contemporánea. Cuando el poeta publicó "No meio do camino" –en el número 3 de la Revista de Antropofagia (julio de 1928)– seguramente no imaginó que lanzaba una verdadera "piedra de toque" en el desarrollo de la poesía brasileña: "No meio do caminho tinha uma pedra / tinha uma pedra no meio do caminho / tinha uma pedra / no meio do caminho tinha uma pedra. // Nunca me esquecerei desse acontecimento / na vida de minhas retinas tão fatigadas. / Nunca me esquecerei que no meio do caminho / tinha uma pedra / tinha uma pedra no meio do caminho / no meio do caminho tinha uma pedra". Si Mário de Andrade le había comentado por carta,1  en 1924, que el poema era formidable y que le parecía un ejemplo fuerte, bien logrado y "psicológico" (las inclinaciones de Mário por ese tipo de análisis fueron frecuentes) del "cansancio intelectual", cuando apareció en la provocadora revista, los elogios no se repitieron, aunque tampoco hubo repudios, como los que se verían después, sino que más bien el poema pasó un tanto desapercibido. El clima belicoso de la llamada "fase heroica" del Modernismo –la vanguardia brasileña que llevó a cabo la ruptura frontal con los cánones estéticos anteriores– se había entibiado un poco: el uso de manifiestos comenzaba a declinar, el desparpajo del poema piada (poema-broma) había perdido parte de su prestigio original y, como Mário señalaría más tarde, se acercaba la hora en que la fase de destrucción cedería su lugar a un ciclo constructivo.  

    Drummond estaba consciente de esta situación y por ello su primer libro llevaría el modesto título de Alguma poesia (1930). No sólo le parecían innecesarios los gestos de ruptura grandilocuentes en el panorama poético del momento sino que tenía la certeza de que el lugar del poeta en el mundo moderno es marginal. "Impossível compor um poema a essa altura da evolução da humanidade. / Impossível escrever um poema –uma linha que seja– de verdadeira poesia", nos dice al principio de "O sobrevivente", para rematar con "Inabitável, o mundo é cada vez mais habitado. / E se os olhos reaprendessem a chorar seria um segundo dilúvio. / (Desconfio que escrevi um poema)". Esta mezcla de ironía y humor, templados por la amargura y la resignación, está presente en Alguma poesia, al lado de otros rasgos típicamente modernistas, como el mencionado poema-piada ("É preciso fazer um poema sobre Bahia... / Mas eu nunca fui lá"), el verso libre, el prosaísmo, los temas "no poéticos", las "imágenes novedosas", etc. De esta manera, tenemos que este libro nace siendo un punto de inflexión en la poesía brasileña, no sólo por el genio creativo de Drummond, sino porque, como dice Wilson Martins, surgió en un ambiente de "revolución estabilizada", en el que, agregaría, el poeta puede buscar más tranquilamente su propio camino. 

    Pero entonces, regresando a "No meio do caminho", ¿cómo se dio la polémica que desató este poema, según consignan casi indefectiblemente las referencias a la obra de Drummond, por más escuetas que sean? La historia del poema da pedra, como llegó a ser conocido, se inició realmente con su inclusión en Alguma poesia; fue revisada ampliamente en Uma pedra no meio do caminho. Biografia de um poema (Seleção e montagem de Carlos Drummond de Andrade; estudo de Arnaldo Saraiva, Rio de Janeiro, Editora do Autor, 1967) y continúa rindiendo frutos como un fenómeno de gran riqueza no sólo en la historia de la poesía brasileña sino en la de la crítica literaria. Según Arnaldo Saraiva, la publicación en libro, en 1930, provocó adhesiones y repulsas, aunque raros ataques por escrito. Uno de los más graciosos es la parodia del indignado Gondim da Fonseca (Correio da Manhã, Rio de Janeiro, 26/08/38), quejándose de que ya no había rima y que cualquier incidente podía producir un poema, "papagayando" cuatro o cinco veces lo mismo: "Eu tropecei agora numa casca de banana. / Numa casca de banana! / Numa casca de banana eu tropecei agora, / Caí pra trás desamparadamente, / E rasguei os fundilhos das calças! / Numa casca de banana eu tropecei agora. / Numa casca de banana! / Eu tropecei agora numa casca de banana!". De hecho, esta es una muestra de los deseos de restauración del "orden" en la "Poesía" que más tarde fueron propugnados por la llamada "Generación del 45".2  En ocasiones, éstos llegaron a excesos preceptivistas, como los expresados por Domingos Carvalho da Silva, según refiere Sérgio Buarque de Holanda: el buen verso no debe contener palabras esdrújulas; la palabra "fruta" debe ser desterrada de la poesía en favor de "fruto", al igual que "cachorro" en favor de "cão"; y el Océano Índico es "más poético" que el Pacífico.3  De ahí que las acusaciones más frecuentes a "No meio do caminho" sigan esa línea: 1) es irreverente con la Divina comedia, "Nel mezzo del camin di nostra vita"; 2) las demasiadas repeticiones son empobrecedoras; 3) la regencia del verbo "esquecer" es incorrecta; 4) en vez de "haver", utiliza el verbo "ter" con valor impersonal, dando cabida así a un brasileñismo muy frecuente en el habla cotidiana del país, pero impropio en poesía. 

    Para la década de 1940, los elogios y los ataques se intensifican –refiere Saraiva– por varias causas: 1) Drummond es una figura pública pues sucesivamente ocupa un puesto importante en el Ministério da Educação, invitado por su amigo Gustavo Capanema; se aproxima a Luis Carlos Prestes y es director por unos meses del diario comunista Tribuna Popular; participa en la frustrada remodelación del Departamento Nacional de Informações (el antiguo Departamente de Informação e Propaganda, órgano de censura de la comunicación social durante el Estado Novo); y finalmente se asienta en la jefatura de la sección de historia de la Direitoria do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional. 2) Goza de un prestigio literario sólido con 6 libros de poesía publicados, uno de prosa, y una participación constante en la prensa como cronista. 3) Surge la llamada "Generación del 45" que ve en Drummond un sobreviviente de los primeros principios estéticos del modernismo y, por lo tanto, un "peligroso" e inteligente adversario. De 1950 en adelante, dice Saraiva, aumentan los elogios pero no desaparecen del todo los ataques e ironías. A esas alturas parece que todo se ha dicho: glosas, parodias, anécdotas, meditaciones, comentarios, etc., y "No meio do caminho" ha sido calificado como: bufonada, babosada, poema chistoso, poema futurista, marca indeleble de una fase de locura de la poesía brasileña, el poema más característico de nuestra época prosaica y tan agitada, mensaje tan simple e impresionante, poema formidable y estupendo, el poema que todos nosotros quisiéramos haber escrito, la mejor cosa del mundo, etc.  

    De hecho, esta avalancha de opiniones fue la que llevó a Drummond a armar Uma pedra no meio do caminho. Biografia de um poema. Necesitaba poner en claro esta confusión que lo mantenía un tanto amargado, y exponer su punto de vista, al lado de las reacciones contemporáneas a su aparición y las impresiones que circulaban. De esta manera, dice Antônio Houaiss, se integró un documento ejemplar de la sociología del gusto literario, en torno a la poesía moderna en Brasil.4  En esta "biografía", Drummond afirma que su famoso poema "não pretende expor nenhum fato de ordem moral, psicológica ou filosófica" y que solamente quería "dar a sensação de monotonia e chateação, a começar pelas palavras" (con lo cual confirma la apreciación inicial de Mário de Andrade). Según el autor, el poema había servido hasta esas fechas "para dividir no Brasil as pessoas em duas categorias mentais". Aunque nunca dijo cuáles eran éstas, no hay duda que el fenómeno de división se había dado y que el poema albergaba una consciencia crítica multiforme. Es decir, aunque no se supiera con exactitud qué entrañaba, se percibía que había algo profundamente crítico que inquietaba y abría la posibilidad a múltiples interpretaciones.  

    "No meio do caminho" no fue un exabrupto modernista genial. Ya con anterioridad Drummond se venía afiliando a la praxis modernista de violentar la sintaxis, practicar el verso libre, el coloquialismo y el poema-piada, además de que Mário de Andrade le había contagiado su nacionalismo. Sin embargo, el nacionalismo drummondiano no resultó ser de exaltación sino de regreso a la objetividad de las cosas. En una de sus tempranas colaboraciones en A Revista (no. 1, julio 1925), el poeta ya apuntaba: "Agora, o escritor foge de teorias e construções abstratas para trabalhar a realidade com mãos puras", observación que recuerda el "ver com olhos livres" delManifesto da Poesia Pau-Brasil de Oswald de Andrade. En otra (no. 2, julio 1925), afirma: "Não podemos oferecer nenhuma permeabilidade aos produtos e detritos das civilizações estrangeiras".5  Es aquí donde la "teoría del cansancio" encaja. La solución no estaba en complicados manifiestos, ni en importaciones (o en su contraparte: los exotismos de exportación), sino en el cotidiano brasileño y su lenguaje, en el regreso a las cosas, en el nacionalismo "con signo de menos". Esto explica que la otra piedra que se atravesó constantemente en el camino de Drummond fue Itabira, ciudad del estado de Minas Gerais donde nació: en tupi, lengua indígena presente en gran parte de los toponímicos brasileños, "itá" significa "piedra", e "itá-bira" quiere decir "piedra levantada o empinada".
 
Publicado en "La Jornada Semanal", suplemento cultural de La Jornada, no. 268, México, 23 de abril de 2000, p. 6.

NOTAS
1 En 1924, Drummond conoció a Mário de Andrade, Blaise Cendrars y Tarsila de Amaral, en el Grande Hotel de Belo Horizonte, cuando el grupo de la Semana de Arte Moderno regresaba de su excursión a Minas. Fue entonces cuando inició una larga correspondencia con Mário muy provechosa para su orientación literaria. 
2 La "Generación del 45" es un concepto tan problemático en la historia de la literatura brasileña como el papel de "No meio do caminho". En él se mezclan criterios temporales, de preferencias estéticas y de política literaria pues, como apunta João Cabral de Melo Neto, no fue un movimiento. Entre sus supuestos integrantes, observa el poeta a quien se incluye frecuentemente en el grupo, había grandes diferencias. 
3 Cf. Sérgio Buraque de Holanda, "Rebelião e convenção", Diário Carioca, 20/04/52, en Sérgio Buarque de Holanda, O espírito e a letra. Estudos de crítica literaria II (1948-1959), Antonio Arnoni Prado (comp.), Companhia das Letras, São Paulo, 1996, p. 504. 
Cf. Antônio Houaiss, "Introdução" a Carlos Drummond de Andrade, Reunião, Livraria José Olympo, Rio de Janeiro, 1971, p. xxi. 
Apud. Péricles Eugênio da Silva Ramos, Do Barroco ao Modernismo, p. 263.  
 

De: Letralia.com






miércoles, 30 de octubre de 2013

“Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo” - Miguel Hernández

CARTA


El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.


































martes, 29 de octubre de 2013

Tu mirada, Poesía: marea que arrastra y destroza mi silencio...


Hoy recibimos un mail muy significativo de parte de una de nuestras talleristas. En realidad, una vez más se cumple aquel lema tan chejoviano acerca del valor siempre aparente de la pequeñez porque, ¿quién piensa en el árbol cuando ve la minúscula semilla?

Al despedirse, Marta escribió: ... “también te quiero decir que estoy emocionada con esto, y creo que me va a gustar mucho más de lo que imaginaba. Saludos”.

Necesario resulta aclarar que Marta concurre desde hace menos de un mes al Taller de Pasiones Literarias en nuestra CASA. Es una lectora constante, por otra parte.

Aunque ha estado en contacto con el arte pictórica por mucho tiempo en un conocido Taller del medio, esta reciente huésped que es la escritura está deparando una experiencia sorpresiva y conmocionante a su mundo interior. Su feliz confesión, además de provocarnos profunda alegría, nos produjo una reflexión, habitual en nuestra práctica, vinculada al valor y a la evaluación del acto creativo en estos tiempos. (En verdad, es la proyección personal de aquella conocidísima frase de Heidegger: “¿Para qué poetas en tiempos de miseria”?). 

Producto de esa meditación es la invitación a leer el siguiente artículo que, a pesar de presentar ciertas desprolijidades de traducción, permitirá algunas conclusiones interesantes acerca del tema:


Mujeres en Afganistán escriben poesía bajo riesgo de muerte



En una casa privada en un barrio tranquilo de la Universidad de Kabul, Ogai TRex esperó a que sonara el teléfono. A través de una ventana de vidrio, vio cómo el sol se hunde su vez el patio del color de la berenjena. La electricidad no funcionaba y la habitación no tenía calefacción, un piso de unos cuantos cojines de los muebles solamente. TRex metió sus pies desnudos debajo de ella y se subió el cuello de su abrigo negro hinchada. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta, y sus párpados estaban cubiertos con polvo de color azul metálico. En el resplandor verde de la pantalla del teléfono móvil, su rostro se veía pálido y preocupado. Cuando el teléfono por fin pitó, TRex gritó de alegría y poner el altavoz. La voz de una chica adolescente se desplomó en la habitación. "Me estoy congelando", dijo la chica. Su voz era ronca por el frío. Para hacer esta llamada, se había escapado de la casa de barro de su padre sin su abrigo.

Al igual que muchos de los miembros rurales de Mirman Baheer, la sociedad literaria de mujeres con sede en Kabul, la muchacha llama cada vez que puede, por lo general en secreto. Ella lee sus poemas en voz alta a TRex, que transcribe línea por línea. Para ocultar su poesía y por escrito de su familia, la niña se basa en un nombre de pluma, Meena Muska. (Meena significa "amor" en el idioma pashto; muska significa "sonrisa").

Meena perdió a su novio el año pasado, cuando una mina explotó. Según la tradición pashtún, ella debe casarse con uno de sus hermanos, que ella no quiere hacer. Ella no se atreve a protestar directamente, pero recitando poesía a TRex le permite hablar en contra de su suerte. Cuando le pregunté cuántos años tenía, Meena respondió en un proverbio: "Soy como un tulipán en el desierto. Me muero antes de abrir, y las olas del desierto sopla brisa de mis pétalos de distancia. "No estaba segura de su edad, pero pensaba que tenía 17 años. "Porque soy una niña, nadie sabe de mi cumpleaños", dijo.

Meena vive en Gereshk, una ciudad de 50.000 personas en Helmand, la mayor deAfganistán 's 34 provincias. Helmand ha tenido problemas con la doble carga de ser uno de los productores más grandes del mundo de opio y un bastión insurgente. El padre de Meena la sacó de la escuela hace cuatro años después de que pistoleros secuestraron a uno de sus compañeros de clase. Ahora se queda en casa, cocina, limpia y enseña a sí misma a escribir poesía en secreto. Los poemas son la única forma de educación a que tiene acceso. Ella no cumple con los forasteros cara a cara.

"No puedo decir que los poemas en frente de mis hermanos", dijo. Poemas de amor sería visto por ellos como prueba de una relación ilícita, por lo que Meena podría ser golpeados o incluso asesinados. "Me gustaría tener las oportunidades que hacen las niñas en Kabul", continuó. "Quiero escribir sobre lo que está mal en mi país." Tragó Meena. Ella estaba tratando de no llorar. En el otro extremo de la línea, TRex, que es propenso a la compasión y el drama, empezó a llorar con ella. Las lágrimas se mezclan con kohl goteó en la página de la libreta de espiral en la que TRex estaba escribiendo versos de Meena. Meena recitó un poema popular pastún llamado landai:

"Mis dolores creciendo a medida que disminuye mi vida,
voy a morir con el corazón lleno de esperanza ".

"Yo soy el Rahila nuevo", dijo. "Grabar mi voz, de modo que cuando me mataron al menos a usted tendrá algo de mí."

TRex hizo una mueca, sin saber cómo responder. "No te llames así", le espetó ella."¿Quieres morir, también?"

Rahila fue el nombre usado por una joven poeta, Zarmina, quien se suicidó hace dos años. Zarmina fue la lectura de sus poemas de amor a través del teléfono cuando su hermana-en-ley la atrapó. "¿Cuántos amantes tiene usted?", bromeó. Familia Zarmina asumió que era un niño en el otro extremo de la línea. Como castigo, sus hermanos le golpearon y arrancaron sus cuadernos, TRex dijo. Dos semanas más tarde, Zarmina se prendió fuego.

Al igual que Meena, Zarmina vivido en Gereshk, un poco menos de 400 kilómetros de Kabul. Ella, también, no se le permitió salir de su casa. Ella encontró por primera vez el grupo literario al escuchar la radio, su único vínculo con el mundo exterior. Un día, en Radio Azadi - Radio Libertad - oyó un Mirman Baheer poemas de lectura miembros. Sin manera de ponerse en contacto con el grupo, ella llamó por teléfono a otro programa de radio, "Lost Love", un popular programa que en su mayoría se conecta a los refugiados a sus familiares o amigos que no han visto en las últimas décadas. Zarmina pidió ayuda en la búsqueda de Mirman Baheer. Uno de los empleados de la estación era un miembro."Oh, así que pensé que estábamos perdidos, también!", Dijo a la aspirante a poeta, antes de compartir el número de teléfono.

Zarmina pronto se convirtió en una llamada regular. Siempre que pudo, llamó por teléfono al Mirman Baheer el sábado por la tarde-las reuniones en el Ministerio de Asuntos de la Mujer en Kabul. Zarmina pediría TRex si pudiera leer sus poemas en voz alta al grupo. Sin embargo, las reuniones de Kabul estaban llenos de poetas ávidos, que compiten para ser escuchados. TRex a menudo tenía que decirle Zarmina que esperar su turno. "Yo diría, 'No, yo te llamaré', pero ella volvería a llamar en unos pocos minutos."
A veces Zarmina no podía soportar que esperar a una reunión para llamar a TRex. Cuando TRex dijo que estaba demasiado ocupado para hablar, Zarmina respondería con un landai:

"Estoy gritando pero usted no contesta -
Un día me va a buscar y me iré de este mundo. "


"¡Qué dulce hubiera sido si sólo había grabado su voz mientras leía poemas", dijo TRex. Cogió trozos de azúcar caramelizada y las almendras en un plato de vidrio. "Ahora, cuando llama a cualquier chica, tomo nota de todo lo -. Las fechas de los poemas, los números de teléfono, cada cosa que dice:" (El grupo aún no puede permitirse una grabadora.)

En sus poemas, Zarmina se describe como "la jaula oscura del pueblo." Su trabajo fue impresionante, de acuerdo con TRex, no sólo por su lenguaje distintivo, sino también por su coraje para cuestionar la voluntad de Dios."Eso es lo que nuestros poemas tienen en común", dijo TRex. "Nos quejamos a Dios sobre el estado de nuestras vidas". Zarmina planteaba preguntas: "¿Por qué no estoy en un mundo donde la gente puede sentir lo que siento y oíd ​​mi voz", le preguntó: "Si Dios se preocupa por la belleza ?, ¿por qué no se nos permite cuidar ", le preguntó:" En el Islam, Dios amó tanto al profeta Mahoma. Estoy en una sociedad donde el amor es un crimen. Si somos musulmanes, ¿por qué somos enemigos del amor? "

Como TRex y Zarmina se acercaba, se hablaba varias veces al día cada vez que podía colarse Zarmina acceso a un teléfono, pero hubo períodos en que se las arreglaron para hablar sólo una vez al mes. Durante las dos semanas entre la paliza de sus hermanos y su suicidio, Zarmina TRex dio ninguna indicación de lo desesperada que estaba cuando me llamó. Ella, sin embargo, recitar otra landai:

"El día del juicio final, voy a decir en voz alta,
vine al mundo con el corazón lleno de esperanza ".

"Estúpido, no digas eso", recuerda TRex diciendo. "Eres demasiado joven para morir."

Para las mujeres de Mirman Baheer, Zarmina es sólo el más reciente de Afganistán poeta mártires. "Era un sacrificio a las mujeres afganas", me dijo TRex. "Hay cientos como ella."

Mirman Baheer, el más grande de Afganistán, la sociedad literaria de las mujeres, es una versión contemporánea de una red de los talibanes de la era literaria conocida como la Aguja de Oro. En Herat, las mujeres, pretendiendo a coser, se reunieron para hablar de literatura. En Kabul, Mirman Baheer no tiene necesidad de subterfugios. Sus más de 100 miembros proceden principalmente de la élite afgana: los profesores, parlamentarios, periodistas y académicos. Ellos viajan en los autobuses de la ciudad para sus reuniones de los sábados, la cara descubierta, vestido con botas de tacón alto y abrigos de Piel. Sin embargo, en las provincias periféricas - Khost, Paktia, Wardak Maidan, Kunduz, Kandahar, Herat y Farah - en donde la sociedad de los miembros de número 300, Mirman funciones Baheer en gran medida en secreto.



De los 15 millones de mujeres de Afganistán, aproximadamente 8 de cada 10 viven fuera de las zonas urbanas, donde los esfuerzos de Estados Unidos para promover los derechos de las mujeres han tenido poco éxito. Sólo 5 de cada 100 se gradúan de la escuela secundaria, y la mayoría están casadas a los 16 años de edad, 3 de cada 4 en los matrimonios forzados. Poetas jóvenes como Meena que llaman a la línea caliente, TRex me dijo, "están en una posición muy peligrosa. Están detrás de altos muros, bajo el fuerte control de los hombres. "Murió joven poeta célebre Universidad de Herat, Nadia Anjuman, en 2005, después de una brutal paliza de su marido. Ella tenía 25 años.

Pastún poesía ha sido durante mucho tiempo una forma de rebelión de las mujeres afganas, desmintiendo la idea de que son sumisos o derrotados. Landai significa "serpiente de corto, venenoso" en pashto, una lengua que se habla en ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán. La palabra también se refiere a los poemas populares de dos líneas que pueden ser igual de letal. Divertida, sexy, feroz, trágica, landai son seguros porque son colectivos. Ninguna persona escribe un landai, una mujer repite uno, comparte uno. Es la suya y no la suya. Aunque los hombres no les recita, casi todos se echan en las voces de las mujeres. "Landai pertenecen a las mujeres", dijo Safia Siddiqi, un poeta de renombre y pastún parlamentaria afgana ex. "En Afganistán, la poesía es el movimiento de mujeres desde el interior."



Tradicionalmente, landai han tratado con amor y dolor. A menudo, arremetió contra la esclavitud del matrimonio forzado con un humor irónico, anatómica. Un marido envejecimiento, ineficaz frecuentemente se describe como un "pequeño horror." Pero también han tenido en la guerra, el exilio y la independencia de Afganistán con ferocidad.En 1880 la batalla de Maiwand, cuando las fuerzas afganas estaban perdiendo a los británicos, una heroína pastún llamado Malalai se dice que han tomado la bandera de Afganistán y gritó este landai:

"El amor joven, si usted no cae en la batalla de Maiwand,
Por Dios, que alguien le está ahorrando como un símbolo de la vergüenza”.

Malalai murió en el campo de batalla, pero las fuerzas afganas eran en última instancia la victoria.


This article and the accompanying photographs were financed in part by a grant from the Pulitzer Center on Crisis Reporting.

Eliza Griswold is a senior fellow at the New America Foundation and the recipient of a Guggenheim fellowship.

Editor: Sheila Glaser


FUENTE: http://www.nytimes.com
ARGEMIRO BUSTOS GOMEZ


De: DOCENTES EN EL AULA

 
Marta, por haber suscitado "este efecto mariposa".
La emoción debe ser hermana de la razón. 






domingo, 27 de octubre de 2013