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Carlos Williams Carlos 17 de setiembre de 1883 - New Jersey Pediatra y escritor |
Consagración de un pedazo de tierra
Este pedazo de tierra
frente a las aguas de esta ensenada
consagra la viviente presencia
de Emily Dickinson Wellcome
que nació en Inglaterra, se casó,
perdió a su marido y con su hijo
de cinco años se embarcó
en un barco de dos mástiles, rumbo
a Nueva York, fue aventada hasta las Azores,
encalló en los bancos de la Isla del Fuego,
en una casa de huéspedes de Brooklin
encontró a su segundo marido,
se fue con él a Puerto Rico,
parió otros tres hijos, perdió
a su segundo marido, vivió
trabajosamente ocho años
en Santo Tomás y en Santo Domingo, siguió
a su hijo mayor a Nueva York, perdió
a su hija, a su "nene",
recogió a los chicos del hijo mayor
de su segundo matrimonio, los crió
__ quedaron huérfanos__ peleó
por ellos con la otra abuela
y las tías, los trajo aquí
verano tras verano y aquí se defendió
contra pícaros, tormentas, sol, fuego,
contra las moscas, contra
las muchachas que venían a husmear,
contra la sequía, la cizaña, las marejadas,
los vecinos, las comadrejas ladronas
de gallinas, contra
la flaqueza de sus propias manos
y la fuerza creciente
de los muchachos, contra el viento,
las piedras, los intrusos, las grietas,
contra su propia alma.
Desenyerbó esta tierra con sus manos,
tiranizó desde esta parcela, puso
como trapo al hijo mayor
hasta que no la compró, aquí
vivió quince años, aquí
alcanzó la soledad final y
si no puedes traer nada sino
tu osamenta: quédate afuera.
El descenso
El descenso nos llama
como nos llamó el ascenso
La memoria es
como
un logro,
una
especie de renovación
casi
una iniciación, nuevos espacios abiertos
habitados por hordas
y por tanto, no implica
nuevas especies –
pues
su movimiento
se dirige hacia
destinos nuevos
(aunque hayan sido abandonados)
Ninguna derrota se compone sólo de derrota – pues
el mundo que abre
siempre es un lugar
hasta entonces
insospechado. Un
mundo perdido,
un mundo insospechado,
nos
llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es tan blanca como
el recuerdo de la blancura
Con la tarde, el amor despierta
aunque sus sombras
vivas por el brillo
del sol –
somnolientas
ahora se abandonen
al deseo
El amor sin sombras surge ahora
comienza
a despertar
conforme la noche
avanza.
El descenso
hecho de desesperanza
sin logros
cae en la cuenta
del nuevo
despertar:
que es el revés
de la desesperanza.
Así, lo que no logramos,
lo negado al amor,
lo que hemos perdido antes –
se hace descenso
sin fin, indestructible.
(de Selected Poems)
El viento sube
La tierra
se ve arrasada
Los árboles
las puntas del tulipán
brillantes
se
ladean y
se vuelcan –
Suelto, flota
tu amor
¡Vuela!
Dios mío, qué es
un poeta – si
es
que lo hay
hombre
cuyas palabras
mordisquean
el camino
a casa – que es real
en forma
de
movimiento
En cada punta de una rama
nueva
sobre el torturado
cuerpo del pensamiento
que
aprieta
la tierra
está el camino
hacia la
última
punta
de la hoja
(De Selected Poems)
A una pobre vieja
masticando una ciruela en
la calle una bolsa de papel
está en su mano
le saben bien
saben bien
a ella saben
bien a ella
puedes notarlo
en su modo de darse
a la mitad del todo
chupada en su mano
le queda el consuelo
de ciruelas maduras
que parecen llenar el aire
y saben bien.
(De Selected Poems)
RETRATO PROLETARIO
Una joven grande sin sombrero
con delantal
su pelo cogido atrás parada
en la calle
un pie en calcetín de puntilla
en la acera
su zapato en la mano. Mirándolo
atentamente adentro
Le saca la plantilla de papel
para dar con el clavo
que la ha estado lastimando.
NANTUCKET
Flores en la
ventana
lila y amarillo
alteradas por la
cortinas blancas—
olor a limpieza—
Luz de final de la
tarde—
En la bandeja de
vidrio
un jarro de vidrio,
el vaso
volteado para
abajo, junto al cual
hay una llave — y
el
blanco lecho
inmaculado.
Una negra
lleva un ramo de
caléndulas
envuelto
en un periódico viejo:
las lleva en alto,
medio
descubiertas,
la mole
de sus muslos
la hace ir
bamboleándose
mientras pasa
frente al aparador de una tienda
que se cruza en su camino.
Qué es
sino una embajadora
de otro mundo
un mundo de bellas caléndulas
de dos tonos
que ella ofrece
sin pensar nada más
sólo
yendo por ahí
con las flores en alto
como una antorcha
muy temprano en la mañana.
Los gorriones
brincan ingenuos
por la calzada
riñendo
con voces chillonas
por las cosas
que les interesan.
Pero nosotros somos más
listos –cada cual se
encierra en sí mismo
y ninguno sabe
qué intenciones, buenas
o malas, tiene
el otro.
Entretanto,
el anciano que va
recogiendo estiércol de perro
camina por el arroyo
sin alzar la vista
y con paso
más majestuoso que
el del pastor episcopal
al acercarse al púlpito
un domingo.
Cosas así
me dejan mudo de asombro.
SÓLO PARA DECIRTE
que me he comido
las ciruelas
que había en
la nevera
y que
probablemente
guardabas
para el desayuno
Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías
A MODO DE CANCIÓN
Espere la víbora bajo
la maleza
y sea de palabras
la escritura, lenta y rauda, pronta
al ataque, paciente en la espera,
siempre en vela.
– para por la metáfora reconciliar
las gentes y las piedras.
Crea. (Ideas, no,
salvo en cosas.) ¡Inveta!
Saxífraga es mi flor que parte
las rocas.
EL YO
El poema
es una disciplina
Lo que necesitas
para moderarte
es lo que tienes
Tus hijos
Deja
que los niños
te enseñen
la flor del albérchigo
la cabellera
de ensortijados rizos
que se arraciman enternecedores en
las sienes
sus ojos
sus sonrosadas mejillas
el poema
ahí en bruto
en delicada ofrenda
ante ti.
(...) Williams ve a sus semejantes y el entorno que comparte
con ellos sin idealizarlos ni ensalzarlos, y nos habla de ellos y de sí mismo
del modo en que ellos y él mismo hablan, consiguiendo trascender lo
radicalmente concreto, el aquí y el ahora, mediante un largo y logrado trabajo
estilístico basado en la concentración, en la brevedad, en una extremada y
progresiva depuración retórica, en una esporádica complejidad sintáctica que
–paradójicamente– trasmite frescura, en la más difícil sencillez estructural y,
finalmente, en la carencia absoluta del menor intento de didactismo o tono
moralizante. Sus poemas no explican sino presentan, capturando las cosas y a
los hombres de a pie al modo de instantáneas imprevistas tomadas sin
composición y
y sin posibles poses.
A diferencia de Pound y de Eliot, la mayoría de la obra
poética de Williams es fácil de entender, huye de lo abstracto («no hay ideas
sino en las cosas») y se compone de poemas por lo general breves y en muchas
ocasiones brevísimos.
La originalidad y especificidad de Williams procede también
de su particular modo de mirar las cosas, de su primera mirada, o –en palabras
de Wallace Stevens– de su «nuevo conocimiento de la realidad». La influencia
que sobre él ejerció la obra de pintores como Brueghel, Matisse o Duchamp es
determinante a este respecto. Williams contaba con un modo de mirar pictórico
que aplicó desde sus inicios a muchos de sus poemas y que culminó en su última
colección, titulada significativamente Pictures from Brueghel (1962). Otro
tanto de lo mismo cabe decir de su interés por la fotografía, patente en la
visualidad estática –especie de moderna naturaleza muerta que captura un
instante detenido– de algunos de sus mejores poemas más breves. El propio
Williams llegó a calificar a su obra de «objetivista».
Además su sentido del ritmo y su buen oído son proverbiales.
Williams se mantuvo fiel hasta el final al verso libre. Desechó la métrica
tradicional inglesa de carácter yámbico - imperante nada menos que desde el
Renacimiento– y «midió» sus líneas ateniéndose a la respiración y no al acento,
a la entonación del habla y no al salmódico soniquete clásico. En cierto
sentido, junto a Cummings, completó la revolución métrica iniciada por Whitman
(que escribió casi únicamente en versículos) ampliando los hallazgos de su
predecesor al aplicarlos también al verso corto. Su famoso concepto «pie
variable» (cada «pie» o línea es un momento sostenido o una unidad de medida
dentro de la percepción interior que va desplegándose), aunque algo confuso,
parece conferir al vaivén tipográfico de muchos de sus poemas un algo de
pintura en movimiento. En cualquier caso, la musicalidad y visibilidad de todas
sus composiciones muestran claramente que escribió sus poemas impelido siempre
por la convergencia de pautas visuales y auditivas. La vista y el oído: pintar
con palabras y escuchar las cosas. Los sentidos, no el intelecto; sensaciones,
no conceptos; cosas, no ideas; lo concreto, no abstracciones. No es, pues de
extrañar, que en sus aproximaciones escritas a su propia obra poética o a la de
otros autores, evitara teorizar sobre la poesía misma y prefiriera reflexionar
sobre poemas.
Otro de sus logros consiste en no ceder nunca al tono
meditativo, circundante, ensimismado. Bien al contrario, Williams mira
directamente a sus semejantes en sus escenarios habituales, al otro (y no a
través de o desde el otro, como ocurre con el tan laureado y practicado
«correlato objetivo») y –esto es lo importante– no los interpreta sino que los
presenta (aunque es sabido que toda representación tiene bastante de
interpretación), es decir: no los interioriza, los exterioriza. Su poesía es
anti-apologética, no necesita símbolos y se opone a toda intención moralizante,
«conformándose» con hacer que sus lectores vean a través de sus composiciones
la belleza de lo real. (...)
De: WILLIAM CARLOS
WILLIAMS: «NO HAY IDEAS SINO EN LAS COSAS"
Juan Miguel López
Merino
(Universidad de Minsk)
Fuente: www. UM.ES/TONOSDIGITAL.COM
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