domingo, 1 de septiembre de 2013

El Centro Literario LLamarada, de Macul-Santiago de Chile, sigue crepitando entre nosotros

Marcela Royo Lira










"Desde niña me gustó escribir y amé la lectura. Algunos textos míos fueron publicados en la revista del colegio. También, junto a otros compañeros de oficina, editamos la revista "El duende Indiscreto" en Watt's y Cía, sólo con distribución dentro de la oficina. Hoy, adulta mayor, soy creadora de historias con magia, imán de recuerdos, trajinante de la memoria. Soy narradora 100%."

Tuvimos la intención de aportar más datos, pero ¿habrá información más pertinente, para quien escribe, que su obra? 
Los invitamos a disfrutar de una pequeña muestra que nos ha enviado, envuelta en una sencillez fraterna y admirable. 
Admirable, sí, porque al recorrer la Web en busca de más placer, nos encontramos con una voz de tono inconfundible, una voz que ha logrado atrapar, en el cepo frágil del lenguaje, el jirón siempre sangrante arrancado al pensamiento. ¡A rastrear su producción, amigos!











LAS HERMANAS


Llega el otoño. Sin aspaviento, como queriendo no llamar la atención. Lo sentí temprano esta mañana mientras regaba el jardín y la brisa fría que lo acompaña todos los años me hizo entrar en busca de un chaleco. Como niño travieso nos pilló a todos desprevenidos, tuve que sacar del cuarto de guardar la estufa y sacudirle la tierra, también frazadas del closet. Anoche tuve frío.
El otoño seduce. Es como un recién nacido, podemos estar horas deleitándonos con su encanto. Quizás por eso, a la hora de la siesta, no pude como en días anteriores sentarme frente al computador y trabajar en mis textos. Me quedé, frente a la ventana, mirando cómo caían las hojas del olmo. Las fuertes se agarran al árbol con una testarudez increíble. Son las débiles las que atraen mi atención. Antes de pisar suelo ejecutan un último baile al compás del viento. Es la danza de la muerte y sin embargo conmueve. Llevo rato en el espectáculo.
Dos hojas llaman mi atención. Algo las une. Se deslizan en el aire en un ir y venir, negando a separarse. Tarareo una melodía de Mozart siguiendo el ondular  de las hermanas enlazadas en sus tallos con trajes café marrón y ese triste afán de despedirse en cada uno de sus movimientos. Llega una ventisca, celosa quizás de la belleza de este instante, las arrastra, se las lleva, lejos, muy lejos. Agudizo la vista. Antes de perderlas veo que siguen unidas, como dos hermanas tomadas de las manos.
Llega el otoño. Sin aspaviento, como queriendo no llamar la atención.

                                                                                                                                                                                
 MAL DE AMOR


La conoció un  domingo, en un elegante jardín. Frecuentaba el lugar. Allí  conversaba con los amigos  y se distraía  de la rutina  semanal.   Se enamoró apenas la vio en sus movimientos sensuales  entre las hojas del laurel en flor y las alegrías del hogar. La notó inquieta, osada, besando a uno y a otros. El sol la acariciaba desde lo alto  y  tuvo celos de la oportunidad que  él  no tendría.
         Quiso acercarse. Cantarle versos de amor. Decirle cómo lloran las rosas cuando alguien las arranca del lado de sus hermanas, de las  leyendas que trae el viento del sur en los inviernos, pero antes que pudiera escapó. Él, es de movimientos lentos, y ella lo sabe.  Por eso, coqueta, se detuvo poco más allá y se quedó a la espera.  Sin embargo, él siempre alcanza su objetivo quiso hacerle notar; además, posee casa propia (asunto muy importante hoy en día) y allí  sería la reina.
         Sus amigos se burlaron cuando lo vieron babeando mientras la contemplaba y unos suspiros inoportunos salían de su pecho.   Más de alguno prometió presentarle una amiguita.
         Se fue la tarde.  Una brisa fría despeinó los olmos. Ella, riendo con sus amigas, abandonó el jardín.  Apesadumbrado, roto el encanto,  reconoció que su amor era  imposible.     
¡Cuándo se ha visto a un caracol enamorado de una linda mariposa!

 
¿Será el Castillo de Macul
el cuenco alquímico de tanta energía creativa?

                                                                           

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