lunes, 22 de julio de 2013

Nuestro tallerista más joven

Tiene dieciséis años, está cursando Segundo año de Bachillerato y escribe desde hace mucho tiempo porque le encanta. 

Pero... miren que es un jovencito como todos, y no se priva de ninguna rebeldía, tal como cualquier adolescente.

Hace unos meses apenas que resolvió integrarse a esta Casa. Trabajamos en la modalidad por Internet y el siguiente es uno de sus textos:



No lo quiero pero lo quiero


         Hoy mis amigos me invitaron a jugar al fútbol, pero, no fui. Desde que empecé con eso ya no tengo energía. No puedo ni correr detrás del ómnibus, y, la verdad, es que tampoco me interesa. Esa es otra cosa que noto: desde que empecé no me interesa nada en lo más mínimo;  podrían decirme que tengo algún cáncer o que mi madre murió y apenas reaccionaría.

         Hace un rato un niño en la plaza me preguntó si me gustaba hacerlo, le dije que no, así que curioseó en por qué no lo dejaba. No supe qué responderle… Miré al chiquilín y traté de ver qué lo hacía tan difícil, pero, antes de darme cuenta de la respuesta correcta, me levanté y me fui. El problema era que el niño me había hecho plantearme algo que, quizás, era lo correcto, pero el asunto es que, como con casi todo lo demás, no le di importancia alguna.

         Ahora estaba en mi cuarto, pensando qué podía ser lo que me impedía dejarlo, y, tras reflexionar, me di cuenta de que es lo que quiero y debo hacer , aunque prefiero estar todo el día dedicado a eso antes que seguir escuchando los problemas que hay en mi casa. Prefería continuar así a tener que soportar que las discusiones de mis padres acabaran en mí y en mi hermana. Prefiero que nada me importe antes que aguantar que sus peleas desemboquen en nosotros. Cuando uno se enoja con alguien, se pone de mal humor con todos, pero, el verdadero problema es cuando uno se enoja con alguien con el que pasa mucho rato, y no hay alguien con el que pases más tiempo que contigo mismo. Es decir, que enojarte contigo equivale a que te termines molestando con todos.

         Miles de veces he pensado en irme de mi casa cuando mis padres discuten; hay dos cosas que me impiden hacerlo: la primera es que no tengo a dónde ir. Si me fuera, nadie tendría por qué darme un lugar, tendría que vagar toda la noche hasta que adivinara que el problema ha terminado, pero solo tengo 17 años, y eso es peligroso… Que sea adicto no significa que sea tonto. Y el otro motivo, que es más importante, es que mi hermana no puede quedar sola y resistir los problemas de mis padres; solo tiene 9 años, no tiene por qué sufrir todo eso.

         Quiero dejarlo, de verdad, quiero volver a sentir, volver a querer, volver a poder, pero, no será de un día para otro. Al principio era para aparentar ser otro tipo de persona; con el tiempo, fue un inhibidor de los problemas, pero, ahora, ya no sé lo que es. No lo quiero pero lo quiero. Quiero dejar atrás los problemas pero no quiero olvidarme de lo que importa. Ojalá que no sea el único que pase por esto, y si alguien piensa que es una solución, lea esto y seguramente se arrepentirá de lo que cree...


Malandrita


¡Qué maravilla la sensibilidad con la que somos poseídos cuando creamos! Porque, Malandrita, por ejemplo, a pesar de habitar en este perverso mundo del XXI, no ha vivido la terrible experiencia de soledad del personaje de su cuento y, sin embargo, pudo vestir la piel de ese Otro y respirar al ritmo de su angustia. La práctica del Arte "sirve" también para esto: para no permanecer ajenos, para comprender, para derribar las murallas de la indiferencia, para sentir que somos Varios(as en Uno/a.