martes, 9 de julio de 2013

Madre de la narrativa gótica: Ann Radcliffe / Ann Ward

9 de julio de 1764
“El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar 
a la fuerza en vez de permitirme, 
malhadadamente herido como estaba, 
pasar una noche al ras, era uno de esos edificios 
mezcla de grandeza y de melancolía que 
durante tanto tiempo levantaron 
sus altivas frentes en medio de los Apeninos, 
tanto en la realidad 
como en la imaginación de Mistress Radcliffe”.

El retrato oval- Edgar Allan Poe
























“On the Supernatural in Poetry” es un diálogo moralizante, que al parecer la autora pretendía que formara parte del prólogo de la novela Glaston de Boldeville, pero que debido a su muerte se publicó póstumamente en The New Monthly Magazine. En este opúsculo, Radcliffe defiende la validez e importancia del uso de la imaginación y lo sobrenatural en la literatura, mientras y estos sirvan para acercar al texto a evocar lo sublime y ayuden, en última instancia, a revelar la verdad y a hacer que las cosas positivas se distingan mejor de las negativas.
ANA MARÍA MORALES- Presentación de “On the Supernatural in Poetry”:

DE LO SOBRENATURAL EN POESÍA
Ann Radcliffe
Traducción de Gerardo Altamirano Meza*

Uno de nuestros viajeros comenzó una seria disertación sobre las ilusiones contenidas en la imaginación.
—“Y no sólo en ocasiones frívolas” –dijo –, “sino en las metas más importantes de la vida; a menudo un objeto adula y encanta a distancia, sin embargo, a medida que nos aproximamos a él, se desvanece dejándonos sólo decepción en nuestros corazones, y a veces un daño mucho más severo”.
Estas divagaciones, expresadas con un aire de descubrimiento por Mr. S., quien a menudo se complicaba la existencia pensando en cualquier asunto, excepto aquél concerniente a una buena merienda, perdieron a su compañero que, persiguiendo tales conjeturas dadas en la presente escena, no obstante humilde, prosiguió trayendo a la conversación a Shakespeare y llevando el tema a regiones desconocidas.
—“¿Dónde está ahora el espíritu imperecedero?”, dijo, “Ese espíritu que pueda
exquisitamente percibir y sentir; aquél que pueda inspirarse en el amplio abanico de personajes que esta vida ofrece para, de esta manera, crear sus propios mundos. Ese espíritu al cual lo grandioso, lo hermoso, lo melancólico y lo sublime de naturaleza visual, pueda llamarle la atención y logre hacerlos corresponder no sólo con los sentimientos, sino también con las pasiones. Ese espíritu que parezca percibir un alma en todo; y así, en la elaboración secreta de sus personajes, y en la combinación de los incidentes, pueda mantener los elementos y su escena siempre en unísono con ellos, resaltando sus efectos.
De la manera que acabo de describir, se dio la escena en la que aquellos conspiradores en Roma, quienes bajo los rayos y truenos de la tormenta, lograron reunirse en el pórtico del teatro de Pompeyo.
Las calles desiertas por la multitud temerosa, ese lugar, abierto al aire libre como era, fue conveniente para su consejo; con lo que respecta a la tormenta, simplemente no la sintieron; no era más terrible para ellos que sus propias pasiones, ni tan terrible a otros como el espíritu ardiente y embravecido que les provoca, casi inconcientemente, arder en furia. Estas llamativas circunstancias, y otras de importancia sobrenatural, ayudaron a la caída del conquistador del mundo, un hombre cuyo po der fue representado por Cassius como aterrador, igual que esa noche, cuando la muerte cubierta fue vista en el rayo que caía del cielo, para alumbrar las desiertas calles de Roma.
¿Qué tanto lo sublime de estas circunstancias remarcan nuestra idea del poder de César, de su impresionante grandeza de carácter, y nos preparan y hacen que nos interesemos en el destino de este personaje? El alma entera se glorifica y adorna, en la completa energía de atención, sobre el progreso de la conspiración contra él; y, no habiéndolo sabiamente Shakespeare retirado de nuestra vista, no habría balance de nuestras pasiones”.
—César era un tirano”, dijo Mr. S. Mr. W. lo miró por un momento, sonrío, y después silenciosamente hizo una reflexión sobre el curso de sus propios pensamientos.
—”Ningún maestro jamás conoció la manera de tocar los acordes adecuados de la simpatía por medio de pequeñas circunstancias, como lo hizo nuestro Shakespeare. En “Cymbeline”, por ejemplo, qué finamente dichas circunstancias hacen uso de, para despertar el ánimo de una buena vez, la solemnidad en la expectación y la ternura; y, llamando de nueva cuenta al suave recuerdo de un dolor pasado, se prepara la mente para fundir, por medio de una ocurrencia misteriosa, una pequeña pizca de dolor con nuestra piedad o compasión. Así, cuando Belarius y Arviragus regresan a la cueva donde habían dejado a la infeliz y desaliñada Imogen para que reposase; y mientras se encuentran parados a las afueras del antro; y Arviragus, hablando del pobre enfermo ‘Fidele’ con la más tierna piedad; se escucha una música que emana de los adentros de aquella cueva, una música tocada por aquella arpa de la cual Guiderius dice: “Desde la muerte de mi madre querida, no había tocado antes. Todas las cosas solemnes deberían responder sólo a accidentes igual de solemnes.” Inmediatamente, Arviragus entra a escena llevando a Fidele, que no es otra que su hermana Imogen travestida, sin sentido, entre sus brazos:
—El ave ha muerto
—¿Cómo lo encontraste?
—Rígido, como ves. Así, sonriendo.
—Pensé que dormía. ¿Por qué muerto, si duerme?
—Con las más bellas flores, y mientras el verano dure y YO VIVA AQUÍ, FIDELE, endulzaré vuestra triste pena.
Por sí mismas las lágrimas pueden hablar de la conmovedora simplicidad de toda la escena...

De: FUENTES HUMANÍSTICAS
DOSSIER LO FANT STICO O LA IRRUPCI N DE LO SOBRENATURAL
Facultad de Filosofía * y Letras, UNAM



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