sábado, 15 de junio de 2013

"Rafael Barradas era uruguayo. Vale decir, marginal..."- Ángel Kalenberg

Rafael Barradas

Un artista trashumante

Ángel Kalenberg


Rafael Barradas era uruguayo. Vale decir, marginal, y durante décadas fueron pocos los interesados en conocer su obra. Quienes sí la conocen suelen pensar que de haberse quedado en España, en Europa, hoy podría gozar de un reconocimiento no menor al que reciben Juan Gris, Rivera, Severini o Modigliani.

Nunca fue un sedentario. Desde Montevideo alentó el deseo de trasladarse a Europa. Una vez en Europa, a los 23 años, pasó de ciudad en ciudad hasta dar con Hospitalet de Llobregat. Y una vez instalado allí, lucha por volver a Montevideo. Cuando este peregrino pensó quedarse en Montevideo, llegó para morir. Prematuramente, a los 39.

El afán permanente por alcanzar siempre otro lugar y otras cosas marcó su incesante exploración de medios: dibujo, caricatura, grabado (sobre todo, litografías y xilografías), acuarela, pintura, collage (incorporando diarios, etiquetas, envoltorios teatrales), carteles, viñetas, ex libris, ilustraciones, historietas infantiles, juguetes de madera, de cartón o impresos sobre papel, muñecos de trapo, escenografía y vestuario teatral, marionetas, notación musical (se conoce la partitura de una composición de Carmen Barradas, Fabricaciones, con una notación creada por Rafael Barradas). Y de ismos, desde los que inventó y los que desarrolló hasta los que le endilgaron: "futurismo, simultaneísmo, vibracionismo, planismo, cubismo, ultraísmo, clownismo, anti-yoísmo, verticalismo, fakirismo, expresionismo, luz negra, plástica del cartón, espiritualismo", los Magníficos, los Estampones, los Místicos.

La vida misma de Barradas es vibracionista, vibra, camina, es el correcaminos que llega hasta el agotamiento, la enfermedad, la muerte.

Del papel blanco y del negro trazo intencionado

En sus comienzos, Barradas produjo caricaturas e ilustraciones para periódicos, decisivos para edificar su obra futura. Son innumerables los dibujos de Barradas que, aun valiéndose del detalle, nunca imitan; de ese modo manifiesta su predilección por la línea pura, concisa, incisiva, que cisela los contornos. Y es menester prestarles mucha atención, pues el dibujo gobierna siempre la pintura de Barradas, artista poseedor de una sabiduría estructural única.

Retratos y caricaturas. La figura humana universal es un concepto sin sentido, porque no hay tal cosa como un rostro universal; por el contrario, cada cara habla de un sujeto singular, de una historia individual. Una imagen, se ha dicho con razón, se establece sólo cuando se le impone un nombre, pues nombrar es una forma de singularizar. Tanto es así que, a falta de nombre, al monstruo creado por el Dr. Frankenstein se le ha conocido por el de su inventor. Y cuando el modelo no se identifica, la imagen usualmente pierde su significado. Sin un modelo concreto, esa imagen no puede reclamar un lugar en la realidad. Esto tal vez suene tautológico o controversial, pero puede entenderse que la pintura de un rostro siempre necesita representar a un individuo particular. "Encontrar a un hombre [desde un rostro] es mantenerse alerta por obra de un enigma" (E. Lévinas).

En definitiva, las caricaturas son verdaderos retratos, dado que representan a un solo individuo, generalmente aislado de todo contexto narrativo o escenario. Barradas parte de una idea del parecido o la similitud. El parecido desencadena un proceso de identificación que emerge de la simple evidencia. Acaso intuyó que el rostro encarna –en su vacilación– "la melancolía y la grandeza de la existencia humana" (Buber).

Si descubrir un rostro a partir del ensamblaje de trazos de un dibujo y reconocer allí a alguien no suele ser tarea menuda, cuánto más difícil es esta misma operación cuando se trata de ver y reconocer a alguien desde una caricatura. Y Barradas lo consigue sin hacer un inventario de la cara, sin incorporar los ojos ni acudir a la deformación, valiéndose apenas de los desnudos rasgos expresivos de los gestos de sus modelos.

Caricaturas y retratos. El de Barradas no es un dibujo de habilidad. Por el contrario. A partir de un trazo espontáneo el artista ensaya un proceso de enfriamiento, encabalgando líneas, generando ritmos, como si por una condición natural Barradas dispusiera de una visión abstracta que lo indujera a compatibilizar dos modos aparentemente inconciliables: el de una abstracción capaz de frenarse justo en el límite previo a la disolución total de las formas. Formas a las que les imprime una trabazón como de marquetería, o sea un aspecto constructivo mucho más rico, más orgánico que una estructura de verticales y horizontales.

A través de estos dibujos pueden verse sus preferencias: Cézanne, por ese sentido estructural (que incitaría a Torres García) desatendido por la mayoría de los futuristas, y Goya (a quien apodaba "el coloso aragonés"), en cuanto a contenido telúrico hispánico.

Barradas practica un tipo de caricatura de trazo firme y sintético, el que le proporciona una mayor libertad. No sombrea sus dibujos, a diferencia del propio Juan Gris, quien ocasionalmente cae en la tentación de recurrir al claroscuro. Tampoco cierra la línea del dibujo totalmente, pareciera experimentar la necesidad de que el blanco del papel invada el interior de sus figuras y la línea deje de ser frontera; de este modo Barradas se engarza en una tradición heredada del barroco, que se prolongará encauzada por la pintura de tipo gráfico de Tiépolo. De la misma manera que las figuras de George Grosz, las de Barradas afianzan, valorizan, modulan el blanco del papel, al cual el artista le otorga considerable importancia.

Son dibujos lineales, de una línea discontinua, distinta a la línea peluda, como con acorde, de la que hablaba Paul Klee (imbuido de una cuota de nihilismo nietzscheano, propia del espíritu germánico, contraria a la apuesta por la existencia de Barradas) y que practicaba Torres García. Y son rítmicos. Barradas organiza el espacio con una secuencia rítmica, a diferencia de Torres García, quien, en sus dibujos, siempre estructura el plano. Solo muy pocos artistas, los más talentosos, son capaces de lograr un parecido a partir de tan poco. En otras caricaturas, dentro de un planteo racional de los trazos se permite un tratamiento gestual. Estos dibujos confirman su admiración por Goya.

Finalmente, debe subrayarse que los dibujos de Barradas, al igual que los de Federico García Lorca, comparten una irrefutable admiración por el imaginario infantil y por el imaginario popular. Vale recordar que el idioma español mismo está contaminado por el lenguaje poético y este, a su vez, por el lenguaje popular.

El nacimiento de la pintura

Barradas concede enorme importancia a la pintura dibujada y rítmica. En sus lienzos, tratados con paleta baja, sin mucho contraste de color, la urdimbre es el dibujo. El dibujo como estructura, he ahí el concepto que vincula a Barradas con Torres García. La de este es cerrada y se corresponde con su herencia clásica. La de Barradas, que proviene de la raíz futurista, está más vinculada a lo vital, y por ende es abierta. Cuando se pasa de lo cerrado a lo abierto, se pasa de lo esencial y racional a lo existencial, al flujo de la vida. Así, la procedencia de ambos decidiría el tipo de sus soluciones plásticas. El encuentro –no fortuito– de los dos maestros uruguayos en la Barcelona de 1917 será propicio para el intercambio: Torres García ratificará al joven Barradas los valores del clasicismo, mientras que este hará su parte infundiéndole a Torres elementos de la vanguardia, en una relación como de vasos comunicantes. (En los hechos, Torres García aspiraba a la formulación de grandes sistemas, lindantes con la filosofía, en tanto que Barradas procuraba trasmitir los avatares terrenales de la vida cotidiana.)

Desde luego, se trató de un encuentro crucial. Por ello Torres habrá de escribir: "En Barradas, esa cosa real pasa a segundo término, y la forma en su valor absoluto, ocupa el primero. Libremente, sin sujeción al aspecto real, compone valiéndose sólo de elementos plásticos sacados de la realidad. Dentro de lo que él llamó vibracionismo, y oscilando entre Cubismo y Futurismo, entendió la pintura como algo que, si debía basarse en la naturaleza, existía independientemente de ella." Y en otro texto Torres García aclara aun más: "Algo radical nos separaba en el fondo: él [Barradas] concebía una pintura dinámica, porque partía del hecho real en su conjunto, que incluye el aspecto plástico, acción real de personas o cosas, calidades, sonidos, ruidos, carácter, expresión moral..., y yo tendía a algo estático, así como la arquitectura, a la idea de la cosa, a la proporción como fundamento, a lo constante, a la ley, a lo general; y más que al aspecto moderno, a esa tradición humana de los siglos."
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El clownismo

Rafael Santos Torroella, en un breve pero sustancioso ensayo, titulado Barradas y el clownismo, con Dalí y García Lorca al fondo, caracteriza adecuadamente el período clownista de Barradas como "...el decidido propósito de circunscribir el retrato al mero contorno facial. Esta deliberada ausencia o supresión de rasgos fisiognómicos es lo que tomó Barradas del maquillaje de los clowns, en cuyos enharinados rostros parece haberse procedido, justamente a aquella eliminación del ´yo´, y quizá, correlativamente, a aquella presencia del ´no-yo´ preconizada por él en el enunciado de su teoría acerca del clownismo en la pintura."

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La vuelta. Y después.

Cuando piensa en el retorno a la patria, falta poco para cumplirse el centenario de la Jura de la Constitución uruguaya. Y para ese acontecimiento prepara una serie de acuarelas que le dicta la nostalgia, los Estampones, con escenas de los lugares de Montevideo en los que pasó su juventud. Allí se constata un cambio de objeto; los rudos tipos castellanos dejarán su lugar a los cajetillas, marineros y prostitutas montevideanos; la realidad uruguaya, particularmente la de los arrabales, entrevista allá lejos y después de mucho tiempo.

Y entonces, la vuelta a Uruguay. Aunque lo más importante de su obra lo realiza en España, es evidente que estuvo marcado por una constante añoranza y apetencia de su patria uruguaya. Volvió con casi todos sus cuadros y ese fue el último gesto de rebeldía de este rebelde sin pausa.

Quiso volver para retomar aquí su obra. Pero era tarde, volvió malherido, y a los pocos meses la muerte lo alcanza. Veinte años después, Uruguay asistió al comienzo de un proceso de revaloración de Barradas y su presencia se tornará visible y encontrará continuadores. A pesar de ello, su pintura mantuvo, en cierta medida, la condición de inapresable, porque al no haberse embanderado con ninguna de las tendencias del momento, le resultaba lícito usar todo, con todos, contra todos. Acaso esto plantea un desconcierto para la crítica, desconcierto que quizá sea la razón por la cual es tan escasa la literatura acerca de su obra.

© relaciones
Revista al tema del hombre




Rafael Barradas. Imperdible exposición del artista uruguayo en el Museo Nacional de Artes Visuales.

La exposición incluirá su producción inicial en Uruguay y su encuentro e interpretación de las vanguardias emergentes en Europa, proceso en el que el artista contribuyó a introducir en los años de residencia en España. La muestra se propone subrayar, a través de sus obras y documentación, las vinculaciones entrañables que cultivó Barradas con los protagonistas culturales del primer cuarto del siglo XX: pintores, escultores, poetas, críticos, productores teatrales.

El público podrá contemplar sus paisajes urbanos, los escenarios preferidos por la bohemia y también, los múltiples paisajes humanos reales e imaginarios de las ciudades y pueblos de España y de un Montevideo recordado a la distancia.

Barradas retornó de España a fines de 1928 para morir unos meses después. Trajo casi la totalidad de su obra, que décadas después, adquirió el estado uruguayo y que hoy conforma el acervo del Museo Nacional, y la mayor colección que existe del maestro.

Esta muestra contará con talleres familiares, visitas guiadas y actividades didácticas para instituciones educativas.


Entrada libre.
  
Museo Nacional de Artes Visuales
Dirección: Julio Herrera y Reissig esq. Tomás Giribaldi, CP 11300, Montevideo
Teléfono: +598 2711 6054 - 2711 6124 - 2711 6127
Horario salas: martes a domingo de 14 a 19 hs.
Horario de Biblioteca: martes a viernes de 13 a 17 hs.
Sitio web: www.mnav.gub.uy








“Me voy a Montevideo dentro de algunas semanas (pocas g. a D.). Por fin en el Uruguay se me hace un poquitín de justicia y se me ha comprado dos telas para el Museo Nacional”[... ...]

De una carta escrita a fines de setiembre de 1928, dirigida a su amigo Torres-García.
En:http://www.unizar.es/artigrama/pdf/17/2monografico/02.pdf




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