jueves, 6 de junio de 2013

“El corazón nos corre a veces por todo el cuerpo, como si fuera un perro perseguido”- Federico García Lorca



5 de junio de 1878
El maleficio de la mariposa
(Primera obra escrita por el autor)

Comedia en dos actos y un prólogo

PERSONAJES:
DOÑA CURIANA
CURIANA NIGROMÁNTICA
CURIANITA SILVIA
DOÑA ORGULLOS, madre de Curianita Silvia
MARIPOSA
CURIANITO EL NENE, hijo de Doña Curiana
GUSANO PRIMERO
ALACRANCITO EL CORTAMIMBRES
GUSANO SEGUNDO
CURIANA CAMPESINA PRIMERA
GUSANO TERCERO
CURIANA CAMPESINA SEGUNDA
CURIANITA SANTA
OTRAS CURIANAS CAMPESINAS
CURIANAS GUARDIANAS


PRÓLOGO

Señores: La comedia que vais a escuchar es humilde e inquietante, comedia rota del que quiere arañar a la luna y se araña su corazón, El amor, lo mismo que pasa con sus burlas y sus fracasos por la vida del hombre, pasa en esta ocasión por una escondida pradera poblada de insectos donde hacía mucho tiempo era la vida apacible y serena. Los insectos estaban contentos, sólo se preocupaban de beber tranquilos las gotas de rocío y de educar a sus hijuelos en el santo temor de sus dioses. Se amaban por costumbre y sin preocupaciones. El amor pasaba de padres a hijos como una joya vieja y exquisita que recibiera el primer insecto de las manos de Dios. Con la misma tranquilidad y la certeza que el polen de las flores se entrega al viento, ellos se gozaban del amor bajo la hierba húmeda. Pero un día... hubo un insecto que quiso ir más allá del amor. Se prendó de una visión de algo que estaba muy lejos de su vida... Quizá leyó con mucha dificultad algún libro de versos que dejó abandonado sobre el musgo un poeta de los pocos que van al campo, y se envenenó con aquello de «yo te amo, mujer imposible». Por eso, yo os suplico a todos que no dejéis nunca libros de versos en las praderas, porque podéis causar mucha desolación entre los insectos. La poesía que pregunta por qué se corren las estrellas es muy dañina para las almas sin abrir... Inútil es deciros que el enamorado bichito se murió. ¡Y es que la Muerte se disfraza de Amor! ¡Cuántas veces el enorme esqueleto portador de la guadaña, que vemos pintado en los devocionarios, toma la forma de una mujer para engañarnos y abrirnos las puertas de su sombra! Parece que el niño Cupido duerme muchas veces en las cuencas vacías de su calavera. ¡En cuántas antiguas historietas, una flor, un beso o una mirada hacen el terrible oficio de puñal!

Un viejo silfo del bosque escapado de un libro del gran Shakespeare, que anda por los prados sosteniendo con unas muletas sus alas marchitas, contó al Poeta esta historia oculta en un anochecer de otoño, cuando se fueron los rebaños, y ahora el poeta os la repite envuelta en su propia melancolía. Pero antes de empezar quiero haceros el mismo ruego que a él le hizo el viejo silfo aquel anochecer de otoño, cuando se fueron los rebaños. ¿Por qué os causan repugnancias algunos insectos limpios y brillantes que se mueven graciosamente entre las hierbas? ¿Y por qué a vosotros los hombres, llenos de pecados y de vicios incurables, os inspiran asco los buenos gusanos que se pasean tranquilamente por la pradera y tomando el sol en la mañana tibia? ¿Qué motivo tenéis para despreciar lo ínfimo de la Naturaleza? Mientras que no améis profundamente a la piedra y al gusano no entraréis en el reino de Dios. También el viejo silfo le dijo al poeta : "Muy pronto llegará el reino de los animales y de las plantas; el hombre se olvida de su Creador, y el animal y la planta están muy cerca de su luz; di, poeta, a los hombres que el amor nace con la misma intensidad en todos los planos de la vida; que el mismo ritmo que tiene la hoja mecida por el aire tiene la estrella lejana, y que las mismas palabras que dice la fuente en la umbría las repite con el mismo tono el mar; dile al hombre que sea humilde, ¡todo es igual en la Naturaleza!". Y nada más habló el viejo silfo. Ahora, escuchar la comedia. Tal vez os riáis al oír hablar a estos insectos como hombrecitos, como adolescentes. Y si alguna honda lección sacáis de ella, id al bosque para darle las gracias al silfo de las muletas, un anochecer tranquilo, cuando se hayan marchado los rebaños.




Acto primero

La escena representa un prado verde y humilde bajo la sombra densa de un gran ciprés. Una veredita casi invisible borda sobre la hierba un ingenuo arabesco. Más allá del pradito, una pequeña charca rodeada de espléndidas azucenas y unas piedras azules... Es la hora casta del amanecer. Y todo el prado está cubierto de rocío. A la vera del camino se ven las madrigueras de los insectos como un minúsculo y fantástico pueblo de cuevas. De su casa sale Doña Curiana con un manojito de hierbas a guisa de escoba. Es una cucaracha viejísima, a la que falta una de sus patas, que perdió a consecuencia de un escobazo que le dieron en una casa donde se alojaba siendo todavía joven y reluciente. Los martillos formidables de la aurora ponen al rojo la plancha fría del horizonte.


ESCENA PRIMERA

Doña Curiana y la Curiana Nigromántica.

DOÑA CURIANA.(Asomándose al prado)
¡Mañana clara y serena!
Ya rompe el primer albor.

CURIANA NIGROMÁNTICA. (Con un cucurucho de estrellas y un manto de musgo seco.) Que Dios te bendiga, ¡oh vecina buena!

DOÑA CURIANA.
¿Dónde vais, señora, de rocío llena?

CURIANA NIGROMÁNTICA
Vengo de soñar que yo era una flor
Hundida en la hierba.

DOÑA CURIANA.
¿Cómo soñáis eso?

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Sueño que las dulces gotas de rocío
Son labios de amores que me dejan besos
Y llenan de estrellas
Mi traje sombrío.

DOÑA CURIANA. (Regañona.)
Mas pensad, señora, que por la poesía...

CURIANA NIGROMÁNTICA. (Tristemente.)
¡Ay, doña Curiana, qué vais a decir!

DONA CURIANA.
Pudierais coger una pulmonía
Que hiciera pedazos su sabiduría.
Tendríamos todas
Mucho que sentir.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Mi alma tiene gran tristeza, ¡vecina!
Me dijo ayer tarde una golondrina:
«Todas las estrellas se van a apagar».
Dios está dormido, y en el encinar
Vi una estrella roja toda temblorosa
Que se deshojaba como enorme rosa.
La vi perecer
Y sentí caer
En mi corazón
Un anochecer
. «Amigas cigarras, grité, ¿veis las estrellas?
«Un hada se ha muerto», respondieron ellas
Fui junto a los troncos del vicio encinar
Y vi muerta el hada del campo y del mar.

DOÑA CURIANA.
¿Quién la mataría?

CURIANA NIGROMÁNTICA
La mató el amor

DOÑA CURIANA
Mirad cómo quiebra el primer albor.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
¿Y vuestro buen hijo, cómo sigue?

DOÑA CURIANA.
Bien.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Ayer le vi triste.

DOÑA CURIANA.
Lo noté también:
Anda enamorado.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
De Silvia quizá.

DOÑA CURIANA
Según él, es de algo ¡que nunca tendrá!

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Va a ser un poeta, y no es nada extraño:
Su padre lo fue.

DOÑA CURIANA.
Un gran desengaño
Me llevé con él.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
¡Era un corazón!

DOÑA CURIANA.
¡Ay!, apaleaba mi caparazón.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Pero conservaba siempre el troje lleno.

DOÑA CURIANA.
Mas eso no impide que fuera muy bueno.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
En fin, callaremos, yo mucho le amé.
¿Y esa pierna coja?

DOÑA CURIANA.
Anoche noté
El ruin dolorcillo que tanto me irrita.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Poneos las hojas de una margarita;
Lavaos con rocío y no andéis; tomad
Estos polvos santos de cráneo de hormiga,
Tomadlos de noche con mastranzo.

DOÑA CURIANA.
Amiga,
Que el gran Cucaracho os pague en amor
Y que en vuestros sueños ¡os convierta en flor!
(Acariciadora)
Desechad tristeza y melancolías;
La vida es amable, tiene pocos días,
Y tan sólo ahora la hemos de gozar.

CURIANA NIGROMÁNTICA. (Como soñando.)
Todas las estrellas se van a apagar.

DOÑA CURIANA.
No penséis en eso, vecina doctora,
Mirad la alegría que nos trae la aurora.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
¡Ay, lo que yo vi junto al encinar!

DOÑA CURIANA.
No pensar en eso, ¡dos a acostar...

CURIANA NIGROMÁNTICA. (Volviendo a la realidad en una brusca transición.)
El prado está silencioso.
Ya parte el rocío a su cielo ignorado,
El viento rumoroso
Hasta nosotros llega perfumado.

DOÑA CURIANA.
¿También sois poeta, doctora vecina?
Nosotras, las pobres, con nuestra cocina
Tenemos bastante.

CURIANA NIGROMÁNTICA.
No seas vulgar.

DOÑA CURIANA. (Un poco disgustada.)
En mi clase todas sabemos cantar
Y chupar las flores. ¡Qué os habéis creído

CURIANA NIGROMÁNTICA.
Con razón te daba palos tu marido;
Cocina y poesía se pueden juntar,
Hasta luego, amiga, voy a descansar.

(Se va)

DOÑA CURIANA.
Que la luz os guíe.
Yo voy a barrer
mi puerta con brisa del amanecer.

(Se pone a barrer cantando)

Un gusanito me dijo
Ayer tarde su querer;
No lo quiero hasta que tenga
Dos alas y cuatro pies.




ESCENA II

Doña Curiana y Curianita Silvia

Por el lado izquierdo de la escena llega la Curianita Silvia, arrogante y madrugadora. Silvia, en su clase de insecto repugnante es encantadora; brilla como el azabache y sus patas son ágiles y delicadas. Es hija de Doña Orgullos, curiana que cuenta más de un año de edad, y es el mejor partido del pueblo. Trae una diminuta margarita a guisa de sombrilla, con la que juega graciosamente, y se toca de un modo delicioso con el caparazón dorado de una «teresica»

DOÑA CURIANA.
Madrugadora venís,.
Niña encantadora y bella.

CURIANITA SILVIA..
¿Niña me decís? Ha tiempo.
Que ya salí de la escuela.

DOÑA CURIANA..
¿Os molestáis porque os llamo .
Niña? Pues diré doncella .
o doncellita.

CURIANITA SILVIA. (Coquetonamente.).
No es eso.

DOÑA CURIANA..
¿Qué os pasa entonces?

CURIANITA SILVIA..
Tristezas..
Que estoy pasando.
Sin que nadie se dé cuenta.

DOÑA CURIANA.
Tan joven y ya tan triste.
¡Bueno que lo esté esa vieja
De la Nigromanta! Vos
Aún sois demasiado nueva
Y nada os falta en el mundo.

CURIANITA SILVIA. (Ingenuamente.)
No he visto más que esta tierra.

DOÑA CURIANA. (Pensativa.)
¿Os ha dicho la doctora
Que se apagan las estrellas
Porque se había muerto un hada
O no sé qué... lo que cuenta?

CURIANITA SILVIA.
Nada me dijo.

DOÑA CURIANA.
Entonces
¿Por qué tenéis la tristeza
Que os consume y os marchita?
De qué sufrís?

CURIANITA SILVIA.
¡Ay, abuela!
¿No tuvisteis corazón
Cuando joven? Si os dijera
Que soy toda un corazón...

DONA CURIANA. (En un arranque de indignación.)
Aquí sois todos poetas
Y mientras pensáis en eso
Descuidáis vuestras haciendas,
Tenéis vuestras casas sucias
Y sois unas deshonestas
Que dormís fuera de casa,
Sabe Dios con quién.

CURIANITA SILVIA.
Paciencia
Necesito para oírla.
Me insultáis.

DOÑA CURIANA.
No es que yo quiera
Insultarte, niña Silvia.
Es que me da mucha pena
Verte triste y desolada
Tan sin causa.

CURIANITA SILVIA.
Causa cierta
Tienen estos mis pesares.

DOÑA CURIANA. (Cariñosa.)
¿Puedo aliviártelos, nena?

CURIANITA SILVIA.
Mis pesares son tan hondos
Como la laguna aquella.

(Con angustia)

¿Dónde está el agua
Tranquila y fresca
Para que calme
Mi sed inquieta?

DOÑA CURIANA. (Asustada.)
Silvia, calmaos, por favor;
Sed juiciosa y sed serena.

CURIANITA SILVIA. (Soltando la margarita en el suelo.)
¿Por qué sendero
De la pradera
Me iré a otro mundo
Donde me quieran?

DOÑA CURIANA. (Enérgica.)
Esto es imposible, Silvia.
Os volvéis loca.

CURIANITA SILVIA.
Me queda
Mucho tiempo que llorar.
Yo me enterraré en la arena
A ver si un amante bueno
Con su amor me desentierra.

DOÑA CURIANA.
Estás muy enamorada,
Ya lo sé. Mas en mi época
Las jóvenes no pedíamos
Los novios a boca llena,
Ni hablábamos en parábolas
Como hablas tú. La vergüenza
Estaba más extendida
Que en estos tiempos. Se cuenta
De una curiana muy santa
Que permaneció soltera
Y vivió seis años. Yo
Dos meses tengo y soy vieja.
¡Todo por casarme! ¡Ay!

(Lagrimeando)

CURIANITA SILVIA. (Muy romántica.)
¡Amor, quién te conociera
Dicen que eres dulce y negro,
Negras tus alas pequeñas,
Negro tu caparazón
Como noche sin estrellas;
Tus ojos son de esmeraldas,
Tus patas son de violetas.

DOÑA CURIANA.
Estás más loca que un grillo
Que conocí allá en su cueva,
Que se las daba de listo,
De gran mago y de profeta.
Era un pobre desdichado;
A mí me dio una receta
Para curar el amor.

CURIANITA SILVIA. (Intrigada.)
¿Qué decía la receta?

DOÑA CURIANA.
Dese a los enamorados
Dos palos en la cabeza
Y no se los deje nunca
Tumbarse sobre las hierbas.

SILVIA.
Os chanceáis, señora.

DOÑA CURIANA.
Silvia, ¿y quién no se chancea
Viendo a una joven bonita
Cometer tantas simplezas?

CURIANITA SILVIA. (Aparte.)
Ella ignora que a su hijo
Es a quien amo.

DOÑA CURIANA.
Discreta
Sois sin embargo al hablar
De la causa que os apena.
¿Y dónde está vuestro amor?
¿Muy lejos?

CURIANITA SILVIA.
Está tan cerca
Que el aire me trae su aliento.

DOÑA CURIANA.
¡Es un mozo de la aldea!
Lo teníais bien oculto.
¿Y él os ama?

CURIANITA SILVIA.
Me detesta.

DOÑA CURIANA.
¡Cosa rara, vos sois rica!
En mi tiempo...

CURIANITA SILVIA.
La princesa
Que él aguarda no vendrá.

DOÑA CURIANA.
¿Qué tal es él?

CURIANITA SILVIA.
Me deleitan
Su cuerpo chico y sus ojos
Soñadores de poeta.
Tiene un lunar amarillo
Sobre su pata derecha,
Y amarillas son las puntas
Divinas de sus antenas.

DOÑA CURIANA.
¡Aparta! Es mi hijo.

CURIANITA SILVIA.
¡Yo le amo con locura!

DOÑA CURIANA (Como soñando.)
Ella es rica. ¡Qué torpeza
La de esta criatura rara!
¡Yo haré que la ame por fuerza!

(Compungida y fingiendo lo que no siente)

¡Ay cuánto debe sufrir!

(Aparte)

¡Tiene magníficas rentas!
¡Pobrecita de mis carnes!
¡Sangrecita de mis venas,
te casaré con mi hijo!

CURIANITA SILVIA. (Ruborizándose.)
Lo adivinasteis.

DOÑA CURIANA. (Abrasándola con ternura.)
Piensa
Que tengo ya muchos días
Y te adiviné la pena.

CURIANITA SILVIA.
¡Ay, qué dicha! ¡Qué alegría!

DOÑA CURIANA. (Mimosa en extremo.)
Límpiate esa cara tierna
Y deja tus lagrimitas
Al pie de esas azucenas.
Voy a llamar a mi hijo
para que te vea.

CURIANITA SILVIA.
Reina
Seré de este prado verde,
Pues tengo amor y riquezas.


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La aurora


La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados:
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

De: Poeta en Nueva York



CASIDA DE LA MANO IMPOSIBLE


Yo no quiero más que una mano,
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.
Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardián que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.
Yo no quiero más que esa mano
para los diarios aceites y la sábana blanca de mi agonía
Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.
Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.

De: El Diván del Tamarit


Juana de Ibarbourou y Federico










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