jueves, 31 de enero de 2013

El revés de la piel



“Cuando el revés de la piel se subleva”


No es un nombre arbitrario, a pesar de su génesis un tanto azarosa. 

Nació de ese proceso tan cercano al misterio que provoca la lectura, esa piedra que aventamos con cierta indolencia, sin advertir la prolijidad artística de los círculos concéntricos que dibuja en el agua de nuestra siquis. Ignoramos, entonces, el preciso instante en que empezó a ser célula. ¡Leemos tanto al cabo de los cincuenta y siete mil seiscientos segundos vacantes en el día!


Tampoco estábamos jugando al ta-te-ti; repasábamos la obra de ARMONÍA SOMERS, una uruguaya realmente fascinante, por su escritura y por su actitud ante el establishment de su época, no tan lejana por cierto. A pesar de que en la actualidad viene siendo estudiada en varias universidades extranjeras, aquí (en la planicie de la rutina) continúa circulando el calificativo de “rara”-en el mejor de los casos-; en realidad, y esto es peor, pertenece a esa zona cada vez más peligrosa que es el olvido.

Un pasaje de uno de sus cuentos (El Despojo) aparecía resaltado en color en la página del libro, huella de algunos giros de la piedra en el agua de otro tiempo. Es el siguiente:

...”Es más bien como si se doliera de algo, pero de algo que no está en su propio cuerpo, sino en la cintura de la muchacha, un dolor que ella le está arrojando sin mover un músculo. [...] Ahora es el revés de la piel lo que se subleva. Desde los tobillos hasta la nuca, los runruneos de la muchacha y el gato le están caldeando por dentro, en una especie de monstruoso sinapismo que se le extiende y aprieta hasta desollarle vivo”...

Entre las múltiples interpretaciones de las que puede ser objeto el fragmento por el mismo o por varios lectores, una es indudable: el proceso de la creación está allí cifrado.

Entonces, ya no hubo mejor nombre para el alojamiento de las PERRAS NEGRAS. Saber cómo y por qué se nace es una afrenta sin igual contra el olvido: es haberle ganado una parcela más de luz; es conciencia.











Armonía Somers, seudónimo de Armonía Liropeya Etchepare Locino, nació el 7 de octubre de 1914, en Pando, y falleció el 1º de marzo de 1994, en Montevideo.

Armonía es la hija mayor de Pedro Etchepare, comerciante  y de María Judith Locino. Se la acepta en la escuela privada de un maestro español, don Lucas, como única de su sexo. En la biblioteca de su padre encuentra a autores decisivos. En 1927,  termina sus estudios primarios y se inscribe en la Escuela Normal en Montevideo, lo cual en aquel entonces era la única posibilidad de adquirir algún diploma superior para una mujer.
En 1933 empieza a enseñar en distintas escuelas y así va conociendo los problemas de diversos ambientes sociales.
Estas experiencias influyen para que en sus publicaciones como pedagoga se haya dedicado a problemas como la criminalidad juvenil (La antisocialidad juvenil en el Uruguay, 1958; Educación de la adolescencia (Premio Concejo Departamental de Montevideo 1957, Premio Universidad de la República; El adolescente de novela y su valor de testimonio y Ann Sullivan Macy, la forja en noche plena.) En 1950 se la manda como delegada oficial de la Biblioteca y Museo Pedagógico del Uruguay al Seminario Interamericano de enseñanza primaria a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la UNESCO. En 1960 es invitada por el gobierno de Francia para estudiar la organización y el funcionamiento de los centros de reeducación e instituciones penitenciarias; recibe una invitación especial de la Secretaría del Segundo Congreso de las Naciones Unidas para la Prevención del Crimen y el Tratamiento de los Delincuentes, realizado en Londres. En 1961 es invitada por el Servicio de Intercambio Académico de la República Federal de Alemania en Bonn (DAAD) para realizar estudios de su especialidad. En 1962 representa a Montevideo en el "Seminar on Education for Development and Social Progress at United Nations"; es nombrada directora de la Biblioteca y Museo Pedagógico del Uruguay. De 1962 a 1971 es directora del Centro Nacional de Documentación Educacional. Recibe becas de la UNESCO para realizar estudios sobre documentación pedagógica en París, Dijon, Ginebray Madrid, en 1964. Es editora de Boletín Informativo de la Biblioteca y Museo Pedagógicos, de Documentum, Anales y Enciclopedia de Educación, de 1967 a 1971.
En 1971, a la edad de 57 años, se retira de sus funciones oficiales y desde entonces se concentra en sus actividades de escritora. Quizá debido a la incompatibilidad de una vida muy activa en su carrera profesional y sus ambiciones literarias, su obra crece despacio, con largas pausas y períodos de silencio, uno entre 1953 y 1963, otro y entre 1969 y 1979.
Después de su debut "escandaloso" con la novela corta erótica La mujer desnuda, en 1950, siguen los cuentos de El derrumbamiento en 1953; cuando lleva el manuscrito a la imprenta, llega a conocer allí al director de ésta, Rodolfo Henestrosa, con quien se casará dos años después. A pesar del segundo escándalo que suscita el cuento que da título al tomo, se le otorga el Primer Premio Narrativa del Ministerio de Instrucción Pública en 1953. 
En 1965, fecha en la que sale su segunda novela De miedo en miedo, inaugura "Somersville", su casa en el balneario Pinamar, un "diminuto castillo" que se planta "como un milagro" a 30 km de Montevideo. Cuando no se encuentra allí, vive en el Palacio Salvo, en el piso 16 de un rascacielos en Montevideo.

En 1969, publica otra novela corta, Un retrato para Dickens, por el que se le otorga el Premio Intendencia Municipal de Montevideo. Pero hacia finales de aquel año enferma gravemente de una dolencia rara, el quilotórax, de lenta y dolorosa recuperación. De esta experiencia nace, en un largo proceso de elaboración creativa, entre 1972 a 1975, su novela monumental Sólo los elefantes encuentran mandrágora (1986). Primero no la quiere entregar a la imprenta, porque desea que sea su legado literario después de su muerte. También el comienzo de la Dictadura Militar, en 1973, desempeña cierto papel para postergar la publicación de la novela, cuyo título iba a ser "Quilotórax en Montevideo", alusión a la situación precaria de la cultura y los escritores, muchos de los cuales tuvieron que exiliarse en aquel período.

En los años 1970 comienza la recepción literaria internacional de la obra de Armonía Somers, que muchas veces se asocia con la del Conde de Lautréamont. Siguen varias traducciones al inglés, al francés y al alemán, y en 1978 Somers publica un tomo de cuentos bajo el título de Muerte por alacrán que contiene algunos textos nuevos, además de otros reeditados. Esta colección le vale críticas muy positivas.

En 1982 su esposo, Rodolfo Henestrosa, le hace una suerte de 'regalo de despedida' ya que, dos días antes de morir, por Navidad, le entrega una edición de 300 ejemplares del librito Tríptico Darwiniano. Un encuentro con un joven quien llora, en el Día de la Madre, ante una tumba en el cementerio, da motivo para la redacción de Viaje al corazón del día, una historia de amor romántico-histórica cuya trama se desarrolla en la época de la Guerra Franco-Prusiana en 1870. 

En 1986 la Intendencia de Montevideo le otorga el Primer Premio del Concurso Literario Municipal por el libro Sólo los elefantes encuentran mandrágora y recibe el Premio anual de Literatura que concede el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay por su libro Viaje al corazón del día. También se le organiza un gran homenaje en la Biblioteca Nacional de Montevideo —será uno de los últimos eventos en que se le ve en público—. En 1988 se le invita a la XIV Exposición Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde participa junto con otros autores (José Donoso, Arturo Uslar Pietri, Jorge Amado, etc.) en un foro con el título de "La novela en las puertas del siglo XXI". En el mismo año se publica la antología La rebelión de la flor, seleccionada por la misma autora; en ella, Armonía Somers también relata algo sobre el trasfondo 'real' de algunos de sus cuentos.

En 1994, a la edad de casi 80 años, muere en Montevideo y sus restos descansan en el cementerio británico. Su legado póstumo será el tomo El Hacedor de girasoles, homenaje a Jorge Luis Borges, Hieronymus Bosch, Virginia Woolf y Vincent Van Gogh. En él, la autora escribe: "Alguna madrugada me habré levantado —de día imposible— a decirles me voy pero me quedo. No dejen de quererme. Eso es lo que importa."

(Muy recomendable la lectura de “Charla en Montevideo con Armonía Somers” - Entrevista de Carlos María Domínguez en lamaquinadeltiempo.com y de otros artículos en la web. La información biográfica aquí expuesta procede de Wikipedia).







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