Morada del Ctro. de Fción. Humanística PERRAS NEGRAS (Uruguay: "País de los Pájaros Pintados")
sábado, 13 de enero de 2018
miércoles, 10 de enero de 2018
«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.”- Vicente Huidobro
La joven del abrigo
largo
Cruza todos los días la plaza en
el mismo sentido.
Es hermosa. Ni alta ni baja, tal
vez un poco gruesa. Grandes ojos, nariz regular, boca madura que azucara el
aire y no quiere caer de la rama.
Sin embargo, tiene un gesto
amargado y siempre lleva un abrigo largo y suelto. Aunque haga un calor
excepcional. Esta prenda no cae jamás de su cuerpo. Invierno y verano, más
grueso o más delgado, siempre el sobretodo como escondiendo algo. ¿Es que ella es
tímida? ¿Es que tiene vergüenza de tanta calle inútil?
¿Ese abrigo es la fortaleza de un
secreto sentimiento de inferioridad? No sería nada raro. Por eso tiene un
estilo arquitectónico que no sabría definir, pero que, seguramente, cualquier
arquitecto conoce.
Tal vez tiene el talle muy alto o
muy bajo, o no tiene cintura. Tal vez quiere ocultar un embarazo, pero es un
embarazo demasiado largo, de algunos años. O será para sentirse más sola o para
que todas sus células puedan pensar mejor. Saborea un recuerdo dentro de ese
claustro lejos del mundo.
Acaso quiere sólo ocultar que su
padre cometió un crimen cuando ella tenía quince años.
Vicente Huidobro
De: http://ciudadseva.com
“Soy, en la penumbra lila del regreso, el pobre triste en quien nadie se fija”. –Giovanni Papini
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| 9 de enero de 1881- Italia |
HAY UN CANTO EN MÍ («C'è un canto dentro di me»)
[traducción de Ricardo
R. Laudato, 2003]
Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará - que no
escribirá mi mano en ningún trozo de papel.
Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer
y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios
del argentado órgano - hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá
bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra
escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida;
este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han
creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier
lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la
sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que
expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que
cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a
este canto, le cuesta quedarse adentro. En los minutos más angustiantes de la
vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el
llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo. Pero lo rechazo y lo engullo,
pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma
furia voluptuosa. Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida. Debo
cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos
sobrehumanos como si fueran remordimientos. Y ser, con toda mi ternura, el
hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor
abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero
amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese
día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el
mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume
sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor
reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la
infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.
Giovanni Papini
De: http://www.superzeko.net
lunes, 8 de enero de 2018
¡ A escena la ciencia ficción!
Escenas
En una lejana isla.
Primer acto: Oficina central de la fábrica de Robots
Universales Rossum.
Segundo acto: Sala de estar de Elena.
Tercer acto: Igual que el anterior.
Cuarto acto: Epílogo - Uno de los laboratorios
experimentales de la fábrica.
Personajes:
HARRY DOMIN: Director General de R.U.R.
FABRY: Ingeniero Jefe de R.U.R.
DR. GALL: Jefe del Departamento de Sicología de R.U.R.
DR. HELMAN: Sicólogo Jefe.
JACOB BUSMAN: Gerente de R.U.R.
ALQUIST: Jefe de talleres.
ELENA GLORY: Hija del Profesor Glory, de Oxbridge
University.
EMMA: su criada.
MARIUS: un robot.
SULA: una robot.
RADIUS: un robot.
PRIMUS: un robot.
ELENA: una robot.
y numerosos robots
Del Acto I:
DOMIN: Sula, que te vea la señorita Glory.
ELENA (Poniéndose de pie y estrechándole la mano):
Encantada. Se debe de aburrir usted
horriblemente en este lugar tan apartado, ¿no?
SULA: No sé, señorita Glory. Siéntese por favor.
ELENA (Sentándose): ¿De dónde es usted?
SULA: De ahí, de la fábrica.
ELENA: Ah, nació usted aquí.
SULA: Sí, me fabricaron allí.
ELENA (Levantándose de un salto): ¿Qué?
DOMIN (Riendo): Sula es un robot...
ELENA: Ay, perdóneme usted...
DOMIN (Poniendo su mano sobre el hombro de Sula): Sula no
está enfadada. Mire usted
qué piel fabricamos. Tóquele la cara.
ELENA: No, no.
DOMIN: No se nota que esté hecha de un material distinto al
nuestro. Dése la vuelta, Sula.
ELENA: ¡Basta! ¡Basta!
DOMIN: Sula, dile algo a la señorita Glory. Es una visita
muy importante.
SULA: Haga el favor de sentarse. (Se sientan las dos.) ¿Fue
agradable la travesía?
ELENA: Sí, sí, desde luego.
SULA: No se vuelva usted en el Amelia, señorita Glory. El
barómetro está bajando. Espere
usted al Pennsylvania. Es un barco muy potente.
DOMIN: ¿Cuál es la velocidad del Pennsylvania?
SULA: Veinte nudos hora. Doce mil toneladas. Uno de los
barcos más modernos, señorita
Glory.
ELENA: Gra... gracias.
SULA: Ochenta tripulantes, el capitán Harpy, ocho calderas...
DOMIN (Riendo): Basta, Sula. Ahora muéstranos tus
conocimientos de francés.
ELENA: ¿Sabe usted francés?
SULA: Sé cuatro lenguas. Puedo escribir: Dear Sir, Monsieur,
Geehrter Herr, y Mustre
Señor.
ELENA (Dando un salto): ¡Qué imbecilidad! Sula no es un
robot. Sula es una chica como
yo. Sula, ¿por qué me hace usted esto?, ¿por qué colabora en
esta broma pesada?
SULA: Yo soy un robot.
ELENA: No, no, está usted mintiendo. Oh, Sula, perdóneme. Ya
sé... le obligan a usted a
actuar así como propaganda. Sula, ¿usted es un chica como
yo, verdad?
Dígamelo.
DOMIN: Lo siento, señorita Glory, Sula es un robot.
ELENA: Usted me está mintiendo.
DOMIN (Excitándose): ¿Qué? (Llama al timbre.) Perdone,
señorita Glory, pero tendré que
convencerla. (Entra Marius)
DOMIN: Marius, lleve a Sula a la sala de pruebas para que la
abran. De prisa.
ELENA: ¿A dónde?
DOMIN: A la sala de pruebas. Cuando la hayan rajado podrá
usted entrar y echarle un
vistazo.
ELENA: No, no iré.
DOMIN: Perdóneme, pero usted habló de mentiras.
ELENA: ¿No será usted capaz de matarla?
DOMIN: A una máquina no se la puede matar.
ELENA (Abrazando a Sula): No tengas miedo, Sula, no te
dejaré ir. Pero dime, ¿son
siempre tan crueles contigo? No puedes aguantar esto, Sula.
De ninguna manera.
SULA: Soy un robot.
ELENA: No importa. Los robots son iguales a nosotros. Sula,
¿verdad que no los ibas a
dejar que te hicieran trocitos?
SULA: Sí.
ELENA: Ah, ¿entonces no tienes miedo a la muerte?
SULA: No sé decirle, señorita Glory.
ELENA: ¿Sabes qué te pasaría allí?
SULA: Sí, dejaría de moverme.
ELENA: ¡Qué espanto!
DOMIN: Marius, dile a la señorita Glory qué eres.
MARIUS: Marius, el robot.
DOMIN: ¿Llevarías a Sula a la sala de pruebas?
MARIUS: Sí.
DOMIN: ¿Te daría pena de ella?
MARIUS: No sé.
DOMIN: ¿Qué le pasaría?
MARIUS: Dejaría de moverse. La meterían en la máquina
trituradora.
DOMIN: Eso es la muerte, Marius. ¿No temes la muerte?
MARIUS: No.
DOMIN: Ve usted, señorita Glory, los robots no sienten apego
por la vida. No tienen razón
de ser. No tienen alegrías.
ELENA: ¡Basta! Que se vayan.
DOMIN: Marius, Sula, os podéis ir.
(Salen Sula y Marius)
ELENA: ¡Qué horror! ¡Es un escándalo!
DOMIN: ¿Por qué un escándalo?
ELENA: Lo es, claro que lo es. ¿Por qué le llamaron Sula?
DOMIN: ¿No es un nombre bonito?
ELENA: Es un nombre de hombre. Sula fue un general romano.
DOMIN: ¡Anda!, nosotros creíamos que Marius y Sula eran
amantes.
ELENA: No. Marius y Sula eran generales, y lucharon el uno
contra el otro en el año... no
me acuerdo ahora.
De: R.U.R. Robots Universales Rossum
de Karel Čapek
En: http://laprensadelazonaoeste.com/LIBROS/Letra.C/C/Capek,%20Karel%20y%20Joseph%20-%20R.U.R.pdf
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Karel Čapek
dramaturgo y novelista checo
8 de enero de 1890
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domingo, 31 de diciembre de 2017
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