lunes, 11 de mayo de 2015

Benito Pérez Galdós: un avanzado en prácticas educativas.

10 de mayo de 1843- España

Son bien conocidas las ideas liberales de Galdós, no en vano siempre defendió una visión racionalista del mundo, lejos de la superstición y el oscurantismo. Esto le llevó a enfrentarse con los sectores conservadores de su época; esta confrontación se repite en muchas de sus novelas y, especialmente, en Doña Perfecta, donde Pepe Rey, tal como hemos visto, representa esos valores progresistas. En El amigo Manso (1882) se aborda esa confrontación en el terreno de la educación. Las ideas científicas y filosóficas krausistas chocan con la enseñanza religiosa y metodológicamente atrasada que está vigente en la segunda mitad del siglo XIX. Galdós, a través del personaje de Máximo Manso, propone una enseñanza que se adapte a la idiosincrasia del alumno y no a la inversa. El maestro debe guiar el pensamiento del estudiante, hacer que éste se interese por la materia, mostrándole de forma amena aquello que se le pretende inculcar. De esta forma se le pueden hacer comprender sus razonamientos y los defectos en que éstos puedan incurrir, siendo su corrección más fácil.

(...)

Estas prácticas pedagógicas chocan con las de la época; ya que lo que primaba era la enseñanza memorística y el conocimiento teórico, sin tener en cuenta aspectos más prácticos. No se fomentaba la creatividad del alumno, se le introducía en una masa árida de conocimientos que hacía que éste perdiese el interés y el deseo de estudiar, siendo la figura del profesor muy distante y deshumanizada. Galdós intenta recuperar las ideas ilustradas de autosuficiencia de la razón sin necesidad de recurrir a la fe y a la autoridad de los maestros, tal como sucedía tradicionalmente. Para ello cada persona debe ejercitar su pensamiento de acuerdo con sus intereses, fomentando el uso de la razón y no sólo de la memoria. Para conseguir estos objetivos es necesario recuperar la figura del profesor, hacerla más cercana y humana; éste debe ser un amigo que sepa ganarse la confianza del alumno para poder guiarlo sin que se le pierda el respecto, pero nunca infundiendo miedo ni antipatía. La amistad facilita una mejor transmisión de conocimientos; debe fomentarse en todo momento para que las lecciones entren no sólo por la cabeza, sino también por el corazón. De esta forma, sutilmente, se van introduciendo en la mente del alumno las ideas, sin necesitar esfuerzos complementarios.

De: Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós
© Roberto Augusto Míguez 2003-2009
En:  http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/galdosna.html


- I -
Yo no existo

Yo no existo... Y por si algún desconfiado o terco o maliciosillo no creyese lo que tan llanamente digo, o exigiese algo de juramento para creerlo, juro y perjuro que no existo; y al mismo tiempo protesto contra toda inclinación o tendencia a suponerme investido de los inequívocos atributos de la existencia real. Declaro que ni siquiera soy el retrato de alguien, y prometo que si alguno de estos profundizadores del día se mete a buscar semejanzas entre mi yo sin carne ni hueso y cualquier individuo susceptible de ser sometido a un ensayo de vivisección, he de salir a la defensa de mis fueros de mito, probando con testigos, traídos de donde me convenga, que no soy, ni he sido, ni seré nunca nadie.
Soy (diciéndolo en lenguaje oscuro para que lo entiendan mejor), una condenación artística, diabólica hechura del pensamiento humano (ximia Dei), el cual, si coge entre sus dedos algo de estilo, se pone a imitar con él las obras que con la materia ha hecho Dios en el mundo físico; soy un ejemplar nuevo de estas falsificaciones del hombre que desde que el mundo es mundo andan por ahí vendidas en tabla por aquellos que yo llamo holgazanes, faltando a todo deber filial, y que el bondadoso vulgo denomina artistas, poetas o cosa así. Quimera soy, sueño de sueño y sombra de sombra, sospecha de una posibilidad; y recreándome en mi no ser, viendo transcurrir tontamente el tiempo infinito, cuyo fastidio, por serlo tan grande, llega a convertirse en entretenimiento, me pregunto si el no ser nadie equivale a ser todos, y si mi falta de atributos personales equivale a la posesión de los atributos del ser. Cosa es esta que no he logrado poner en claro todavía, ni quiera Dios que la ponga, para que no se desvanezca la ilusión de orgullo que siempre mitiga el frío aburrimiento de estos espacios de la idea. Aquí, señores, donde mora todo lo que no existe, hay también vanidades, ¡pasmaos!, ¡hay clases, y cada intriga...! Tenemos antagonismos tradicionales, privilegios, rebeldías, sopa boba y pronunciamientos. Muchas entidades que aquí estamos, podríamos decir, si viviéramos, que vivimos de milagro.
Y a escape me salgo de estos laberintos y me meto por la clara senda del lenguaje común para explicar por qué motivo no teniendo voz hablo, y no teniendo manos trazo estas líneas, que llegarán, si hay cristiano que las lea, a componer un libro. Vedme con apariencia humana. Es que alguien me evoca, y por no sé qué sutiles artes me pone como un forro corporal y hace de mí un remedo o máscara de persona viviente, con todas las trazas y movimientos de ella. El que me saca de mis casillas y me lleva a estos malos andares es un amigo...
Orden, orden en la narración. Tengo yo un amigo que ha incurrido por sus pecados, que deben de ser tantos en número como las arenas de la mar, en la pena infamante de escribir novelas, así como otros cumplen, leyéndolas, la condena o maldición divina. Este tal vino a mí hace pocos días, hablome de sus trabajos, y como me dijera que había escrito ya treinta volúmenes, le tuve tanta lástima que no pude mostrarme insensible a sus acaloradas instancias. Reincidente en el feo delito de escribir, me pedía mi complicidad para añadir un volumen a los treinta desafueros consabidos. Díjome aquel buen presidiario, aquel inocente empedernido, que estaba encariñado con la idea de perpetrar un detenido crimen novelesco sobre el gran asunto de la educación; que había premeditado su plan; pero que faltándole datos para llevarlo adelante con la presteza mañosa que pone en todas sus fechorías, había pensado aplazar esta obra para acometerla con brío cuando estuvieran en su mano las armas, herramientas, escalas, ganzúas, troqueles y demás preciosos objetos pertinentes al caso; que entre tanto, no gustando de estar mano sobre mano, quería emprender un trabajillo de poco aliento, y que sabedor de que yo poseía un agradable y fácil asunto, venía a comprármelo, ofreciéndome por él cuatro docenas de géneros literarios, pagaderas en cuatro plazos; una fanega de ideas pasadas, admirablemente puestas en lechos y que servían para todo, diez azumbres de licor sentimental, encabezado para resistir bien la exportación, y por último una gran partida de frases y fórmulas, hechas a molde y bien recortaditas, con más de una redoma de mucílago para pegotes, acopladuras, compaginazgos, empalmes y armazones. No me pareció mal trato, y acepté.

(...)





domingo, 3 de mayo de 2015

“Las mujeres no somos todas iguales pero nos pasan las mismas cosas”- Maitena

1º de mayo de 1962- Argentina










"El amor y la vida son hoy sindicalistas"- Manuel Maples Arce

Veracruz, Méjico
Poeta, abogado, diplomático.
Fundador del Estridentismo.







































A los obreros de México



I

He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad.

Oh ciudad toda tensa
de cables y de esfuerzos,
sonora toda
de motores y de alas.

Explosión simultánea
de las nuevas teorías,
un poco más allá.
En el plano espacial
De Wirman y de Turner
y un poco más acá
de Maples Arce.

Los pulmones de Rusia
soplan hacia nosotros
el viento de la revolución social.
Los asalta braguetas literarios
nada comprenderán
de esta nueva belleza
sudorosa del siglo,
y las lunas
maduras
que cayeron,
son esta podredumbre
que nos llega
de las atarjeas intelectuales.

He aquí mi poema:
Oh ciudad fuerte
y múltiple,
hecha toda de hierro y de acero.

Los muelles. Las dársenas.
las grúas.

Y la fiebre sexual
de las fábricas.

Vrbe:
Escoltas de tranvías
que recorren las calles subversistas.
Los escaparates asaltan las aceras,
y el sol, saquea Ias avenidas.
Al márgen de los días
tarifados de postes telefónicos
desfilan paisajes momentáneos
por sistemas de tubos ascensores.

Súbitamente,
oh el fogonazo
verde de sus ojos.
Bajo las persianas ingenuas de la hora
pasan los barallones rojos.
El romanticismo caníbal de la música yanke
ha ido haciendo sus nidos en los mástiles.

Oh ciudad internacional.
¿hacia qué remoto meridiano
cortó aquel trasatlántico?
Yo siento que se aleja todo.
Los crepúsculos ajados
flotan entre la mampostería del panorama.
Trenes espectrales que van
hacia allá
lejos, jadeantes de civilizaciones.
La multitud desencajada
chapotea musicalmente en las calles.

Y ahora, los burgueses ladrones, se echarán a temblar
por los caudales
que robaron al pueblo,
pero alguien ocultó bajo sus sueños
el pentagrama espiritual del explosivo.

He aquí mi poema;
Gallardetes de hurras al viento,
cabelleras incendiadas
y mañanas cautivas en los ojos.

Oh ciudad
musical
hecha roda de ritmos mecánicos.

Mañana, quizás.
sólo la lumbre viva de mis versos
alumbrará los horizontes humillados.




De: http://www.bifurcaciones.cl

Caligrama de Diego Rivera, quien adhirió con gusto al Estridentismo.

viernes, 1 de mayo de 2015

“Lo que sí estremece es la desdicha de la leal Nina Van Zandt... que llevó a su reja día sobre día el consuelo de su amor, libros y flores”- José Martí


















Nina Van Zandt, rica heredera, se enamoró de Spies a los pocos días de sentarse éste en el banquillo de los acusados, y posteriormente se casó con él por poderes, sin tener más consuelo que verle detrás de los barrotes de su celda. Eda Muller es otra joven, hermosa y elegante, que se enamoró de Lingg, el más gallardo de todos los prisioneros.

He aquí el prefacio que Nina Van Zandt, ha puesto a la autobiografía de Spies:

En las páginas que siguen presento un croquis autobiográfico de Augusto Spies, incluyendo su discurso ante el tribunal y una colección de notas y cartas que me dirigió referentes a su prisión. Al publicar estos escritos, sólo me guía el deseo de proporcionar a mis conciudadanos de América los medios para que empiecen a enterarse de la vida, del carácter y de las aspiraciones de un hombre que, en unión de otros, ha ocupado suma atención durante los últimos nueve meses. Cuando hayan leido este folleto podrán formarse opinión exacta de un hombre que ha sido injustamente vilipendiado por la prensa capitalista, y cuya ejecución, así como la de sus compañeros, constituye una de las venganzas más odiosas de los buitres sociales que jamás haya registrado la historia.

Yo no conocía a ninguno de los acusados, cuando, durante la comedia llamada juicio, entré en la sala de sesiones. No tenía acerca de los presos más noticias que las que traían los diarios; así es que esperaba ver a unos hombres estúpidos, viciosos y de aspecto patibulario. ¡Cuál no fue mi sorpresa al ver que, lejos de corresponder a esta descripción, eran inteligentes, bondadosos y de aspecto simpático! Empecé a interesarme y comprendí muy pronto que los señores del tribunal, la policía y los agentes de seguridad procuraban que fuesen condenados aquellos hombres no por haber cometido crimen alguno, pero sí por haber tenido participación en el movimiento socialista.

Presa de un sentimiento de horror ante lo que estaba viendo y oyendo, pero animada también por un sentimiento de justicia, resolví colocarme en el sitio de los acusados. Deseosa de mostrarles mis simpatías y de ver en que podía ser útil a esos desventurados, me dirigí, acompañada de mi madre, a la cárcel sombria donde estaban pasando los calurosos meses de verano. Entonces empezaron mis relaciones con Augusto Spies, relaciones que continuaron durante los meses siguientes.

Todas las personas imparciales deben desear que ambas partes sean oídas antes de que pronuncie su fallo la pública opinión. Pues bien; sólo ha sido oída una de las partes, ya que los periódicos se han negado a publicar artículos rectificando muchas de las afirmaciones vertidas en sus columnas. Al presentar este folleto a mis compatriotas abrigo la firme convicción de que harán justicia a los hechos y a las personas. Faltame añadir que sólo cediendo a los ruegos de sus amigos y a los mios ha autorizado Spies la publicación de su autobiografía.

Nina Van Zandt.

P.D.: Mi simpatía por los acusados hizo germinar en mi corazón un principio de amor por Mr. Spies, y poco después sentía por él una intensa pasión. Como amiga encontraba mil obstáculos a mis visitas; para salvarlos resolvimos que yo declararía ser su novia. Pero pronto supe que sólo las esposas tenían el derecho de ver a sus maridos fuera de los días reglamentarios, y por otra parte nos anunciaron que renunciáramos a vernos en distintos horarios de los marcados en el reglamento. Entonces comprendí que se trataba de privar de mis socorros
y de mi compañía a los prisioneros y a mi novio, por cuya pérdida se interesaban muchos; desde entonces Spies y yo resolvimos ser marido y mujer ante la ley. Mis padres no se opusieron a mi casamiento que vino a ser, por lo tanto, un asunto que sólo a dos personas afectaba. Pero una cuadrilla de periodistas, valientes bandidos algunos de ellos, se enfurecieron y me insultaron cuando nuestro casamiento fue del dominio público. Aunque hubiese cometido el crimen más horrendo, esos cumplidos caballeros no me hubieran maltratado como lo han hecho. Si yo fuera una niña pobre y extranjera no hubieran dicho una palabra. Pero soy una joven americana, de familia rica y distinguida, que ha seguido los impulsos de su corazón, y por eso soy una loca que tengo la cabeza trastornada por las novelas.
Si me hubiese casado con un viejo vicioso e inválido, pero poseedor de grandes riquezas, esos moralistas me hubieran colmado de alabanzas y muchos de mis hermanos en Jesucristo dirían a sus hijas: Tomadla por ejemplo. He aquí una joven sensible.
Yo prefiero la censura de esa sociedad moral que no puede comprender un verdadero amor, duplicado por la mancomunidad de ideas y por la desgracia. En cambio me enorgullezco de mis nuevos amigos, que son las personas capaces de apreciar un amor puro y desinteresado.

Nina Van Zandt.

En: Crónica de José Martí
De: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/martires_chicago/14.html

Augusto Spies y Nina Van Zandt





martes, 28 de abril de 2015

Por Freddie Gray, “un negro océano, amplio e inquieto”.

Y aún así, me levanto


“Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.
¿Mi descaro te molesta?
¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa…
Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.
¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.
¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.
Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.
¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?
De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.”


Maya Angelou


De: http://mujerciclica.com


Un dedo ebrio de autoridad jamás podrá detener
la lúcida fuerza de un océano.

“El mercantilismo ha osado usar como tablones de anuncio hasta los umbrales de nuestra conciencia”- Karl Kraus

28 de abril de 1874- Austria
Escritor y periodista


Uno no pregunta



Uno no pregunta qué hice todo el tiempo.

Permanezco mudo;

y no dice, por qué.

Y desde que la tierra chocó hay silencio.

Ninguna palabra que afecte;

Uno sólo habla desde el sueño.

Y soñó con un sol que rió.

Pasa;

todo fue lo mismo.

La palabra se durmió mientras ese mundo despertaba.


De: http://circulodepoesia.com




viernes, 24 de abril de 2015

“Tocar al niño es tocar el punto más delicado y vital... donde se hallan encerrados los secretos del alma” - María Montessori


¡Hola! Me llamo Verónica, tengo 11 años y asisto a 6º año de la escuela Nueva Generación. Me encantan los deportes y la música, pero mucho más leer y escribir. La poesía, las leyendas y los cuentos de terror me apasionan.
Mi escritora favorita es Helen Velando.
Yo escribo cuentos para niños. 


Color Pez



Un niño escuchaba los cuentos de su abuela.
Un día de mucho calor el niño le pidió que le contara un cuento nuevo y su abuela comenzó la historia:

Dos niños jugaban a la rayuela y cuando se pusieron a jugar al tutti-fruti uno de ellos gritó:
-¡Color pez!
Pero el otro niño le dijo:
- No existe ese color.
-¡Ah! ¿No? Entonces vamos a la playa y cuando lleguemos vas a ver que el color pez sí existe.

El niño estaba sorprendido por la reacción de su amigo y cuando miró a su alrededor no había nadie, su amigo ya se había ido corriendo hacia la playa y para cuando él llegó, el otro estaba sentado a la orilla del agua.

Se acercó y vio que su amigo jugaba con algo invisible. Así que se sentó y le dijo:
- ¿Qué es eso?

El otro se paró, lo miró y  sacó algo del agua.

Lo que apareció lo dejó atónito. Su amigo había sacado un pez, pero no un pez cualquiera, un pez enorme y de una mezcla de colores hermosos que nunca había visto.

De pronto su amigo dijo:
– Ese es el color pez.

Desde entonces todos los días se levantan bien temprano y se juntan en la playa para jugar y admirar el color pez.

Verónica Benavídez
Desde el verano integra el Taller de Niñ@s
del Centro de Formación Humanística Perras Negras.
Pronto podremos seguir disfrutando
de su natural goce de la Vida.

¿Se puede dudar de la íntima felicidad que provoca
en esta niña la lectura y la creación?



 



 



martes, 14 de abril de 2015

Desde otra libertad, nuestro querido Maestro uruguayo Eduardo Galeano seguirá enseñándonos a enseñar.


La piedra arde


En la comarca de Pueblo Niebla vivía un viejo solito y solo. El viejo hacía cestas de mimbre y zapatillas de cáñamo. Las regalaba a los vecinos y se ofendía si querían pagarle. Él se ganaba la vida como guardián de los huertos. El viejo había venido de un lugar muy lejano y nunca hablaba de su vida. Nadie se animaba a preguntarle: «¿Siempre fuiste tan viejo?», ni a preguntarle: «¿Siempre fuiste tan feo?». El viejo andaba encorvado y cojeaba de una pierna. Era muy blanco el poco pelo que le quedaba. Una cicatriz le atravesaba la mejilla. Tenía la nariz torcida y cuando se reía abría una ventana, porque le faltaban los dientes de arriba.

Una noche de otoño, un niño llamado Carasucia saltó la tapia de un huerto. Iba a robar manzanas. Carasucia no tuvo suerte. Cuando estaba por escapar, resbaló y quedó colgado de un clavo de la tapia. Las manzanas rodaron por el suelo. Carasucia cayó sobre un matorral lleno de espinas. Gritó.

El viejo guardián no le azotó el culo con ortigas. Tampoco lo denunció ante la madre. Un jirón de tela colgaba, como un rabo de oveja, del pantalón roto de Carasucia. El viejo guardián ni siquiera lo regañó. Meneó la cabeza, gruñó, le lavó los arañazos de los brazos y las piernas y acompañó a Carasucia hasta la puerta de su casa sin decir una palabra.

Pocos días después, Carasucia se perdió en el bosque. Caminaba y caminaba y por más que caminaba no podía encontrar la salida. El techo de árboles apenas dejaba ver el cielo. Carasucia marchaba enredándose en los ramajes y chapoteando en el barro, cuando vio una piedra brillante. La piedra brillaba aunque estaba cubierta de musgo y de barro. Muerto de cansancio, Carasucia se sentó en la piedra. O quiso sentarse, mejor dicho, porque no bien apoyó el trasero, pegó un salto y lanzó un grito de dolor. ¡Pobre Carasucia! Pocos días antes, había caído sobre las espinas del matorral. Ahora, se había sentado en el aguijón de una avispa. Pero no. No había ninguna avispa. La culpa era de la piedra, que quemaba como carbón encendido. Hecho una furia, Carasucia la pateó.

Cuando el zapato raspó la piedra, unas pequeñas letras aparecieron. La boca de Carasucia quedó como una O. Entonces Carasucia, que era un niño curioso, restregó la piedra con una rama. La piedra ardiente daba cada vez más luz mientras Carasucia le iba quitando el barro y el musgo. Por fin, Carasucia pudo leer estas palabras en la piedra desnuda: Joven serás, si eres viejito, partiéndome en pedacitos.

Carasucia, que no era viejito, pensó: «Si parto la piedra, ¿qué? Seré un bebé de pecho y no sabré caminar. ¿Y después? ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡Tendré que empezar la escuela de nuevo! ¡Al primer curso otra vez!». Y también pensó: « ¡Qué mala suerte! ¡Encuentro una piedra mágica y no me sirve para nada!».

Entonces recordó al viejo guardián del huerto, que había sido bueno con él y era bueno con todos los demás. ¡El viejo bailará como un trompo y saltará como una pulga y volará como un pájaro! ¡No volverá a toser! ¡Tendrá las piernas sanas y una cara sin tajos y una boca con todos los dientes!

Con tan asombroso descubrimiento, Carasucia había olvidado su situación. «Es muy tarde», descubrió de pronto, y sintió miedo. Para darse coraje, habló en voz alta. Al escuchar su propia voz, sintió menos miedo. Hablar en voz alta ayuda mucho cuando uno está perdido y solo y siente miedo. 
Carasucia dijo: 
—Ahora, tengo que volver. Y se preguntó: —Y después, ¿cómo haré para encontrar la piedra? Y se respondió: —Voy a dejar señales en el camino. 
Carasucia se sacó la camisa y la desgarró en tiritas. Exploró un camino de salida. Cada pocos pasos, iba dejando una tirita de tela colgada de los árboles. Caminaba a los tropezones y muy lentamente, porque el bosque estaba bastante oscuro y enemigo.

Pero ese camino no servía y Carasucia lo desanduvo y volvió a la piedra ardiente. Intentó otro camino, que tampoco servía. A Carasucia le temblaban las rodillas y él decía, en voz alta: 
—Fuera, miedo. 
Y como las piernas seguían temblando, gritaba: 
— ¡Fuera, miedo! ¡Fuera de aquí! 
Y entonces las piernas seguían temblando, pero solamente por el frío. Cuando Carasucia consiguió salir del bosque, ya había caído la noche. La luna le iluminó los pasos hasta su casa.

A la mañana siguiente, Carasucia bajó a los huertos. El viejo llevaba en una mano una olla llena de cal líquida y al hombro una escobilla de ramas. El viejo se detuvo y Carasucia le escuchó la respiración dificultosa. Carasucia contó lo de la piedra. El viejo le acarició la cabeza, bebió un chorro de vino de la bota de cuero y aceptó acompañar a Carasucia hasta los pantanos del bosque.

Siguiendo la ruta de las tiras de trapo, llegaron a la piedra. 
—¿Y? —preguntó Carasucia. 
El viejo miraba la piedra mágica, con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados. La piedra brillaba como un desafío. 
—¡Vamos, rómpela! —dijo Carasucia, tironeándole la ropa. Pero el viejo no se movía.

El viejo se apoyó contra el tronco de un árbol. Sacó tabaco de una bolsita.
 —¡Ah! —dijo Carasucia—. ¡Nos hemos olvidado el martillo! ¿Cómo vas a romper la piedra sin martillo? 
Muy de a poquito el viejo iba cargando la pipa, como si ése fuera un trabajo de siglos. 
—¿Quieres que vaya a buscar el martillo? —se ofreció Carasucia—. Ya conozco el camino y no me perderé. 
—No —dijo el viejo—. No quiero. —Pero... ¿No vas a romper la piedra? El viejo clavó una ramita seca contra la piedra candente. Esperó a que se encendiera y entonces la sopló y arrimó la brasa a la pipa.
 —Pero, pero... —Carasucia sintió que las lágrimas le saltaban a los ojos. Estaba furioso y gritó:
 —¿Para eso me quemé? ¿Para eso pasé tanto frío y tanto miedo?

El viejo echó una larga bocanada de humo. 
—Ven —dijo. Y apoyó una mano sobre el hombro de Carasucia. 
—Yo sé lo que piensas —dijo— y quiero explicarte. Soy viejo, aunque bastante menos viejo de lo que crees, y soy cojo y estoy desfigurado. Yo sé. Pero no me creas tonto, Carasucia. Tonto no soy. Y por primera vez en tantos años, el viejo dijo su historia. 
—Estos dientes no se cayeron solos. Me los arrancaron a golpes. Esta cicatriz que me corta la cara, no viene de un accidente. Los pulmones... La pierna... Rompí esta pierna cuando me escapé de la cárcel, porque era muy alto el muro y había vidrios abajo. Hay otras marcas, también, que no puedes ver. Marcas que tengo en el cuerpo y no solamente en el cuerpo y que nadie puede ver.

Los resplandores de la piedra candente iluminaban los altos pómulos de la cara del viejo y le ponían chispas en los ojos. 
—Si parto la piedra, estas marcas se borrarán. Pero estas marcas son mis documentos, ¿comprendes? Mis documentos de identidad. Me miro al espejo y digo: «Ése soy yo», y no siento lástima de mí. Yo luché mucho tiempo. La lucha por la libertad es una lucha de nunca acabar. Ahora hay otros que luchan, allá lejos, como yo he luchado. Mi tierra y mi gente no son libres todavía. ¿Comprendes? Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición. A través del bosque, caminaron de regreso a Pueblo Niebla. Iban tomados de la mano. El niño sentía que la mano del viejo era muy calentita.


"La muerte es mentira"- Eduardo Galeano


sábado, 4 de abril de 2015

El silencio también se fisura y al cabo de 33 años escapan al fin las palabras, esas “perras negras que se vengan como pueden”.



















La docente e investigadora cordobesa Alicia Panero debe de haber pasado rascando ese pétreo murallón del silencio durante mucho tiempo y con oriental paciencia. No hay más redituable virtud que la perseverancia. Y si la acompaña la certeza en la palabra, el efecto resulta insuperable. 

Como lo ha sido, sin duda: a raíz de sus recaudos, podemos hoy conocer los nombres y las vivencias de muchas mujeres que también padecieron los horrores de la Guerra de  Malvinas, y a las que, burdamente, la Dictadura amenazó quién sabe con cuántas estrategias (porque había que mantener en alto la moral de las Fuerzas y del Pueblo a toda costa, ¿no es cierto?).

¿Sabían ustedes que, entre ese personal femenino, fueron enviadas menores de 15 y 16 años, como voluntarias? 

De estas y otras miserias patriarcales, pero también de esos actos de tibieza humana propios del género, pueden enterarse l@s lectores ingresando a bubok.com.ar, donde podrán bajar un ejemplar de la obra en forma gratuita.

A Alicia Panero, el abrazo emocionado de quienes creemos en la fuerza imbatible de la imperfecta Palabra.