martes, 15 de julio de 2014

“No tengo fotos con Gardel. Pero cantó 23 tangos míos, que son como 23 fotos”.


















RUBÍ


Ven... No te vayas...
Qué apuro de ir saliendo.
Aquí el ambiente es tibio
y afuera está lloviendo.
Ya te he devuelto
tus cartas, tus retratos.
Charlemos otro rato
que pronto ya te irás.
Ya nada tuyo me queda al separarnos.
Es cruel la despedida
y triste el distanciarnos...
Hoy... Ven...
No lloremos,
que las lágrimas conmueven
y nada debe
detener tu decisión.

Rubí... acuérdate de mí.
No imploro tu perdón,
mas de tu corazón no me arrojes
Rubí... ¿Adónde irás sin mí?
¡Cuando no estés conmigo,
quién podrá quererte así!
Rubí... En este instante gris,
un último dolor
me causará tu adiós.
Después, la noche,
con su frío y con su iluvia
pondrá su broche sobre mi corazón.

Vas a dejarme... Sin duda, sufriremos.
Con nuestros sinsabores
por senda aparte, iremos...
No has de olvidarme por más que no te vea.
Yo viviré en tu idea
y tú en mi corazón...
Ven, que la lluvia, afuera, no ha cesado...
La noche es cruel y fría
¡No salgas de mi lado!... ¡Amor!
Borremos todo, amada mía, que esta escena
ha sido sólo un episodio sin valor.


Enrique Cadícamo


15 de julio de 1900- Argentina
Poeta, letrista, dramaturgo, guionista.
























lunes, 14 de julio de 2014

"A escribir se aprende escribiendo"








Talleres

a Distancia




y

Presenciales


de 
motivación
a la escritura creativa




* Para quienes confían en su espontaneidad

* Para quienes desean escribir pero ignoran 
si pueden concretarlo

* Para quienes buscan ser sorprendidos 
por propuestas inimaginables

* Para quienes rechazan la teoría previa
(pero la reclaman en la devolución)

* Para quienes buscan sólo entretenimiento

* Para quienes no tienen demasiado tiempo pero no renuncian 
a la tentación de crear 

* Para quienes tienen un presupuesto
muy, pero muy limitado

Porque...  “a escribir se aprende escribiendo”
- dice Simone de Beauvoir-

consultá sobre metodología y costos en:

098 466 781

Centro de Formación Humanística
PERRAS NEGRAS

sábado, 12 de julio de 2014

...”necesitan aunque sea no más que un solo verso...”- Pablo Neruda


12 de julio de 1904- Chile





LA POESÍA


...Cuánta obra de arte... Ya no caben en el mundo... Hay que colgarlas fuera de las habitaciones...
Cuánto libro... Cuánto librito... Quién es capaz de leerlos? ... Si fueran comestibles... Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada, los picáramos, los aliñáramos... Ya no se puede más... Nos tienen hasta la coronilla... Se ahoga el mundo en la marea...

Reverdy me decía: "Avisé al correo que no me los mandara. No podía abrirlos. No tenía sitio. Trepaban por los muros, temí una catástrofe, se desplomarían sobre mi cabeza"...

Todos conocen a Eliot... Antes de ser pintor, de dirigir teatros, de escribir luminosas críticas, leía mis versos... Yo me sentía halagado... Nadie los comprendía mejor... Hasta que un día comenzó a leerme los suyos y yo, egoísticamente, corrí protestando: "No me los lea, no me los lea"... Me encerré en el baño, pero Eliot, a través de la puerta, me los leía... Me sentí muy triste...

El poeta Frazer, de Escocia, estaba presente... Me increpó: "Por qué tratas así a Eliot?"... Le respondí: "No quiero perder mi lector. Lo he cultivado. Ha conocido hasta las arrugas de mi poesía... Tiene tanto talento... Puede hacer cuadros... Puede escribir ensayos... Pero quiero guardar este lector, conservarlo, regarlo como planta exótica... Tú me comprendes, Frazer"... Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas... Cada uno sacará su plaquette y la meterá en el bolsillo del otro... su poema... y lo dejará en el plato del otro... Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey... eso sí valía la pena... O a pleno sol, la poesía en una plaza... O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud... Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, frente a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso...

La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector... Tiene que recobrarlo... Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso... Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido... Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque... y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros... Sólo entonces seremos verdaderamente poetas... En ese objeto vivirá la poesía...


De: Confieso que he vivido




... “las horas que limando están los días, los días que royendo están los años...”- Luis De Góngora

11 de julio de 1561- España


De la ambición humana



Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo que la llama el Fénix aún le niega,
quiere obstinada que a sus alas guarde:

pues en su daño arrepentida tarde,
del esplendor solicitada, llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo que arde.

¡Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja breve,
suma felicidad a yerro sumo!

No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo, si cuanto más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.




Estatuas vegetales en expansión por el mundo

























viernes, 11 de julio de 2014

Marinos que también saben navegar en lápices

Frederick Marryat
10 de julio de 1792- Inglaterra
Pionero en la novelística
de temática marinera.
Fue admirado por
Ernest Hemingway y Joseph Conrad.
Amigo entrañable de Charles Dickens.

jueves, 10 de julio de 2014

“El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discernir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido”- Marcel Proust

10 de julio de 1871- Francia
Escritor, crítico, traductor

















Chopin


Chopin, mar de suspiros, de quejas, de sollozos
que mariposas cruzan en un vuelo sin tregua
jugando en la tristeza o danzando en la ola.
Sueñe, ame, sufra, grite o calle, encante, meza,
entre cada dolor siempre interpones
el raudo y dulce olvido de tu juego
como de flor en flor las mariposas vuelan.
Cómplice tu alegría de tu pena.
A raudal más gozoso, mayor la sed de lágrimas.
Pálido y dulce hermano de la luna y del mar,
príncipe del dolor, gran señor traicionado:
te exaltas todavía, más bello cuanto más pálido,
ante ese sol que inunda tu habitación de enfermo
que llora de sonreírle y que sufre de verle:
¡ sonrisa de pesar, lágrimas de esperanza !



De:zumo-de-poesia.blogspot.com


CONTEMPLO A MENUDO EL CIELO DE MI MEMORIA


Todo lo borra el tiempo como las olas borran
Los trabajos infantiles sobre la allanada arena
Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,
Tras las que el infinito sentimos cada uno.
#
Todo lo borra todo el tiempo mas no apaga los ojos
Sean de ópalo, de estrella o de agua clara;
Bellos como en el cielo o en un lapidario
Para nosotros arderán con fuego alegre o triste.
#
Unos, joyas robadas de su vivo joyero,
A mi corazón lanzarán sus duros reflejos de piedra
Igual que un día en que engastados, sellados en el párpado,
Brillaban con un fulgor precioso y frustrante.
#
Otros, dulces fuegos robados también por Prometeo,
Chispa de amor que brillaba en sus ojos
Y que para nuestro amado tormento hemos llevado,
claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.
#
Constelad por siempre el cielo de mi memoria
Inextinguibles ojos de aquellas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas,
Como una noche de mayo brillará mi corazón.
#
Borra como una bruma el olvido los rostros,
Los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
Por quien locos estuvimos, por quienes fuimos sensatos,
Fascinación del error y símbolos de fe.
#
Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
Mis dos manos en su cuello como la nieve virgen
Sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
Mientras sobre nosotros sus incensarios la primavera agita.
#
Otros, los ojos sin embargo de una mujer alegre,
Así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, de las tardes misterio,
Entre esas mágicas cejas estaba su alma toda.
#
Y su corazón era vano como una mirada alegre.
Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,
Nos extraviaban hacia el alma en sus ojos hundida
Como en esas tardes marinas a que lo ignoto nos empuja.
#
Sobre tus claras aguas navegábamos, mar de los ojos.
Henchía el deseo nuestras tan remendadas velas.
Y las tempestades pasadas olvidando, partíamos
Sobre las miradas para descubrir las almas.
#
Tantas miradas diversas, las almas tan parejas,
Qué decepción para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.
Habríamos debido quedarnos a dormir bajo la pérgola.
Pero os habríais marchado igual de haberlo sabido todo.
#
Para tener en el corazón estos prometedores ojos
Como un mar de atardecida que sueña con el sol
Inútiles gestas habéis realizado
Para alcanzar el país soñado que, bermejo,
#
De éxtasis gemía más allá de las verdaderas aguas
Bajo el arca sacrosanta de una nube que creíamos profética,
Pero es dulce tener para un sueño estas heridas,
Y vuestro recuerdo como una fiesta fulge.
***
En mi cabeza tuve un achacoso pájaro extraño
Que mejor cantaba que las fuentes, que los bosques
—Cuyas solemnes voces sin embargo amábamos —,
Pájaro melancólico y a veces risueño.
#
Debía tenerlo por su fragilidad bien cerrado
Contra el frío y el aire sucio y lluvioso de las ciudades.
Entre flores junto al fuego rutilante se quedaba
Cuando el invierno desplegaba sus desolados escenarios.
#
Pero, ¡ay!, abrí demasiado la ventana y la puerta,
Buscando la acción, el placer, palabras oscuras:
Alguien había entrado, mortal a sus ojos puros.
¿Quién, pues, había entrado? El amado animal murió.
#
¿Quién era el pájaro? ¿Qué celeste llama
Se apagó, me abandonó por el sol?
Algunas veces, despertando sobresaltado del sueño
Que es nuestra vida, me digo: «Era mi alma».
#
El pájaro sagrado es nuestro poeta, nuestra alma
El alma es poesía. ¡El pájaro, ay, enmudeció!
Sonámbulos lamentos acariciados o heridos
¿Hacia qué meta corremos olvidando nuestra alma?
***


De: http://www.ieturolenses.org/revista_turia






El erotismo de un modernista

9 de julio de 1877- Méjico
Escritor y diplomático.


El vampiro



Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos
Por tus candidas formas como un río,
Y esparzo en su raudal crespo y sombrío
Las rosas encendidas de mis besos.
En tanto que descojo los espesos
Anillos, siento el roce leve y frío
De tu mano, y un largo calosfrío
Me recorre y penetra hasta los huesos.
Tus pupilas caóticas y hurañas
Destellan cuando escuchan el suspiro
Que sale desgarrando mis entrañas,
Y mientras yo agonizo, tú, sedienta,
Finges un negro y pertinaz vampiro
Que de mi ardiente sangre se sustenta.




Claro de luna



Como un cisne espectral, la luna blanca
En el espacio transparente riela,
Y en el follaje espeso, filomela
Melifluas notas de su buche arranca.
Brilla en el fondo obscuro de la banca
Tu peinador de vaporosa tela,
Y por las frondas de satín se cuela
O en los claros la nivea luz se estanca.
Después de recorrer el mármol frío
De tu pulida tez, toco una rosa
Que se abre mojada de rocío;
Todo enmudece, y al sentir el grato
Calor de tus caricias, mi ardorosa
Virilidad se enarca como un gato.



La tentación de san Antonio



Es en vano que more en el desierto
El demacrado y hosco cenobita,
Porque no se ha calmado la infinita
Ansia de amar ni el apetito ha muerto.
Del obscuro capuz surge un incierto
Perfil que tiene albor de margarita,
Una boca encarnada y exquisita,
Una crencha olorosa como un huerto.
Ante la aparición blanca y risueña,
Se estremece su carne con ardores
Febriles bajo el sayo de estameña,
Y piensa con el alma dolorida,
Que en lugar de un edén de aves y flores,
Es un inmenso páramo la vida.


De: http://www.materialdelectura.unam.mx


El Beso de Safo


Más pulidos que el mármol transparente,
más blancos que los blancos vellocinos,
se anudan los dos cuerpos femeninos
en un grupo escultórico y ardiente.

Ancas de cebra, escorzos de serpiente,
combas rotundas, senos colombinos,
una lumbre los labios purpurinos,
y las dos cabelleras un torrente.

en el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,

y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.


De: LaMaquinadelTiempo.com




Dice Xavier Villaurrutia de Efrén Rebolledo:

“No creo que sea un gran poeta.” Sin embargo, la pasión amorosa de sus versos, quizá el rasgo que mejor identifica, con el paso del tiempo, la poesía del autor de Cuarzos, es la que lo diferencia de otros autores “que no lograron vencer el gusto de un parnaso superficial”. Así que Villaurrutia se siente obligado a matizar su juicio: “Tratar de presentar aislada en lo posible la nota erótica de Efrén Rebolledo, aislar esta cualidad personal y valiosa, equivale a ejercer un acto de justicia con un poeta digno de atención y memoria.” Luego de un siglo, la poesía de Rebolledo va desapareciendo lenta pero inequívocamente en la preferencia de los lectores del género; prevalece, pues, el dictamen de Xavier Villaurrutia, si bien es reconocible, como anota José Emilio Pacheco, que se trata de un poeta más discreto y osado que Díaz Mirón, pues “se aparta del pudor literario mexicano y lleva el erotismo a un punto cercano a la libertad con que se tratan hoy estos temas”.


No es el suyo, en todo caso, un erotismo convencional. En su Celebración del modernismo, Saúl Yurkievich entiende que, entre las numerosas deudas que la poesía del siglo XX debe a tal movimiento, una no menor es que con los modernistas “la sexualidad aflora al desnudo y se la dice sin eufemismos”. En Rebolledo es muy claro que se trata de un impulso genuino y en cierto modo supletorio de las altas cuotas de afrancesamiento y evasión que hay en la obra de sus contemporáneos –y aun en la suya.

De: http://ellaberintodelverdugo.blogspot.com


miércoles, 9 de julio de 2014

“A los estudiantes, las prostitutas, los miles de la calle...”- Vladimir Maiakovski


9 de julio de 1893- Rusia
Poeta, dramaturgo, actor, guionista, pintor, militante.
Uno de los fundadores del Futurismo ruso.

Yo
me arrancaré el alma,
la aplastaré
para ensancharla
y, sangrante, os la daré por bandera.


Maiakovski: “La revolución es mía”

Vladimir Maiakovski ha sido recordado desde siempre como el poeta de la Revolución de Octubre. Sus propios enemigos, los burócratas, lo han llamado así. Su trágica muerte es el punto de inflexión simbólico para una revolución que, después del suicidio del poeta, se transformó en un engendro ajeno a las ideas socialistas que tanto defendió.

¿Quién es ese hombre de camisa amarilla que emerge de la muchedumbre a viva voz, mientras la tormenta oscurece la tarde? ¿De quién es ese vozarrón que alcanza como un látigo interminable hasta al último de los obreros agolpados en la puerta de una fábrica de Moscú? ¿Quién es ese joven que se deshace en gritos, y gesticula, y se quema de furia, y ataca, y muerde, y sangra en la puerta de una fábrica? ¿De quién son esos versos, salvajes, brutales, grotescos, que estallan en mil pedazos en los ojos de los obreros, que resuenan con un eco infatigable hasta en la última callejuela de Moscú? “Oíd, todos,/ hasta los más inútiles,/ deben vivir;/ imposible,/ es imposible enterrar a los vivos/ en tumbas de trincheras y refugios:/ ¡asesinos!/ Y él,/ el hombre,/ el justo en el que creo vendrá,/ creedlo,/ creedme”, grita y gesticula, y las venas del cuello parecen partirse, y sus manos escriben las palabras en el cielo nublado. La muchedumbre de trabajadores lo escucha, algunos se burlan, otros aplauden emocionados, de atrás lo insultan, pero nadie lo ignora.

¿Quién demonios es ese hombre de camisa amarilla que escupe versos en la puerta de una fábrica, una fría tarde de noviembre de 1915? ¿Quién es? Un pequeño grupo de extravagantes personajes toma por asalto las calles de Moscú en el verano de 1913. Su aspecto es ridículo, pero llaman la atención: marchan en fila, prolijamente, serios y en silencio, con los rostros pintados con dibujos, cada uno con un cucharón de madera en la mano. Cuando se detienen en una esquina, el peor vestido de aquellos, el más humilde, el de camisa amarilla, abre sus brazos y grita:

“Qué puede importarme Fausto/ deslizándose con Mefistófeles por los andamiajes celestes./ Sé que un clavo en mi zapato/ es más espeluznante que la imaginación de Goethe./ Los poetas, los obreros los estudiantes, las prostitutas,/ son a los que debemos escuchar y comprender”.

La gente se indigna, los insulta, se ríen de ellos. Pero algunos preguntan, están intrigados por aquellas delirantes figuras que recorren las calles caminando con versos en la boca y sin rubores. “Son los futuristas”, explica un avisado del fondo. “¿Y quién es ése que se viste como un campesino?”, pregunta otro de más allá. Pero nadie responde.

La revolución estalla, por fin, en los ojos de la vieja Rusia. Moscú es un vendaval, discursos, ejércitos, fuego, hambre, gritos, muertos, obreros, campesinos, todo comienza a reventar con la furia de cien años de sometimiento. Los poetas salen a la calle se cruzan con sus soldados y con los obreros, y hablan y se dicen futuro, anuncian el socialismo en los bares, y saludan a Lenin desde la muchedumbre anónima.

Una sombra de camisa amarilla resalta con sus gritos, y escribe con sangre en una revista: “Habéis disparado contra los guardias blancos,/ pero ¿y Rafael?/ ¿Por qué os olvidáis de Rafael?/ Ya es tiempo de que las balas de nuestros cañones/ derriben los muros de los museos./ Fuego contra las antiguallas veneradas como iconos./ Sembrad la muerte/ en el campo enemigo [...]/ Habéis disparado contra los guardias blancos./ ¿Y por qué no hacerlo también contra Pushkin/ y los otros generales clásicos?”. Anatoli Lunatcharski, el primer el primer Comisario de Instrucción Pública de la Revolución, se sorprende por las expresiones del poeta futurista, lo comprende, pero lo advierte “Resulta más fácil destruir una vieja cultura que edificar una nueva. Los obreros no han tenido todavía ocasión de conocer eso que vosotros llamáis cultura clásica, y si la destruimos, es posible que un día pudieran muy bien pedirnos cuentas por ello”.

El poeta reconoce su exceso, y opina años después: “Un camarada dice que reniego absolutamente de los clásicos. Nunca me he interesado por semejante tontería. (...) Digo solamente que no existen clásicos que estén en la vanguardia de todas las edades. Estúdienlos, ámenlos en la época en que han trabajado. Pero que no vengan con su enorme trasero de bronce a obstaculizar el camino a los jóvenes poetas que hoy se están abriendo paso”.

Los burócratas se ríen de los burócratas. “Los baños” es el nombre de la obra en cuestión, el autor es un viejo conocido. En el Teatro de la Casa del Pueblo de Leningrado se estrena la obra ante una indiferencia sospechosa. En el escenario, todo se mezcla: figuras circenses, fuegos artificiales, marionetas, máquinas, fantasías futuristas, burócratas ridículos, obreros sometidos, todo. “El público acogió la obra con una mortal frialdad. Yo no recuerdo haber oído reír a un solo espectador ni haber escuchado un solo aplauso. Nunca he asistido a un fracaso tan estrepitoso”, dice un periodista de la época. Los enemigos del poeta se lanzan a la rapiña: otra vez, como siempre, aducen que ese teatro no es para las masas, que los proletarios no comprenden: “Esto no es para las masas. Los obreros y los campesinos no pueden comprenderlo y es mejor que no lo comprendan. No debemos perder el tiempo en explicárselo”, señalan, y el poeta arde de furia por aquel viejo argumento que siempre lo persigue, implacable. El poeta habla de sensibilidad, protesta por lo que tratan como estúpidos a los obreros.

El poeta habla de propaganda para la revolución, consulta sus guiones con el chofer de un funcionario, con los obreros en la fábrica, para ver si lo comprenden, si sienten la verdad de aquella puesta en escena. El realismo socialista es más fácil para las masas (“ese arte elaborado por funcionaros con pluma obligados por funcionarios con pistola”, explica Trotski), ésa es su herramienta, ésa es la herramienta de la revolución, le dicen. Pero el poeta se enfurece e insulta. Y crea, pero está cansado de batallar y siente que su revolución se desvanece en las grises oficinas de sus personajes. (...)

Hugo Montero

De: http://www.revistasudestada.com.ar