domingo, 3 de mayo de 2015

"El amor y la vida son hoy sindicalistas"- Manuel Maples Arce

Veracruz, Méjico
Poeta, abogado, diplomático.
Fundador del Estridentismo.







































A los obreros de México



I

He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad.

Oh ciudad toda tensa
de cables y de esfuerzos,
sonora toda
de motores y de alas.

Explosión simultánea
de las nuevas teorías,
un poco más allá.
En el plano espacial
De Wirman y de Turner
y un poco más acá
de Maples Arce.

Los pulmones de Rusia
soplan hacia nosotros
el viento de la revolución social.
Los asalta braguetas literarios
nada comprenderán
de esta nueva belleza
sudorosa del siglo,
y las lunas
maduras
que cayeron,
son esta podredumbre
que nos llega
de las atarjeas intelectuales.

He aquí mi poema:
Oh ciudad fuerte
y múltiple,
hecha toda de hierro y de acero.

Los muelles. Las dársenas.
las grúas.

Y la fiebre sexual
de las fábricas.

Vrbe:
Escoltas de tranvías
que recorren las calles subversistas.
Los escaparates asaltan las aceras,
y el sol, saquea Ias avenidas.
Al márgen de los días
tarifados de postes telefónicos
desfilan paisajes momentáneos
por sistemas de tubos ascensores.

Súbitamente,
oh el fogonazo
verde de sus ojos.
Bajo las persianas ingenuas de la hora
pasan los barallones rojos.
El romanticismo caníbal de la música yanke
ha ido haciendo sus nidos en los mástiles.

Oh ciudad internacional.
¿hacia qué remoto meridiano
cortó aquel trasatlántico?
Yo siento que se aleja todo.
Los crepúsculos ajados
flotan entre la mampostería del panorama.
Trenes espectrales que van
hacia allá
lejos, jadeantes de civilizaciones.
La multitud desencajada
chapotea musicalmente en las calles.

Y ahora, los burgueses ladrones, se echarán a temblar
por los caudales
que robaron al pueblo,
pero alguien ocultó bajo sus sueños
el pentagrama espiritual del explosivo.

He aquí mi poema;
Gallardetes de hurras al viento,
cabelleras incendiadas
y mañanas cautivas en los ojos.

Oh ciudad
musical
hecha roda de ritmos mecánicos.

Mañana, quizás.
sólo la lumbre viva de mis versos
alumbrará los horizontes humillados.




De: http://www.bifurcaciones.cl

Caligrama de Diego Rivera, quien adhirió con gusto al Estridentismo.

viernes, 1 de mayo de 2015

“Lo que sí estremece es la desdicha de la leal Nina Van Zandt... que llevó a su reja día sobre día el consuelo de su amor, libros y flores”- José Martí


















Nina Van Zandt, rica heredera, se enamoró de Spies a los pocos días de sentarse éste en el banquillo de los acusados, y posteriormente se casó con él por poderes, sin tener más consuelo que verle detrás de los barrotes de su celda. Eda Muller es otra joven, hermosa y elegante, que se enamoró de Lingg, el más gallardo de todos los prisioneros.

He aquí el prefacio que Nina Van Zandt, ha puesto a la autobiografía de Spies:

En las páginas que siguen presento un croquis autobiográfico de Augusto Spies, incluyendo su discurso ante el tribunal y una colección de notas y cartas que me dirigió referentes a su prisión. Al publicar estos escritos, sólo me guía el deseo de proporcionar a mis conciudadanos de América los medios para que empiecen a enterarse de la vida, del carácter y de las aspiraciones de un hombre que, en unión de otros, ha ocupado suma atención durante los últimos nueve meses. Cuando hayan leido este folleto podrán formarse opinión exacta de un hombre que ha sido injustamente vilipendiado por la prensa capitalista, y cuya ejecución, así como la de sus compañeros, constituye una de las venganzas más odiosas de los buitres sociales que jamás haya registrado la historia.

Yo no conocía a ninguno de los acusados, cuando, durante la comedia llamada juicio, entré en la sala de sesiones. No tenía acerca de los presos más noticias que las que traían los diarios; así es que esperaba ver a unos hombres estúpidos, viciosos y de aspecto patibulario. ¡Cuál no fue mi sorpresa al ver que, lejos de corresponder a esta descripción, eran inteligentes, bondadosos y de aspecto simpático! Empecé a interesarme y comprendí muy pronto que los señores del tribunal, la policía y los agentes de seguridad procuraban que fuesen condenados aquellos hombres no por haber cometido crimen alguno, pero sí por haber tenido participación en el movimiento socialista.

Presa de un sentimiento de horror ante lo que estaba viendo y oyendo, pero animada también por un sentimiento de justicia, resolví colocarme en el sitio de los acusados. Deseosa de mostrarles mis simpatías y de ver en que podía ser útil a esos desventurados, me dirigí, acompañada de mi madre, a la cárcel sombria donde estaban pasando los calurosos meses de verano. Entonces empezaron mis relaciones con Augusto Spies, relaciones que continuaron durante los meses siguientes.

Todas las personas imparciales deben desear que ambas partes sean oídas antes de que pronuncie su fallo la pública opinión. Pues bien; sólo ha sido oída una de las partes, ya que los periódicos se han negado a publicar artículos rectificando muchas de las afirmaciones vertidas en sus columnas. Al presentar este folleto a mis compatriotas abrigo la firme convicción de que harán justicia a los hechos y a las personas. Faltame añadir que sólo cediendo a los ruegos de sus amigos y a los mios ha autorizado Spies la publicación de su autobiografía.

Nina Van Zandt.

P.D.: Mi simpatía por los acusados hizo germinar en mi corazón un principio de amor por Mr. Spies, y poco después sentía por él una intensa pasión. Como amiga encontraba mil obstáculos a mis visitas; para salvarlos resolvimos que yo declararía ser su novia. Pero pronto supe que sólo las esposas tenían el derecho de ver a sus maridos fuera de los días reglamentarios, y por otra parte nos anunciaron que renunciáramos a vernos en distintos horarios de los marcados en el reglamento. Entonces comprendí que se trataba de privar de mis socorros
y de mi compañía a los prisioneros y a mi novio, por cuya pérdida se interesaban muchos; desde entonces Spies y yo resolvimos ser marido y mujer ante la ley. Mis padres no se opusieron a mi casamiento que vino a ser, por lo tanto, un asunto que sólo a dos personas afectaba. Pero una cuadrilla de periodistas, valientes bandidos algunos de ellos, se enfurecieron y me insultaron cuando nuestro casamiento fue del dominio público. Aunque hubiese cometido el crimen más horrendo, esos cumplidos caballeros no me hubieran maltratado como lo han hecho. Si yo fuera una niña pobre y extranjera no hubieran dicho una palabra. Pero soy una joven americana, de familia rica y distinguida, que ha seguido los impulsos de su corazón, y por eso soy una loca que tengo la cabeza trastornada por las novelas.
Si me hubiese casado con un viejo vicioso e inválido, pero poseedor de grandes riquezas, esos moralistas me hubieran colmado de alabanzas y muchos de mis hermanos en Jesucristo dirían a sus hijas: Tomadla por ejemplo. He aquí una joven sensible.
Yo prefiero la censura de esa sociedad moral que no puede comprender un verdadero amor, duplicado por la mancomunidad de ideas y por la desgracia. En cambio me enorgullezco de mis nuevos amigos, que son las personas capaces de apreciar un amor puro y desinteresado.

Nina Van Zandt.

En: Crónica de José Martí
De: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/martires_chicago/14.html

Augusto Spies y Nina Van Zandt





martes, 28 de abril de 2015

Por Freddie Gray, “un negro océano, amplio e inquieto”.

Y aún así, me levanto


“Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.
¿Mi descaro te molesta?
¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa…
Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.
¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.
¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.
Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.
¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?
De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.”


Maya Angelou


De: http://mujerciclica.com


Un dedo ebrio de autoridad jamás podrá detener
la lúcida fuerza de un océano.

“El mercantilismo ha osado usar como tablones de anuncio hasta los umbrales de nuestra conciencia”- Karl Kraus

28 de abril de 1874- Austria
Escritor y periodista


Uno no pregunta



Uno no pregunta qué hice todo el tiempo.

Permanezco mudo;

y no dice, por qué.

Y desde que la tierra chocó hay silencio.

Ninguna palabra que afecte;

Uno sólo habla desde el sueño.

Y soñó con un sol que rió.

Pasa;

todo fue lo mismo.

La palabra se durmió mientras ese mundo despertaba.


De: http://circulodepoesia.com




viernes, 24 de abril de 2015

“Tocar al niño es tocar el punto más delicado y vital... donde se hallan encerrados los secretos del alma” - María Montessori


¡Hola! Me llamo Verónica, tengo 11 años y asisto a 6º año de la escuela Nueva Generación. Me encantan los deportes y la música, pero mucho más leer y escribir. La poesía, las leyendas y los cuentos de terror me apasionan.
Mi escritora favorita es Helen Velando.
Yo escribo cuentos para niños. 


Color Pez



Un niño escuchaba los cuentos de su abuela.
Un día de mucho calor el niño le pidió que le contara un cuento nuevo y su abuela comenzó la historia:

Dos niños jugaban a la rayuela y cuando se pusieron a jugar al tutti-fruti uno de ellos gritó:
-¡Color pez!
Pero el otro niño le dijo:
- No existe ese color.
-¡Ah! ¿No? Entonces vamos a la playa y cuando lleguemos vas a ver que el color pez sí existe.

El niño estaba sorprendido por la reacción de su amigo y cuando miró a su alrededor no había nadie, su amigo ya se había ido corriendo hacia la playa y para cuando él llegó, el otro estaba sentado a la orilla del agua.

Se acercó y vio que su amigo jugaba con algo invisible. Así que se sentó y le dijo:
- ¿Qué es eso?

El otro se paró, lo miró y  sacó algo del agua.

Lo que apareció lo dejó atónito. Su amigo había sacado un pez, pero no un pez cualquiera, un pez enorme y de una mezcla de colores hermosos que nunca había visto.

De pronto su amigo dijo:
– Ese es el color pez.

Desde entonces todos los días se levantan bien temprano y se juntan en la playa para jugar y admirar el color pez.

Verónica Benavídez
Desde el verano integra el Taller de Niñ@s
del Centro de Formación Humanística Perras Negras.
Pronto podremos seguir disfrutando
de su natural goce de la Vida.

¿Se puede dudar de la íntima felicidad que provoca
en esta niña la lectura y la creación?



 



 



martes, 14 de abril de 2015

Desde otra libertad, nuestro querido Maestro uruguayo Eduardo Galeano seguirá enseñándonos a enseñar.


La piedra arde


En la comarca de Pueblo Niebla vivía un viejo solito y solo. El viejo hacía cestas de mimbre y zapatillas de cáñamo. Las regalaba a los vecinos y se ofendía si querían pagarle. Él se ganaba la vida como guardián de los huertos. El viejo había venido de un lugar muy lejano y nunca hablaba de su vida. Nadie se animaba a preguntarle: «¿Siempre fuiste tan viejo?», ni a preguntarle: «¿Siempre fuiste tan feo?». El viejo andaba encorvado y cojeaba de una pierna. Era muy blanco el poco pelo que le quedaba. Una cicatriz le atravesaba la mejilla. Tenía la nariz torcida y cuando se reía abría una ventana, porque le faltaban los dientes de arriba.

Una noche de otoño, un niño llamado Carasucia saltó la tapia de un huerto. Iba a robar manzanas. Carasucia no tuvo suerte. Cuando estaba por escapar, resbaló y quedó colgado de un clavo de la tapia. Las manzanas rodaron por el suelo. Carasucia cayó sobre un matorral lleno de espinas. Gritó.

El viejo guardián no le azotó el culo con ortigas. Tampoco lo denunció ante la madre. Un jirón de tela colgaba, como un rabo de oveja, del pantalón roto de Carasucia. El viejo guardián ni siquiera lo regañó. Meneó la cabeza, gruñó, le lavó los arañazos de los brazos y las piernas y acompañó a Carasucia hasta la puerta de su casa sin decir una palabra.

Pocos días después, Carasucia se perdió en el bosque. Caminaba y caminaba y por más que caminaba no podía encontrar la salida. El techo de árboles apenas dejaba ver el cielo. Carasucia marchaba enredándose en los ramajes y chapoteando en el barro, cuando vio una piedra brillante. La piedra brillaba aunque estaba cubierta de musgo y de barro. Muerto de cansancio, Carasucia se sentó en la piedra. O quiso sentarse, mejor dicho, porque no bien apoyó el trasero, pegó un salto y lanzó un grito de dolor. ¡Pobre Carasucia! Pocos días antes, había caído sobre las espinas del matorral. Ahora, se había sentado en el aguijón de una avispa. Pero no. No había ninguna avispa. La culpa era de la piedra, que quemaba como carbón encendido. Hecho una furia, Carasucia la pateó.

Cuando el zapato raspó la piedra, unas pequeñas letras aparecieron. La boca de Carasucia quedó como una O. Entonces Carasucia, que era un niño curioso, restregó la piedra con una rama. La piedra ardiente daba cada vez más luz mientras Carasucia le iba quitando el barro y el musgo. Por fin, Carasucia pudo leer estas palabras en la piedra desnuda: Joven serás, si eres viejito, partiéndome en pedacitos.

Carasucia, que no era viejito, pensó: «Si parto la piedra, ¿qué? Seré un bebé de pecho y no sabré caminar. ¿Y después? ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡Tendré que empezar la escuela de nuevo! ¡Al primer curso otra vez!». Y también pensó: « ¡Qué mala suerte! ¡Encuentro una piedra mágica y no me sirve para nada!».

Entonces recordó al viejo guardián del huerto, que había sido bueno con él y era bueno con todos los demás. ¡El viejo bailará como un trompo y saltará como una pulga y volará como un pájaro! ¡No volverá a toser! ¡Tendrá las piernas sanas y una cara sin tajos y una boca con todos los dientes!

Con tan asombroso descubrimiento, Carasucia había olvidado su situación. «Es muy tarde», descubrió de pronto, y sintió miedo. Para darse coraje, habló en voz alta. Al escuchar su propia voz, sintió menos miedo. Hablar en voz alta ayuda mucho cuando uno está perdido y solo y siente miedo. 
Carasucia dijo: 
—Ahora, tengo que volver. Y se preguntó: —Y después, ¿cómo haré para encontrar la piedra? Y se respondió: —Voy a dejar señales en el camino. 
Carasucia se sacó la camisa y la desgarró en tiritas. Exploró un camino de salida. Cada pocos pasos, iba dejando una tirita de tela colgada de los árboles. Caminaba a los tropezones y muy lentamente, porque el bosque estaba bastante oscuro y enemigo.

Pero ese camino no servía y Carasucia lo desanduvo y volvió a la piedra ardiente. Intentó otro camino, que tampoco servía. A Carasucia le temblaban las rodillas y él decía, en voz alta: 
—Fuera, miedo. 
Y como las piernas seguían temblando, gritaba: 
— ¡Fuera, miedo! ¡Fuera de aquí! 
Y entonces las piernas seguían temblando, pero solamente por el frío. Cuando Carasucia consiguió salir del bosque, ya había caído la noche. La luna le iluminó los pasos hasta su casa.

A la mañana siguiente, Carasucia bajó a los huertos. El viejo llevaba en una mano una olla llena de cal líquida y al hombro una escobilla de ramas. El viejo se detuvo y Carasucia le escuchó la respiración dificultosa. Carasucia contó lo de la piedra. El viejo le acarició la cabeza, bebió un chorro de vino de la bota de cuero y aceptó acompañar a Carasucia hasta los pantanos del bosque.

Siguiendo la ruta de las tiras de trapo, llegaron a la piedra. 
—¿Y? —preguntó Carasucia. 
El viejo miraba la piedra mágica, con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados. La piedra brillaba como un desafío. 
—¡Vamos, rómpela! —dijo Carasucia, tironeándole la ropa. Pero el viejo no se movía.

El viejo se apoyó contra el tronco de un árbol. Sacó tabaco de una bolsita.
 —¡Ah! —dijo Carasucia—. ¡Nos hemos olvidado el martillo! ¿Cómo vas a romper la piedra sin martillo? 
Muy de a poquito el viejo iba cargando la pipa, como si ése fuera un trabajo de siglos. 
—¿Quieres que vaya a buscar el martillo? —se ofreció Carasucia—. Ya conozco el camino y no me perderé. 
—No —dijo el viejo—. No quiero. —Pero... ¿No vas a romper la piedra? El viejo clavó una ramita seca contra la piedra candente. Esperó a que se encendiera y entonces la sopló y arrimó la brasa a la pipa.
 —Pero, pero... —Carasucia sintió que las lágrimas le saltaban a los ojos. Estaba furioso y gritó:
 —¿Para eso me quemé? ¿Para eso pasé tanto frío y tanto miedo?

El viejo echó una larga bocanada de humo. 
—Ven —dijo. Y apoyó una mano sobre el hombro de Carasucia. 
—Yo sé lo que piensas —dijo— y quiero explicarte. Soy viejo, aunque bastante menos viejo de lo que crees, y soy cojo y estoy desfigurado. Yo sé. Pero no me creas tonto, Carasucia. Tonto no soy. Y por primera vez en tantos años, el viejo dijo su historia. 
—Estos dientes no se cayeron solos. Me los arrancaron a golpes. Esta cicatriz que me corta la cara, no viene de un accidente. Los pulmones... La pierna... Rompí esta pierna cuando me escapé de la cárcel, porque era muy alto el muro y había vidrios abajo. Hay otras marcas, también, que no puedes ver. Marcas que tengo en el cuerpo y no solamente en el cuerpo y que nadie puede ver.

Los resplandores de la piedra candente iluminaban los altos pómulos de la cara del viejo y le ponían chispas en los ojos. 
—Si parto la piedra, estas marcas se borrarán. Pero estas marcas son mis documentos, ¿comprendes? Mis documentos de identidad. Me miro al espejo y digo: «Ése soy yo», y no siento lástima de mí. Yo luché mucho tiempo. La lucha por la libertad es una lucha de nunca acabar. Ahora hay otros que luchan, allá lejos, como yo he luchado. Mi tierra y mi gente no son libres todavía. ¿Comprendes? Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición. A través del bosque, caminaron de regreso a Pueblo Niebla. Iban tomados de la mano. El niño sentía que la mano del viejo era muy calentita.


"La muerte es mentira"- Eduardo Galeano


sábado, 4 de abril de 2015

El silencio también se fisura y al cabo de 33 años escapan al fin las palabras, esas “perras negras que se vengan como pueden”.



















La docente e investigadora cordobesa Alicia Panero debe de haber pasado rascando ese pétreo murallón del silencio durante mucho tiempo y con oriental paciencia. No hay más redituable virtud que la perseverancia. Y si la acompaña la certeza en la palabra, el efecto resulta insuperable. 

Como lo ha sido, sin duda: a raíz de sus recaudos, podemos hoy conocer los nombres y las vivencias de muchas mujeres que también padecieron los horrores de la Guerra de  Malvinas, y a las que, burdamente, la Dictadura amenazó quién sabe con cuántas estrategias (porque había que mantener en alto la moral de las Fuerzas y del Pueblo a toda costa, ¿no es cierto?).

¿Sabían ustedes que, entre ese personal femenino, fueron enviadas menores de 15 y 16 años, como voluntarias? 

De estas y otras miserias patriarcales, pero también de esos actos de tibieza humana propios del género, pueden enterarse l@s lectores ingresando a bubok.com.ar, donde podrán bajar un ejemplar de la obra en forma gratuita.

A Alicia Panero, el abrazo emocionado de quienes creemos en la fuerza imbatible de la imperfecta Palabra.



viernes, 3 de abril de 2015

En la ucronía que mi impotencia construye con exagerada paciencia, Dante reescribe la Divina Comedia y genera un décimo círculo en el Infierno: recinto exclusivo para los dictadores del siglo XX en América Latina.


Soldados argentinos en Malvinas: 1976


Enfermeras que prestaban servicio en la Fuerza Aérea.
La dictadura prohibió la difusión de su participación en la Guerra.
De: Infobae.com

Este poema se encontró en la chaqueta del soldado Marcelo Daniel Massad, fallecido en Malvinas:

 Escucha Dios:
Yo nunca hablé contigo, Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?
¿Tú sabes? Me decían que no existes, y yo, tonto, creí que era verdad.
Anoche vi tu cielo. Me encontraba oculto en un hoyo de granada...
¡Quién iría a creer que para verte bastara con tenderse uno de espaldas!
No sé si aún querrás darme la mano; al menos, creo que me entiendes.
Es raro que no te haya encontrado antes, Si no en un infierno como éste.
Pues bien... Yo todo lo he dicho. Aunque la ofensiva nos espera para muy pronto,
Dios no tengo miedo desde que descubrí que estabas cerca.
La señal! Bien Dios, ya debo irme. Olvidaba decirte... que te quiero.
El choque será horrible... en esta noche ¡Quién sabe! tal vez llame a tu cielo.
Comprendo que no he sido amigo tuyo. Pero ¿me esperarás si hasta ti llego?
¡Cómo! ¡Mira Dios: estoy llorando! tarde te descubrí ¡Cuánto lo siento!
(Qué raro: sin temor voy a la muerte...) Dispensa, debo irme ¡Buena Suerte!


De: http://www.taringa.net





“Desde esta cárcel podría verse el mar —yo ya no pienso en el mar—.” - José Hierro

3 de abril de 1922- España
Cinco años permaneció en prisión
al finalizar la Guerra Civil
por haber pertenecido a un grupo solidario
con los presos políticos, entre ellos su padre.

Canción de cuna para dormir a un preso


La gaviota sobre el pinar.
(La mar resuena.)
Se acerca el sueño. Dormirás,
soñarás, aunque no lo quieras.
La gaviota sobre el pinar
goteado todo de estrellas.

      Duerme. Ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
No hay más que sombra. Arriba, luna.
Peter Pan por las alamedas.
Sobre ciervos de lomo verde
la niña ciega.
Ya tú eres hombre, ya te duermes,
mi amigo, ea...

     Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo
sobre la luna, y la degüella.
La mar está cerca de ti,
muerde tus piernas.
No es verdad que tú seas hombre;
eres un niño que no sueña.
No es verdad que tú hayas sufrido:
son cuentos tristes que te cuentan.
Duerme. La sombra toda es tuya,
mi amigo, ea...

     Eres un niño que está serio.
Perdió la risa y no la encuentra.
Será que habrá caído al mar,
la habrá comido una ballena.
Duerme, mi amigo, que te acunen
campanillas y panderetas,
flautas de caña de son vago
amanecidas en la niebla.

     No es verdad que te pese el alma.
El alma es aire y humo y seda.
La noche es vasta. Tiene espacios
para volar por donde quieras,
para llegar al alba y ver
las aguas frías que despiertan,
las rocas grises, como el casco
que tú llevabas a la guerra.
La noche es amplia, duerme, amigo,
mi amigo, ea...

     La noche es bella, está desnuda,
no tiene límites ni rejas.
No es verdad que tú hayas sufrido,
son cuentos tristes que te cuentan.
Tú eres un niño que está triste,
eres un niño que no sueña.
Y la gaviota está esperando
para venir cuando te duermas.
Duerme, ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
Duerme, mi amigo...
                                            Ya se duerme
mi amigo, ea...

De "Tierra sin nosotr0s" 1947

Cárcel de Torrijos, adonde estuvo confinado el poeta.


Para un esteta


Tú que hueles la flor de la bella palabra    
acaso no comprendas las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua transparente
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte  -agua y fuego-  hermanadas
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras, y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en agua pura
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces ( «Mi Obra», dices ), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar
«que es el morir», dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo ( «Mi Obra», dices ), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.

De "Quinta del 42" 1952



jueves, 2 de abril de 2015

“Y yo tengo esta debilidad: la de creer que el idioma de nuestras calles, el idioma que conversamos usted y yo en el café, en la oficina, en nuestro trato íntimo, es el verdadero”. - Roberto Arlt

2 de abril de 1900 - Argentina
Cronista, narrador, dramaturgo,
a fuerza de talento y sensibilidad.

¿Quiénes son estos que le hablan a uno, que le escriben a uno, que durante un momento abandonan, desde cualquier ángulo de la ciudad y la distancia “su no existencia”, y con algunas hojas de papel, con algunas líneas, le hacen sentir el misterio de la vida, lo ignoto de la distancia?

¿Con quién habla uno? He aquí el problema. Si a uno no le escribieran nunca, quizá existiera esta preocupación: “No le intereso a la gente”. Pero, estos hombres y mujeres siempre novados; estas cartas, que siempre se le acercan en su casi totalidad a vocearle su simpatía, lo inquietan a uno. Se experimenta el desconcierto de que numerosos ojos le están mirando, porque siempre que uno ha escrito una carta, y sabe que debe haber llegado, piensa lo siguiente:

“¿Qué habrá dicho de lo que le escribí?”

Efectivamente, uno no sabe qué decir. Un lector me dice: “Le envío la presente por simpatizar con su manera de ser hacia el prójimo”. Otro, me pide que me dirija al elemento obrero con mis notas. Otra, hace una parodia de la carta que me fue escrita por el “adolescente que estudiaba lógica”, agregando: “dígale al dibujante que reproduzca el diseño que ilustraba esa nota, agregando a las víboras y a los sapos, un puñado de rosas”.

De pronto, tengo una sensación agradable. Pienso que todos estos lectores se parecen por la identidad del impulso; pienso que el trabajo li­terario no es inútil, pienso que uno se equivoca cuando sólo ve maldad en sus semejantes, y que la tierra está llena de lindas almas que sólo de­sean mostrarse.

Cada hombre y cada mujer encierra un problema, una realidad espiritual que está circunscripta al círculo de sus conocimientos, y a veces ni a eso.

Hasta se me ocurre que podría existir un diario escrito únicamente por lectores; un diario donde cada hombre y cada mujer, pudiera expo­ner sus alegrías, sus desdichas, sus esperanzas.

Otras veces, me pregunto:

“¿Cuándo aparecerá, en este país, el escritor que sea para los que leen una especie de centro de relación común?

En Europa existen estos hombres. Un Barbuse, un Frank, provocan este maravilloso y terrible fenómeno de simpatía humana. Hacen que seres, hombres y mujeres, que viven bajo distintos climas, se comprendan en la distancia, porque en el escritor se reconocen iguales; iguales en sus impulsos, en sus esperanzas, en sus ideales. Y hasta se llega a esta conclusión: un escritor que sea así, no tiene nada que ver con la literatura. Está fuera de la literatura. Pero, en cambio, está con los hombres, y eso es lo necesario; estar en alma con todos, junto a todos. Y entonces se tendrá la gran alegría: saber que no se está solo.

En verdad, quedan muchas cosas hermosas, todavía, sobre la tierra.

De: Sobre la simpatía humana

En: http://biblioteca.derechoaleer.info/biblioteca/roberto-arlt/aguafuertes-porteñas