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Por eso, Irmgard Keun, sigues estando entre nosotr@s...
6 de febrero de 1905- 1982, Alemania
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Una de sus tantas obras condenadas a la hoguera por el maligno poder nazi. |
En recuerdo de una mujer
muerta
Te
voy a hablar de una escritora formidable: Irmgard Keun. Seguramente no la
conoces. Yo tampoco tenía la menor noticia de su existencia hasta que hace poco
cayó en mis manos un libro suyo, La chica de seda artificial, publicado en
España por Minúscula (qué estupenda editorial) hará un par de años. Es evidente
que aquí la obra pasó bastante inadvertida, aunque es una novela en muchos
sentidos extraordinaria. En primer lugar, Irmgard la publicó en 1932, a la
asombrosa edad de 22 años. La escueta información de la solapa dice que la
escritora nació en Berlín en 1910 y murió en Colonia en 1982. Que fue una
autora de éxito durante la república de Weimar y que luego, en 1933, sus libros
fueron secuestrados por los nazis y Keun tuvo que exiliarse y más tarde pasar a
la clandestinidad. La breve nota termina diciendo que, durante los años
ochenta, los lectores alemanes redescubrieron sus obras. Cosa que no debió de
servirle de mucho, porque para entonces ya estaba muerta. Escalofría ver
resumida en siete líneas toda una vida probablemente tremenda.
El
dolor de perderte
Si
los nazis secuestraron "sus libros" en 1933 es que Irmgard ya había
publicado varias obras a la tierna edad de 23 años. Y también para entonces ya
había sido famosa. Nuestra sociedad, tan despepitada por la fama inmediata,
debería aprender de estas lecciones históricas: ser famoso es bastante fácil,
lo difícil es que esa fama perdure a través del tiempo. Pasan los años, pasan
los siglos, pasan las épocas, y hasta aquellos individuos que se creyeron más
grandes y gloriosos se borran para siempre de la memoria. El ruido de los
antiguos imperios al derrumbarse no es más audible que el de la caída de una
hoja en otoño.
Dice
la escritora italiana Dacia Maraini que las mujeres han conquistado visibilidad
literaria, que publican y venden igual que los hombres o más, pero que cuando
las mujeres escritoras mueren, mueren para siempre, porque no son recogidas en
las antologías ni las enciclopedias. Creo que las cosas están cambiando mucho
últimamente (de ahí la recuperación de Keun por los lectores alemanes en los
ochenta), pero es probable que el sexismo que denuncia Maraini contribuyera a
que Irmgard fuera olvidada en vida tan rápidamente. Resulta inquietante que
sucediera así, porque es una escritora maravillosa. La chica de seda artificial
es un libro poderoso que retrata la paupérrima y humillada Alemania de los
primeros años treinta. Todo ello a través de la narración de una joven alocada,
conmovedora e inculta que intenta simplemente sobrevivir (y entre sus
estrategias está la de que los hombres la inviten a comer): "Charlamos
en un restaurante, y no me quedó más remedio que beber vino, aunque por el
mismo precio hubiera preferido comer algo", cuenta la protagonista
de Keun en su novela: "Pero así son ellos: sueltan encantados
grandes sumas por la bebida, pero les parece que te aprovechas si tienen que
pagar una módica suma por comer, porque la comida es necesaria y la bebida
superflua y en consecuencia más elegante".
Qué
talento el de Irmgard: su estilo es económico, preciso, exacto, contundente
como un puñetazo en la barbilla. Y luego hablan de la originalidad de Hemingway
(un autor a mi modo de ver sobrevalorado). Déjenme copiar otro breve fragmento
de este libro. La protagonista no tiene a donde ir, y un taxista le permite
dormir dentro del coche ("sin pedirme nada a cambio") mientras no
venga ningún cliente. La chica dormita unas pocas horas y despierta al
amanecer:
"-Gracias
-dije al taxista y le tendí la mano sudada por el calor.
-Buenos
días -dijo sin cogerla.
Me
fui. Él estaba completamente encerrado en sí mismo y el agradecimiento ya no le hacía
mella. Entonces supe que es una cuestión de suerte coincidir con una persona en
los tres minutos diarios en que es buena."
¿Fue
buena persona Irmgard Keun, más allá de esos tres minutos diarios? A juzgar por
su novela, fue una mujer que ya a los 22 años conocía asombrosamente bien el
corazón humano. Fue una gran escritora, fue famosa, fue olvidada, vivió, gozó,
sufrió y murió. ¿Cómo puede alguien ser tan ignorante o tan pretencioso como
para aspirar a la posteridad? Todo pasa, todo se olvida y se acaba, tanto lo
bueno como lo malo. Lo cual, en alguna medida, es un alivio.
Rosa Montero
De: http://elpais.com
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