viernes, 29 de marzo de 2013

"A redoblar, a redoblar, muchachos, la Esperanza..."


El ámbito intelectual la conoció como docente -de Educación Secundaria, del I.P.A., del Instituto de Estudios Superiores, de la Universidad Católica-; lingüista, miembro de la Academia Nacional de Letras. Sus otras virtudes tampoco deben de haber sido ignoradas .

Para sus alumn@s, fue Carolina. Ni Escudero; ni de López-Lázaro. Carolina. Mujer, madraza, amiga, de repente una gurisa, de pronto una chamana sutil. Carolina, trepanadora de nuestros rígidos cerebros hasta que se nos abrieron como una flor.

Hasta encontrarnos, para nosotr@s la Teoría Gramatical se había reducido a la postura de una sola fuente rectora y tradicional.

De clase a clase, Carolina nos clavaba ante los ojos un pequeño y aparentemente inofensivo párrafo que nos insumiría horas analizar, según Amado Alonso, según Gili Gaya, según la RAE, según Alarcos, y si algún otro gramático cuadraba, por supuesto no estaba para desdeñar. 
En general, y con una delicadeza mayúscula, nos acercaba a autores insoslayables para la época, aunque era tan curiosa que inevitablemente compartíamos sus fisgoneos (así leímos a Ulalume González de León y su “A cada rato lunes”, que nos encantó, aunque en realidad, y en criollo, literalmente “lo destripamos”). Sí, Carolina nos mostró el macro y el micro mundo como son: un prisma.

Un adagio anglosajón dice que “enseñar es conmover una vida para siempre”. Carolina fue más certera y nos modeló el corazón. Con sus actos. Actos vinculados a su vida privada, que no es del caso exponer. No importaba que lloviera a cántaros y que ella estuviera transida de dolores que ningún medicamento curaba: a las cinco, estaba allí, ante nosotr@s, con su entrecejo fruncido y su calmada voz, reclamando nuestra tarea con aquella energía tan digna que estremecía, con aquella bocanada de luz que se le escapaba entre un travieso pronombre y el más desacatado de los verbos.

Carolina Escudero fue la adicta más encarnizada que le conocí a la Esperanza en aquellos años. Imposible evitar semejante iniciación.

Droga dura todavía, para mí, la Esperanza. Sostén y norte. Aunque ya no estés aquí, en el prisma,  estás en mi corazón, urgiéndome “a redoblar”.




Nuestra entrañable Carolina Escudero
falleció el 6 de enero del corriente año.