domingo, 21 de diciembre de 2014

Presentación de “Filos que Teje el Silencio” (3)

Tres de l@s integrantes del Centro se dirigieron al público para transmitir sus vivencias en los diferentes Talleres a los que concurren y la repercusión que en sus vidas privadas ha implicado su espontáneo pero demandante compromiso con el Arte. 
El Colectivo así lo había resuelto: una instancia más del espíritu democrático en el que coincidimos tod@s.



El título


(…) En mi frente, cueva que habita un relámpago
Pero, todo se ha poblado de alas
OCTAVIO PAZ



Eran 9.30 a.m. Yuan había llegado a tiempo para su trámite en el centro. Un bostezo de viento fresco serpenteaba por los rincones de los comercios e iba a parar a su pecho, hasta enfriar sus extremidades. El leve estremecimiento que experimentó le hizo notar el cambio de estación que se avecinaba y que había olvidado al vestirse por la mañana.
Entró al viejo edificio decorado de oficina pública y ordenada por la burocracia administrativa. De modo que siguió las señalizaciones hasta el escritorio correspondiente a su trámite. Apenas se asomó Yuan se dirigió a la única señora que había detrás del mostrador:
-        Buenos días, señora. Vengo a firmar mí título, que según me avisaron, ya está pronto.
-        Decime cuál es tu nombre.
-        Yuan Pires. Con una Y al principio el nombre.
Al ver que pasaban unos segundos y la administrativa continuaba recorriendo con sus ojos interminables listas con posibles nombres, Yuan acotó:
-        Tal vez no esté en esa lista. Quizás mi nombre figure en esta otra.
-        Acá estás. Final del pasillo a la derecha. Tu número es el cuatro.
Yuan continuó caminando por el corredor. Llevaba prisa, pero no de esas necesarias para llegar a tiempo a un lugar, sino más bien esas que son producto de una ansiedad interna. Tomó asiento en los lugares de espera, al lado de una muchacha de la que pudo ver tenía el número tres.
-        Discúlpame, ¿tú también estás para firmar el título, verdad?
-        Sí.
-        Es emocionante, ¿no te parece? Después de tantos años de haber pasado jornadas enteras en la facultad por los puentes horarios, fines de semanas eternos de estudio y ahora, acá. ¿Vos también practicaste tu firma?
-        ¿La firma? Ah sí, claro. No, en realidad no; de hecho hace tiempo que no la uso pero supongo que no me debo haber olvidado.
-        Yo estuve practicando una firma más elegante. Leí en Internet que las curvas  holgadas en la escritura representan una personalidad fuerte, entonces estuve ensayando un garabato legible con vocales bien redondas, alargadas y profundas. Para que se note, ¿viste?
-        Es mi turno. Suerte
Cuando Yuan siguió con la mirada el desplazamiento de la chica, se detuvo a observar al joven parado detrás del escritorio. Tenía puesta una camisa desgastada rosada con un dejo de arrugas producto de la falta de planchado. El abotonado casi perfecto lo llevaba hasta el rostro del muchacho que le resultaba bastante familiar.
De pronto su celular sonó y lo distrajo, tanto de la escena como del mundo real. En el aparato, pudo ver una cadena de mensajes perteneciente al grupo de sus amigos desde la época del colegio.
-        Muchachos, como ya sabemos, se recibió Yuan. Hay que festejarlo con todo. Mi casa está disponible.
-        Yo estoy.
-        Yo también puedo. Llegamos a las 11 después de la práctica con Manu.
Yuan respondió:
-        Cuenten conmigo. Llevo dos botellas de tequila que me trajo mi tío desde México y después pinta Buddha, un boliche que me dijeron se pone muy bueno, lleno de cachorras.
Desde el mundo real, Yuan escuchó una voz:
-        ¡Discúlpame! ¿Tú tienes el número cuatro?
-        Sí, soy yo. Vengo a firmar mi título.
-        Tu nombre, por favor.
-        Yuan Pires
-        ¿Yuan Pires? ¿Vos fuiste al Saint Joseph?, yo era tu compañero.  Soy Sebastián. Sebastián Verón. ¿Te acordás de mí? Vos y yo íbamos juntos a clases de dibujo además.
-        Ah, claro, es verdad. No te había reconocido. Tu pelo está más largo, al igual que tu barba. En fin, pareces otro. ¿Qué es de tu vida?
-        Bueno, acá me ves trabajando desde hace unos meses. Tenés que completar este formulario con tus datos. Tomá una lapicera.
-        Gracias. Si mal no recuerdo, Jazmín me comentó que te había cruzado en la calle en una oportunidad, y vos le comentaste que estabas estudiando sociología. ¿Te acordás de ella? Los tres íbamos juntos a clases de dibujo.
-        Sí, me acuerdo de ella y también de haberla cruzado.
-        Pero, ¿por qué dejaste de estudiar?
-        Nunca dejé, de hecho terminé la licenciatura.
-        ¿Entonces por qué estás trabajando acá?
-        Me di cuenta de que no era lo mío.
-        ¿Muy difícil conseguir trabajo de sociólogo?
-        No sabría decírtelo, nunca llegué siquiera a hojear el diario. En realidad, ya en el último tiempo de la carrera comencé a sentir el gusto amargo de la desolación. Era como una tristeza desalentadora, y nada me motivaba. Yo lo definí como una crisis de destino y sentido. Entonces, empecé a cuestionarme qué era lo que quería hacer con mi vida.
-        Es raro. Nunca me sucedió. Pero supongo debe ser un tema de suerte. Yo en cambio, siempre supe que quería ser un licenciado en números. Además, mi madre ha tenido un estudio desde hace años, por lo que era lógico yo continuara con su operativa.
-        Sí, claro, no esperaba menos de vos.
-        Y entonces, ¿a qué te dedicás ahora?
-        En ese punto de crisis que te comenté, estaba congelado. Sentía una fuerza enorme que me empujaba desde los hombros hacia el piso y me quitaba todas mis energías. Los días eran insípidos, nada valía demasiado la pena para mí. Llegué al punto crítico de cuestionarme si la vida necesariamente debería ser así: “vivir para hacer”, era lo que habían hecho de mí.
-        Te me pusiste muy profundo. ¿Te gusta la filosofía?
-        En realidad, no. Pero hay preguntas que me debía hacer, sentía que se lo debía a mi propio ser.  “Ser” en el sentido subjetivo, no objetivo. Entonces me dediqué a pensar, a reflexionar acerca de mi vida. Y con el correr del tiempo, me di cuenta de que solo de vez en cuando corría algo de electricidad por mi cuerpo. En ocasiones concretas: cuando me sentaba a dibujar. Como un destello de luz, que  de manera fugaz aparecía para alumbrar mi vida pero luego pum, se iba. Ahí mismo me acordé de lo que nos dijo aquel día el gordo de Dibujo cuando se hartó de que no hiciéramos nunca los deberes, ¿vos te acordás?
-        Ni idea, no. ¿Qué dijo?
-        Niños, en mi asignatura el deber en casa no es un sinónimo de responsabilidad, sino de oportunidad. Oportunidad para que ustedes continúen volando, al igual que en clase.
-        ¡Qué gordo loco! ¿En serio nos dijo eso?
-        Recién en ese momento entendí lo que había querido decir. Retomé las clases de Dibujo y conseguí este trabajo para costearme la vida.
-        Entonces seguís viviendo con tus padres, como yo.
-        No, vivo con un amigo desde hace un mes.
-        Yo sigo con mis padres. Estoy trabajando en una gran empresa. Aunque pagan poco, es útil para aprender mi profesión. Además, quedarme en mi casa me permite ahorrar más plata: me quiero ir a estudiar un master al exterior. Entonces ahí sí, cuando vuelva soy Gardel.
-        ¡Qué bueno! Y decime: ¿qué hacés en tu trabajo? ¿Tiene que ver con lo que querés estudiar en el exterior? ¿Te gusta?  Este es tu título, por favor firmá arriba de la línea recta del medio.
Al fin el momento tan añorado en que el título había llegado. Era el momento de firmar, para que Yuan aplicara aquella firma majestuosa tan bien diseñada.
-        Yuan, ¡Yuan! ¿Estás bien?
-        Perdón, perdón. ¿Dónde firmo?

-        Perfecto. Felicitaciones. Yuan, me alegro de verte bien. Dentro de 30 días podés pasar a buscarlo por bedelía de tu Facultad. Saludos.
-        ¿Cuántas veces a la semana vas a clases de Dibujo? ¿Volviste a hacer aquellas historietas de Pipo y Renato?
-        Veo que no te olvidaste de todo. En realidad retomé los personajes, pero con una nueva historia. Ahora justo estoy trabajando en los diálogos. Me acuerdo que vos eras muy ocurrente y gracioso para contar. 
-        Sí, de todas formas no tengo tiempo. Estoy preparando un examen internacional para aplicar a una prestigiosa universidad de Londres y sumado al trabajo, no me queda mucho tiempo libre.
-        Sí, claro. La vida es dura a veces, ¿no?
-        Ya veré los resultados, espero.
Yuan se retiró apurado para poder llegar a tiempo a la oficina. Esta vez, la prisa correspondía a la necesidad constante de llegar siempre en hora. Al mismo tiempo, Sebastián guardaba el título firmado por su viejo compañero de clase. No pudo evitar pensar en el reencuentro y en la charla, mientras se detenía a observar aquella firma hecha por Yuan. Le llamó poderosamente la atención aquel trazo y, sobre todo, su parecido con una espada.


Diego Yacovoni
Doctor en Economía

Taller de Cuento







“Y Yo, ¿quién soy?”



Soy un símbolo, un discurso, soy demagogia de una realidad demagógica. Soy una lógica propia, un reloj, una naranja mecánica, un corazón delator, un loco, soy el vino de Baudelaire. Soy Gregorio convirtiéndose en escarabajo, soy otro bicho entre los hombres. Soy un marinero que se busca entre diálogos, soy un oficinista que se busca entre tragos. Soy un bombero quemando libros, soy otra crónica de Marte. Soy un periodista buscando la noticia, soy un noticiero inventando noticias. Soy un pintor que muere contra un árbol, soy el árbol que nace del pintor. Soy una señora con un perrito y un amante que la corre, soy Jack y Jane en la cima del Titanic, soy Romeo y Julieta dándose el último beso, soy Ernesto descargando un revólver en Josefina, soy alguien armando romances menos románticos. Soy Neo tomando la decisión, soy Platón saliendo de la cueva. Soy un bastardo que no conoce a su madre, soy la nieve en el invierno más largo. Soy un pez en el agua, una mina bailando tango, y  soy alguien que la sueña, pero no se anima a invitarla a bailar. Soy un perro en mi cabeza, soy un traidor justificándose,  un cambia-capas, otro hijo de puta, soy alguno de los que caminan hacia la cámara de gas, soy el miedo de un dictador. Soy una radio evocando a los difuntos, soy un difunto escuchándose en la radio, soy un tipo comiéndose un caramelo, soy un tipo comiéndose a sí mismo, soy el capitalismo comiéndose lo demás. Soy Macondo, soy utopía, soy un mundo feliz, soy un feliz inmundo, soy un infeliz más. Soy alguien mirando teatro, soy alguien mirándose en el baño, soy el Indio Solari, soy el fanático que no está solo, soy el pibe de los astilleros. Soy Da Vinci dibujando, soy Freud escarbando, soy Marx explicando y soy Deleuze saltando de la ventana. Soy alguien que apronta la cuerda y patea el banco, soy el túnel que lo espera. Soy dos hombres a las piñas, soy un club de la pelea, soy materia orgánica descomponiéndose. Soy uno más en una secta, soy una secta, soy el suicidio colectivo inevitable de una secta, soy alguien gritando en soledad. Soy un niño llorando en un rincón, soy un padre con un cinto, soy una madre cocinando. Soy la verdad más grande del  mundo y soy un mundo construido de mentiras. Soy el odio de un pibe arrebatando, soy el odio de un milico gatillando, soy un crítico en el escritorio, soy un burócrata atornillado. Soy la violencia más hipócrita, soy la paz más necesaria. Soy revolución, soy libertad, soy anarquía. Soy alguien despertando: soy escritor, un tallerista, un taller literario...  y soy... Literatura.


Michel Olivera
Educador Social

Taller de Lectura
Taller de Cuento






Inflexión



Blanco  radiante
interrumpido sólo
por un punto.
Un punto.
Minúsculo.
Insignificante.
Igual que yo.
Nada antes,
nada después.
Sólo el punto
desafiante
estremecedor
obcecado.


Negrura
ante la que tiemblo.
Parpadeo
bajo el que me paralizo.
Rasguñar la superficie quiero
para hacerlo desaparecer.
No puedo.
Hipnotizada estoy
por ese punto.
Sólo un punto.
Provocador.
Intimidante.
Síntesis
de  mi fatalidad.



Adriana Riotorto
Doctora en Escribanía
Licenciada en Lenguaje de Señas

Taller de Poesía
Taller de Cuento




Carolina y Michel

Michel y su familia




Carolina y su mejor amiga.
Gladys y sus hij@s

Daniela y sus mejores amigas

Daniela, Margot y Eduardo


Daniela y Andrea
María Rosa y Georgina (hija de Ana)






sábado, 20 de diciembre de 2014

Presentación de "Filos que Teje el Silencio" (2)

Agradeciendo la posibilidad de estar en esta Sala al Director de la Biblioteca Nacional, Escritor Carlos Liscano, quien tanto puede testimoniar acerca del sentido multifacético de la Escritura, debemos recordar, en principio, al gestador primordial del valor de la cultura para los orientales, pues no en vano su deseo de que fuéramos “tan ilustrados como valientes”. Y bien asumido tenía el principio artiguista el Maestro Julio Castro, que tantas décadas antes de las más actuales corrientes pedagógicas concretó, más allá de las palabras, una acción formativa en los lugares más recónditos del país. 

De ahí nuestro placer profundo por estar juntos en este acto. Juntos así como estamos 
-emocionados, entusiasmados por esta tentación inacabable que es la creación, acompañados de familiares y amig@s-, presencia esta última que vale subrayar porque implica el reconocimiento de nuestros cercanos semejantes a esa actividad que, a veces, les parece tan extraña o incluso banal.

Hay hoy entre nosotros muchas personas que saben, por experiencia propia, que la Escritura es una facultad trascendente del ser humano. Y no lo saben sólo porque la hayan descubierto en circunstancias de encarcelamiento, de marginación, de soledad sino que de pronto despertó en sus psiquis y en sus manos por obra de agradables momentos; el abanico que despliegan las Artes nos permite respirar en el pantano y en la breve cumbre. En particular, no me fue suficiente escudriñar su existencia desde el lago calmado de la teoría; necesité dos valijas de cartas, escritas desde las bochornosas celdas de las cárceles de las Dictaduras latinoamericanas, para profesar una fe inquebrantable en la capacidad humana de crear y recrear sus mundos. A ese solitario escritor le agradezco cada día su lección de vida.

Por eso es para mí un ala de mariposa cada texto de mis querid@s talleristas; tanta sedosidad reclama el mismo respeto que debemos sentir por nuestra frágil pero resistente condición humana.















Centro de Formación Humanística PERRAS NEGRAS: 
un andén para viajar a la lucidez



“Todo escritor es un invento. Hay un individuo que es uno solo y que un día inventa a un escritor y pasa a hacerle de sirviente y desde entonces vive como si fuera dos. El que quiere ser escritor tiene que inventar al individuo que escribe, o al individuo que va a escribir sus obras, porque cuando el sirviente lo inventa, todavía no es...Lo necesario es que ocurra el invento, que es tarea necesariamente solitaria y es dolorosa. No es una tarea: es una convicción, una fe a la que se accede. Es una disciplina, un viaje hacia la lucidez”.

Carlos Liscano
El escritor y el otro



Aquí, en PERRAS NEGRAS, a nivel de cualquiera de sus Talleres, no fabricamos inventores; no debemos.

Tan sólo podemos acompañar, durante algún trecho -luces y sombras en mano- ese viaje del solitario sirviente hacia la lucidez.

Tampoco aliviamos su dolor; sería un acto sádico, aunque resulte paradójico así concebirlo.

Por el contrario, nos esmeramos en la práctica de un doble ritual: el sirviente debe ir mostrando sus cicatrices como prueba de que las palabras de verdad le van mordiendo carne y razón y, por lo tanto, en su plazo natural, debe llegar a conocer su resistencia a los filos del silencio, es decir, reconocerse como invento, como ser en tránsito comprometido con su visceral itinerario.

Si ello no ocurre, el individuo se ha equivocado de ámbito, y no podrá continuar como peregrino: la Literatura no es un mercado de pulgas ni un museo de curiosidades; es una disciplina y, en consecuencia, exige un absoluto sometimiento del sirviente a su proyecto.

La lucidez avizorada implica atravesar un proceso riguroso que no admite autoengaños ni poses para una fotografía en Sociales.
Esa lucidez tensamente tejida desde el silencio requiere de una fortaleza y una templanza especiales que sólo el sirviente podrá ir construyendo desde su interioridad porque, bajo esa luz, tendrá que verse a sí mismo-bifronte, escindido, ambiguo, contradictorio el inventado, también-; bajo esa luz, tendrá que ver el mundo multiforme, caótico; bajo esa luz tendrá que delatar su dolor, por el dolor del mundo potenciado; y bajo esa luz tendrá que revelar el dolor de los eximidos de tal grado de cordura.
Cuestión de coraje, entonces; cuestión de lealtad, cuestión de respeto a la situación humana; en síntesis: esa vaga, indecisa palabra que es el amor (como sostenía Joao Guimaraes Rosa).

Aquí, en PERRAS NEGRAS, también somos sirvientes por convicción. Pero aún no hemos alcanzado la lucidez absoluta. Siempre está ella más allá, más allá de la mano (de la otra mano: la que no sirve resplandores y opacidades a los pies de los viajeros). Nuestra servidumbre, entonces, nos da la oportunidad de gozar de un privilegio: sentir: sentir que el silencio es, siempre, un humilde tejedor de hilos. Los filos... los filos los sientes tú, compañero de ruta.



Ana Milán
Profª de Literatura
Profª de Idioma Español
(I.E.S. - I.P.A.)


Orientadora del Centro de Formación Humanística PERRAS NEGRAS
Orientadora del Taller Literario de AUTE “Otra Luz para tu Luz”
Orientadora del Taller Literario del Grupo ALAS (C.I.E.F.) 


















viernes, 19 de diciembre de 2014

Presentación del Libro Colectivo del Centro de Formación Humanística Perras Negras: 16 de diciembre/14 (1)





















































La Editora Responsable de Rumbo, Maestra Carmen Galusso abrió el Acto de Presentación de “Filos que Teje el Silencio” ponderando el poder de convocatoria del Centro de Formación Humanística PERRAS NEGRAS, pues la Sala Julio Castro estaba colmada de público, ávido de escuchar lo que se expondría.

Se refirió luego al fenómeno de proliferación de Talleres Literarios en el Uruguay a partir de la implantación de la Dictadura, como un fenómeno de resistencia a las libertades cercenadas, tanto de parte de docentes como de ciudadanos en general; fenómeno que se ha sostenido en el tiempo a raíz de la aparición de otras amenazas, como el consumismo, por ejemplo.

Se centró después en el sentido que para un Taller cobra la materialización de su trabajo en un libro colectivo, tanto que la Biblioteca Nacional se ha preocupado de instaurar un nuevo espacio para la adquisición de estas singulares obras, generalmente irradiadas del circuito comercial. ¡Bienvenida esta valoración de la cultura colectiva por parte de la Institución Oficial! Es una noticia tan estimulante que nos permite eludir la reseña de los elogios que agradecemos profundamente a la Maestra Galusso.


Por su parte, la Profa. María Rosa Rodríguez Cammarano concitó la atención de los asistentes con su tono natural y su claridad conceptual, anticipándoles el contenido de los conceptos vertidos en su prólogo a la obra. Por eso es un gusto compartirlo con ustedes.



Un acto de Libertad Responsable


Cuando Ana me propuso que escribiera unas palabritas, "a modo de prólogo" para el presente trabajo, dije muy suelta de cuerpo que sí, luego, comenzó, lentamente, a dar vueltas en mi cabeza la manera de cómo comenzar el mismo, y si se da cuenta el lector, todo esto es un rodeo para ir al punto, al que tal vez no llegue nunca. No porque no tenga un lugar donde arribar, sino porque es inabarcable todo lo que uno tiene ganas de decir. Lo primero que se me ocurre es decir que Ana es una persona exquisita, excelente docente, una grandísima persona que conozco desde hace muchísimo tiempo, que la vida nos re-encontró, para que continuemos compartiendo, entre muchas cosas, una misma pasión: la literatura. Lo segundo es que, he leído los trabajos que acá se presentan, y obviamente no voy a decir lo que puede parecer que se debe decir acá, hablar de la sensibilidad de los escritores, de lo profundo de la mirada en la sociedad, del compromiso con su trabajo, es decir, no quiero ni estoy en condiciones de ponerme en el rol de crítico, muy lejos de esa situación me encuentro; sólo deseo decir, y me voy aproximando a un aterrizaje, que tal vez este prólogo ha servido de excusa para plantear algunas consideraciones que deberíamos tener ante la Literatura y el Taller de Literatura. En primer lugar ubicar la literatura dentro de un marco de taller, al que asisten voluntariamente un grupo de personas, ya nos coloca en una situación de privilegio, pues no se está imponiendo nada a nadie. El solo acto volitivo implica un acuerdo de partes, y una entrega, entrega que supone que el que llega lo hace abierto y predispuesto a recibir lo que otros quieren entregar, y lo que el tallerista nos quiere mostrar a través de unos "otros", creándose de esta manera un entramado, que nos hace ser Cortázar, Onetti, Cervantes, Proust, Faulkner, en fin, somos todo lo que leímos más uno mismo.

Vamos a aclarar que esto no significa que yo transcriba a estos escritores, sino que definitivamente, inexorablemente, uno es uno y su circunstancia, su entorno y su experiencia vital, y allí aparecen, entre otras cosas nuestros insumos, que fueron voluntarios, a veces; guiados, otras; impuestos, algunos; y todo ello confluye en mí, me llega, o no, me transforma y después de ese acto eso ya se hace irreversible. Lo que cada uno de nosotros toma o deja de tomar de lo que nos rodea-nutre, forma parte de la libertad que debe tener cada ser humano al realizar una elección, libertad sin la cual la literatura dejaría de ser tal. Por lo tanto el taller es generador de libertad, yo puedo elegir qué quiero insumir y qué quiero hacer, elemento fundamental que a veces resulta casi imposible realizar desde el formato aula. Pero además es la esencia del escritor, o debería serla al menos, un acto de libertad, escribir es una libertad responsable que invita a un lector a que libremente me elija o no, me crea o no, le guste o no, es un acuerdo tácito, mutuo, respetuoso, en el que desde mi libertad creadora propongo/expreso cierto modo de vida, cierto sentimiento, o concepción de vida, y justamente, quien me lee acepta o no mi propuesta pero respeta mi libertad creadora.

El otro elemento importante del taller, es que me exige un acto de entrega absoluta, en un punto me lleva a la autoexaminación, me permite conocer-me,  encontrar lo asombroso en lo cotidiano, hacer de lo cotidiano algo heroico, me exige situarme en un lugar, me invita a reflexionar o pensar desde otro lugar, me pone del lado de "enfrente", y todo ello lo hace con el único y principal fin: de liberarnos. Toda obra literaria es un acto de  liberación. Aún aquella que es una literatura que no ha salido a la luz, porque la liberación se hace en uno mismo, y eso nos transforma, nos hace otro, nos hace más felices.

Por último, y esto a modo simplemente de re-lectura para los participantes de este Centro de Formación Humanística: evocar a Sartre en su libro "Qué es la literatura?", donde sostiene que para el escritor "el futuro es una página en blanco, mientras que el futuro del lector son doscientas páginas llenas de palabras que lo separan del fin"; por lo que debemos recordar de manera permanente que no se escribe para uno mismo, sino que debemos tener presente que hacemos arte por y para los demás.

María Rosa Rodríguez Cammarano
Profª de Literatura (I.P.A.)













martes, 16 de diciembre de 2014

"¡Mundo que con mis manos arranqué de la nada!"- Olavo Bilac



16 de diciembre de 1865- Brasil
Poeta, periodista, activista político,
autor del Himno Nacional Brasileño,
Fundador de la Academia Brasileña de Letras.


El pecador

Pecó, mas es el pecador sereno
que sofoca el sollozo en la garganta,
y que a los labios, sin temblar, levanta
la rebosante copa de veneno.

Manchó su excelsa clámide en el cieno
del mal. Y al cabo de flaqueza tánta,
ningún remordimiento lo quebranta,
ni lo sonroja el parecer ajeno.

Lleva ocultas las lágrimas consigo,
y erguido lleva el corazón doliente
cual un pendón de reto enarbolado.

Y acepta la amargura del castigo,
con la misma altivez con que sonriente
probó todo el deleite del pecado.

Versión de Miguel Rasch-Isla



Oración

Bendito el que en la tierra hizo el agua y el fuego;
el que unció a la carreta al buey manso y amigo;
el que encontró la azada, y el que del fango luégo
hizo brotar el oro milagroso del trigo.

El que fundió los bronces; el que talló en sosiego
la cuna de la infancia, y el que al primer mendigo
dio la primer limosna conmovido a su ruego,
y el que labró este lecho que compartes conmigo.

El que echó al mar la quilla y a los vientos las velas;
el que inventó las trovas; el que encoldó la lira;
el que domó los rayos y aplacó las procelas.

Mas, bendito entre todos, aquel que en lo profundo
descubrió la esperanza, la divina mentira,
que dora las siniestras espesuras del mundo.

Versión de Miguel Rasch-Isla

Se dice que fueron sus últimas palabras.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Producción de Escritura en el Taller temático "El ADN de la Literatura Universal"



La producción fue inspirada por el estudio del Mito del Descenso de Inanna al Inframundo (concebido por los mesopotámicos). 


El largo camino de regreso a casa

Decían que la diosa de la luna y reina del cielo encendía el amanecer y arrullaba al atardecer con sus ojos. Se afirmaba que hasta despertaba el fuego en la boca de los volcanes somnolientos. Así era la fama de Inanna.
A su cuerpo, despojado de sus insignias reales y sus amuletos mágicos, lo habían colgado del largo travesaño.
Cuando lo soltaron de los ganchos, su tersa piel se explayó por el suelo; todo quedó desgarrado: cuello, brazos, manos, muslos, piernas y pies. 
Desde lo alto, la luna vieja comenzaba a derramar llantos de luz plañidera.
Ereshkigal, al retirar los cerrojos de las siete puertas, corría por los pasillos, despedazaba sus vestiduras, escupía el sabor fétido, arraigado en el paladar, que no conseguía saciar su venganza… ¡Ay de mí y de ti hermana, qué enorme soledad la nuestra!
De pronto, una criatura de rostro terroso, se infiltró junto a otra gemela por las grietas de las puertas. Gimieron y lloraron junto a ella. Acongojadas, engañaban a la reina oscura que no estaba interesada en ritos funerarios.  Escurridizas y sin perder tiempo, una de ellas esparció algo sólido sobre los restos del cadáver; la otra, los roció con un líquido. Alimento y Agua: resucitadores de vida. Debían verterlos, porque las palabras de Enki son simientes de sabiduría divina.
Las criaturas: el kurgarra y el galatur, nacidas del interior de las uñas de Enki, abandonaron las lágrimas fingidas. ¿Para qué seguir disimulando? Tenían que llevarse a Inanna y volver a su progenitor: el que  convierte la tierra estéril en un vientre fértil de trigo y cebada. 
         ***
Fue de repente. Algo gelatinoso y verde le provocó  una arcada que la tumbó entre surcos intestinales de agua fangosa. Sí, algo nauseabundo se le había impregnado por la mucosa de la nariz. El Alimento y el agua, ¿eran éstos los elementos resucitadores de vida? Un torbellino de nubes a su alrededor quería envolverla. ¿Es real o un sueño? Peor aún, una pesadilla en donde seres malolientes que se atropellaban entre sí parecían intentar atraparla. Consiguió eludirlos…a duras penas lo logró.
Alejada del aliento pestilente, apretó los labios y aguantó el intento de vómito. Respiraba trabajosamente, sin embargo, respiraba. ¡Entonces, estaba viva! Pero… falta la corona, faltan las cuentas de lapislázuli en el cuello y la doble hilera de cuentas del pecho. ¿Dónde se encuentra el precioso pectoral que atraía a los hombres?; mi muñeca no está adornada con el aro de oro; ya no siento el poder de mi vara de medir en mi mano, y la túnica real ya no envuelve mi cuerpo. ¿Acaso los annuna, esos jueces del inframundo, me persiguen?  Debo huir, pero ¿de qué?, soy una reina, soy una diosa.  Soy sacerdotisa, aún donde sea que quede este lugar. Sorpresivamente, se agolpó el silencio -era apenas un respiro aparente- se escabulló entonces un rumor y del rumor escaparon sonidos guturales. Acaso el delirio continuaba como un truco infame. Tal vez, una revancha y en ese momento ella bramó: “¡Hasta cuándo este suplicio, hasta cuándo, padre Enki!, no permitas que tu hija sea aniquilada en este inframundo. Siempre he sido tu sagrada sacerdotisa del cielo. ¿Quizá me has confinado a este lugar por haberme apropiado de la sabiduría que me brindaron los Me? O, tal vez, seas tú, padre Enlil, ¿deseas castigarme por haber anhelado el Gran Arriba y el Gran Abajo?”
Sería posible o imposible, pero una fuerza irresistible la fue arrastrando hacia un laberinto. Paredes de piedra. Cavernas y más cavernas. Todas ellas iguales, asomándose por entre tortuosas veredas. Sus manos se aferraban a esas paredes, mientras otras aprisionaban las suyas. Pero continuó avanzando. Uno, dos, tal vez tres pasos y se dejó caer. Entre los reflectores que disolvían la espesa niebla se asomaron unas siluetas con túnicas blancas. Acaso escuchó voces, rodar lento de ruedas. Probablemente, pero todo el ambiente era muy difuso.
***
Cuando las blancas siluetas llegaron, la encontraron balbuceando con los ojos entornados.  ¡Qué alivio, los párpados protectores como persianas, lejos, lejos de este horror!
Alguien la trasladó en brazos hasta una caravana de vehículos blancos. De inmediato la orden atravesó la espesa nebulosa: “¡Callejón cinco, vereda ocho, al carruaje uno. Callejón dos, vereda treinta y tres, al carruaje cuatro!” Una multitud en tropel intentó furiosa agolparse, pero las presencias que rodeaban los transportes parecían detenerla con invisibles órdenes del pensamiento. Cordiales y afectuosas, las manos ubicaron el desfallecido cuerpo sobre un mullido lecho.
Pese a su débil discernimiento, descubrió que no estaba sola.
***
La suave almohada invitaba al descanso reparador. El doblez de las sábanas de lino asomaba por arriba del confortable acolchado con diseños de amapolas y finos hilos de satén. Amplios ventanales recortaban las paredes, desplegando su luz sobre la hilera de camas y butacas reclinables.
En el espectro luminoso, el blanco tenía varios matices. Filtrado por las cortinas de voile, fluía etéreo como un resplandor. Sobre las paredes, su pureza se impregnaba de una sutil languidez opaca, no interfiriendo el despertar de los somnolientos convalecientes.
De algún lugar de la sala –como si hubieran atravesado la luz –surgieron las espectrales figuras con aquellas largas túnicas blancas para serenar el repentino despertar de la paciente.
-Estará calmada en poco tiempo - se escuchó en la habitación.
-Estará calmada, sólo déjenla reposar –pronosticaron los ecos dirigiéndose de un lugar a otro. ¡Pobre mujer!
Temerosa, temblando, cubierto el rostro de sudor, giraba la cabeza de un lado a otro, de un lado a otro. ¡Imposible moverse!
-Está angustiada, está sufriendo, ¡pobre mujer! –repetían lastimosamente los ecos a su alrededor. Cautelosos, moviéndose en círculos, escuchaban:
-¿Pero, dónde estoy, están aquí Enlil o Enki? ¿Y si les rogara nuevamente el perdón?
-Estará calmada en poco tiempo, sólo déjenla reposar –reiteraba la apacible voz– aunque su mente está aún en  tinieblas, sus pensamientos fluyen y vibran por el aire como los sonidos en un diapasón.
-Está calmada, está tranquila –murmuraban todos desde los rincones.
Las plegarias infiltraban el silencio.  Lluvias de plegarias al unísono que esparcían sus ondas sonoras. Entonces, etéreas entidades se presentaron y se reunieron con los otros. Magnetismo que fluye en la imposición de manos.
¡Silencio!, está entornando los párpados –enunciaba el que había extendido sus dedos sobre la cabeza de la doliente; sin rozarla, rasgando una espesa e invisible niebla que apartaba lejos con ambas manos. El otro, más joven, le susurró al oído:
-¿Y si ellos continuaran acosándola? Los individuos sedientos de venganzas no se cansan de perseguir a sus víctimas.
-No apresuremos el tratamiento terapéutico. Las alucinaciones traen quién sabe qué lejanos y amargos acontecimientos. Nuestra historia siempre se resume a deudas y deudores, a orígenes y consecuencias.
Sobre los ventanales, las cortinas de voile ya se habían teñido de atardecer. Con su vaivén recogían del jardín la fragancia de los jazmines y de la lavanda.

Susana Matteo
Taller Temático: El ADN de la Literatura Universal
Centro de Formación Humanística PERRAS NEGRAS 












jueves, 11 de diciembre de 2014

Sí, Emily, tus poemas "tienen vida". Aún.

Emily Dickinson
10 de diciembre de 1830- Estados Unidos

Ningún cepo puede torturar mi alma en libertad


Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.

No puedes horadar con un serrucho
Ni traspasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.

El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana el cielo
Más fácilmente que tú.

Excepto tú mismo tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.


De: grandespoetasfamosos.blogspot.com


A una casa de rosa no te acerques...


a una casa de rosa no te acerques
demasiado, que estragos de una brisa
o el rocío inundándola -una gota-
abatirán su muro, amedrentado.

Y atar no intentes a la mariposa,
ni escalar setos del arrobamiento.
Hallar descanso en lo inseguro
está en el mismo ser de la alegría.



De: Amediavoz.com